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 EL VIAJE DE LAS ALMAS
Espada_de_Fuego
Posted: May 23 2008, 01:09 AM


Caballero del Abismo
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Group: Caballero del Abismo
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Hola, pues aquí vamos, de regreso al principio, es decir, a postear en este nuevo foro mi fic que ya estaba bien avanzado allá en miarroba. Espero postear un capítulo diariamente, jajaja, a menos que no llegue a dormir a casa lo cual sucede de cuando en cuando, jajaja, pero bueno, aquí van los primeros 35 capitulos de mi historia (jajajajaja, ¡qué fácil suena! pero vieran que relajo para escribirlos...)
Bueno, aquí vamos.
Y me despido recordándoles que todos sus comentarios serán bien recibidos.
Un abrazote y un besote
Fuego.
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Espada_de_Fuego
Posted: May 23 2008, 01:31 AM


Caballero del Abismo
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Group: Caballero del Abismo
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Capítulo 1

Frente al destino


Se sentía intranquila. Paseaba una y otra vez por la estancia sin poder controlar la creciente ansiedad que se alojaba en su pecho. Su largo y ondulado cabello rubio flotaba sobre un hermoso vestido verde de tela vaporosa que dejaba los hombros al descubierto. Una larga capa amarilla flotaba sujetada por su cuello mientras sus pies descalzos e inmaculados recorrían una y otra vez sus propios pasos. Sus cristalinos ojos azules brillaban de manera extraña. Era el miedo el que los hacía tan brillantes. Presentía que algo terrible sucedería. Podía sentir el cosmos de él luchando como nunca lo había hecho. Y esta vez no estaba utilizando el cuerpo de un mortal, sino el suyo propio. Jamás lo había hecho en batallas anteriores y eso la intranquilizaba aún más. Y lo peor era aquel sentimiento de impotencia que la invadía, pues en realidad no había nada que ella pudiera hacer. Amor. Por amor ella estaba ahora atada de manos.

Su corazón era un mar en tempestad. Sus sentimientos eran como olas que se encuentran y estallan. Estaba acostumbrada a aquel ciclo interminable, pues no importaba cuánto tratara de disuadirle, el no desistía en su empeño. Porque la amaba. Y nadie mejor que ella sabía que muchas veces los peores actos se cometían en nombre del amor.

Ella rezaba porque fuera como había sido las otras veces. Él vendría y la tomaría en sus brazos, la besaría y le haría el amor apasionada y desesperadamente. Y en su lecho él olvidaría la humillación y la derrota, una vez más. Y le juraría que la próxima vez sí tendría éxito, porque deseaba como nada en el universo hacerla feliz. Él lo desafiaría todo por ella, tal y como había peleado por obtenerla.

Pero esta vez era distinto. Lo había presentido desde el comienzo. Podía percibirlo, algo había alterado el rumbo de la partida aunque ella no lograba descifrar aún que podría ser aquello .

Estaba sumida en medio de aquellas reflexiones mientras caminaba por sus aposentos. Se sentó en el borde de la cama que había compartido con él desde hacía una eternidad. Acarició las sábanas con la palma de sus manos mientras recordaba sus besos y sus caricias. Era tan extraño que aquel al que todos temían e incluso odiaban, se comportara con ella de manera tan dulce y atenta. Porque él la amaba, lo había hecho desde el primer día. Aunque ella no podía decir lo mismo… Fue justo en ese momento que ella pudo sentir claramente que lo habían herido.

¡ Ariadna, Ariadna! – gritó.

Una jovencita albina. vestida con una túnica azul celeste entró corriendo a la recámara y se arrodilló ante ella

Aquí estoy Perséfone. ¿Que sucede?

¿Lo has sentido verdad?

Si Perséfone. La batalla está en su punto más álgido.

Dime lo que ves. Necesito saber lo que está pasando – dijo ella tomándola de las manos.

Ariadna asintió con la cabeza y se puso de pie dándole la espalda a Perséfone.

Claro, acompáñame entonces.

Salieron de la habitación y subieron las escaleras hasta llegar al punto más alto de una de las torres. Entraron a un cuarto donde no había nada excepto una columna rematada por una pequeña fuente de piedra. Perséfone permaneció de pie en la puerta, mientras Ariadna avanzó hasta quedar frente a la fuente. Clavó sus ojos casi blancos en el agua y entonces pareció entrar en trance

Sangre. Sólo puedo ver sangre.

Esfuérzate Ariadna, necesito saber que le ha sucedido

Están en Elysion. Veo a una chica de cabello largo color violeta, debe de ser ella. Viste su armadura sagrada y tiene su báculo en la mano. La rodean cuatro de sus caballeros . Ellos también visten armaduras sagradas

¿Y él? ¿Dónde está él? Sé que está herido, ¿quién fue?

Está peleando con un caballero. Es él el que lo ha herido

¿Un mortal ha herido a un Dios?

Así parece. Él viste también una armadura sagrada

No es posible. ¿Dónde están los Kyotos?- dijo ella presa de la desesperación

No los veo. Trataré de buscarlos… Oh Perséfone, ellos… han muerto.

¿Athena los ha matado?

