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 EL VIAJE DE LAS ALMAS
Espada_de_Fuego
Posted: Mar 7 2014, 12:52 AM


Caballero del Abismo
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Group: Caballero del Abismo
Posts: 108
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Joined: 9-May 08



Por su parte, Hyoga se echó a correr escaleras arriba.

- ¡Hyoga, espera! - exclamó Shun echándose a correr tras él, pero el ruso no volteó a verlo, así que Shun le imprimió toda la fuerza a sus piernas y sin problemas lo alcanzó a media escalera, lo rebasó y se le plantó enfrente para impedirle el paso - No podemos darnos el lujo de perder el control - dijo tomándolo por los hombros

- ¡Se está muriendo! ¡No puedo...!

- Precisamente por eso, no podemos derrumbarnos.

- ¿¡De qué diablos hablas!? ¿Es que no te duele?

- He temido tanto este día, que deseaba morir antes que verlo llegar. Claro que me duele, Hyoga, y quisiera arrancarme el corazón para no sentir tanta zozobra y miseria, pero por mucho que nos duela... será peor para ella - dijo Shun entre dientes, para que nadie de quienes los observaban desde abajo pudieran oír.

Cualquier otro que pudiera alcanzado a oirlo, pensaría que se refería a Seika, pero sus ojos verdes le expresaron que hablaba de Saori, y todo el vigor que había acometido a Hyoga pareció desaparecer en cuestión de un segundo cuando entendió que Shun estaba en lo cierto.

Ellos eran sus mejores amigos, y a nadie le extrañaría verlos sufrir por su muerte, pero Saori, en cambio, tendría que aguantar y que fingir...

- Tenemos que ser fuertes para ella - dijo Shun con lágrimas en los ojos - Somos lo único que tiene.

Hyoga asintió, pero no supo cómo seguir justo en ese instante. No hallaba fuerzas en su interior para sobreponerse a la inmensa tristeza que lo estaba embargando. No lograba entender que hubieran conseguido hallar su alma extraviada y traerla de vuelta desde el mismísimo infierno, que su cuerpo hubiera aguantado tantísimo tiempo, y que pese a todo, no pudieran salvarlo.

El destino no podía ser tan cruel...

Se cubrió los ojos con las manos y se sentó a llorar desconsolado en uno de los escalones mientras Kiki, que no había dejado de llorar, de pronto se alejó violentamente de Mü

- Perdóneme, Maestro - dijo el pequeño a gritos

- ¿Qué dices?

- Se qué... no debería de... llorar, pero... - alcanzó a decir de forma entrecortada y gimiente

- Ssshh, Kiki, no - dijo Mü envolviéndolo de nuevo en su abrazo para estrecharlo aún más, acariciando los cabellos rojizos y caprichosos - Llora todo lo que te sea necesario. No tienes por qué esconder tus lágrimas, ni reprimir tus emociones. Este es un gran dolor, una gran pérdida, para ti, y para todos...

Hyoga, que había sentido con claridad que Shun se sentaba junto a él, sintió que alguien más se sentaba a su otro lado, y que le pasaba un brazo ligeramente rígido por encima de los hombros.

Cuando se volteó y descubrió quién era, él corazón le dio un vuelco.

Era Camus, que había observado las reacciones del rubio desde abajo, y que al ver a Mü comprendió que era el momento de apoyar a Hyoga como jamás había tenido la oportunidad de hacerlo.

El ruso se permitió recargar su cabeza en el hombro del francés, sabiendo que Camus estaba yendo contra a su propia naturaleza al demostrarle su cariño y su apoyo de aquel modo.

Aceptó conmovido, abrumado y a la vez agradecido, porque Shun tenía razón, y debía de aprovechar esa oportunidad para desahogarse y así buscar luego el recomponerse, porque Saori iba a necesitarlos más que nunca, y por ningún motivo pensaba fallarle.



Seika despertó poco antes de que las diosas entraran a su habitación.

Shaka, que estaba junto a ella en el momento de su desmayo, la había sostenido, pero antes de que el rubio pudiera hacer algo, Ikki había corrido a quitársela de los brazos. El Fénix, que tenía los sentimientos y los recuerdos a flor de piel desde su reencuentro con Esmeralda, comenzó a llamarla a gritos cuando la vio desplomarse, tratando de hacerla reaccionar pues le aterró la idea de que le hubiera pasado algo malo a la pelirroja, pero antes de marcharse Hécate la miró y dijo que estaba abrumada por la emoción, pero que parecía estar bien fuera de eso.

Cuando se llevaron a Seiya, Shiryu fue hacia Ikki y le sugirió que la subieran a su habitación para que descansara un poco, pues había sido un día sumamente acontecido y complicado para ella.

Ikki no lo había pasado mejor, pues de hecho Seika y él no se habían hablado desde que se habían gritado en las escaleras. Después de su plática con Hyoga, él tenía mucho más claros sus sentimientos, y el Cisne había ofrecido acercarse a Seika para interceder nuevamente por Ikki, pero el Fénix se negó, sabiendo que su reacción para con ella había sido excesiva, que ella tenía todo el derecho a estar molesta, y decidió aguardar a que se le pasara un poco la molestia.

A partir del día siguiente buscó algún modo de congraciarse con ella, pero Seika no se lo dejó nada fácil, y lo trató con una indiferencia que a él, que había gozado de toda su simpatía, su ternura, y podría decirse incluso su preferencia, le pareció peor que ser golpeado. Ella no lo había mirado en lo absoluto, y con habilidad pasmosa había rehuído cualquier situación o momento de quedarse a solas con él.

El orgullo del Fénix había estado a punto de rebelarse ante semejante conducta. Nadie había osado a ignorarlo, y él jamás había rogado, ni cuando Guilty le había roto huesos, ¿por qué habría de doblegarse ante una muchachita?

Afortunadamente, Hyoga había permanecido al pendiente de él, y no le permitió olvidar en ningún momento que el error había estado en él y que ella más que a nadie debía de parecer aquella tortuosa espera, asegurándole además que seguramente ella acabaría por perdonarlo, así que Ikki se mostró humilde e insistió, aunque sin éxito.

Las horas previas a la llegada de la Luna Llena parecieron correr muchísimo más lentas, y encima de todo, esos imbéciles doctores tuvieron el atrevimiento de decirle a Seika que ya no había esperanzas de una recuperación real para Seiya. Después de oírlos, ella se había salido del hospital sin decirle a nadie a dónde iba, y cuando él (que se había quedado en la mansión) lo supo, decidió ir en su búsqueda, preocupado porque en su ofuscación pudiera pasarle algo.

Hyoga trató de decirle que la dejara, que ella seguía molesta y que probablemente verlo no haría más que hacerla sentir peor, pero a Ikki no le importaba: que le gritara, que se desahogara, que hiciera lo que quisiera, le daba igual, él sólo quería saber dónde estaba y que estaba bien. Y parecía que no habría poder humano que lo detuviera cuando quien se le enfrentó fue su propio hermano, que en uno de esos arranques de seca honestidad que lo acometían desde que habían vuelto del Inframundo, le soltó una frase que lo paró en seco cuando atravesaba la puerta.

- "Ahora ya sabes lo que se siente"

- "¿Qué?" - contestó él.

- "Digo que Seika está haciendo lo que siempre has hecho tú. Respétala"

Antes de que pudiera rebatir, Shun remató:

- "Yo nunca corrí tras de ti, respeté cada vez que necesitaste estar solo. No es fácil quedarse atrás, porque uno se siente abandonado... pero justo ahora, Seika necesita algo que nosotros no lo podemos dar. Déjala."

Fue como recibir una patada la boca del estómago que te deja sin aire, y después de algunos instantes de inmovilidad, (y aunque por un segundo pensó en golpearlo), lo que hizo fue ir a abrazar muy fuerte a su hermano, pues en ese instante comprendió qué había sentido Andrómeda cada vez que él se largaba. Nunca había estado del otro lado de la situación. Nunca había sido quien se queda en la incertidumbre, quien espera, quien se preocupa por el otro, y efectivamente, no era nada fácil, pero entendió y aguardó con el alma en un hilo hasta que llegó la noche y la vio reaparecer junto a la alberca.



Tras el desmayo, aceptó el consejo de Shiryu y la llevó en volandas a su habitación, la depositó en la cama, le quitó los zapatos y la cubrió con una frazada, y luego, el Fénix fue a recargarse en la puerta del clóset, sus ojos fijos en ella mientras el Dragón se sentaba a su lado en la cama.

Pero al ver que pasaban los minutos y no despertaba, su paciencia que era poca y que ya estaba al límite, amenazó con desbordarse.

Shiryu lo sintió dirigierse violentamente en dirección a la puerta.

- ¿A dónde vas?

- Voy a llamar al hospital para que venga alguien. Ya tardó demasiado en despertar.

- Hécate dijo que estaba bien.

- Pero...

- Dejémosla, Ikki.

- ¿Qué?

- Digo que creo que es mejor que dejemos que despierte por sí misma. Con suerte, para cuando reaccione, ya habrá noticias de Seiya - dijo Shiryu sonriendo.

Ikki no respondió, pero fue a recargarse de nuevo al clóset, y apenas unos instantes después, para su gran alivio, oyó su voz.

- ¿Shiryu? - dijo ella al abrir los ojos y notar la cercanía del chino.

- Sssh, calma - le respondió el Dragón, en cuyo rostro se dibujó una sonrisa tímida, que hablaba de preocupación tanto como de alivio.

- ¿Qué pas...?

Ella no concluyó la frase porque percibió que estaba acostada en su habitación, y al no recordar haber subido a ella, entendió que debía de haberse desmayado, pero entonces, la asaltó la espantosa idea de que todo hubiera sido un sueño.

- ¿¡Lo soñé!? ¡Shiryu, dime por favor que Seiya volvió! ¡Dime que no fue un sueño!

- No fue un sueño, tranquila - dijo él, posando su mano derecha sobre uno de los hombros de Seika para que ella no se levantara muy aprisa - Te desmayaste de la impresión, pero fue real. En estos momentos Hécate y Kiki están en el hospital llevando a cabo el ritual. Saori están con ellos.

- ¡Tengo que ir! - dijo ella tratando de levantarse de la cama.

- Te ruego que te quedes, que esperemos.

Seika se mordió los labios con ansiedad y se revolvió un poco entre las cobijas. Moría por salir corriendo de ahí, pero era Shiryu quien se lo estaba pidiendo...

- No podemos contactar a Kiki para pedirle que te lleve.

- Iré en auto, o cómo sea, no me impor... - Seika pareción quedarse paralizada por un minuto, porque mientras se incorporaba, notó que al fondo de la habitación estaba Ikki, al que se negó a prestarle mayor atención, así que volvió a concentrarse en los ojos grises que la observaban.

- Podrían llamar en cualquier momento para avisarnos - dijo él con gran sentido común y prudencia - ¿Por qué no esperamos? Mientras, puedes descansar un poco. Te ves exhausta, ¿pudiste dormir algo ayer?

- No... Nada.

- Yo tampoco. - le confesó él.

Ella le sonrió con candidez y le acarició brevemente la mejilla, e Ikki, que lo vió todo, sintió celos...

- No importa, ya dormiremos cuando Seiya se haya recuperado... - continuó Shiryu - Es más, yo creo que podemos...

La puerta se abrió y la frase del Dragón quedó inconclusa, la atención de los tres enfocándose en saber quién entraba.

Al ver que se trataba de las Diosas, un gran sonrisa se dibujó en el rostro del chino.

- Señorita Hécate, Saori, ¿qué sucedió? - dijo Seika, que sintió que el corazón se le iba a salir del pecho - ¿¡Ya le dieron la poción!?

- Sí, pero no funcionó - respondió Hécate acercándose hacia la cama, mientras Saori se quedaba un poco atrás, con los labios apretados formándole una línea recta.

La pelirroja se quedó callada, pálida e incrédula, sus ojos cafés clavados en los ojos rosas de la deidad, mientras buscaba a ciegas aferrarse a la mano de Shiryu, porque necesitaba sostén desesperadamente.

- Mi poción no tiene la fuerza suficiente para restaurar su cordón plateado de forma permanente. No he podido fundir su cuerpo y su alma para formar de nuevo un solo ser... Lo lamento muchísimo - dijo Hécate sintiéndose verdaderamente afligida.

- No - dijo Seika en un murmullo, mientras se llevaba las manos a la boca para callar y no empezar a gritar como una loca.

Aquello no podía estar sucediendo, se repitió una y otra vez mientras sacudía la cabeza en negación y las lágrimas se le escapaban sin control alguno.

Lo había visto aparecer de la nada con sus propios ojos, lo había tocado, había podido sentir sus cabellos y su piel húmeda... ¿Acaso eso no significaba nada?

- Saori, por favor dime que no es verdad... - imploró la jovencita

- Ojalá pudiera decírtelo, Seika - respondió Saori, articulando su frase muy lentamente - pero lo que te está diciendo es la verdad. Yo estuve ahí y... no sucedió.

- ¡Pero si logró curar a Shaka! - retrucó Seika volviendo la vista a Hécate - ¡Su hombro se veía terrible, pero él sanó!

- Lo suyo fue muy distinto. Aunque dolorosísimo, el mal que le produjo la arpía no alcanzó sus órganos vitales, él mismo logró detener el avance del daño, y pude curarlo relativamente pronto. En cambio, ha pasado demasiado tiempo desde que el cuerpo de tu hermano recibió el maleficio de la espada, que le produjo una herida fatal...

- ...

- No hay nada que yo pueda hacer para devolverle la vida - dijo Hécate con extrema seriedad.

Ikki supo que las noticias eran realmente malas con sólo analizar la postura de Saori. Sus negros ojos siempre brillantes, ahora lucían opacos y miraban bajo, su andar era apresurado y sus labios estaban absolutamente apretados... y al oír hablar a la Reina Subterránea, el corazón se le fue a los pies mientras recordaba las palabras del Pegaso: "Quizás sea algo que no puede impedirse"

Shun lo había predicho, y el propio Seiya también, y lo invadió el miedo atroz que sintio cuando vio a Esmeralda sangrando y supo que la perdería; todo había sido en vano, Seiya no volvería de su amargo viaje...

Y le dio más miedo aún la terrible seguridad de saber que eso destrozaría a Seika, y que acabaría por perderlos a ambos de un solo golpe...

- ¿Ya está muerto? - preguntó Seika con voz temblorosa después de un penoso silencio.

- No. Angelo está ahora con él.

Seika tuvo que hacer un enorme esfuerzo para articular su siguiente frase, porque sentía como si, al igual que su vista, su mente estuviera empañada, incapaz de ver más alla con claridad.

- ¿Entonces... entonces el veneno... lo va a consumir? - completó su idea mientras se estremecía

- Puedo evitar...

- ¡Hágalo entonces, por favor! - gritó ella, desesperada - ¡Haré lo que sea, le daré mi vida en pago...!

- Seika, sé que parece absurdo pedirte justo ahora que escuches con calma - dijo Saori interviniendo mientras daba un paso al frente. La heredera de la fortuna Kido parecía inusualmente pálida mientras sus delicadas manos hacían un gesto tranquilizador - pero estamos aquí porque hay que tomar una pronta decisión...

- Puedo salvar sólo su alma, ¿me entiendes? Sólo a su alma, y la única forma que conozco para hacerlo, es dejando que su cuerpo muera - dijo Hécate retomando la palabra - Así, el efecto del veneno pararía, y yo podría llevarme su alma a mi morada para liberarlo de la maldición.

Seika volteó de inmediato a ver a Shiryu como esperando algo, buscando en su rostro una pizca de esperanza, pero cuando vio los brillantísimos ojos grises derramando lágrimas de un dolor hermanado al suyo, supo que era todo terriblemente cierto, que aquello realmente estaba pasando.

- Quiero que consideres otra opción, Seika - dijo Hécate

- ¿A qué se refiere? Dijo que no podía hacer otra cosa - dijo la pelirroja, confundida.

- Yo no puedo, pero quizás Perséfone sí.

- ¿Qué? - dijeron tanto Saori y sus caballeros, impresionados por la sugerencia

- Hades podía revertir el proceso de muerte a voluntad; ahora que ella está a cargo del Inframundo, quizás pueda hacerlo también. Si me lo permites, iré a verla y le pediré que restaure su cordón plateado.

- ¿Cree que sea posible?

- No me parece recordar que lo haya hecho nunca, pero la existencia de un alma valiosa está en juego. Debería de intentarse.

- No creo que Perséfone quiera ayudarlo - dijo Saori recordando la única vez que había estado frente a la Diosa de la Primavera

- Como te lo he dicho, estoy casi segura de que ella no tuvo nada que ver con todo esto - insistió Hécate

- Quizás no fue ella quien tomó a su alma prisionera, y quizás también sea capaz de lo que dices, pero no creo que le interese en lo absoluto devolverle la vida cuando él fue uno de los que me ayudó a eliminar a su esposo. Estaba muy molesta cuando le pedí que me permitiera enviar a alguien a buscar a Seiya, y probablemente haya engañado a Hermes para que me dijera que él no estaba ahí.

- Ella ama a Hades, me parece lógico que estuviera molesta, pero la conozco bien: tiene un buen corazón, y es muy razonable. Hemos sido amigas por mucho tiempo, quizás si yo hablo con ella, logre convencerla.

Sintiéndose devastada y confundida, la pelirroja volteó a ver a Saori, buscando apoyo.

- ¿Tú qué crees?

Saori se acercó a la cama y la miró.

- Haré lo que tu quieras, Seika.

La pelirroja la miró atónita.

- ¿Qué dices?

- Que la decisión es tuya - afirmó Saori - He buscado ayudarlo por todos los medios porque es mi Caballero, porque estoy en deuda con él y porque le tengo un gran afecto, pero tú eres su hermana y justo ahora que hemos llegado a una situación límite, creo que eres tú quien tiene todo el derecho de decidir.

- ¿Pero qué harías tú?

- Presentarme nuevamente ante Perséfone y ayudar a Hécate a tratar de convencerla para que nos ayude, si eso le es posible... pero respetaré y apoyaré enteramente tu elección. La que sea.

Seika suspiró hondamente

- ¿Qué hay de lo que dijeron la doctora?

- ¿De qué hablas? - preguntó Hécate

- Los doctores que lo han cuidado dicen que no hay modo de que su cuerpo se recupere de tanto daño - le respondió Seika - que sólo vive porque las máquinas le ayudan, y que así se quedará... Si Perséfone nos ayudara, ¿qué clase de vida le esperaría después de tanto tiempo bajo la maldición? ¿Sanaría del todo? ¿Le quedarían secuelas?

Hécate pensó un poco, y después, le respondió

- Me pesa decir que no lo sé, porque su situación es especial e inédita para mí. Sé que puedo neutralizar el veneno, y revertir el daño infligido a su ser intangible, pero no puedo darte garantías con respecto a cómo quedaría su cuerpo. No domino la parte carnal de los seres como puedo hacerlo con sus espíritus... - dijo Hécate con extraordinaria sabiduría y humildad - pero ustedes acudieron a mí y depositaron su confianza en mi habilidad y les he fallado, y por eso les ofrezco seguir apoyándolos en lo que pueda. Además, cuando pude hablar con él entendí porque es tan apreciado... Es un alma pura, heróica y generosa como pensé que ya no las había en estos tiempos de corrupción y decadencia, por eso quisiera hablar con Perséfone. Quizás haya quien merezca morir bajo los efectos de la maldición, pero no él.

Seika gimió al oír a la Diosa de ojos rosas hablando así de Seiya, pero se arregló para darle una sonrisa agradecida.

- Sé que es una desición monstruosa la que tienes enfrente, pero no hay mucho tiempo, Seika - puntualizó Saori

- Yo haré todo lo posible por mantenerlo aquí y sin dolor. Con la ayuda de Angelo puede estar así un par de días, pero no más.

Seika asintió mientras se cubría el rostro con las manos, porque sus lágrimas silenciosas se transformaron en sollozos cuando entendió que la vida de su hermanito había sido puesta en sus manos, y que además, debía decidir cuanto antes...

- Estaré abajo, esperando - dijo Hécate, sintiendo que su presencia era ya innecesaria, y salió de la habitación.

Seika se echó a llorar a los brazos de Shiryu, mojándole los larguísimos cabellos negros mientras ahogaba unos gritos desesperados en su hombro.

Al mirarlos, Saori sintió unas ganas tan desesperadas de llorar junto a ellos que decidió retirarse también.

Ikki la vio partir y pensó que jamás la había visto tan derrotada, y deseó poder ser comprensivo como Hyoga lo había sido con él días atrás, y saber qué decirle, pero él estaba tan o aún más confundido, así que se quedó ahí clavado, viéndola marcharse sola, y luego viendo a Seika llorar en los brazos del Dragón, muriéndose de ganas por ser él quien la consolara, y que a su vez fuera consolado por ella, de estar a su lado.

- No puede ser... no puede ser... ¡No quiero que muera! ¡Shiryu, no quiero que muera! - exclamó con vehemente y ahogada voz

Shiryu no pudo responderle nada, porque estaba tan desolado e incrédulo como ella.

- ... pero me da pánico que nuestros esfuerzos terminen con él volviendo a vivir atrapado en un cuerpo que dependa de máquinas, lleno de dolor y de frustración...

- ...

- Y si dejo que Hécate se lo lleve para sanar su alma, ¿no es como matarlo yo misma?

- No pienses eso, Seika...

- Pensé... pensé que ya... había pasado lo peor. Que al fin lo vería abrir los ojos...

- Yo también - dijo él, sus manos recorriendo su espalda con suavidad buscando tranquilizarla, aunque se sintió absurdo haciéndolo ya que él mismo no lograba dominarse...

- No sé que hacer... - dijo ella frotando su frente como si quisiera enterrarse en el pecho del Dragón - No me dejen sola...

- Nunca, Seika, nunca vamos a dejarte sola - dijo Shiryu meciéndola con suavidad entre sus fuertes brazos - No tienes que decidir sola. Te aconsejaremos, te daremos nuestra opinión si la quieres, pero Saori tiene razón. Es tu hermano, tu palabra debe ser la última.

Por algunos minutos, Seika no hizo nada más que llorar en brazos del joven de procedencia china, pero luego pareció detenerse en seco y se alejó un poco de Shiryu.

- Tú eres su mejor amigo, ¿qué crees que preferiría él?

- No lo sé, Seika - contestó él con una amargura que ni él mismo se conocía - Estábamos dispuestos a morir en el campo de batalla, quizás de manera brutal, pero rápida. Una maldición infernal es algo completamente distinto...

Seika miró entonces a Ikki, que no había derramado una lágrima, pero que tenía los ojos tan rojos que parecía a punto de llorar sangre...

- Hécate dijo que hablaron con él. ¿Tú lo viste? ¿Qué fue lo que dijo exactamente? ¿Es cierto que sabe lo que le está pasando?

Ikki sintió un dolor más grande que él que le provocaban todas sus cicatrices juntas cuando entendió que por primera vez en tres días, ella se dirigía a él y que no podía responder a sus preguntas, o al menos, no con la verdad.

No tenía el valor de decirle en circunstancias tan adversas que Seiya se había pronunciado listo para morir...

- ¡Contéstame! ¿Hablaste con él?

Ikki desvió la mirada, y ante su persistente silencio, Seika estuvo a punto de gritarle "Gracias por nada" y de echarlo de su habitación, pero a pesar de estar muy molesta con él, no podía olvidar que él había arriesgado su vida más de una vez con tal de salvar a su hermanito. Además, intuyó que si él no le contestaba, era porque le ocultaba algo seguramente negativo...

Seika se quitó la manta de encima y ayudada un poco por Shiryu se puso de pie, tomó unos pañuelos, se secó un poco el rostro y se volvió hacia el joven de ojos grises.

- Creo que sé lo que tengo que hacer, pero necesito unos minutos a solas... ¿Podrías...?

- Claro - dijo él - Estaré afuera

- No tardaré mucho.

El espigado joven asintió, le besó la frente y se marchó.



A su salida, el Dragón se detuvo junto a Ikki y lo miró intensamente. Ikki no quería dejarla sola por ningún motivo, así que ignoró a Shiryu, pero el discípulo de Libra insistió en mirarlo, conminándolo silenciosamente a que se retiraran los dos, y pasados unos segundos, fue imposible continuar así, de modo que Ikki puso los ojos en blanco y con fastidio salió de la recámara. El Dragón salió después, cerró la puerta tras de sí y fue tras los pasos de Ikki, que ya se dirigía veloz hacia el fondo de aquel enorme pasillo.

- ¿Que estás ocultando, Ikki? - dijo el Dragón al alcanzar al de cabellos azules, aunque eso no detuvo su andar.

- Nada - respondió con voz enronquecida.

- Te conozco y...

- ¿De verdad? - replicó Ikki

- No es momento de sarcasmos. ¿Qué fue lo que no quisiste decirle a ella?

- ...

- A mí sí me vas a contestar - dijo Shiryu tomándolo de un brazo con mucha convicción para obligarlo a detenerse - Si hablaste con Seiya, quiero saber lo que te dijo ahora mismo.

Ikki cesó sus pasos, y encaró a Shiryu con una advertencia de amenaza implícita en la mirada, como no lo había mirado desde los días del Torneo Galáctico...

- Yo que tú...

- Se va a morir y yo necesito entender.

Hubo un dolor tan grande, tan genuino, y que a la vez entendió tan bien en la voz del chino, que forzó a Ikki a cambiar de actitud, que miró hacia arriba y suspiró, suavizando toda su postura.

Shiryu lo soltó.

- ¿Es cierto que sabe de su situación?

- Sí.

- ¿Hablaron?

- Sí, pero nos peleamos.

- ¿Qué?

- Primero... ya sabes cómo es, se alegró mucho de verme, de vernos, y estaba muy agradecido, pero cuando Hécate le preguntó si se quedaría, él se sorprendió muchísimo, parecía asustado... pero lo pensó y aceptó. Yo quería sacarlo de ahí a como diera lugar porque pensé que el veneno lo tenía enloquecido, pero cuando hablamos se comportaba como si fuera tú, todo reflexivo, usando palabras rimbombantes. Estaba distinto, Shiryu. Cuando dijo que se quedaría, dije que yo también lo haría, y se negó, y entonces...

- ¿Entonces qué?

- Dijo que si fracasábamos, entendería. Que su ciclo probablemente había acabado, y que estaba bien, que desea vivir con todas sus fuerzas pero que está listo para morir - dijo Ikki sintiendo que las palabras casi se le atragantaban, hablando muy lento para que las emociones no lo vencieran.

Las lágrimas se le escurrieron al Dragón.

- Por eso no habías dicho nada... - dijo Shiryu, agradecido por la nobleza del Fénix

Ikki asintió y luego se quedó como congelado, porque justo en ese momento notó que Saori debía de haberse quedado cerca y que se había aproximado a ellos. Shiryu siguió la mirada del Fénix y al voltear él comprendió también, al ver la su expresión desencajada de ella, que sin duda los había escuchado...

Ella los miró unos segundos, luego se dio la media vuelta y caminó a toda prisa a su habitación, y Shiryu la siguió mientras Ikki se quedaba ahí como clavado. Las piernas le pesaban como si fuera un paralítico, y tuvo que buscar apoyarse en una pared para no irse al suelo.

Sólo pensando en Seika logró reunir fuerzas para caminar hasta su habitación, y luego se sentó con torpeza junto a la puerta de ella, y ahí lloró en silencio porque había fracasado en salvarle la vida a su hermano, y sobre todo, porque había sido, como siempre, tan necio, tan orgulloso y tan imbécil, que no le había dado un último abrazo cuando tuvo la oportunidad...



Mientras Shiryu iba tras Saori, deseaba con todas sus fuerzas que aquello fuera una más de sus pesadillas, pero desgraciadamente no lo era.

Por la mañana, los doctores había dicho que su mejor amigo probablemente no volvería a abrir los ojos jamás, y habían aconsejado dejarlo morir. Se había negado tajantemente a creerles porque había visto a Seiya volver de los umbrales de la muerte una y otra vez y no dudaba que volvería a hacerlo, esta vez ayudado por la generosa Hécate, y cuando lo vio entre los brazos de la Diosa, se permitió exhalar un larguísimo suspiro de alivio y de paz.

Los ojos se le llenaron de lágrimas de alegría, e imaginó en cuestión de segundos cómo lo abrazaría, cómo sus ojos cafés se abririán enormes ante la sorpresa de reencontrarse al fin con su hermana, al conocer a Aioros, e imaginó en cuestión de segundos mil momentos felices más, y al ver que Kiki se lo llevaba, se permitió abrazar largamente a Sun-rei mientras aguardaba a que les dijeran que él ya había vuelto a la vida y que podían ir a verlo.

En su cabeza no había modo de que algo saliera mal, pero al oír la explicación de Hécate, empezó a tener unos pensamientos espantosos.

¿Qué clase de Diosa era Saori que no podía salvar a su amado?

...quizás no debió traerlo en un principio...

...quizás debió dejarlo ahí...

Y esos pensamientos se reafirmaron cuando Ikki le dijo lo que había hablado con Seiya, así que mientras iba tras Saori, sabiendo perfectamente cuánto debía de estar sufriendo ella, Y encima de todo el dolor que le causaba pensar que iba a perderlo, se sentía un traidor.

Su mente le decía que era injusto pensar así de Saori, pero no podía pensar o sentir de otro modo.

Su mejor amigo se iba a morir con apenas quince años, y Seiya había sido siempre quien inflamaba su fe en los momentos más difíciles, pero justo ahora que la opción más lógica y humanitaria parecía ser la de dejarlo morir, ya nada le era lógico, congruente, justo o seguro. Todo en lo que había creído se caía a pedazos, la tierra se movía bajo sus pies.

Ese sentimiento lo había atormentado desde que despertó, y lo supo en coma; por eso se había aferrado noche a noche al cuerpo de Sun-rei, porque ella y su amor eran lo único que parecía ser inmutable en aquellos días.

El muchacho de diecisiete años que era, deseaba con todas sus fuerzas buscar a Sun-rei y deshacerse en sus brazos para buscar consuelo mientras el corazón se le rompía, pero sabía que era imperioso hablar con Saori, y buscar consolarla, aunque sabía que no había palabras en el mundo para calmar su sufrimiento, que era el suyo propio...

Entró sin anunciarse en la habitación de la doncella, cosa que en sus cabales no habría hecho jamás, y la halló sentada en su cama.

Ella no lloraba. Tenía la vista perdida, y parecía reflexiva y amargada, con su ceño fruncido

Él se sentó a su lado derecho, y tardó un buen rato en hablar.

- ¿Nos oíste, verdad?

Ella asintió.

- Él...

- No tienes que explicar nada, ni angustiarte demás. Me hizo bien oírlo... Shiryu, mi valiente Dragón – dijo ella acariciando con la mano izquierda el rostro terso del chico de cabellos de ébano – siempre has sido tan sabio, tan intuitivo. Has estado conmigo desde el principio...

Shiryu la miró sin entender a qué venían esas dulces palabras...

- Me conoces y me has dado tu servicio y tu lealtad como caballero – él sonrió débilmente – pero también sabes mejor que nadie cuán humana soy. Me gusta pensar que eres mi amigo...

- Por supuesto, Saori.

- Así que como ambos, quiero preguntarte algo.

Un nudo se había formado en la garganta de la diosa, y le costó mucho trabajo superarlo

- ¿Tú crees que debí... dejarlo ahí? ¿Crees que debería de haberlo dejado morir?

El rostro de Shyriu se puso lívido. Parecía como si ella le hubiera leído los pensamientos.

- Yo no soy quien para...

- Eres su mejor amigo y sabes también lo que siento por él, nadie mejor que tú. Dime la verdad, sin miedo, ¿crees que fui terriblemente egoísta al tratar de traerlo de vuelta?

- ...

- Porque al oír a Ikki confirmé un temor que he llevado oculto desde que Hécate me habló del maleficio de la espada... Me da horror pensar que mi amor por él me ha cegado de tal manera que en su momento no fui capaz de tomar la decisión correcta, que amarlo me impidió aceptar lo inevitable, y que mi falta de juicio los tiene ahora a él y a todos ustedes sufriendo más allá de lo necesario. ¿Crees que debería haber aceptado su muerte en Elysion?

- Quizás sí… – respondió él con voz trémula cuando fue capaz – No sé, Saori. No puedo pensar nada con claridad; me duele y estoy tan confundido... Si pienso en la maldición y en lo que puede haber sufrido su alma todo este tiempo, sí pienso que probablemente deberíamos de haberlo dejado...

Saori se quedó sin aire y jadeó...

- ... pero sé que no me hubiera perdonado el abandonar su cuerpo en ese lugar... y definitivamente no te hubiera perdonado que no te esforzaras en salvarlo.

- Gracias por ser honesto conmigo - dijo ella.

Fue el joven de largos y sedosos cabellos negros quien la abrazó y comenzó a llorar en el hombro de la jovencita. El dolor los hermanaba, y en aquellos momentos de horrorosa incertidumbre, nadie mejor que el otro para entender sus miedos, sus dudas y su pena.

Por su parte, cuando Saori sintió el abrazo de Shiryu, sintió enormes deseos de dejarse ir, de desahogarse al fin de tantísimo dolor acumulado, pero pensó que aunque las esperanzas y los caminos parecían haberse agotado, quizás aún había algo por hacer. La última palabra aún no estaba dicha, así que sólo derramó algunas lágrimas silenciosas, respiró profundamente, buscando acompasar su ritmo con el del chino, y cuando lo sintió un poco más tranquilo, se separó de él y con sus delicados dedos, enjugó las lágrimas del joven y le habló

- Perdón...

- Ssssh, no pidas perdón, Saori.