Deben de haber sido sus caballeros

Maldita sea ella que siempre tiene que ganar. Y maldito el mortal que le puso un dedo encima, yo misma me encargaré de destruir su alma

Hades está a punto de aniquilarlo… Espera…

¿Qué sucede?

Athena lo ha protegido a él y a sus otros caballeros en unas esferas de poder. Ahora ella va a pelear con él.

Perséfone se sintió víctima de la desesperación mientras aferraba sus manos a la puerta de madera de la entrada a aquel cuarto oracular. Aquello era un martirio tan terrible como el de Prometeo, condenado a que le devoraran las entrañas los buitres día tras día, una y otra vez hasta el infinito. Otra vez habría de sufrir el estar privada de él, hasta que pudiera volver y entonces volviera a refugiarse en su lecho. Perséfone se sentía casi resignada cuando Ariadna se estremeció

¿Qué ha pasado Ariadna?

Él iba a destruirla… pero él se interpuso… uno de sus caballeros… Su sangre corre veloz por Elysion…



Era un momento, sólo un momento. Un segundo que estaba cambiando sus vidas para siempre. Una espada. Un pecho. Un corazón. Un grito. Un segundo y nada volvería a ser igual.

El menudo adolescente de cabello café obscuro no sintió nada en ese segundo porque todo fue demasiado rápido. Oyó que exclamaban su nombre. Entonces lo sintió. Un dolor punzante y violento que le desgarraba el pecho. Trató de sostenerse en pie, pero las fuerzas se le escapaban al mismo tiempo que su sangre, y cayó hincado al piso. Se llevo la mano derecha al tórax, y se llenó inmediatamente de aquel líquido espeso y obscuro. Miro su mano empapada y fue en ese momento cuando todo se empezó a obscurecer alrededor de él. Una sola palabra salió de sus labios antes de desplomarse

Saori…

Ariadna, ¿qué sucede?

El cosmos de Athena brilla cada vez más… Sus caballeros se han liberado de las esferas que los protegían y sus cosmos también se hacen más poderosos…

Otro pecho… otro dolor…Cuando el báculo atravesó el pecho de Hades, ella supo que sus temores se habían hecho realidad.

Perséfone sintió que las lágrimas comenzaban a surcar su propio rostro.

Dime que no es cierto Ariadna…. Dime que no es cierto…

Ariadna, derramando también lágrimas, contesta con un hilo de voz

Lo lamento Perséfone… Él cae al piso… Athena lo ha atravesado con su báculo…

La tierra comenzó a moverse a sus pies. El Inframundo lloraba a su modo por su señor….Ariadna se asusta y sin dejar de mirar el agua, pregunta

¿Que sucede Perséfone?

Su cuerpo ha sido herido. El Inframundo será destruido si su dueño lo es…




Saori corrió a tomarle entre sus brazos, y colocó una mano sobre su pecho, tratando de contener la hemorragia, pero era inútil. La sangre se escapaba a borbotones del cuerpo de su caballero Pegaso, tal y como lo hacía la vida. Él estaba mirando hacia el vacío, pero ella lo llamó

Seiya, contéstame…

El chico la miró y se sonrió.

Muchas gracias por todo señorita Saori – dijo él con la voz entrecortada, pero a pesar de todo, con un tono juguetón

Las lágrimas corrían por las mejillas de la diosa de la justicia. Porque el chico que sostenía en su regazo se estaba despidiendo… Y entonces sintió que el terror la invadía

No Seiya, no hagas eso, no te despidas

Pero era demasiado tarde, el ya estaba muriendo. Que ironía, Athena acababa de vencer al amo y señor de aquel dominio, pero para ello había tenido que pagar un precio altísimo: la vida de su caballero más fiel y cercano. Y aún más, aquel adolescente de piel bronceada y cabello café obscuro que se desangraba en sus brazos era el dueño de su corazón.

Saori palideció al ver que Seiya caía en la inconsciencia, y trató por todos los medios de impedirlo

- Seiya, por favor, no me dejes… tengo tantas cosas que decirte… no te atrevas a irte sin oírme… - dijo ella entre sollozos – Seiya, no puedes hacerme esto, no me puedes dejar así – Saori sintió que una espada la atravesaba a ella también al ver que él cerraba los ojos al desmayarse

No Seiya, no, abre los ojos, mírame por favor…. ¡No te mueras! ¡No, por favor!




Lágrimas de rabia y tristeza surcaban el rostro de Perséfone, sin que por ello menguara su hermosura.

Maldita perra. Debe de estar muy contenta por su victoria, pero voy a vengarme, juro que lo haré, Athena y sus estúpidos caballeros van a pagar su osadía. Y voy a comenzar por el idiota que se atrevió a herirlo. Hades ha destruido su cuerpo, pero yo voy a destruir su alma…

Ariadna, ve a Elysion y traéme el alma de ese mortal. El cordón plateado ya debe de haber sido roto por la espada. Trae su alma ante mí.

Así lo haré Perséfone

Ariadna cierra entonces sus ojos sin dejar de tocar las orillas de la fuente y desaparece.

La tierra se movió con mayor intensidad. Perséfone bajó las escaleras de la torre hecha una furia. Ella también tenía cosas que resolver. El Inframundo se caería a pedazos sin su dueño.

Tenía que hablar con él. Después de todo, era su hermano….





Ariadna apareció en Elysion en el justo momento en que Saori estrechaba en sus brazos el cuerpo inerte de Seiya. Y se asombró al ver que esta vez la reencarnación de la Diosa de la Sabiduría y sus caballeros eran jóvenes, quizás demasiado jóvenes… Nadie fue capaz de sentirla, pues ella no representaba una amenaza para ellos ni para Athena, y todos estaban demasiado débiles, demasiado tristes como para notarla.

Pero lo que más le asombró, fueron las palabras que la Diosa de la Sabiduría le dirigió a su desfallecido caballero

No hagas esto… no te rindas por favor… no te vayas sin escucharme, debí decírtelo antes… Te amo… - dijo ella en un susurro

Shun estaba en shock. No podía creer lo que acababa de suceder. Hades había tomado posesión de su cuerpo. No había podido luchar contra él, había sido…débil… Athena los había protegido a ellos, pero Seiya en un intento desesperado por protegerla, había huido de la protección de su diosa y se interpuso entre ella y la espada de Hades…. La espada que su propia mano habría empuñado si no fuera porque ella le había ayudado a sacar a Hades de su cuerpo. Y podía sentir como el cosmos de Seiya se iba desvaneciendo. Era real, estaba muriendo. Un par de lágrimas escapaban de los hermosos ojos verdes de Shun, aunque él en realidad hubiera querido estallar en gritos y sollozar hasta que sus pulmones explotaran, pero su voz no le respondía. Así que no hacía mas que mirar a Seiya y a Saori, en lo que parecía ser la ultima vez…

Hyoga en cambio, lloraba como un niño y se apretaba los puños para contener tanta rabia. Al diablo con todo lo que le habían enseñado. Ya no podía contener sus sentimientos. Además qué importaba ya. Aquello era el fin. Nadie podría juzgarlo por llorar. Y es que aquello era simplemente demasiado para él… Su madre…. Los caballeros Dorados… Camus…. Y ahora Seiya, que ante sus propios ojos había sido… asesinado, no encontraba otra palabra. El caballero de Hielo sentía como las lágrimas surcaban su rostro y le quemaban, como si hubiesen sido ácido corriendo por su piel. Quiso pensar que era una pesadilla, pero todo era real, tan real como la sangre que corría de sus propias heridas. El también comenzó a sentir que la obscuridad lo acechaba…

Hasta ese momento Ikki, el inamovible guerrero de Fuego, había permanecido al lado de Shun (que se hallaba hincado mirando el cuerpo de Seiya) en silencio, aquel silencio tan suyo. Sentía que esa batalla era la final, la que marcaba el final de su vida, y no le importaría que así fuera. Los caballeros dorados habían desaparecido para siempre frente al Muro de los lamentos. Pandora se había sacrificado para ayudarles en la victoria. Seiya estaba muerto.

¡Qué curioso!

Seiya y él nunca habían sido lo que se podía llamar buenos amigos. La mayor parte del tiempo que habían pasado juntos discutían, quizás porque eran polos opuestos, o quizás porque se parecían mucho. Pero al verlo morir frente a sus ojos (esos ojos que contenían lágrimas por la maldita costumbre que tenía de hacerlo) supo que lo quería, como los quería a todos ellos. Y que nunca se lo había dicho, ni a él ni a Hyoga ni a Shyriu. Si murieran todos, buscaría la manera de hacérselos saber. Y si moría, quizás por fin tendría la oportunidad de volver a verla… Esmeralda… por fin podría verla. Así que cuando se dio cuenta de que Elysion se destruiría llevándoselos a ellos también, no le importó demasiado.





Transparente y obscura al mismo tiempo para no ser distinguida, Ariadna caminó hacia la Diosa de la Sabiduría y la Justicia que acariciaba una y otra vez los mechones obscuros del cabello del joven mientras lo llamaba

Seiya, Seiya, no te mueras por favor… ¿por qué tuviste que hacerlo…?

Ariadna no pudo sino asombrarse. Nunca había visto a una diosa llorar por un mortal con la desesperación con la que Athena lo hacía por aquel que yacía en su regazo. Aquello era cada vez extraño. Caminó hacia el cuerpo del caballero y pudo ver, con aquellos ojos albinos suyos, como su alma se estaba desprendiendo poco a poco de su cuerpo desfallecido. Ella tomó entre sus brazos el alma del joven, y al hacerlo, pudo sentirlo, cálido y noble. Los ojos de Ariadna se llenaron de lágrimas. Era el alma de un guerrero y sin embargo, había demasiada bondad en él, demasiada…esperanza. No era lo que imaginaba, ella esperaba a un arrogante caballero tan estúpidamente orgulloso que se atrevía a confrontar al propio señor de los Muertos. Y aquella alma no reflejaba nada parecido. Pero no era deber de ella él juzgarle, eso lo haría la propia Perséfone, así que llevándose su preciosa carga en brazos, desapareció de Elysion que continuaba temblando y destruyéndose poco a poco.