- Es que ya no confío en mi criterio, Shiryu. Si Perséfone dijera que puede devolverle la vida, creo que estaría dispuesta incluso a rogarle, y eso me asusta. Me da miedo amarlo tanto como para estar dispuesta a hacer lo que sea para salvarlo... No estoy pensando con claridad, y es más, ahora creo que ni siquiera debería de haber permitido que fueran al Inframundo: Ikki y Shura están taciturnos y distantes, Shaka resultó muy herido y estuvimos a punto de perder a Afrodita... Arriesgué sus vidas por la de Seiya, y me pregunto si habría hecho lo mismo si no lo amara tantísimo...

- No seas injusta contigo misma, Saori. Conozco tu buen corazón y sé que lo habrías hecho por cualquiera de nosotros, que no nos habrías dejado abandonados a semejante suerte.

- Gracias, Shiryu... Antes de que Hécate mencionara a Perséfone, estaba a punto de sugerir que habláramos con Iris, pero ahora me parece tan absurdo...

- ¿Con Iris? Pero si ella...

- No tiene ninguna habilidad para curar, lo sé, pero como mensajera de Hera puede ir a cualquier parte, y se ha dedicado a acumular secretos por milenios. Estoy segura de que el encierro en Cabo Sunión debe de tener a Iris dispuesta a lo que sea con tal de librarse de la venganza de Julián, y pensé que quizás podríamos usar eso a nuestro favor, hacer que convenza a Apolo, o a la misma Perséfone de intervenir, pero... Cuando oí a Seika preguntarle a Hécate por lo que pasaría con su cuerpo si vuelve a vivir, supe que yo debería de haber considerado eso antes que otra cosa, y por eso decidí dejar la decisión en sus manos. Estoy tan desesperada que creo que justo ahora, ella está mucho más preparada para decidir lo mejor para él. Aunque no sé que haré si ella decide que Hécate se lo lleve de una vez...

- Yo tampoco imagino mi vida sin él...

- ¿Está usted ahí?

Era Tatsumi quien había tocado a la puerta, así que ambos trataron de serenarse y se secaron la cara lo mejor que pudieron antes de que Saori abriera la puerta.

Cuando abrió y el mayordomo notó que Shiryu estaba dentro, frunció las cejas ligeramente. Sabía que él era un muchacho de comportamiento intachable, pero aún así no halló muy correcto que estuviera en la habitación de su señorita y a solas con ella.

Sin embargo, no era momento de reproches.

- ¿Pasa algo, Tatsumi?

- Solo quería saber si está bien, mi señora.

- Sí, claro - dijo ella mintiendo - Bajemos, Shiryu. Será mejor que aguardemos juntos la decisión de Seika.

Ambos asintieron y la siguieron escaleras abajo...



Probablemente estaba en shock. Probablemente lo estaba desde que los doctores le habían dicho que si Seiya alguna vez volvía del coma, necesitaría una transplante de pulmón y de corazón, y que eso era prácticamente imposible de conseguir. Y aunque aquella espantosa tarde había llorado como una loca caminando por las calles de Tokio, se había aferrado a tener fe en que todo saldría bien porque había visto que Ikki, Kanon y Shaka habían experimentado recuperaciones prácticamente milagrosas.

Pero lo que llegó fueron las palabras de Hécate, que la dejaron temblando, inmersa en la incredulidad.

Le habían informado que debía decidir el destino de su hermano, y cuando Ikki no respondió a sus preguntas, deseó con todas sus fuerzas haberlos obligado a llevarla al Inframundo. Si al menos hubiera tenido la oportunidad de hablar con él, quizás sabría qué hacer...

Como eso no había sido posible, se le ocurrió que lo único que podía hacer para ayudarse a tomar una decisión de tal magnitud era leer las últimas cartas que él le había escrito.

Cuando Shiryu se las había entregado, había leido varias en un mismo día por varios días, pero después, pensó que sería mejor leer solo una, cada noche, antes de dormir. Eso la ayudaba a tener sueños lindos donde él aparecía, y le daba a sus días, incluso a los difíciles, una ilusión, un algo hermoso que aguardar, y en el periodo entre una carta y otra, recordaba sus palabras, asimilaba sus vivencias, imaginaba cómo habría pasado él por todos esos eventos.

Siguiendo esa agenda, aún tenía varias cartas sin leer. Y ahora que el tiempo aparentemente llegaba a su fin, decidió recurrir a ellas buscando que el propio Seiya la orientara, que iluminara su entendimiento, que le dijera qué hacer, así que cuando Shiryu e Ikki se marcharon, Seika abrió con torpeza las puertas de uno de los armarios para sacar la caja que contenía las emisivas.

Luego se sentó en la cama, buscó entre los sobres, tomó una y comenzó a leer...
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Espada_de_Fuego
Posted: Mar 7 2014, 12:55 AM


Caballero del Abismo
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Una vez en la recámara que había sido de Pandora, Radamantys depositó a la inconsciente pitonisa sobre una chaise longue de suntuoso terciopelo púrpura, y mientras esperaba a que ella reaccionara puso cierto orden en la habitación, encendiendo algunas velas, acomodando la ropa de cama y arreglando el dosel a su gusto para luego depositarla al fin entre las sábanas satinadas.

No es que él le diera mucha importancia a esa clase de detalles normalmente, pero después de todo, sería su primera vez con ella...

Después, se despojó de su armadura y de toda su ropa para quedar totalmente desnudo. Estaba muy confiado de su cuerpo atlético, producto de un entrenamiento inmisericorde, y de la reacción que producía en las mujeres. Estaba seguro de que verlo ahí de pie exhibiendo su físico y su erección, despertaría los instintos de mujer de Ariadna, y que entonces ella se sometería de buen grado a sus caricias.

Sí, la pasarían muy bien. Le encantaba robar besos y caricias, encontrar cierta resistencia, jugar al juego de "no deberíamos de hacer esto... pero qué delicioso se siente", y estaba convencido de que Ariadna en el fondo sí deseaba estar con él, y se relamió los labios deleitándose mentalmente al imaginar su voz entrecortada diciéndole que no mientras su cuerpo entero le decía que sí, como le había sucedido con otras chicas a las que había desvirgado con anterioridad.

Pero pasaron varios minutos y ella no despertó.

Y él comenzó a molestarse mucho.

Claro, la culpa era suya; evidentemente, se le había pasado mucho la mano al abofetearla, y su propia y descontrolada violencia les estaba pasando una mala pasada a ambos, pero ya que no era un hombre paciente y la tenía a su plena disposición, decidió que aprovecharía su inconsciencia para contemplar su cuerpo a su antojo, cosa que probablemente no podría hacer después, pues cuando ella despertara mostraría resistencia, y casi era seguro que entonces todo sucediera intensa y apasionadamente...

Con una sonrisa lasciva en los labios, se subió a la cama,se arrodilló a su lado y sin demora colocó las manos a ambos lados del escote y jaló de la tela, desgarrándola por en medio y de punta a punta para dejar al descubierto su cuerpo entero y poder comérsela con los ojos.

La halló perfecta.

Los hombros eran pequeñitos, sus pezones no muy grandes y aparentemente muy suaves, y aunque su talle era fino, no era tan delgada como para que las costillas se le marcaran demasiado, cosa que le disgustaba. Las caderas eran muy femeninas, y de primera vista, halló su pubis ligeramente redondeado, y cubierto por una delicada capa de vello también albino.

Le dio la vuelta con cuidado y le apartó la cabellera para recrearse la vista con el descubrimiento de sus nalgas redondas y juveniles, y de su espalda alargada y elegante. Su melena olía delicioso y pudo ver un par de gotas brillando en su aterciopelada espalda, y fue entonces que ya no se pudo controlar y decidió que la haría reaccionar a base de besos y caricias imposibles de ignorar, así que lamió su espina dorsal desde el coxis hasta llegar al Atlas, quedando tendido sobre ella para mordisquearle el nacimiento del cuello, pero no sintió nada, ni la presión ni la fricción que debía de existir entre su trasero y su pene, ni el sabor de su sudor.

Una furia sólo comparable a la que le había provocado el imbécil de Kanon comenzó a inundarlo. ¡Maldito rubio cabrón! Gracias a él, su oportunidad de disfrutar a la muchachita se le estaba yendo al diablo...

Uno de sus numerosos fetiches consistía en degustar el sudor de sus amantes, pero ahora no podía percibir nada.

Sin darse por vencido, la volteó para ponerla de nuevo boca arriba, le abrió las piernas y hurgó en su sexo, separando los pliegues de piel que le ocultaba aún sus secretos, y el resultado fue que la hallo deliciosa y muy a su gusto (había tenido muchas amantes, y se consideraba así mismo un experto en anatomía femenina). Complacido y nuevamente entusiasmado ante la idea de ser el primero en introducirse en ese canal aún cerrado, puso sus manos sobre los pechos y le lamió el ombligo, que tenía forma de óvalo, y que era poco pofundo, pero fue lo mismo: no podía detectar su sabor con su lengua...

Lo mismo sucedió cuando mordió la parte más protuberante de su clavícula, una de sus costillas, bajo sus discretos pechos, en la cadera y en la ingle, cosa que hacía para marcar a una mujer que hubiera sido suya, pero no pudo sentir la dulzura ni la segura tibieza de su piel. Vaya, ni siquiera supo si había aplicado la fuerza necesaria, y entonces Radamantys confirmó que el daño que le había inflingido Shaka era irremediable, y se preguntó qué sentido tenía acostarse con ella sino podía saborearla ni sentirla aunque su aroma le encantara y tuviera su bellísimo cuerpo entre las manos...

Sin embargo, Necesitaba tener sexo, y se negó a aceptar siquiera la posibilidad de que Shaka le hubiera quitado esa satisfacción también, así que se tendió encima, acomodó su cadera entre las piernas de Ariadna y empujó su pelvis...

Unos segundos después volvió a empujar, pero sin obtener resultados. No le extraño, pues ella era virgen, y en esos casos era perfectamente normal batallar para lograr la penetración, así que siguió empujando, pero entonces le pareció que había algo extraño, y como no podía sentir lo que estaba haciendo, no tuvo más remedio que voltear a mirar hacia abajo, y entonces descubrió con estupor que su erección había desaparecido, y que por eso no había logrado penetrarla. La sola idea de tenerla lo había encendido, ciertamente, pero al no ser reforzado el estímulo, la había perdido.

Se le ocurrió algo, pero lo descartó de inmediato, y se acomodó de nuevo cubriendo con su cadera la suya, y probó de nuevo, mirando esta vez sus sexos en aproximación... y volvió a fallar, su miembro flácido doblándose en distintas direcciones, incapaz de invadirla.

Humillado, no le quedó otro remedio que incorporarse para masturbarse, obligado a mirarse para asegurarse de que funcionara, y después de tironear la piel más sensible de su cuerpo casi al borde del desespero por unos minutos, descubrió que era inútil también.

Sus manos abandonaron su miembro para ir a sus cabellos mientras pensaba que la situación había pasado de ideal, a algo ridículo e intolerable.

Para empezar, él no era un violador y si seguía tocándola estando ella inconsciente... Había fantaseado mucho con el cómo serían sus caricias, cómo se sentiría introducirse en su boca, experimentar los roces seguramente tímidos de su lengua, y nada de eso no estaba sucediendo.

Si encendía su cosmos, seguramente lograría percibir y disfrutar de la experiencia de mucho mejor manera, pero eso lo delataría, y estando ella todavía desmayada, podía causarle un gran problema, sobre todo porque acababa de jurar por las sagradas aguas del Estigia. ¿Y si Perséfone se enteraba y lo hacía castigar? Radamantys se consideraba valiente, pero apreciaba mucho su pellejo, y no quería ser torturado por siete años a causa de un acostón malogrado que ni ella ni él estaban disfrutando...

Se levantó al fin, maldiciendo un millón de veces a Shaka, y se vistió jurándose a sí mismo que hallaría la forma de vengarse de ese rubio arrogante, y que lograría que la esquiva muchachita se tragara sus palabras y fuera a su cama por su propia voluntad. En esa ocasión futura, encendería su cosmos, y quizás ni siquiera entonces lograría sentirla, pero ella a él sí, y eso le daría gran satisfacción.

Sí. Decidió que él la haría gozar hasta forzarla a reconocer que aún sin dos sentidos, era más hombre y mejor amante que cualquiera...

Cuando acabó de vestirse la cubrió de forma descuidada con las sábanas y se marchó de los aposentos de Pandora sin ser visto, repitiéndose que era un seductor y que la tendría tarde o temprano, su ego y su orgullo haciéndole imposible el reconocer que si había dejado ir aquella oportunidad de oro no era ni siquiera por temor al castigo, sino porque simplemente, le había sido imposible hacerla su mujer...



Shaka, por supuesto, no tenía idea de que su intervención acababa de salvar a Ariadna de ser violada...

Saori, que bajó acompañada por Camus, Hyoga, Shun, Shiryu y Tatsumi, había anunciado que Hécate había ofrecido interceder por Seiya ante Perséfone, y que Seika estaba considerándolo, y todos la siguieron hacia la sala, donde nuevamente se reunieron a esperar.

Varios aguardaban silenciosos, como Afrodita, que parecía sinceramente afligido, y otros se habían reunido en pequeños grupos y hablaban entre sí en voz muy baja, como Mü, Saga y Dokho, que discutían si no sería mejor marcharse de una vez al hospital. Sun-rei, Kiki y las princesas de Asgard lloraban, al igual que Aldebarán.

Después de observar las reacciones de todos, el hindú salió a la terraza y ahí se quedó por un buen rato, mirando cómo las gotas de la lluvia que había comenzado a caer hacía apenas unos minutos caían sobre la alberca e interrumpían la tranquilidad del enorme espejo de agua.

- Pensé que estabas guardando reposo

Era muy difícil sorprender a alguien como el guardián de Virgo, pero realmente había estado absorto en su observación y no había escuchado los pasos de la deidad, que se le acercó desde el jardín, y cuya melena resplandecía por las gotas de agua que se habían prendido de sus cabellos.

- Quizás sería conveniente, pero no podría descansar pensando en todo lo que está sucediendo - respondió Shaka mientras Hécate subía los escalones para reunirse con él.

- Entonces, ¿por qué no estás con los demás?

Un ligero rubor cubrió las mejillas del hindú, que se tomó unos segundos para contestar.

- Traté muy poco al Caballero Pegaso en esta vida... El estar ahí adentro, cuando todos están tratando de aceptar su inminente muerte, me hacía sentir inadecuado, porque quisiera ofrecerles alguna clase de consuelo, pero no hallo las palabras correctas... Por eso preferí darles intimidad para lidiar con su dolor. Además, me gusta mucho esta clase de lluvia. Crecí en un lugar donde la lluvia no era muy usual, y cuando llovía... bueno, no era nada parecido.

- ¿Cómo son las lluvias en La India? - dijo Hécate, recordando que Shaka le había mencionado haber crecido en ese lugar el día de la fiesta...

- Cuando llegaba la época de monzones era terrible, porque son lluvias torrenciales, que llegan a dar la impresión de ser inacabables. Esas lluvias pueden arrasar con todo a su paso... Esta lluvia es muy distinta. Me hace pensar en purificación.

- A mi también me gusta la lluvia, y su poder transformador cuando es positivo... Hace eras que no pasaba tanto tiempo afuera, y lo he disfrutado muchísimo. Casi había olvidado lo hermoso que puede ser el exterior - dijo ella mirando embelesada hacia el firmamento

- Pensé que estaba con Seika.

- No, en realidad preferí salir casi por las mismas razones que tú. Me imagino que en estos momentos, ni ella ni el resto de tus amigos deben de sentir muchos deseos de verme...Deben de estar arrepentidos de acudir a mí.

- No diga eso. Ha sido increíblemente generosa y desinteresada al intervenir, incluso cuando su amistad con Perséfone podría haber sido razón suficiente para que se negara.

- Cuando supe que soy causante de su tragedia, me pareció imposible rehusarme. Pero creo que lo hubiera hecho por el mero hecho de que Athena hubiera acudido a mí... Cuando sea el momento oportuno, quiero ofrecerle disculpas a ella, y a tus amigos.

- No es necesario.

- Siento el deseo de hacerlo. Alimenté falsas esperanzas en todos ellos.

- Nunca hizo promesas. Fue muy honesta al decir que nunca lo había intentado, y que podía salir mal.

- De cualquier modo me aflige, no sólo porque es muy joven, sino porque ese muchacho tiene un alma muy valiosa y especial... Probablemente si hubieran acudido desde el principio a alguien más, podría habérsele salvado la vida.

- Espero que no le ofenda que se lo diga, pero no fue la única a quien acudimos. Desde que comenzamos a sospechar que no podíamos ayudarlo con los medios a nuestro alcance, Saga comenzó a investigar, y nos planteó varias opciones que nos parecieron adecuadas. Intentamos contactar a otras deidades, pero fue usted la única que respondió al llamado de Athena... ¿Le molesta saberlo?

- No, pero me apena aún más haber fallado. Hubiera querido corresponder a la confianza que ella depositó en mí, y ayudarlo a él.