Todos pudieron sentir que el cosmos de Seiya desaparecía. El grito de Saori era también su propio grito.

- ¡Noo! ¡Seiya, no!

Mientras miraba a Saori llorar por su mejor amigo, Shyriu no hacía más que recordar todo por lo que habían pasado juntos… Parecía una eternidad en ese momento. Sus días de infancia en la mansión Kido… Su encuentro en el Torneo Galáctico, cuando Seiya le había salvado la vida… El agua de la vida que le había llevado para que sus ojos sanaran… las doce casas… Asgard… Los siete pilares…. Su risa… Su sangre… su sangre que lo llenaba todo… Shyriu deseó no haber recuperado nunca su vista para no tener que ver aquél rojo escarlata. Notó que Elysion comenzaba a desmoronarse, y entonces apareció en su mente el rostro de una chica de largos cabellos negros trenzados y hermosos ojos obscuros… Shunrei… Tenía que volver a verla…Lo supo mientras oía como su propia diosa le declaraba amor a su amigo, a su hermano al borde de la muerte. El Dragón deseaba tener la oportunidad que a Saori se le había escapado de las manos…

Debemos irnos … Elysion se cae a pedazos y él… se ha ido…- dijo con la voz serena a pesar del llanto y de todo el dolor de su alma. Se sentía un traidor por decir aquello, pero no quería morir sin decirle a Shunrei lo que sentía por ella.

No hay nada que podamos hacer por él… y hay gente esperándonos. Debemos volver.

Sólo el sentido del deber hacia su diosa hizo que Hyoga apoyara a Shyriu

- Es cierto Saori. No podemos permitir que su sacrificio sea en vano.

Saori los miró con rencor en sus ojos rojos e hinchados por el llanto, pero cuando pudo ver sus rostros inundados de tristeza tal y como el de ella misma, supo que no era el egoísmo lo que los hacía hablar.

Es cierto, debemos volver… pero te equivocas Shyriu, todavía podemos hacer algo por él… - Volteó a ver a Seiya y acarició con el dorso de su mano su mejilla – No morirás amor mío, no si yo puedo impedirlo – y depositó un suave y ligero beso sobre sus labios.

Colocó su mano izquierda sobre el corazón de su amado y su cosmos comenzó a brillar intensamente y a envolver el cuerpo del caballero Divino de Pegaso. En medio de la destrucción de Elysion, se hizo un silencio, y entonces pudieron oír como los latidos de ella eran ahora los de él, y la sangre paraba de correr. Al verla encender su cosmos de aquella manera, los cosmos de ellos también comenzaron a brillar hasta el máximo. Caminaron con tremendas dificultades hasta formar un círculo alrededor de su diosa y de su amigo. Saori miró entonces a sus caballeros

Hacia un mundo de luz…




Heredando La Espada…

Zeus pudo sentir cuando la batalla llegó a su fin. Después de todo, eran su hermano y su hija los que habían librado aquel combate terrible. Hubiera querido intervenir, pero pese a lo que cualquiera pudiera pensar, la suya era una posición difícil. No podía tomar partido entre dos seres tan queridos para él como su propio hermano y su hija favorita, aunque sabía que la razón asistía a su dulce hija, que defendía aquella Tierra que tanto amaba y que desde siempre había sido de su dominio.

Sabía también que era una mujer la que había detonado aquel irracional deseo de su hermano de dominar la tierra. Si Hades dominara la tierra y el Inframundo, por fin podría estar para siempre con ella. Era una locura pero no lo podía culpar. Perséfone era tan hermosa y seductora en su inocencia que haría perder la cabeza a cualquiera. Además Zeus no era quien para juzgarle cuando él mismo había cometido tantas locuras enloquecido por el encanto de las mujeres, la mayor parte de ella, mortales.

El hombre de cabellos blancos sonrió al recordar algunas de sus pequeñas travesuras. Era inevitable sentirse atraído por las mujeres hermosas y frágiles que eran su debilidad. Y ellas le habían correspondido. ¿Cómo no lo harían? Él era alto, de ojos negros que resaltaban de manera increíble con su piel blanca y su cabello largo y blanco. Su rostro maduro y varonil, perfecto. Después de todo, era el Dios de los Dioses. Este no es el momento para recordar mis aventuras amorosas,

Tenía que resolver el dilema en el que se encontraba, pues no podía inclinarse hacia ninguno de ellos a riesgo de que el resto de los dioses hicieran lo mismo.

Pero ahora que el combate había acabado y que Athena había salido victoriosa, era necesario que él actuara. El Inframundo no podía desaparecer, aquello sería un verdadero caos de almas. Alguien tenía que hacerse cargo mientras Hades no pudiera reconstituirse. Y sólo había una persona capaz de semejante tarea. No tuvo que hacer más que pensar en ella y entonces, apareció a las puertas de su templo y tocó. Zeus hizo una seña a unos de los guardias para permitirle el paso mientras reflexionaba. Ella no había llegado tan pronto respondiendo a su llamado, seguramente estaba ahí para exigir venganza.