- Ha sido de gran ayuda, Hécate. Si no fuera por su intervención, quizás jamás habríamos sabido qué le pasaba en verdad. Y cuando le acompañamos y tuvimos la oportunidad de verlo, supimos que...

- ¿Shaka, te sientes bien? - dijo ella al ver que el hilo de sus pensamientos parecía haber sido bruscamente interrumpido.

- Es que me di cuenta de que sí hay algo que puedo decirles para reconfortarlos. ¿Me acompaña?

- Prefiero esperar aquí.

- Como guste - dijo Shaka haciéndole un elegante gesto con la cabeza con el que se excusó por retirarse.

Hécate lo miró alejarse mientras pensaba que no había tenido la oportunidad de decirle que a pesar de su fracaso, no lamentaba haber aceptado la propuesta de Athena pues la experiencia había sido muy benéfica para ella, ya que había enriquecido su perspectiva sobre los humanos, le había dado un renovado sentido a su labor, y además, le había dado la oportunidad de conocerle, lo cual había disfrutado mucho...



Jabu apenas y daba crédito a lo que estaba sucediendo.

Toda la alegría, la fe y el alivio que habían experimentado cuando presenciaron la aparición del alma de Seiya, se habían evaporado y transformado en desasosiego y silencio, un silencio que no podía recibir otro calificativo que sepulcral, y que le parecía aún peor que los gritos furiosos de Shaina aquella misma mañana, cuando ella había peleado como una verdadera fiera ante la simple idea de dejarlo partir...

Los doctores Sato y Miyamoto se habían reunido con Saori, Dokho, Seika y Tatsumi y les habían comunicado sobre las conclusiones a las que habían llegado sobre la salud de Seiya. Al salir, Saori se los había informado a su vez a los que estaban en ese momento en la sala de espera, y cuando Seika se había marchado, Jabu, casi sin darse cuenta, había murmurado

- Quizás su destino siempre fue el de morir...

Todos voltearon con incredulidad a mirarlo, estremecidos de que se hubiera atrevido a expresar en voz alta un pensamiento así, y aunque Saori estuvo a punto de decir algo, fue Shaina quien lo encaró.

- ¿Qué estupidez acabas de decir?

Jabu había estado a punto de decir que "nada" al ver la furia y la frustración contenidas por la amazona, pero no se echó para atrás, y dijo con toda su convicción:

- Que creo que él se murió ese día en Elysion, y que quizás fue un error intentar cambiar su destino.

- ¿Estás diciendo que nuestra Diosa se equivocó, y que debió dejarlo ahí?

- ¡Por supuesto que no estoy diciendo eso! - había replicado él, pues en verdad su intención no había sido la de contradecir a Saori - Pero él volvió hecho un cadáver, y...

- ¡Eres un imbécil!

- Dime como quieras, pero no se puede negar la realidad por más tiempo. Los doctores tienen razón: deberían desconectarlo y dejarlo morir como lo que es, como un héroe que se sacrificó para que su Diosa pudiera salir victoriosa. Traerlo aquí, buscar a la señorita Hécate... probablemente sólo hemos estado prolongando su sufrimiento.

- ¡Vete al diablo, Jabu!

- Shaina, entiendo tu sentir, pero cálmate - intervino Dokho

- ¡No me pida que me calme ante una idea tan absurda, Maestro! Eres un maldito traidor, Jabu. Sé que Seiya y tú nunca han sido amigos, pero él jamás te haría algo así. Si fueras tú quien estuviera en su lugar, él no te abandonaría nunca, ¡Nunca!

- Nadie está hablando de abandonarlo, Shaina, pero su cuerpo está irreversiblemente dañado, y el veneno...

- ¡Hécate va a ocuparse de eso!

- Podría no funcionar, y él quedaría atrapado en un cuerpo inútil. No soy su amigo, es verdad, pero lo respeto muchísimo, y creo que no se merece algo así.

- Afortunadamente, nadie piensa como tú... - había dicho la amazona, aparentando calmarse..

Pero entonces ella miró a los demás, y cuando vio la duda y la confusión en sus rostros, estalló.

- No - había dicho ella con pánico e incredulidad - ¿¡De verdad están siquiera considerando la estupidez que este acaba de decir!? ¡¿Qué les pasa?! ¡¿Qué no lo conocen?! ¡Seiya se va a poner bien! Se va a recuperar como lo ha hecho siempre. ¿¡Cómo pueden perder la fe en él!?

- Esta es una situación completamente distinta, Shaina, que no depende de su voluntad ni de su coraje - había dicho Shun al intervenir para tratar de tranquilizar a la italiana - Seiya es un guerrero inigualable, pero entiende que quizás...

- ¡No me pidas que entienda cuando quieren abandonarlo! - había gritado ella antes de marcharse como un torbellino de ahí.

Jabu hubiera preferido oírla gritar de nuevo a verla como estaba ahora, como congelada, con el ceño fruncido, los dientes apretados y la mirada absolutamente perdida.

El Unicornio no era el único angustiado por la italiana. Desde la aparición de Hécate anunciando el fracaso de su poción, Thetis, que conocía su fogoso temperamento y que había sido testigo presencial del amor que le profesaba al Pegaso, había estado al pendiente de las reacciones de la joven, y a ella tampoco le gustaba nada verla tan callada e inmóvil.

Le daba miedo que en cualquier momento fuera a colapsar...



Hyoga experimentaba un déja vu. Muchas veces había estado en aquel mismo lugar, acompañado por sus amigos, discutiendo sobre las acciones que tomarían.

Pero esta vez era muy distinto, pues lo que estaba en juego era la existencia de uno de ellos mismos...

Cuando oyó las voces de Saori, Shiryu y Tatsumi aproximándose por el pasillo del piso supe, sacó fuerzas de flaqueza y se puso de pie, disimulando lo mejor posible que se sentía deshecho, pero los minutos pasaban y aquella espera lo estaba matando. Necesitaba oír a Seika diciendo que no se rendirían, que lucharían aún por hallar el modo de salvarle la vida, y por eso, evitaba mirar a los ojos verdes de Shun, que parecía estar, para su horror, completamente resignado a perder a Seiya.

Una voz se levantó en medio del silencio, pero no fue la que ni él, ni los demás esperaban.

- ¿Seika ha dicho algo? - dijo Shaka entrando a la habitación desde la terraza a donde nadie había notado que estuviera...

- No ha bajado aún - respondió Tatsumi.

Shaka miró a sus compañeros, inhaló profundamente, y volvió a tomar la palabra.

- Probablemente no soy el indicado para hablar justo ahora, pero si me lo permiten, quisiera aprovechar este momento para comunicarles el mensaje que Seiya me dio para ustedes, y que no pude transmitir antes...

- ¿Qué dices? - dijo Saori observándolo extrañada, mientras que todos las miradas se posaban sobre el rubio, llenas de curiosidad.

- No sé si lo sepan, pero fui yo quien tuvo mayor oportunidad de hablar con él. Quizás mi percepción sea errónea, porque le he tratado muy poco, pero me pareció que estaba muy sereno, en un estado elevado de conciencia, y pese a lo delicado y apremiante de su situación, estaba más preocupado por el bienestar de ustedes, y de nosotros, que por el suyo. Hablamos sobre lo que le había sucedido en este tiempo, y cuando Hécate le preguntó si estaría dispuesto a quedarse, porque pensaba que era lo más conveniente, Ikki se opuso. Seiya trató de calmarlo, y aunque parecía estremecido, después de pensarlo, decidió confiar en ella y quedarse, y dijo que lo haría porque deseaba vivir con todas sus fuerzas, y que lucharía hasta el final por volver a verlos.

Sun-rei y Kiki comenzaron a sollozar de nuevo, y los ojos de Hyoga y Shiryu también se llenaron de lágrimas mientras Shaka proseguía.

- Dijo que estaba muy agradecido por el esfuerzo que se ha realizado para salvarlo, pero también... también dijo estar listo para morir, porque sabía cuán complicada era su situación, y porque sentía que ya ha cumplido con la misión que se le había conferido en la vida. Insistió en que no se rendiría, y me pidió que les dijera que los amaba, que volvería de un modo u otro, y que aún si muriera, hallaría el modo de estar de nuevo al lado suyo.

Saori, que estaba sentada en un sillón, tuvo que clavar los dedos en el cojín de la forma más discreta que le fue posible para contener el llanto al imaginarlo diciendo tan dulces palabras...

- No lo digo por hacerlos sentir mal, sino todo lo contrario. Me parecería muy lógico si Seika decide darle prioridad a que Hécate salve su alma, y no quisiera verlos tan entristecidos.

- ¿Quieres decir que estás a favor de dejarlo morir? - dijo Shaina saliendo de su estupor.

En su voz ya no se notaba la histeria que la había acometido por la mañana, sino una rabia estancada que amenazaba con desbordarse.

- Sí. La salvación de su alma debe de anteponerse a la preservación de su cuerpo herido de forma probablemente irreparable. Es una pena no poder salvarle la vida, porque es un guerrero muy joven y valeroso, pero precisamente por eso, me parece importantísimo asegurar el bienestar de su espíritu.

- ¡Lo dices porque a ti Seiya no te importa!

- Ikki me dijo lo mismo en el Inframundo... Ciertamente no tuve oportunidad de tratarlo más y lo lamento, pero eso me permite pensar con mayor claridad. Ustedes lo quieren demasiado y el dolor no les permite ser objetivos.

- ¿Cómo se puede ser objetivo en una situación así? ¿Te parece que verlo morir es fácil? - dijo ella pronunciando cada palabra muy lentamente

- La muerte no es algo malo, Shaina. Es un proceso natural que todos, tarde o temprano, debemos enfrentar. Y como miembros de esta Orden, fuimos entrenados para dar la vida a cambio de algo mayor que nuestro bienestar individual; es normal...

- ¡No somos normales! – dijo Shaina acercándose violentamente a Shaka - Él… - dijo señalando a Dokho – ha vivido más de doscientos años, ¡tú te moriste, y estás aquí hablando conmigo! Todos ustedes murieron, y volvieron; Aioros pasó más tiempo muerto que vivo, y también volvió. ¡Eso NO es Normal!

El Centauro dorado miró sorprendido a aquella mujer de ojos verdes y lengua era afilada y venenosa, y no fue el único, porque las palabras de Shaina podían sonar terribles, ásperas y crueles, pero eran muy ciertas.

- Si fuéramos normales deberíamos de estar estudiando, trabajando, poniéndonos ebrios o follando... – en ese momento las cejas de todos se levantaron en señal de reprobación o alarma - Pero en cambio estamos discutiendo la muerte de un adolescente que fue atravesado por la espada de un Dios. ¡No me digas que eso es normal! ¡No lo somos y no lo seremos nunca, así que no me pides que me resigne a su muerte como si...!

- Shaina, no hagas las cosas más difíciles, te lo ruego - dijo Saori poniendose de pie, muy pálida, pero aún así dejándose ver imponente.

La amazona volteó de inmediato a mirarla, el pánico dejándose ver de la forma más obvia en su hermoso rostro

- No me digas que tú también piensas ... No tú... - murmuró Shaina, que había estado segura de que el amor que Saori le tenía protegería a Seiya a toda costa.

- Shaina, para - lo dijo con cierta dulzura, pero quienes la conocían mejor sabían que era evidente que estaba tratando de controlarse.

La situación ya era una tortura indecible, y oír a Shaina aferrándose a Seiya y diciendo las mismas palabras que ella hubiera querido gritar, la estaba llevando a su límite.

- Sólo estoy diciendo lo que muchos piensan y no se atreven a decir - replicó Shaina como si hubiera podido leerle el pensamiento

- ¡Basta! Shaka tiene razón, no podemos permitir que los sentimientos nublen nuestro juicio.

- Esto no se trata de lo que sentimos, sino...

- ¿Estás diciendo entonces que ya no lo amas? dijo Saori con un tono de voz que le resultó desconocido a los que no la habían conocido cuando era una niña.

Shaina se quedó paralizada algunos instantes, sintiendo como si de un momento a otro la hubieran desnudado frente a todos.

Y aunque ciertamente no había nadie que no estuviera literalmente boquiabierto tras oír a Saori, nadie parecía más sorprendido que Saga...

Saori se arrepintió de inmediato por haber puesto a Shaina en evidencia de esa forma, así que prosiguió

- Se trata de pensar en lo mejor para él, no para nosotros...

- Si de eso se trata, ¿por qué no lo dejaste morir en primer lugar? - rebatió Shaina aparentemente serena, pero totalmente fuera de sus cabales, no sólo porque estaba cuestionando abiertamente a su diosa, si no porque estaba implicando que Saori tenía sentimientos hacia Seiya...

En otras circunstancias, Saori la habría abofeteado, pero no le pareció justo abusar de su posición y además, habría sido como admitir que la Cobra tenía razón, así que hizo el gigantesco esfuerzo de contenerse mientras Tatsumi le gritaba

- ¿¡Pero cómo se atreve...!?

Saori le hizo un gesto con la mano al mayordomo que lo hizo callar enseguida, y se acercó

Un silencio mortal invadió la habitación, mientras Shun, Shiryu y Hyoga intercambiaban miradas de preocupación, los tres listos para intervenir porque aquello estaba convirtiéndose en una disputa amorosa frente a todo el mundo, pero Saori no era libre de pelear por el amor de Seiya abiertamente...

– Los traje a todos de vuelta con el único afán de recompensarlos por sus sacrificios. Cuando fui hacia él, aún estaba vivo y traté, tratamos de salvarlo. Si hubiera sabido del maleficio de la espada quizás hubiera actuado diferente, pero no quiero que nadie sufra, jamás lo he querido, y menos por él, porque él se interpuso entre la espada y mi cuerpo, así que le debo mi vida... Sólo deseaba que todos pudieran vivir y ser felices, e hice cuanto estuvo a mi alcance para lograrlo.

- No podemos ser felices - Los ojos verdes de la guardiana de la Cobra brillaron peligrosamente cuando logró hablar - Shaka acaba de decirlo, fuimos entrenados para ser instrumentos, armas de batalla. No sabemos hacer otra cosa que no sea matar y destruir.

- ¡Eso no es verdad! Este mes los he visto disfrutar de los pequeños placeres de una vida normal, los he visto ser felices, y porque sé cuánto significa Seiya para todos, y cuán necesario es, me he esforzado al máximo por salvarle la vida.

- ¿¡Sólo por eso!?

- ¡Basta!



Todas las miradas se dirigieron hacia la pelirroja, que había escuchado la mayor parte de la discusión y que tenía los ojos arrasados por el llanto

- ¿¡Cómo se atreven a pelear en un momento así!? Mi hermano se está muriendo porque quiso darles un futuro. No sólo a la gente que ni siquiera sabe de su sacrificio, sino a ustedes, a los que consideraba sus amigos y hermanos. ¿Y qué están haciendo? ¿Están renegando de la esperanza que él les dio? Odio decirlo, pero entonces deberían de ser ustedes los moribundos y no él. ¡Qué lástima me dan!

Todos bajaron las cabezas, incluida la mismísima Saori.

- No tienen que pelear pues la decisión es mía y de nadie más. Sé que son sus amigos y que se preocupan y que han vivido miles de cosas a su lado, pero es mi sangre la que corre por sus venas. Agradezco su consejo y su opinión, pero ya decidí y espero que puedan respetarlo...

Seika sintió que se le formaba un nudo en la garganta, así que hizo varias pausas para lograr completar su frase.

– No voy a prolongar más esta situación. Ya se ha intentado todo lo humanamente posible y aún más, y todo falló. Quisiera verlo vivo, con todas mis fuerzas, pero me importa aún más que su alma se salve, así que voy a pedirle a Hécate que se lo lleve.

- Pero… - balbuceó Hyoga

- Mis mejores recuerdos son de él haciendo ruido, Hyoga. Seiya jugando futbol, cayéndose de un árbol, corriendo después de haber hecho una travesura. Riéndose… No lo vi en nueve años, pero todavía recuerdo su voz diciéndome que me quería… No quiero que esos recuerdos sean aplastados por los ruidos de las máquinas que lo mantienen con nosotros. No tolero seguir viendo como se deteriora lo que queda de él… El ya no está aquí. Nada ni nadie puede cambiar eso, y ustedes ya se han arriesgado demasiado con tal de cambiar su situación, y me aterra pensar que por seguir tratando de salvarlo alguno de ustedes pueda llegar a perder la vida. Le sucedió algo terrible que no puede ser cambiado, y lamento que me haya tomado tanto tiempo entenderlo, así que quiero que su cuerpo malherido al fin descanse en paz, pero sobre todo, quiero tener la seguridad de que su alma dejará de sufrir.

- Seika, no... - dijo Shiryu con los ojos arrasados

- Él ya se fue, Shiryu, y el problema es que apenas hasta ahora nos vemos forzados a entender. Leí hasta la última de sus cartas, y me di cuenta de que presentía su muerte... y hablaba de eso como algo natural. No temía... Y los amaba tanto... Ahora comprendo que los amaba tanto que le gustaría que ustedes siguieran con sus vidas, y no lo harán mientras siga en coma. Ya están listos para seguir adelante en todos los aspectos, pero están rezagándose, esperándolo, y no quiero que el día de mañana le reprochen el haberse convertido sin querer en un lastre... ¿Dónde está Hécate?