Ahh, es tan difícil ser yo algunas veces

Se puso de pie al ver entrar a la rubia diosa

Perséfone, cuánto tiempo sin verte

Lo mismo digo…cuñado- dijo ella con algo de ironía en su aterciopelada voz mientras hacia una ligera y femenina reverencia a Zeus.

Había pensado en llamarte justo cuando apareciste.

Sabes porqué he venido, ¿no es así? Tu preciosa hija ha destruido el cuerpo de mi marido –dijo al borde de las lágrimas.

Tienes razón, así ha sido, y ya que mi hermano es el Dios que gobierna Inframundo, ahora que no está todo se cae a pedazos. Como te imaginarás, eso es algo que no puedo permitir-dijo Zeus sentándose tranquilamente en su gigantesco trono.

¡Lo que no debiste permitir fue que Athena le hiciera eso a tu propio hermano! – gritó ella perdiendo el control.

Perséfone, no tengo tiempo de discutir mis decisiones contigo. Sabes perfectamente que Hades no debió de pelear esa estúpida batalla. Pero no es eso por lo que quería verte. Se trata del Inframundo. No importa qué suceda, debe de seguir funcionando y sólo tú te puedes hacer cargo mientras Hades no pueda hacerlo

¿Estás bromeando verdad?

No. Tú has vivido ahí durante milenios. Sabes como funciona y lo que debe de hacerse

Pero incluso los Kyotos han sido eliminados. Yo no puedo hacerlo todo sola

Puedes traerlos de nuevo a la vida si ese es tu deseo, o asignar a quien tu quieras para cumplir sus tareas.

Tu sabes que no me agrada ese lugar, que no lo ha hecho nunca. ¿Y ahora me pides que me encargue de él?

Sé que es difícil lo que te pido, pero sólo tu puedes ayudarme. Tu conoces su funcionamiento. Y respetaré el acuerdo al que llegué con tu madre. Podrás ser libre cada que deba arribar la primavera y marcharte siempre y cuando los Kyotos se hagan cargo.

¿Tienes idea de lo que me estás pidiendo?

Comprendo que es muy díficil, pero necesito tu colaboración

Se evaluaron el uno al otro y al fin, ella suspiró.

Si así lo quieres, así se hará- dijo Perséfone haciéndole una reverencia al Dios de los Dioses

Entonces, que así sea – dijo Zeus poniéndose de pie. Levantó ambas manos y entre ellas se materializó la espada ensangrentada de Hades. Perséfone se arrodillo ante Zeus, y el la colocó en sus manos. La espada brilló cuando las suaves manos de Perséfone entraron en contacto con el metal. Y en ese momento, ambos dioses percibieron que la destrucción del Inframundo había cesado. Perséfone se puso de pie con la espada en sus manos

Bueno, ahora es oficial. Eres la nueva Diosa de los Muertos.

Perséfone miró la espada. En ella aún había sangre fresca, la sangre de Pegaso, aunque ella lo ignoraba en ese momento. Miró cuidadosamente la espada y sus ojos brillaron peligrosamente.

Sabes también que es mi derecho llamar a Némesis a mi lado. Athena me ha arrebatado a mi marido.

Lo sé y te lo prohíbo Perséfone

Ella lo miró con furia en sus ojos azules

Es mi hija, y acaba de pasar por una terrible batalla que no debió de haber tenido lugar. No te culpo pero sabes que no tiene sentido ni lo ha tenido nunca. Ella no hizo más que defenderse, y aunque no hubiera querido nunca que dañara el cuerpo original de mi hermano, ha sido en defensa propia, así que te prohíbo que te atrevas a intentar dañarla. Te prohíbo que revivas al ejército de Hades para comenzar una nueva batalla. Y no creas que me detendría por pensar que tu eres ahora la Diosa de los Muertos. Soy capaz de encargar a la propia Afrodita del Inframundo si fuera necesario, así que no te creas tan indispensable.

Esta bien Zeus- dijo mientras aferraba con fuerza la espada en su mano derecha. - ¿Puedo marcharme ahora?

Si Perséfone, gracias.

Ella dio la media vuelta y justo antes de que ella cruzara las puertas de su Templo, alcanzó a oír la voz de Zeus que la llamaba

Perséfone… - ella se detuvo para oírlo pero sin voltear a verlo- Lo lamento, no sabes cuánto lo lamento…




Perséfone se apareció en su castillo hecha una furia. Hades destruido y ella responsable del Inframundo. Aquello era inaudito. Con gusto iría en aquel momento a perseguir a Athena para matarla con sus propias manos. Se dirigió hacia el trono que había ocupado durante tantísimo tiempo, pero al llegar hacia él, miró el que correspondía a Hades, y se sentó en él. Justo entonces Ariadna entró a los aposentos y se arrodilló frente a ella

Perséfone – dijo la chica haciéndole una reverencia. – He vuelto y he traído conmigo lo que me has encargado.

¿Dónde está?

Le he dejado en el calabozo

Excelente. Voy a destruir su alma para siempre. –dijo Perséfone acariciando la espada que acababa de recibir de las manos del Dios de los Dioses. Ariadna se admiró al verla

¿Esa es…?