- Iré por ella - dijo Shaka, saliendo a la terraza

Todos la miraron en silencio, apesadumbrados pero admirados también de la valentía y el desprendimiento de su decisión. Había elegido transitar por el camino más sinuoso de todos, y sin embargo, se las estaba arreglando para mantenerse en pie, y eso era algo inspirador.

La joven de ojos rosas entró a la habitación, acompañada por el guardián de Virgo, y Seika de inmediato se acercó a ella. Se detuvo frente a la deidad, y con humildad agachó la cabeza y habló.

- Por favor, salve su alma; sánela si es posible. No quiero que sufra más...

- ¿Estás segura? - le preguntó la Diosa infernal, mirándola con simpatía.

- Sí.

La deidad de cabellera platinada giró el rostro para mirar a Athena, para saber si ella estaba de acuerdo con la desición de la jovencita.

Saori asintió con aire ausente...

- ¿Qué...? - dijo Seika tratando de formular la cruel pregunta - ¿Cómo... será...? ¿Qué sucederá ahora?

- Devolví su espíritu a su cuerpo empleando el dominio que tengo sobre las almas, y Angelo está con él, manteniéndolo unido - le contestó Hécate con una voz suavísima y empática - Iré al hospital, tomaré su alma para separarla de su carne y su vida mortal terminará, sin sufrimientos, entonces me llevaré su alma conmigo. En mi morada me dedicaré a sanarlo, y cuando esté totalmente curado, lo llevaré a la Isla de los Bienaventurados. Es un lugar maravilloso al que sólo pueden acceder almas extraordinariamente buenas y valiosas. Ahí podrá descansar, y disfrutar las alegrías que le fueron negadas en su vida terrenal, pero más importante aún, ahí no podrá alcanzarlo la furia de ninguno de los servidores de Hades...

Seika sólo pudo asentir porque ya no podía contener el llanto.

- Lo mejor sería... proceder... ahora mismo, ¿verdad? - preguntó entre sollozos

- ¿Qué hay de los niños del orfanato? - dijo Jabu mientras lo volteaban a ver todos- ¿Y de Miho? ¿Van a dejar que Seiya... muera, sin darles a ellos la oportunidad de despedirse?

- Creo que cada momento que pasa es peor para...

- Después de todo lo que ha pasado, ¿no pueden esperar siquiera un par de horas para que ellos vayan? - insistió Jabu interrumpiendo a Shaka - Los niños no han podido verlo siquiera una vez, y lo han pedido muchas, muchas veces...

- Jabu tiene razón - dijo Shiryu, dirigiéndose hacia Saori y a Seika. El Dragón tenía los ojos muy enrojecidos, y estaba tan pálido que parecía al borde del desmayo - Los niños lo adoran, y no les permitirmos verlos pensando que él se pondría bien...

- ¿Y creen que sea conveniente que lo vean justo ahora? - preguntó Shaka de nuevo.

Shiryu no supo que decir, y tampoco Seika. Miho no era su persona favorita, y había evitado tener contacto con ella desde que supo que le había mentido, pero Jabu tenía razón; ella tenía derecho a despedirse, al igual que aquellos niños que habían adorado a Seiya desde que lo habían conocido como uno de los participantes del Torneo Galáctico, y sin embargo, no podía pensar en nada más que en el bien de Seiya, destrozada tras saber que al aferrarse a él no le había causado más que un tremendo daño...

- ¿Por qué no se lo preguntamos a la doctora Miyamoto? - dijo Aioros tomándose el atrevimiento de opinar.

- Me parece buena idea - dijo Saori.

Aioros se acercó a Tatsumi, le dijo algunas palabra al oído, y ambos salieron de la habitación.

- Si Kiki me lleva, volveré ahora mismo al hospital para asegurar su bienestar durante el tiempo que a ustedes les lleve tomar las provisiones necesarias para disponer de sus restos, y despedirse - dijo Hécate.

Kiki, que estaba acurrucado contra su maestro en un sillón, levantó la carita, se incorporó y se secó las lágrimas con valentía, aunque tenía la frente, las mejillas y la nariz muy rojas.

- ¿Estás seguro de que puedes? - le preguntó Mü, a quién le preocupaba que Kiki hiciera ese esfuerzo cuando estaba tan agotado mental y emocionalmente, y su pupilo asintió, hinchándole el corazón de orgullo.

El pequeñito se puso de pie, le tomó la mano a la Diosa, y ambos desaparecieron.

- Creo que será mejor que quienes quieran verlo, o decirle algo, lo hagan ahora... - dijo Seika

- Deberíamos de partir ahora mismo - acordó Afrodita

- Tú deberías de descansar - dijo Dokho - te dieron de alta hoy; apenas y has tenido oportunidad de descansar. Y lo mismo va para ti, Shura, y para ti, Shaka.

- Me siento...

- ¿Por qué no descansan un rato antes de ir? De cualquier modo no creo que podamos estar todos juntos allá... - sugirió con gran tacto Hilda de Asgard.

En ese momento Aioros volvió.

- La doctora está de acuerdo en permitir que ellos lo vean, aunque claro, sin informarles lo que sucederá luego... Lo que sí dijo es que, de ser posible, esperaramos a la mañana. Despertarlos en medio de la noche para llevarlos al hospital lo haría todo aún más traumático.

- Deberíamos de decírselo a Miho hoy - dijo Jabu - Va a ser un golpe terrible para ella y...

- Me parece bien - dijo Seika - Jabu, ¿podrías... decirle tú?

- Claro. Iré ahora mismo - dijo Jabu, y de inmediato salió de la habitación, mientras Flher lo observaba partir sintiendo un gran desasosiego, porque desde su fallido intento de fuga, prácticamente no se había separado de él.

- Habrá que darse prisa entonces - dijo Saori con un tono de voz sumamente extraño - Shura, Afrodita, Shaka, les ruego que coman algo y que descansen. Sé que suena imposible, pero no quiero arriesgarme a que sufran una recaída.

Los tres asintieron.

- Thetis y yo nos quedaremos aquí haciéndoles compañía, y los veremos allá cuando haya amanecido - dijo Julián, que deseaba despedirse del Pegaso, pero que estaba muy conciente de que el jovencito tenía muchos amigos a los que seguramente les sería imperioso pasar a su lado sus últimos momentos de vida. Al quedarse, buscaba brindar apoyo sin interferir...

- Yo también me quedaré - dijo Juné

- Gracias - dijo Saori.

Los ojos de los presentes volvieron a posarse en la pelirroja.

- No me miren, ya no tengo nada más que decir - dijo Seika con una voz que revelaba un cansancio infinito - No tengo la esperanza infinita que me cuentan lo caracterizaba, ni soy quien para decirles cómo se deben sentir.

Seika se equivocaba. Se parecía mucho más a Seiya de lo que se podía imaginar. Ella despedía esa aura de convicción y liderazgo que siempre caracterizó al protegido por la armadura del Caballo Alado...

- No soy uno de ustedes; no conozco sus vidas, ni he sufrido lo que ustedes. Quizás su pena es mayor a la mía, porque han compartido sus vidas con él, y en cambio yo, aunque soy su hermana, ni siquiera puedo imaginar la mitad de los eventos por los que han pasado.. Lo único que puedo decir es que les agradezco de todo corazón a cada uno de ustedes por tanto esfuerzo, tanto apoyo y tanto amor... y perdonen... perdónenme... En verdad creo que es lo mejor para todos. Lo siento...

Seika salió corriendo de la habitación, y el único que se atrevió a seguirla fue Ikki, que había permanecido tras de ella todo el tiempo...



Atravesó la mansión y salió por la puerta de servicio. Necesitaba desesperadamente aire fresco, pero no quería ver a nadie, y pensó equivocadamente que ahí podría estar sola.

Llovía, y Seika, que tenía el rostro bañado en lágrimas, quiso creer que el planeta entero lloraba con ella por la inminente muerte de su defensor: su propio hermanito.

Resultaba una gran y cruel ironía del destino que su pequeño hermano, el que le había sido arrebatado, se hubiera convertido en un guerrero poderoso que había peleado por la justicia, mientras ella ignoraba todo sobre su existencia. Y justo cuando ella al fin había corrido a reunirse con él, la vida no les había regalado siquiera la oportunidad de mirarse a los ojos...

- Seika...

- Márchate - dijo ella al oír la voz del Fénix ahí a su lado - Necesito estar sola.

- No voy a irme - repuso él con voz suave - Necesito decirte...

Furiosa, Seika se echó a andar sin importarle la lluvia, o a dónde se dirigía, sólo quería alejarse de él. Seguía muy dolida por la forma en que la había tratado.

No quería verlo, no quería oírlo, y sobre todo, quería estar sola para desahogarse.

- ¡Seika! ¡Vuelve aquí!

Ella lo ignoró y siguió, dirigiéndose a la parte posterior de la propiedad. Ikki la siguió, le dio alcance y la tomó por el codo, pero ella forcejeó con él de inmediato.

- ¡No me toques!

- ¿Qué estás haciendo? ¡Regresemos!

- ¿Qué no entiendes? ¡No quiero verte! ¡Quiero estar sola! ¡Vete! - dijo dándole un fuerte empujón en el pecho que lo tomó por sorpresa, y empezó a correr.

Él la miró alejarse con una mezcla de incredulidad y admiración. Era tan distinta a Esmeralda, que era tierna e indefensa, y a Pandora, poderosa pero melancólica. Acababa de tomar, probablemente, la decisión más difícil de toda su vida y no estaba pidiéndole apoyo ni protección. Y sin embargo estaba vulnerable y no tenía miedo de mostrarse así. No era un recuerdo del pasado. Era, por encima de todo, real. Tan real que hacía que su corazón latiera más aprisa con sólo mirarla...

Pensó en las palabras de Shun, y en su derecho a distanciarse, pero supo que no podía permitirse perderla de vista... y que definitivamente ese no era momento para analizar sus sentimientos por ella; tenía que alcanzarla.

Ella siguió corriendo mientras su corazón latía al borde del desboque. Sentía que el pecho le iba a explotar de dolor, y deseó con todas sus fuerzas que aquella lluvia abundante se convirtiera en una tormenta, para que un rayo la partiera en dos, y así dejaría de sufrir.

Ikki le imprimió mayor velocidad a sus piernas y estaba por alcanzarla cuando la vio tropezar y caer de bruces. En una exhalación llegó a donde Seika se hallaba y notó con miedo que ella no se levantaba. Temió que se hubiera herido de gravedad, pero entonces notó que su cuerpo se sacudía por los sollozos. Al llegar a su lado la hizo girar

- ¿Estás bien? - dijo él llevando sus manos hacia las piernas de ella, para inspeccionar que estuviera bien, y descubrió que tenía unos raspones

- Súeltame, no necesito de tu ayuda - dijo ella retrocediendo con torpeza en el pasto húmedo para alejarse de él. Logró incorporarse y ponerse en pie para seguir andando, pero la tomó por sorpresa que él la volteara y la tomara de los hombros para sacudirla

- ¿Qué no lo entiendes? ¡Soy yo quien necesita de ti!

Sus miradas se cruzaron por algunos instantes, y cuando Seika pudo ver su desesperación y su dolor tan genuinos, toda la rabia que había refulgido en sus ojos color café se desvaneció.

Ikki sintió el impulso de abrazarla, y cuando él lo hizo, ella lo permitió. Sus brazos la rodearon, y una de sus manos acarició su espalda mientras con la otra acarició su cabello.

- Seika – susurró él con voz trémula, y luego se echó a llorar con todas sus fuerzas, tal y como lo había hecho aquella noche en el hospital.

Entonces que ella lo abrazó también.

- Por favor Ikki, dime que no estoy asesinándolo. Dime que no voy a matar a mi propio hermano.

- No digas eso. No digas eso - le pidó él hablándole al oído.

- Pero...

- Se veía muy bien, Seika. No estaba sufriendo. Dijo que estaba muy agradecido, pero tenía muy claro que quizás fuera imposible... estaba en paz. Creo que estás haciendo lo correcto... pero duele tanto...

Ambos se quedaron ahí, abrazándose y llorando, sus lágrimas confundiéndose con las gotas de lluvia...

Él rompió el abrazo varios minutos después, cuando sintió que ella se estremecía. Al principio pensó que eran unos sollozos cada vez más intensos, pero luego notó que su cuerpo estaba muy frío, y puso atención a la lluvia, que a diferencia de la de hacía tres días, estaba helada.

Seika seguía con la cabeza baja, entonces él tomó su barbilla y la obligó suavemente a mirarlo

- Volvamos. Vas a resfriarte si no tomas un baño caliente ahora mismo.

- No me importa. Ya no me importa nada.

- Pero a mí sí.

Ella lo miró confundida, preguntándose cómo podía haberse mostrado tan distante con ella hacía tres días, y ahora ser tan dulce, pero accedió

- Está bien.

Seika comenzó a caminar, pero la rodilla izquierda la hizo respingar, y antes de que ella pudiera decir nada, Ikki ya le había rodeado la cintura con su brazo, su mano libre yendo a sostenerle la mano para apoyarla, y así caminaron sin prisa de regreso a la mansión.



La mansión parecía haberse quedado completamente vacía, pero de cualquier modo entraron de nuevo por la cocina y subieron por las escaleras de servicio ya que ambos chorreaban, y él la condujo en silencio a su habitación. Los rayos lunares iluminaba gran parte del espacio, así que sin importarle prender la luz, guió a Seika hasta sentarla en el borde de la cama y corrió hacia el baño para tomar una toalla y dársela. Para ese entonces, Seika temblaba sin control

Ikki le ofreció la toalla, pero ella miraba fijamente hacia la ventana, viendo caer la imparable lluvia.

- Tienes que quitarte esa ropa mojada.

Ella seguía como ausente, así que él volvió al baño por otra toalla.

- Seika - repitió de nuevo – vas a enfermarte. Hay que quitarte esa ropa

Le echó una toalla sobre los hombros, se sentó a su lado derecho y con la punta de la otra toalla le limpió las manos, que tenían pasto y lodo, y luego procedió a desabrochar los botones del vestido que ella llevaba puesto. Afortunadamente para él, Seika estaba tan alterada que no percibió que las manos de él también temblaban, porque por primera vez estaba desnudando a una mujer.


Había conocido a Esmeralda, a la que había considerado hasta entonces la mujer más importante de su vida, cuando eran aún unos niños. Sus sentimientos por ella habían sido totalmente puros e inocentes, y aunque el intenso clima provocó que su cuerpo comenzara a desarrollarse bien pronto, sus hormonas se dedicaron más bien a hacerlo crecer, a ensanchar su pecho y a ir haciéndolo cada vez más irascible y violento. La había encontrado cada vez más hermosa conforme ella también fue cambiando, por supuesto, pero había planeado ganar la armadura y pedirle entonces que se fuera a Tokio con él, pensando que después habría oportunidad de mimarla y acariciarla como ella lo merecía, así que el contacto físico entre ellos se había limitado a las veces en que ella lo curaba de las brutales palizas que recibía durante los entrenamientos. Y aunque había despertado algunas veces con su ropa interior mojada, lo cierto era que en sus sueños lo único que hacía era besarla al atardecer en el campo de flores que después la vió morir.

Quizás por eso le había parecido que jamás ninguna podría reemplazarla en su corazón; porque ella había sido su primer amor, y aunque había sido real, con el paso del tiempo se había convertido en un ideal inaccesible y casi insuperable...

Después de su primera resurrección Ikki había sentido una muy normal curiosidad por el sexo, aunque su control, al igual que el del resto de los caballeros, era superior al de cualquier otro chico en una situación excitante. Yendo en contra de sus instintos y rechazando algunas ofertas que llegaron a hacerle algunas extranjeras liberadas con las que se llegó a topar cuando vagaba solo por el mundo, se abstuvo de tener relaciones íntimas, porque la idea de tener una experiencia de esa índole con una desconocida le hubiera resultado terrible.

Pero lo que estaba viviendo era totalmente distinto. Su corazón había despertado de su largo y doloroso sueño, y ahora él estaba ahí frente a Seika, que estaba tan triste y tan fuera de sí que estaba permitiendo que él la desnudara como si fuera una niña pequeña, pero era una mujer.

Y él deseaba por primera vez. La deseaba.

Por eso Seika era tan increíblemente peligrosa para él, porque tocaba su corazón y quemaba su piel aún sin proponérselo; quizás sin darse cuenta.

En cuanto terminó de desabrochar los botones, volteando la vista le sacó las mangas del vestido y se lo quitó para cubrirla enseguida con la toalla, y luego con una de las esquinas inferiores empezó a limpiarle también la rodilla lastimada.

- Habrá que limpiarla muy bien para que no se infecte...

- Ikki – dijo ella cubriendo con su mano la mano de él, que estaba en su rodilla - No entiendo. No quisiste hablarme hace tres días. ¿Por qué haces esto ahora? ¿Es por lástima?

- No... Ese día...

Ikki sintió que se atragantaba. No tenía idea de cómo explicarle que aquel día se había reencontrado con Esmeralda, y que eso lo había dejado completamente perturbado, aunque también le había dado la certeza de que ella se le había metido en el corazón...

- Allá me pasaron cosas que no puedo explicar aún. Todo estaba revuelto en mi cabeza... y en mi corazón... Perdóname, jamás quise tratarte de ese modo. Por favor no dudes que me importas, me importas mucho...

Sus miradas se encontraron y sus respiraciones se aceleraron más. Él trató de disimular su nerviosismo al seguir limpiándole la rodilla, y luego procedió a revolver su cabellera con la toalla de sus hombros para secarla.

Ella pudo sentir cómo sus terminales nerviosas reaccionaban ante el suave estimulo de los dedos de él en su piel y en sus cabellos. Cerró los ojos disfrutando del contacto, de la misma manera en que un felino cierra los ojos ante el placer de una caricia que le es prodigada, y después de un rato así, abrió los ojos, tomó su rostro entre las manos y lo besó con suavidad, sorprendiéndolo una vez más.

Ikki encontró su beso aún más delicioso que el primer contacto entre ellos, porque ella acarició con mucha lentitud sus mejillas, y a diferencia de ese día en el hospital, en que el roce de sus labios fue cálido pero breve, y en el que él apenas y participó, esta vez le devolvió la caricia con toda su alma, y el beso fue creciendo y haciéndose cada vez más lento y profundo.

Sin darse cuenta dejó de secar sus cabellos, para depositar sus manos sobre los hombros de la chica, y mientras el beso se expandía, sus dedos comenzaron a jugar con el borde de la toalla para acariciar su piel mojada, tersa y desnuda.

La toalla que cubría el frente de su cuerpo cayó sobre las piernas de Seika, dejando su pecho y su liso vientre al descubierto. Eso aceleró aún más los latidos de Ikki, que sintió como la tela se deslizaba entre sus cuerpos. No se atrevía a abrir los ojos, por miedo a su propia reacción y a la de ella...

Pero finalmente, fue ella la que se separó un segundo para recuperar el aliento. Unió su frente a la de él y abrió los ojos despacio. Se dio cuenta de que estaba semidesnuda, y quizás habría corrido a esconderse en el baño si no hubiera sido porque en ese momento él la miró con la más infinita ternura, y sus hermosos ojos azules le dejaron ver algo extraordinario... El guerrero sarcástico y elusivo que se dejaba ver ante todos había desaparecido, y aunque él portaba su armadura y lucía más adulto que nunca, quien estaba ante ella no parecía sino un niño aprendiendo del amor que se le había negado disfrutar.

Entonces ella volvió a besarlo, con más empeño aún, mientras sus dedos recorrían sus cabellos también mojados.

Él puso su mano en la cintura de Seika mientras sus dedos seguían jugando con los bordes de su cuello, y con un movimiento suave y fluido la recostó sobre la colcha.

Cada uno de los movimientos del Fénix era sorprendentemente tierno y delicado. Sabía que sus manos podían causar daño y dolor, pero se esforzó al máximo para ser una persona distinta. No quería quemarla en sus llamas, deseaba aprender a dar a amor y a hacerla feliz; tan feliz como se sentía él al acariciar su suave piel. Trazó pequeños círculos con las yemas de sus dedos para ir bajando por su cuerpo, hasta llegar a su pecho, mientras ella acariciaba su oído.

Entonces él se atrevió a acariciar vagamente la tela suave del sostén que ella llevaba puesto, y después, con osadía, cubrió con su mano uno de sus senos . A ella se le escapó un gemido que él acalló al besarla de nuevo. Sus labios y lenguas comenzaron a hallarse con mayor insistencia cada vez, y ella mordió levemente su labio superior, lo cual hizo que Ikki gimiera a su vez. No dejaron de besarse mientras él continuó acariciándola, bajando su mano de su pecho hacia su cintura, y de su cintura hacia su cadera, mientras se dejaban mutuamente sin respiración...



Entonces escucharon el ruido de una puerta cercana cerrándose. Los dos se separaron rápidamente y se incorporaron.

- ¿Qué fue eso?

- No lo sé.

Seika suspiró pesadamente y se cubrió rápidamente con la toalla.

- Creo que será mejor que te vayas.

Él la miró herido, y ella se sintió más miserable, si es que aquello era posible. Ikki se levantó rápidamente y se dirigió hacia la puerta

- Ikki, no te enojes, por favor.

- ¿¡A que estás jugando conmigo, Seika!? – dijo volteando a verla con furia, porque tenía miedo a que las lágrimas lo traicionaran.

- No estoy jugando, pero...

- Acabas de mandarme al diablo: tengo derecho de marcharme como se me dé la gana - dijo dándole la espalda.

- ¡No te atrevas a irte! - él se paralizó al oírla tan alterada. – Sé que eso es lo que haces siempre: darte la vuelta y marcharte. Pero no te alejes de mí, por favor - dijo con la voz quebrada - No hoy. Escúchame.

Él volteó despacio, y sintió que el corazón le dolía todavía más al verla llorar de nuevo.

– Yo... te quiero Ikki… Te...

Él abrió los ojos con sorpresa. Jamás una mujer que le importara le había hablado con tanta sinceridad

- No juegues conmigo, Seika

No lo resistiría, pensó.

- No estoy jugando. ¿No ves como tiemblo? Es tu cercanía... y tus caricias… todo es tan hermoso cuando estás conmigo… provocas tantas cosas en mí... pero no puedo, no hoy. No mientras Seiya…

Él se hincó frente a ella y tomó sus manos

- Ssh, no digas nada. Tienes toda la razón. Cuando te tengo cerca... Yo tampoco me lo perdonaría... Será mejor que te bañes. Yo iré a conseguir con qué curarte esa rodilla – dijo él tratando de sobreponerse a sus emociones mientras salía de la habitación.
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Espada_de_Fuego
Posted: Mar 7 2014, 01:00 AM


Caballero del Abismo
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El ruido que logró devolverles la cordura a Ikki y a Seika lo produjo la puerta de la habitación de Shura azotándose.

Después de la partida de Jabu, al igual que Afrodita y Shaka, el español había subido a su habitación, se había cambiado de ropa, y había observado desde su ventana como la mayoría de sus compañeros partían con rumbo al hospital. Aguardó un tiempo que le pareció prudente y luego recorrió el pasillo dispuesto a usar la escalera de servicio que Ikki y Seika habían usado minutos antes para salir sin ser visto.

Pero se topó con Juné, que inspeccionaba la casa mientras Geki se hacía cargo del exterior.

- ¿A dónde crees que vas?

No le hizo gracia que lo sorprendieran fugándose, pero sí le alegró que fuera ella. Con todo lo que había pasado, casi no habían tenido oportunidad de verse después de su beso interrumpido la noche de la fiesta, pues ella había estado montando guardias y durmiendo muy poco mientras que él era constantemente cuidado y observado, y obligado a guardar reposo...

- ¿No es obvio? - respondió él

- Saori pidió que descansaras.

- Me es imposible dormir en una situación semejante. Prefiero ir al hospital a velarlo, y a presentarle mis respetos.

- No voy a dejarte salir en estos momentos, así que te sugiero que vuelvas a la habitación y lo intentes al menos.

- Me conozco, y me parece francamente absurdo acostarme para pasar horas viendo el techo - insistió él.

- Pero perdiste mucha sangre, y es peligro...

- Estoy bien.

- Si quieres te consigo un somnífero, porque de verdad no creo que las cosas estén como para que además, te arriesgues a una recaída.

- Ya te dije que me siento bien. No voy a poder pegar un ojo pensando en lo que está sucediéndole a Seiya. Me frustra terriblemente no poder haber hecho nada más que ofrecer mi sangre, y que todo haya fracasado, y además...

- ¿Además qué?

- Te extraño, ¿sí? - dijo él poniéndole punto final a la discusión - Sé que suena absurdo, porque te pedí que... pero ha sido muy raro no estar a tu lado estos días, ¿sabes?

Los colores se le subieron al rostro a la rubia, que no supo qué decir.

Había estado muy ocupada, pero también se las había ingeniado para estar al pendiente de su salud, y había notado lo extraño de su proceder. ¿En verdad ese malhumoramiento sería causado por su lejanía?

- Sé que es egoísta de mi parte y muy inoportuno dada la situación que estamos viviendo... pero he pensado mucho en tu... en esa noche, y me inquietaba el no saber cómo estabas anímicamente.

- Yo también... me he sentido extraña al estar lejos - admitió ella.

El español suspiró, aliviado de saber que estaban en igualdad de condiciones.

- Sí me acompañaras, quizás... No estoy implicando nada, sólo... Es que extraño tu presencia, y ver tu rostro cuando duermes, porque me da mucha paz.

Ella lo miró sintiéndose realmente halagada, conmovida... y tentada.

- Sé que hay muchas cosas por aclarar, pero...

- Piensas demasiado, Shura.

Juné colocó sus manos en el cuello de su camisa y lo atrajo hacia sus labios para darle un beso corto pero deliciosamente húmedo y apasionado.

- Y me encantaría volver a tu recámara contigo, pero no puedo. Tengo que...

- No tienes qué explicar, comprendo perfectamente. Y probablemente sea lo mejor... con armadura te ves... inquietante.

Ella se rió nerviosa, y lo tomó de la mano para conducirlo a su habitación, abrió la puerta, lo empujó adentro y luego cerró la puerta con fuerza.

- Voy a aburrirme mucho viendo el techo... - dijo él contra la puerta

- No soportaría que te pasara algo - dijo ella hablando pegada a la puerta - Así que abúrrete por mí, por favor. Y si todo sigue tranquilo... vendré un rato.

- ¿Lo prometes?

- Lo prometo.

Shura oyó sus pasos alejándose, y aliviado de saber al menos que ella también había pensado en él, fue como Shura volvió a su cama y logró dormir un par de horas.



Tocaron a la puerta, y sin esperar a que ella respondiera, entraron

- Ya les dije que se adelanten, por favor. Yo tengo algunas cosas que resolver, y luego los alcanzaré.

- Estamos aquí para ti - dijo Hyoga

Saori, que había ido a refugiarse al estudio que había sido del que creía su abuelo, y que fingió estar acomodando algunos papeles en el escritorio en el momento en el que se abrió la puerta, se dio la media vuelta y se encontró con que Hyoga había entrado, acompañado de Shiryu y Shun.

Los muchachos se acercaron a ella, y Shun la abrazó. De inmediato, Saori comenzó a llorar.

Hyoga y Shiryu se acercaron para estrechar y proteger también su cuerpo que en aquellos momentos parecía ser tan absolutamente frágil, pero apenas unos segundos después ella alejó a Shun de su pecho, y puso distancia entre ellos.

- No, por favor.

- Estamos aquí para ti... - repitió Shun - Con nosotros puedes desahogarte, ¿no lo sabes?

- Claro que lo sé, querido Shun - dijo ella acariciando su mejilla, pero manteniéndose alejada - y precisamente por eso les pido que se vayan. Si me abrazan justo ahora - tuvo que hacer una pausa para tomar aire con desespero mientras miraba hacia arriba - no voy a poder controlarme, y no puedo desmoronarme; cuando tenga la seguridad de que su alma está libre de la maldición, me dejaré ir, antes no.

- Quizás no haya oportunidad después - dijo Hyoga, que tenía el rostro surcado de lágrimas

- Lo sé, pero esto no se trata de mí... - Saori le secó las lágrimas al ruso, y luego se secó las propias - Vayan con él, háblenle, pasen todo el tiempo que quede a su lado. Díganle cuánto lo aman, quizás ahora pueda oírlos... No pierdan más tiempo, vayan. Yo necesito hablar algunas cosas con Seika, y luego los alcanzaré.

- ¿Vas a decirle? - preguntó Shiryu - Sobre tu sentir...

- ¿Qué? No - dijo Saori muy sorprendida, pues no le había pasado por la mente el hablar con Seika sobre sus sentimientos por su hermano

- Deberías de decirle, Saori... Ella tiene una opinión errónea sobre ti, y...

- No le veo ningún caso a estas alturas. Además, tiene todo el derecho a odiarme, Shiryu. Si hubiera sido más rápida y capaz, él no... Si necesita alguien a quien odiar, está bien.

- Si no por ti, házlo por nosotros. Su resentimiento hacia ti podría hacer que se aleje, y no quiero perderla - dijo Shiryu

- Ikki no lo soportaría, y yo tampoco - afirmó Hyoga.

Shun asintió apoyándolos.

- Quizás ni siquiera me crea... - dijo Saori con gran nerviosismo

- Eso dependerá de ella, pero por favor, díselo.

Saori lo meditó un poco, y después accedió.

- Está bien...

- Vamos a estarte esperando - dijo Hyoga brindándole una sonrisa muy triste, y los tres salieron.

Saori se tomó algunos segundos para respirar, y luego salió del despacho para subir las escaleras con lentitud, sintiéndose como si tuviera sesenta años, y no dieciséis. Le pesaba el cuerpo, pues había pasado los últimos días comiendo y descansando muy poco, pero el agotamiento físico no se comparaba con cuánto le pesaba el alma...

Tocó la puerta de la recámara de Seika esperando que ella no le cerrara la puerta en las narices y pensando en que podría ser difícil convencerla.

Lo que no esperaba, es que le abriera Ikki.

Fue un ruborizado Fénix quien le explicó que la chica se bañaba. Saori le pidió que le avisara que necesitaba hablar con ella, y que le rogaba se le reuniera en el despacho de su abuelo. Ikki informó a Seika, y como ella no contestó, él se dedicó a ayudarla a secarse el pelo y le curó la rodilla con cosas que le había conseguido una de las chicas de la servidumbre. Seika se puso unos jeans y un suéter, y luego se ruborizó a su vez cuando intentó pedirle a Ikki que la esperara en la habitación, aunque la verguenza no le permitió decírselo abiertamente, pero él comprendió y se sentó en el asiento de la ventana, listo a esperarla mientras ella conversaba con Saori...



Cuando llegó a la habitación indicada, la pelirroja tocó la puerta. Saori le permitió la entrada de inmediato, y Seika se introdujo sin demora, cerrando la puerta a sus espaldas.

La heredera estaba sentada en un mullido y sobrio sofá de cuero, y desde ahí le sonrió a la recién llegada.

- Ikki dijo que querías verme.

- Así es. Te agradezco que vinieras. Siéntate por favor.

Seika asintió y procedió a sentarse en el otro extremo del sofá, pero cuando se acomodó para poder mirar a Saori y prestó verdadera atención a su rostro, notó que la joven heredera se veía francamente desencajada, y mientras Saori buscaba las palabras correctas para comenzar a hablarle, la pelirroja se le adelantó.

- Oírte es lo menos que puedo hacer, después de todo lo que ha pasado… Además, me parece una buena oportunidad para disculparme.

- No, Seika…

Con un gesto de sus manos, Seika pidió que le diera oportunidad de continuar

- Varias veces me he portado grosera y fría contigo... Tuve muy poco tiempo para asimilar todo lo que estaba pasando, y ahora veo que te juzgué sin darte una oportunidad. Cuando me decías cuánto lamentabas lo que le estaba sucediendo, pensaba que eran palabras vacías… pero la forma en que te comportaste con Kanon, y todo lo que has hecho por Seiya me ha abierto los ojos. Te he visto dispuesta a todo por salvarlo, y veo tu dolor por no poder hacer más. Me equivoqué contigo. Perdóname.

Saori no pudo contestarle, sobrecogida por todas las emociones que estaba experimentando al mismo tiempo. Que Seika le dijera eso justo en esos momentos tan decisivos y dolorosos a la vez… No sabía si era una burla, o un regalo del destino.

Al notar que ella parecía luchar por decirle lo que fuera, tomó de nuevo la palabra.

- Ahora, si querías hablar sobre mi desición, yo...

- No quiero convencerte - dijo por fin Saori – Lo que dijiste no puede ser más cierto. Él que está en esa cama no es Seiya, dejó de serlo ese día. Creo que tomaste una buena decisión. Muy dura. Dolorosa... pero probablemente la más correcta.

- Estás exhausta - dijo Seika al ver cuánto le pesaba decir a Saori cada palabra - y yo también. No hace falta que hablemos ahora.

- Te equivocas. Hay algo que he querido decirte desde el día que te conocí... No te llame para tratar de disuadirte, o para consolarte, Seika. Soy yo quien busca consuelo, porque quizás solo tú puedas comprender lo que estoy sintiendo esta noche, y lo duro que me será verlo partir… porque lo amo.

- ¿Qué dijiste…?

- Lo amo - repitió ella.

- ...