Si. Zeus me la ha dado y me ha nombrado Diosa de los Muertos mientras Hades no pueda volver. ¿Puedes creerlo? Tanto tiempo traté de dejar este lugar, y ahora soy su dueña.

Definitivamente, ni siquiera los dioses estamos exentos de las ironías del Destino.

Lo primero que haré como ama y señora del Inframundo va a ser destruir el alma de ese estúpido mortal para siempre. – Perséfone se levanto de su trono, dispuesta a dirigirse al calabozo cuando Ariadna se puso de pie

Espera Perséfone, hay algo que debes de saber antes… Ella lo ama

¿Qué? –dijo Perséfone sin dar crédito a las palabras de su pitonisa.

Athena ama a ese caballero

Eso no es posible Ariadna, Athena es una diosa virgen que no ha puesto sus ojos en un mortal jamás

Yo misma la oí. Cuando llegué a Elysion, ella lloraba desesperada con él en sus brazos y confesó que lo amaba

No puedo creerlo. He tenido la oportunidad de verla un par de veces en el Olimpo y no es esa clase de mujer. Es siempre tan… seria, tan recta, tan aburrida y alejada de todo. Siempre mirando a los mismísimos dioses como si nadie la mereciera. La hija favorita de Zeus todopoderoso. Nunca supe que se interesara en algún mortal, y mucho menos uno de sus caballeros.

Pues por lo menos esta reencarnación si lo hace. Es muy joven, quizás unos quince, o diecisiete, como él.

Vaya, vaya… -dijo Perséfone caminando de nuevo hacia el trono y sentándose en él. Sonrió lenta y perversamente

Pues haz hecho muy bien en decírmelo Ariadna. Zeus me ha prohibido tomar venganza en su contra, pero no puede hacer nada si yo me vengo de ella a través de él… Ella se atrevió a quitarme a mi hombre, ahora yo le voy a quitar el suyo.

Los dos van a sufrir, yo me voy a encargar de que así sea… Estúpido Zeus, no sabe nada de mujeres. Él pensó que yo comenzaría otra guerra tratando de revivir al ejército de Hades. No sabe que no necesito de un grupo de hombres para hacerle daño a ella

Una gran carcajada salió de los labios finos de Perséfone

Esto…- dijo con triunfo brillando en sus ojos- es la venganza perfecta. No creo que ella se atreva a decirle a su querido papito que puso sus virginales ojos en un simple mortal. Ariadna, ve con él; antes de destruirlo, vamos a torturar su alma… Usa tus poderes en él. Entra a lo más profundo de su ser, y provoca sus peores pesadillas, quiero que sufra día y noche hasta que desee morir de nuevo. Mientras debo de localizar a los Kyotos y traerlos a la vida. Iré a verlo luego, tengo curiosidad. Después de todo, hay que reconocer que no es cualquier mortal… Algo de particular debe de tener para que la nena perfecta de papá haya puesto sus ojos en él…
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rayde999
Posted: May 23 2008, 04:54 PM


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bof keda un largo camino por recorrer para actualizarlos, suerte fuego equisde2.gif


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Espada_de_Fuego
Posted: May 23 2008, 11:57 PM


Caballero del Abismo
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Pues creo que lo peor no es irlos subiendo mi querida Rayde, jajaja, si no que no sé como manejar esta cháchara y no me respeta las secciones que eran en cursivas y las que van en itálicas, todo me lo pone con la misma letra. Espero que alguien me pueda orientar al respecto para arreglar eso, porque si no me temo que va a quedar más confuso de lo que ya está, jajajaa, porque con los cambios de letra según yo marco la diferencia entre la narración, los diálogos y los pensamientos de los personajes.
Pero bueno, mientras, aquí va el capi 2.
Abrazos y hartos besos para todos y en particular para ti Querida Rayde.
Fuego.
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Capitulo 2

De vuelta al Santuario

Una enorme explosión de energía nos había expulsado hacia las alturas.. Después todo fue tinieblas...

Después de dieciseis años, la soledad había terminado. Y sin embargo, hubiera dado lo que fuera por seguir solo. Porque la compañía de aquellas doce almas significaba el fin de doce vidas. Era una sensación agridulce. Tenía una vaga conciencia de lo que sucedía, y al mismo tiempo todo parecía un sueño. La unión entre sus almas y la mía era tal que sentía como si fuéramos uno solo, y justamente por eso podía sentir todos sus temores, dolores y sus dudas.

Flotábamos en medio de la obscuridad y nos dirigíamos a un mismo lugar, aunque ignoraba cuál. Pero aquello no podía ser del todo malo mientras siguiéramos juntos, siguiendo aquel camino indescifrable.

Traté de contagiarles mi tranquilidad. Sabía poco de aquel lugar, pero no en balde había pasado tanto tiempo ahí...

De pronto, una extraña vibración nos sacudió. Nos detuvimos, fue como si de un momento a otro, ya no hubiera un lugar hacia donde dirigirse. Fue hasta entonces que nos hablamos

¿Qué sucede? – dijo uno de ellos con voz extrañada

Ha terminado la batalla. Hades ha sido derrotado- repuse yo

Aquello era tan extraño. Todo había sido tan rápido que no habíamos podido decirnos nada, y yo por lo menos, quería decir tantas cosas...