- Sí, Seika. Estoy enamorada de tu hermano. Lo he estado desde hace mucho… - dijo Saori sintiendo un extraño alivio al pronunciar cada palabra

- …No puede ser…

- ¿Por qué no? Todo en él es digno de ser amado

- …pero… pero tú, eres… lo tienes todo. Eres millonaria y eres… eres una diosa…

- Quizás soy todo eso, pero lo amo... y necesitaba que lo supieras. Hubiera querido decírtelo antes, pero…

- No sabía... No tenía ni la menor idea...

- ...

- Oh, por favor, ¡perdóname! - rogó Seika sentándose muy cerca de ella

- No tienes que...

- ¡Sí, tengo que disculparme! Si yo hubiera sabido... Me porté horrible contigo... Sé que si Seiya no se hubiera sacrificado todos habríamos muerto, que hizo lo que debía de hacer y que tú no eres responsable, pero mi estúpido egoísmo me hacía recordar el día que fuimos separados...

- Seika, no tienes que explicarte. Comprendo que me culpes, porque yo misma me culpo, y te juro que me odio por no ser capaz de salvarlo. La conciencia de ser una diosa que protege desde hace siglos a la tierra me dice que los dos hicimos lo que teníamos que hacer, pero el resto de mí sabe que si yo hubiera sido más fuerte, o más hábil, o más rápida, Seiya estaría vivo. Y no voy a dejar de sentirme jamás una fracasada, porque logré salvar a la tierra, pero no al amor de mi vida... Y te digo todo esto porque necesitaba que supieras que hice absolutamente todo y más de lo que estaba a mi alcance con tal de salvarlo.

- Oh, Saori... Si quieres podemos posponer esto, yo…

- No, Seika, por más que duela, tu decisión es la correcta. Salvé su cuerpo más no su alma, y me hace sentir aún peor el pensar que estamos torturándolo de algún modo... Solo quería que supieras que en verdad traté, que traté con todas mis fuerzas, y que si me fuera posible le daría toda mi sangre, mi corazón, lo que fuera necesario con tal de saberlo vivo y a salvo, para verlo reuniéndose contigo… Cuando se vaya, mi corazón se irá con él, y de algún modo, él y yo estaremos en la misma situación porque mi cuerpo va a seguir entre ustedes, pero mi alma se va a ir siguiéndolo. Mi vida era él...

- ¿Podría... puedo darte un abrazo? - pregunto Seika con los ojos anegados

Saori asintió y ambas se abrazaron mientras se deshacían en llanto...

- ¿Has pensado que quieres hacer... con él? - preguntó Saori cuando logró controlarse, varios minutos después.

Seika se cubrió el rostro con las manos y sollozó de nuevo.

- Por todos los cielos, no. ¡No sé...!

- No te angusties más, por favor - dijo Saori poniéndole una mano en el hombro

- ¿Tú... lo has pensado?

Saori asintió

- Pensé en embalsamarlo. Me gustaría velarlo en el Santuario y honrarlo como el magnífico Caballero que fue, cuando su alma esté curada, claro. Después... podría enterrársele, pero haré lo que tu quieras. Si deseas que él permanezca aquí...

- ¿Yo podría ir a visitarlo después?

- Seika, mi Santuario, mi Templo, y esta casa, tendrán abiertas las puertas para ti, siempre. Así pasen muchos, muchos años…

Ambas se abrazaron nuevamente, experimentando un alivio casi indescriptible. No podían salvar a Seiya, pero podían compartir su sufrimiento.

- No sabes cuánto te agradezco que me lo hayas dicho...

- La verdad es que no pensaba hacerlo, pero Shiryu, Hyoga y Shun me convencieron.

- ¿Ellos lo sabían? - dijo Seika rompiendo el contacto ante esa nueva revelación - ¿Porque ninguno me dijo nada?

- Yo se los pedí. Cuando Thetis fue atacada, me llenó de pánico el pensar que si se sabía de mis sentimientos por Seiya, él también podría ser el blanco de algún ataque, y les supliqué que guardaran silencio.

- Saori, explícame, porque todo me da vueltas en la cabeza... Dices que lo amas, ¿pero qué había exactamente entre ustedes?

- Nada - respondió ella con la sonrisa más triste - Yo nunca le hablé de mis sentimientos, hasta que... cuando lo vi desplomarse, sentí que moría yo también. En cuanto pude lo tomé entre mis brazos, y le dije que lo amaba, pero creo que fue demasiado tarde. No voy a vivir tranquila nunca más, preguntándome si logró oírme...

- ¿¡Pero por qué no se lo dijiste antes!? - dijo Seika estrechándole las manos con desespero

- Me fue imposible - dijo ella con un gran suspiro, mientras las lágrimas se le salían sin esfuerzo ni impedimiento alguno - Él siempre estaba cuidándome, y eso me daba oportunidad de estar mucho tiempo a su lado, pero me parecía que lo último que pasaba por su cabeza era el amor. Él siempre ha tenido unas maneras tan inocentes, tan infantiles, que me hacían pensar que no tenía ningún interés amoroso por nadie…. Y después, estaban Miho y Shaina. Miho ha estado loca por él desde siempre, y Shaina es tan… pensé que lo mejor era mantenerme al margen para que en un momento dado, él pudiera decidirse por cualquiera de ellas dos.

- Eres perfecta, ¿cómo pensaste que podría escoger a alguien más?

- No lo soy, sí lo fuera... Mira, yo no sabía cuál era mi destino cuando tenía siete años y lo conocí... Desde entonces había algo en sus ojos, una chispa, una fuerza de vida que me cautivó. Él nunca me trató como si yo fuera especial ni dejó que el dinero de Mitsumasa lo intimidara y le impidiera decirme a la cara que yo era un fastidio. Yo quería estar a su lado, pero él tenía cosas más importantes qué hacer, y yo trataba de obligarlo a estar conmigo de cualquier modo… cuando lograba que estuviera cerca de mí me hacía tan feliz… Sentía como si pudiera controlar un tornado... Cuando volvió de Grecia me pareció tan atractivo... pero él me detestaba porque no sabía de tu paradero, y cuando me fue revelado que yo era la reencarnación de Athena todo cambió. Siempre estaba cerca de mí, pero porque tenía que hacerlo. Yo disfrutaba cada segundo a su lado, pero no se puede obligar a alguien a amar, y pensé que si le decía de mis sentimientos por él, lo único que lograría era hacerlo sentir incómodo, u obligado, y no quise jamás que se sintiera así; yo deseaba que me amara con toda su inmensa voluntad, con esa fuerza de vida, con todo ese empuje. Por eso me callé… Además, Athena jamás ha estado con un hombre, aunque...

- ¿Aunque qué?

- Mi amor por él viene de vidas atrás.

- ¿Qué?

- Yo morí el día de la batalla. Me corté la garganta para ir a pelear contra Hades...

Seika la miró con los ojos desorbitados, porque nadie le había contado esa parte de la historia...

- ... y cuando mi cuerpo murió, en cuestión de segundos recordé cosas de mis vidas pasadas. Y ahí estaba él...

- ...

- Tu hermano ha sido mi Caballero Pegaso durante muchas vidas, y por lo tanto, mi guardián, y mi compañero. Al recordar nuestro pasado, me di cuenta de que comencé a amarlo desde entonces... Que lo que siento por él lo había sentido antes por sus otras reencarnaciones, y que siempre ha sido igual: Siempre cerca, pero Jamás juntos.

Seika se puso de pie, boquiabierta.

- ¿Y qué hay de él? ¿Nunca te habló de sus sentimientos?

- Claro que no. Estoy convencida de que él no tenía sentimientos románticos por mí.

- ¡Oh, Saori! Creo que hay algo que tienes que ver...

- ¿De qué hablas? - preguntó Saori intrigada

- Su última carta... estoy segura de que hablaba de ti...



Shaina estaba sentada en el piso, su espalda apoyada contra la pared en una terraza que daba a la parte posterior de la mansión. Ahí había ido a refugiarse después de que Seika se marchara, y estando así podía sentir en su rostro la brisa de aquella magnífica tormenta que se había desatado mojando su rostro...

Tenía la mirada clavada en unos árboles mientras pensaba que muy probabemente tendría que buscar un lugar donde vivir: le parecía muy seguro que Saori la echara de la mansión y del Santuario.

Aún no podía creer que se hubiera atrevido a decirle esas cosas a su propia Diosa.

Nadie sabía el terrible sentimiento que le causaba a Shaina aquella dualidad. Había jurado lealtad a Athena, y estaría dispuesta a morir si fuera necesario para salvarla a ella y a la tierra, y al mismo tiempo era su enemiga porque sabía perfectamente que Saori lo miraba con otros ojos. En sus sueños la perseguía una y otra vez el momento en que la había sorprendido a punto de besarlo en el fondo de aquel barranco, cuando ni la propia Saori sabía que su destino era mucho mayor que el de ser sólo una heredera malcriada más, y también cuando la encontró en la misma situación en el hospital.

Desde que se había salido de la sala no había cesado de reprocharse, y ahora no sabía con qué cara mirar a nadie. Su autocontrol se había ido al diablo como si fuera una simple chica enamorada, pero no lo era, y...

Unos pasos la sacaron de sus pensamientos.

- ¿Champagne? – Shaina no pudo creer lo que sus ojos veían. Saori estaba ahí de pie junto a ella con una botella de Moet Chandon, un sacacorchos y dos copas en la mano.

- Saori…- dijo ella tratando torpemente de levantarse

- No, quédate donde estás, por favor.

- ...Supongo que vienes a echarme.

- En realidad, vine a beber contigo. Si quieres, claro.

Shaina asintió con absoluta torpeza mientras observaba atónita cómo Saori se sentaba en el piso cerca de ella. Al verla de cerca pudo notar que Saori tenía los ojos muy rojos e hinchados, tal y como debían de estar los suyos, pues no había cesado de llorar desde el anuncio de Seika.

- Perdona, pero no entiendo qué...

- Quedaron muchas botellas el día de la fiesta, y estaba pensando en aprovechar que envié a Tatsumi al hospital para abrir una cuando Megumi me dijo que estabas aquí, y pensé que quizás no te importaría acompañarme...

- Está bien - dijo Shaina aún atónita mientras recibía la botella y el destapa-corchos de manos de Saori - pero...

- ¿Sí?

- ¿No deberíamos de tomar vino? Es más… propio de los dioses - Dijo Shaina cuando destapó la botella

- Si… - murmuró Saori - También sería más italiano, pero...

- Está bien. Cualquier bebida alcohólica servirá.

Shaina llenó las copas con el líquido espumeante. Cada una tomó la suya y la levantaron

- Así que… ¿por qué brindamos?

- No tienes que preguntar... - dijo la Diosa

- Por Seiya - dijeron al unísono

Chocaron sus copas con los ojos llenos de lágrimas, y bebieron de un solo golpe el líquido.

- Lo lamento - dijo la amazona cuando acabó su copa - Dije…

- La verdad. - dijo Saori mirando al cielo - Sólo estabas diciendo la verdad... Te debo disculpas también. Me excedí.

- Pero tú eres…

- Shaina, no me debes ninguna disculpa porque no es ningún pecado que ames al mismo chico que yo... Soy yo la que está probablemente infringiendo las leyes del destino. Como la reencarnación de una diosa virgen no debería de poner los ojos en un mortal que, además, es uno de mis caballeros.

Shaina miró de nuevo a Saori. Sentada en el portal, con los ojos hinchados, el vestido blanco ensuciándose con la lluvia y la tierra, su largo cabello morado despeinado por el viento y aquella expresión de incertidumbre, no parecía más que una chica común y corriente, con la que, a pesar de su resistencia, se sentía identificada.

- Siempre me pregunté porque la gente se embriagaba, y lo entendí hasta esta noche - dijo Saori - Quisiera olvidarme de todo aunque fuera por un rato: de cómo me llamo, de todo lo que he hecho mal, de que tiene las horas contadas. Beber hasta perder la conciencia... - dijo Saori, que al parpadear derramó dos pesadas lágrimas - Lo irónico es que jamás desee embriagarme como lo deseo esta noche, y en casa hay a mi disposición más de cien botellas distintas. Me gustaría beber un trago de cada una hasta perder el sentido, pero no puedo darme ese lujo, especialmente esta noche, que tanto lo deseo y que a la vez sería tan incorrecto...

Shaina no dijo nada, sólo suspiró, comprendiendo cúan terrible era su predicamento.

- ¿Te has emborrachado alguna vez? - preguntó Saori

- No.

- Tiene sentido.

- ¿A qué te refieres?

- A que creo que no te hace falta, Shaina. Eres lo suficientemente valiente y libre como para decir lo que piensas sin beber. Te envidio eso.

- Te propongo algo - dijo la de ojos verdes después de reflexionarlo un rato

- ¿Qué?

- Que nos bebamos esta botella y no más, porque aunque me encantaría, sería terriblemente egoísta embriagarnos esta noche... pero lo que sí podemos hacer, es hablarnos con la pura verdad, como siempre hacen los ebrios en las películas que he visto.

- ¿Decirnos lo que sea que nos pase por la cabeza o por el corazón, tú y yo? ¿Estás segura?

- Me encantaría conversar contigo esta noche sin que te guardes absolutamente nada. Oír, no a la diosa bondadosa y serena, sino a la muchacha que creció en esta casa, que es tan distinta a mí, y que sin embargo ama al mismo muchacho que yo...

Saori la miró con los ojos arrasados, sintiéndose profundamente agradecida, y luego tomó la botella para volver a llenar las copas...



Dos horas después, ambas estaban tiradas en el piso, mirando el techo del estudio de Mitsumasa Kido.

Después de acabar la segunda copa, Shaina había sugerido que sería mejor ir a un lugar más privado, así que habían ido a encerrarse a la alfombrada habitación. El líquido espumoso había sido suficiente para relajarlas y hacerlas sentir liberadas, y entonces, ambas habían comenzado a compartir historias sobre él.

Se fueron acabando poco a poco la botella mientras conversaban.

Shaina habló del conejito, de como la curó, de la ternura que incendió su corazón cuando él la trató tan cariñosa y desinteresadamente ese día, y de cómo años después, su valentía y su seguridad al pelear la habían arrobado hasta hacerla olvidar que él era más joven que ella. Cuando llegó su turno, Saori le contó cómo ellos dos se llevaban muy mal cuando eran niños y las cosas feas que llegaron a decirse (cosa que sorprendió mucho a la amazona), y de la primera vez que fue a su apartamento y lo encontró a medio vestir. Ambas recordaron los incidentes del barranco y de cuando Aioria apareció en el hospital, complementando las historias, y coincidieron enormemente al hablar de los detalles de su cuerpo y de su personalidad que las habían enamorado, y al confesar su idéntica antipatía por Miho.

Había sido una gran idea. Estaban muy cómodas ahí echadas, y justo en ese instante reían, pero antes habían sollozado muy fuerte sin preocuparse, ya que las paredes eran lo suficientemente gruesas para no permitir la salida de ningún ruido, y así, nadie sabía que en aquellos momentos su amada Diosa y una de sus amazonas se estaban comportando como dos adolescentes comunes y corrientes.

- ¿Te imaginas que pasaría si alguien nos viera así? Imagínate la cara de Shura…

- O peor, la de Shaka. No quiero ni imaginarlo.

- Él es taaan serio… -dijo Shaina atacándose de la risa.

Las risas se terminaron y se hizo el silencio.

- Shaina, hay algo que quisiera saber…

- Ajá - respondió ella aún mirando el techo, mientras que Saori se había incoporado sobre su codo derecho para verla

- Hace rato dijiste que la gente de nuestra edad estudia, trabaja, y tiene….

- ¿Sexo?

Saori se ruborizó ligeramente, pero prosiguió

- ¿Tú... lo has hecho?

Shaina la miró, sintiendo horror mientras se incorporaba, pues jamás pensó que llegaran a ese tema.

Pensó en mentir, pero después cayó en cuenta de que su silencio había hecho más que evidente que la respuesta era afirmativa, y acabó por asentir.

- Hablabas de... ¿de él y de ti...?

- ¿De quién?

Shaina miró a Saori y le vio las mejillas rojas, y comprendió que se refería a Seiya.

- Necesito saberlo... - insistió Saori

- Con todo respeto, ¿en qué planeta vives? Seiya y yo sólo nos hemos tocado con los puños o cuando nos hemos sostenido al estar heridos...

- Entonces… ¿te referías a Saga? - preguntó Saori después de suspirar aliviada

- ¡No!

- Pero te besó en la fiesta...

- ¿Lo viste...? Claro, todos lo vieron - confirmó Shaina al ver la expresión en el rostro de Saori - ¡Me da tanta verguenza! No sé porqué lo hizo, pero no hay nada entre nosotros.

- Si no fue con Saga, ¿entonces con quién... lo hiciste?

- No me preguntes eso. No puedo decirlo - dijo Shaina categóricamente

- ¿Por qué no? Dijimos que sólo habría espacio para la verdad.

- Lo sé, pero no quiero... causarle problemas.

- ¿Qué problema podría causar el que yo...?

Shaina se revolvió la cabellera con nerviosismo, y Saori se escandalizó un poco al deducir que tenía que estar hablando de uno de sus caballeros, pero recordó la promesa que se habían hecho, así que suspiró y le sonrió.