Otra vibración, aún más fuerte nos sacudió nuevamente, mucho más violenta. Entonces lo percibí. Miedo. No necesitábamos pronunciar la palabra para saber que era miedo lo que estábamos sintiendo. Miedo a lo incierto de nuestra situación.

Fue en ese momento que sentimos su cosmos cálido, único, inconfundible. Y no pude dejar de maravillarme al pensar que aquella criatura a la que alguna vez sostuve en mis brazos, hubiera crecido y fuera ahora la dueña de tan extraordinaria fuerza. Y en cuán curioso resultaba que, tras haberla salvado hacía dieciseis años, ahora ella viniera a salvar a todos sus caballeros, que ahora viniera a salvarme a mí.

No podía describir la sensación. Su energía nos envolvía, estaba por todas partes alrededor de nosotros, y al mismo tiempo, era como si nos hubiera tomado de la mano y nos guiara hacia la luz...Después, no supe más de mi...




El eclipse había terminado. Todos exhalaron un suspiro de alivio, pero aquello duró un par de segundos solamente. Porque habían podido sentir e imaginar las cosas terribles que habían sucedido en el transcurso de la batalla. Todos dirigieron sus ojos hacia el cielo para ver salir de nuevo el sol y aquello fue como verlo por primera vez. Se hallaban muy cerca de la Casa de Aries, Marin, Seika, Shaina, Jabu, Geki, Nachi, Ichi, Ban y Kiki. Con ellos estaba Tatsumi, el fiel mayordomo de los Kido. Varios guardias del Santuario les acompañaban también. Un silencio casi intolerable permeaba aquel amanecer sobrenatural. Sólo Kiki con su inacabable optimismo fue capaz de decir algo positivo y así lo hizo

¡Por fin ha acabado la batalla! ¡Y han ganado!

Si, pero a que precio... - dijo casi en un murmullo Marin mientras miraba el rostro abatido de Seika.

Después miró el estado en el que se encontraban después de haber participado también, de distintas maneras, en la batalla contra Hades. Marin no se engañaba a sí misma, sabía muy bien que lo peor de aquella guerra no había tenido lugar en la Tierra. Miró a Shaina de reojo. La dueña de la Armadura de la Cobra no dejaba de mirar al cielo esperanzada, aunque sabía que ella también había podido percibir la disminución en la fuerza del cosmos de Seiya y su repentina desaparición.

Marin había sido su maestra. Se suponía que los maestros le enseñaban a sus alumnos, pero él le había enseñado muchísimo a ella, entre otras cosas, a no perder la esperanza nunca. Se lo debes, no pierdas la fe en él. Ha vuelto muchas veces, hoy también volver

Aún así, la angustia no dejaba de oprimirle el pecho. Porque había sentido claramente que el cosmos del guardián de Leo había desaparecido del todo, como si se lo hubiera tragado un hoyo negro. Y con él, todos los caballeros Dorados. Trató de racionalizar entonces. Están en el Inframundo, quizás sólo llegaron a otro lugar adonde nuestra percepción no puede acceder

El grito de Kiki la sacó de sus pensamientos.

Miren, un rayo de luz parece dirigirse hacia acá.

Todos miraron al cielo y pudieron percibir como, efectivamente, en medio de los hermosos rayos del sol, uno era en particular grande, brillante y se dirigía hacia el mismo lugar dónde ellos se hallaban reunidos. Y la sintieron, era inconfundible la energía que despedía su cosmos. Estaba terriblemente debilitada y sin embargo, sus caballeros la podían sentir con más fuerza que nunca. Poco a poco, conforme se iban acercando, pudieron percibir que se trataba de una inmenso esfera de luz, y dentro, se encontraba ella. Y no estaba sola, los había traído de vuelta... A todos...

Retrocedieron hasta formar un grupo compactado frente a la esfera que aterrizó justo en medio de ellos. Lo que vieron entonces, los dejó boquiabiertos. Formando el círculo zodiacal, se hallaban las doce armaduras doradas, todas en mal estado, y particularmente, aquellas de Leo, Virgo, Libra, Sagitario y Acuario. A los pies de las armaduras, se hallaban trece cuerpos. Todos ellos estaban terriblemente malheridos, incluso parecían... muertos.

En medio de ellos, en un tercer círculo, se hallaban las armaduras divinas de Andrómeda, Cisne, Dragón, Pegaso y del Ave Fénix. De pie cuatro caballeros de Bronce. Ikki, Shun, Hyoga y Shyriu. Miraban hacia algo que se hallaba justo en medio de ellos y que los demás no podían ver.

El asombro de todos era demasiado. Pero Shaina reaccionó con rapidez, y tras ver lo que le parecían los cadáveres de los Caballeros Dorados, habló sin atreverse a acercarse a ellos.

Shyriu. ¿Qué sucedió? ¿Dónde está Athena? ¿Dónde está Seiya?