- A mí simplemente me gustaría saber con quién compartiste un momento tan especial, nada más.

Shaina la miró aún insegura, pero no dudaría jamás de su palabra, así que suspiró, y al exhalar, habló

- Fue Milo - confesó, y luego se abrazó las piernas y enterró el rostro entre sus rodillas

- ¿Qué?

- ... el día del cumpleaños de Shun dijiste que éramos libres de hacer lo que quisiéramos y de estar con quien decidiéramos. Yo te tomé la palabra, quizás un poco más de lo debido.

- Pero si me han contado que llegaron a pelearse... ¡Jamás se me hubiera ocurrido! - dijo Saori todavía sorprendida, aunque sin mostrar enfado alguno, para alivio de Shaina - … ¿Y cómo fue?

- ¿¡Qué!? - dijo Shaina volteando a verla boquiabierta - ¿Quieres... que te dé detalles?

- Lo más "romántico" que me ha pasado, ha sido estar a punto de besar a un chico que yacía inconsciente en un charco de su propia sangre... No fui a la escuela como para que mis amiguitas me contaran sus experiencias de amor, y Tatsumi se la vive encima de mí. No he sido libre ni para leer relatos ardientes en internet… Cuéntame, por favor.

- ¿No sería… raro?

- ¿Más raro que estar esperando a que amanezca para verlo morir?

Shaina derramó algunas lágrimas, y luego asintió y comenzó a hablar, aunque sin atreverse a mirarla.

- … Todo fue muy volcánico, muy intenso. Milo es muy apasionado y... salvaje. Bueno, es el único con el que he estado así, pero... sobrepasó todas mis expectativas. Su cuerpo es sublime. Sus besos me hacían olvidarlo todo, aunque fuera por instantes, y sus caricias me hacían sentir como si volara...

- ¿Entonces tienes una relación con él?

- No… - dijo con otro suspiro - Es increíble cuando estamos juntos, pero... él está enamorado de alguien más.

- ¿¡Qué!?

- No me preguntes de quién porque eso sí que no te lo puedo decir. No es mi secreto para compartir.

- Comprendo... ¿Pero entonces, por qué se acostó contigo?

- Porque se pelearon, y Milo se emborrachó y cuando lo encontré él me dijo que... Detesto cómo me habla a veces, pero no estoy ciega: me parece muy atractivo, y esa noche me dijo cosas que yo anhelaba oír y me besó... Y todo fue cuando la imbécil de Miho salió con que era su novia, y yo quería borrármelo del corazón a toda costa...

- ¡Oh, Shaina!

- Aún si me corrieras, creo que no me arrepentiría de haber estado con él - reconoció ella volviéndose a recostar en el piso - Milo me dió la única felicidad que he conocido este tiempo. Yo creo que si no fuera por él, me habría matado...

- ¿Y qué pasó después?

- Nada. Entre nosotros hay mucha atracción, pero no amor, y le sugerí que intentara arreglar su relación. Él y yo quedamos como amigos, pero se le metió en la cabeza que Saga es perfecto para mí.

- ¿Te gustó cuando Saga te besó?

- Mucho - admitió Shaina con las mejillas encendidas

- ¿Y te gustaría que pasara algo más entre ustedes?

- Yo... no sé. Él es... es Saga, ¿a quién no le gustaría tener algo más con él? Es imponente… Pero yo creo que sólo está confundido porque le hice compañía cuando Kanon se puso tan mal...

- No me parece que sea sólo eso.

- ¿Me quieres convencer de que me quede con Saga para que...?

Ambas sollozaron, su dolor idéntico al entender que ninguna de las dos se "quedaría" con él...

- Soy tan estúpida - dijo Shaina cuando su llanto le permitió hablar - Perdóname. Es que no me hago a la idea...

- Yo tampoco...

- Saori, ¿tú y él... nunca...?

- Ese día, cuando me sorprendiste... Bueno, las dos veces... eso fue lo más cercano.

- Perdóname, Saori - dijo Shaina sinceramente arrepentida

- No tienes...

- Te robé ese instante. Lo siento muchísimo... Deberías de besarlo… antes de…

- No creo que haya oportunidad - dijo Saori con amargura, y ambas dieron nuevamente rienda suelta a su llanto.



- ¿En qué piensas? - preguntó Shaina, inquieta porque Saori llevaba ya mucho tiempo en silencio.

- En nada.

- Dijimos que hablaríamos con la verdad.

- Es sólo una suposición... y no quiero lastimarte.

- Mi corazón lleva mucho tiempo roto, Saori. Creo que ya nada puede lastimarme más.

Saori pensó en callar, porque en verdad no quería hacerla sentir peor... pero quizás la opinión de la italiana, como ninguna otra, podía aclarar la duda que le estaba carcomiendo el alma, la pregunta que la había atormentado hasta el punto de hacerla pensar en emborracharse, así que sacó de entre sus ropas un papel arrugado y se lo tendió a la amazona.

- Seika me la dió... Era el borrador de una carta... La última. Y ella... ella cree que él se refería a mí...

Las manos le temblaron a Shaina cuando abrió el papel escrito a lápiz, y descubrió en el una serie de trazos ininteligibles para ella, varios de los cuales estaban tachoneados...

- No sé leer japonés. ¿Qué dice?

Saori tomó el papel, y aunque se le aclaró la garganta, leyó con la voz más temblorosa que nadie le hubiera oído jamás.

"Querida Seika:

Me pregunto si alguna vez en verdad llegarás a leer esta carta. Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que te vi, y llevo tres años buscándote en Japón sin obtener resultados... Sin embargo, sigo escribiéndote porque a pesar de todo, tengo la esperanza de encontrarte, o de que al menos algún día leas esto.

Te extraño muchísimo. Te extraño siempre. Hoy por ejemplo, es un día precioso de verano, y nada me haría más feliz que poder compartirlo contigo... No lo digo para ponerte triste. Me las arreglo para pasarlo bien prácticamente en cualquier circunstancia, y si miro atrás, puedo decir que he sido muy feliz, y que he tenido una vida fantástica y emocionante que he disfrutado al máximo, pero siempre hay un huequito en mi alma que está esperando a ser llenado por tu presencia...

Tengo un mal presentimiento. He tenido unos sueños muy extraños que me hacen pensar que algo terrible está a punto de pasar, pero no quiero que te asustes, y mucho menos, que pienses que tengo miedo. He estado preparado para morir desde hace mucho, y sé que si sucede, será por un buen motivo. Me tranquiliza pensar que si mi vida acaba, será para conservar vidas mucho más valiosas, como la tuya. Y esa conciencia me ha permitido sentirme agradecido por cada instante de vida que me ha sido concedido"

- Luego hay una parte tachoneada, y esa dice...

"También me gustaría que estuvieras aquí porque necesito desesperadamente hablar con alguien, y creo que sólo a ti te lo podría decir.."

Saori tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para leer las palabras que seguían...

"Estoy sintiendo cosas que no debería. Hay una chica que me está revolviendo el corazón, y no debería ser así. He tratado de hacer todo lo posible para dejar de pensar en ella, pero no lo logro. Quisiera decirte más, pero no me atrevo, porque la persona por la que siento cosas es inalcanzable y me está prohibida. Podrías escribir sin parar sobre todo lo bueno y lo hermoso que hay en ella, pero si empiezo, creo que no acabaría nunca... Intento no pensar en ella, ni sentir lo que siento, pero...

-Ahí concluye la parte tachoneada, y luego dice:

"Deseo de todo corazón que tengas mucho tiempo para ser feliz. Ojalá ames, y mejor aún, que seas amada, como yo no puedo. Ojalá conozcas esa felicidad que yo no conoceré jamás..."

Saori acabó de leer prácticamente sin voz, y se secó las lágrimas mientras la amazona tomaba el trozo de papel, y lo estrechaba luego contra su pecho.

- Ahí acaba. Supongo que...

- No tuvo tiempo de terminarla - aseveró Shaina

- ...

- Gracias, Saori.

La heredera la miró confundida

- Desde hace un tiempo, lo único que deseaba era alguna clase de confirmación de que él no me amaba, y esto... es un regalo. Ya no me atormentará ninguna duda.

- ¿En verdad crees que él...?

- No me queda duda de que hablaba de ti - dijo ella devolviéndole el papel que Saori dobló con infinito amor, para volverlo a guardar - Creo que lo supe desde la noche en el barranco; había algo inmenso entre ustedes dos cuando se miraron, y era mutuo...

Saori volvió a llorar, pero esta vez, sus lágrimas eran de alivio.

Seiya la amaba.

Estaba averiguándolo en el momento más terrible, pero saberlo le daría fuerzas para continuar. Sí, saber que Seiya la había correspondido, y qué había sufrido lo mismo que ella al tener que callar, lograría impulsarla a cuidar de los demás...

- Lamento muchísimo que no hayan tenido tiempo para ser sinceros...

- Lo único que me consuela es que Shaka nos aseguró que no ha sufrido tanto, y que hubo quien lo ayudara. Y que Hécate está de nuestro lado y que logró regresárnoslo, para que pueda al menos pueda partir rodeado de todos los que lo amamos... Que sepa que no lo abandonamos...

- Creo que no lo soportaré.

- Tú tienes la opción de elegir.

Shaina miró a Saori y entendió que su deber como Diosa era de el de estar ahí para ver como fallecía el gran e inconfesable amor de su vida, pero que le estaba haciendo un ofrecimiento increíblemente generoso.

- Si no quieres, no tienes por qué estar presente...

Shaina se quedó callada unos instantes, y luego habló

- Estaré ahí - dijo la italiana mirando directamente a los ojos obscuros de Saori.

Estaría ahí, y cuando llegara el terrible momento, ambas se mirarían y sabrían que estaban sintiendo exactamente el mismo dolor que las partía por la mitad, y aún sin tocarse, se darían ánimos y fuerzas en silencio, tal y como lo hacían ahora...



Despertó terriblemente desorientada, y aunque parpadeó varias veces no logró aclarar mucho su vista, pues veía como si una mancha opaca le cubriera el ojo izquierdo. Cuando logró incorporarse un poco, se agudizó el dolor de cabeza que estaba ahí y no había notado antes.

Algo muy malo había pasado, pero no estaba segura de qué...

Sentía también que tenía algo urgente qué hacer.

Era imperioso aclarar su mente, y supo sin dudas que para eso tenía que llegar a su dispensario.

Al tratar de moverse más, se sintió torpe y pesada, así que le costó sentarse, y cuando lo logró, notó que estaba en el lecho de una habitación que ni era suya ni le era familiar, y sentía el cuerpo tan adormecido que sólo al quitarse las sábanas de encima cobró conciencia de que su túnica estaba rota...

No sentía dolor pese a las gotas y costras de sangre seca en algunas partes de su cuerpo. Derramó algunas lágrimas sin entender bien porqué, pero volvió a pensar que tenía algo muy importante qué hacer y que tenia que encontrar a alguien, así que decidió salir de ahí.

Estuvo a punto de irse de bruces al bajarse de la cama, y comenzó a caminar sin rumbo claro, con su mano izquierda recorriendo los muros para sostenerse y guiarse, mientras que su mano derecha, que le dolía vagamente, aferraba de forma precaria la sábana que la cubría. Le tardó un buen rato darse cuenta de que estaba en el Palacio Blanco, y lo supo sólo cuando hizo una pausa forzada, porque sentía las piernas tan débiles que pensaba se le doblarían y la dejarían caer en cualquier momento, y entonces notó las gárgolas del techo, que reconocería en cualquier circunstancia.

Pero no reconoció la zona exacta donde se hallaba, y caminó lentamente por unos pasadizos que acabaron por sacarla a los prados Asfodelos, y entonces tuvo que hacer un gran esfuerzo para recordar el camino que la llevaría a la parte del castillo que siempre había sido su hogar, porque estaba muy mareada.

Cuando al fin llegó a su habitación, comenzó a revolver entre sus frascos, pero tenía los dedos tan torpes que comenzó a tirar algunos. No lograba recordar el nombre de la sustancia o planta que buscaba, pero sabía que lo reconocería al verlo. Se talló el ojo con el que veía borroso, desesperada por ver mejor, pero al frotarse la piel le dolió...

Entonces oyó un grito que la sobresaltó

- ¡Ariadna! ¿¡Pero qué te pasó!?

Era Zora, su compañera. La pitonisa miró a la joven albina, y se aterró al verla de pie en medio de hierbas y frascos rotos caídos, y con una sábana color lila a sus pies. Ariadna se volvió para mirarla, y Zora gritó al ver que la túnica que vestía estaba rota por la mitad y que tenía marcas rojizas y muy pronunciadas en el pómulo y en la frente.

- ¡Ayúdame, tengo que encontrarlo!

- ¿De qué hablas? ¡Estás herida!

Ariadna se dio la media vuelta para volver a revisar frascos, y acercarse a sus plantas, mientras Zora salía corriendo de ahi.

Perséfone había avisado a sus guardias que no vería a nadie, pero cuando oyó los gritos aterrados de Zora discutiendo con los guardias y proclamando que algo grave le había ocurrido a Ariadna, la Diosa salió corriendo de sus aposentos y sin demora siguió a la pitonisa hasta el dispensario de su querida amiga.

La rubia se aterró aún más que la propia Zora al ver el estado en el que se hallaba la muchacha.

- ¿¡Pero qué le pasó!?

- No lo sé. Vine porque oí que algo se rompía, y la hallé así.

- ¡Ariadna! ¡Por Zeus, dime qué te pasó!

La joven de ojos casi blancos miró a la Diosa de la Primavera, y enseguida algo se iluminó en su mente.

- Se... Se... Sei...

- Shhh, tranquilízate por favor - dijo Perséfone abrazando a la albina y acariciándole los cabellos, mitad angustiada por ella y mitad inquieta de que mencionara a Seiya frente a Zora.

- Ste... ¡Stephanos! - gritó Ariadna aterrada cuando al fin recordó que él era su misión - Hablé con él. ¡Tengo que hallarla y pedirle que...!

- Shhh, tranquila. Eres tú eres quien necesita ayuda - dijo Perséfone cada vez más asustada porque nunca la había visto tan fuera de control. Hablaba muy deprisa, y al verla de cerca, vio que tenía marcas de dientes y sangre seca en la clavícula, y eso sin decir que le alarmaba terriblemente hallarla semidesnuda...- Mi niña, ¿¡qué fue lo que te pasó!?

- ¡Stephanos! - repitió Ariadna

- Hay que darle algo para que se tranquilice, limpiarla y curarla - ordenó Perséfone a la otra pitonisa.

Zora asintió y corrió a buscar al resto de sus compañeras mientras la rubia intentó guiar los pasos de la joven para conducirla a las habitaciones de baño, pero ella se resistió a moverse, se zafó de su agarre y continuó buscando.

Perséfone recordó entonces la planta que había dado a masticar a Seiya en dos ocasiones, y la buscó en medio del desorden. Cuando la halló, arrancó unas hojitas y se la ofreció a Ariadna. La pitonisa las tomó con torpeza, y fue entonces cuando Perséfone descubrió que Ariadna tenía unos dedos rotos; era obvio por lo hinchados y torcidos que estaban.

La albina acercó las ojitas a sus labios, pero antes las olió, y después las tiró al piso.

- ¡No! - dijo ella con desespero - tengo que permanecer despierta. Sólo... aclarar la mente...

Perséfone miró a la jovencita con lágrimas en los ojos, muy admirada y asombrada de que a pesar de estar herida y tan alterada, hubiera recordado que aquella planta la adormecería, y que la hubiera rechazado muy probablemente por seguir pensando en salvar a Seiya...

- ¡Perdóname, perdóname, Ariadna! Esto es mi culpa. He sido tan egoísta, ¡mira a lo que te expuse...! - dijo contemplando su cuerpo maltratado.

- ¡Sé como salvarlo! ¡Nos va a ayudar! ¡Hablaré con...!

- Ariadna, cálmate, te lo ruego - dijo la deidad tomándole el rostro con muchísimo cariño - Mírame. Seiya está a salvo. Sus amigos hallaron el modo de curarlo, y se lo llevaron, ya no tienes que angustiarte más por él.

- Pero tú...

- ¡Él recordó todo, y me ama! ¡Aún me ama! Gracias a tu ayuda todo va a estar bien - dijo Perséfone acariciándole la mejilla, infinitamente agradecida con la muchacha - Vivirá, y hallaré el modo de que estemos juntos de nuevo, pero primero estás tú... Ahora dime, ¿quién te hizo esto?

Ariadna comenzó a llorar, y Perséfone la acunó en sus brazos.

Ninguna de las dos tenía idea de que la decisión de Seika estaba a punto de cambiarles la vida a muchísimas personas, y especialmente a ellas...

*************************************
Hola, queridos amigos y lectores, pues si es que leyeron hasta acá, les agradezco de todo corazón por el interés y la constancia; ojalá les haya gustado.
Lamento la demora, pero he tenido bastantes broncas personales, pero sólo para que sepan, esta historia es lenta pero está en proceso.
Con un abrazo,
F.
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