Shyriu y Hyoga se miraron a los ojos, al borde del desmayo. Dieron unos pasos y abrieron el círculo, permitiéndoles ver lo que protegían en el mismo centro de la Esfera que los había traído de regreso del más allá. La armadura de Athena se hallaba ahí, y junto a ella, la joven de cabellos violeta hincada en el piso, y en sus brazos, el cuerpo destrozado del Caballero de Pegaso.

Seika sintió una mano gigante que le oprimía la garganta. Quería gritar, quería vociferar, quería morir. Porque lo que había reconocido en medio de todos esos cuerpos y rostros ensangrentados, era el cuerpo sin vida de su hermano menor. Pero era tanta su angustia que no podía hacer nada de eso y sólo podía llorar en silencio mientras las lágrimas bañaban su rostro. Seika se aferró a los brazos de Jabu dando suelta a su llanto mientras el caballero del Unicornio seguía mirando incrédulo aquel espectáculo.

Nooooooo

El grito de Shaina les rompió el corazón a todos. La amazona corrió hasta el cuerpo de su amado y se arrodilló junto a él. Saori la miró con los ojos llenos de lágrimas, mientras retiraba despacio su mano izquierda del pecho de Seiya y dejaba de emitir aquella luz que los había rodeado a todos.

Ayúdalo... ayúdenlos - fue lo único que alcanzó a decir antes de desplomarse ella también. Hyoga la retuvo en sus brazos, mientras la sangre de Seiya comenzaba a fluir de nuevo por sus heridas.

¡Athena!- exclamó Jabu alarmado

Esta bien- dijo Hyoga mirando con los ojos rojizos a su maestro desfallecido – sólo está exhausta por habernos traído de vuelta.

Su vestido está manchado de sangre- repuso él asustado.

Es la sangre de él- dijo Shyriu con lágrimas en los ojos.

¿No la oyeron? –dijo Ikki respirando con dificultad.- Hay que ayudarlos – dijo mirando a su alrededor para confirmar lo que había sentido mientras viajaban de regreso. Saori había logrado traer a los Caballeros Dorados también. Vivos. Terriblemente dañados, pero vivos.

Marin hacia esfuerzos enormes por no sollozar. Aioria había vuelto, y estaba vivo, profundamente débil pero vivo. Podía sentir la llama débil pero ardiente del León. Y en cambio aquel al que había criado como un hijo y querido como a su propio hermano estaba muerto en los brazos de su Diosa. Ni siquiera se atrevía a acercarse. Su corazón, al igual que el de su antiguo discípulo, estaba partido en dos.

Ikki se arrodilló frente al cuerpo de Seiya y apoyó con suavidad su cabeza en el tórax desgarrado de su amigo.

Puedo sentir que su corazón aún late. Fue ella, ella lo salvó. Necesitamos un doctor que lo atienda- dijo mirando a Shun que tenía la mirada perdida. Me duele tanto verte así Shun, pero debo ayudar a Seiya, está muriendo

Llévenlo al hospital de la Fundación- dijo Tatsumi dando un par de pasos adelante. -El avión está...

El no tiene tanto tiempo - dijo Ikki mirándolo con una mezcla de odio y agradecimiento que Tatsumi no fue capaz de resistir así que terminó por bajar los ojos. Fue entonces el pequeño pelirrojo quién tomó la delantera

Yo los llevaré Ikki- dijo mirando a Seiya con los ojos llenos de lágrimas pero con seguridad en la voz. Se paró junto al Fénix, que tomó entre sus brazos al caballero de Pegaso con todo el cuidado posible y se puso de pie.

Los estaré esperando. Ayuden a Shun –dijo Ikki tratando de no revelar el nudo que se había formado en su garganta.

Antes de comenzar la teletransportación, Kiki miró en dirección a la armadura de Aries, y en particular al cuerpo que yacía a sus pies. Deseaba quedarse junto a él, sabía que estaba herido, quería ayudarlo, estar a su lado. Era su maestro, más aún, era como su propio padre. Pero podía sentir su cosmos aún. Y no podía hacer lo mismo con el de Seiya así que supo que había tomado la decisión correcta. El lemuriano cerró los ojos para concentrarse al máximo y los tres desaparecieron en medio de un resplandor rojizo.





En cuanto desaparecieron se desató un caos

¡¡Seiya!! ¿Dónde se lo llevaron? – dijo Seika saliendo del estupor al ver que un chico se había marchado llevándose a su hermano. Saltó de los brazos de Jabu con una fuerza que le tomó desprevenido. Shyriu cayó inconsciente a los pies de su armadura. Shaina lloraba amargamente mirando la arena llena de la sangre vertida por Seiya y clavando sus uñas en ella. Marin fue la que volvió más pronto a un estado parecido a la cordura y gritó.

Contrólense, tenemos que ayudarlos. Tatsumi, que el avión este listo. Guardias, tomen los cuerpos de los caballeros y llévenlos hacia allá inmediatamente. No hay tiempo que perder.

El mayordomo de los Kido corrió dirigiéndose al avión mientras Jabu abandonaba a Seika y corría a detener a Saori, pues Hyoga estaba a punto de desmayarse. Alcanzó a tomarla en brazos antes de que el Caballero del Cisne cayera exhausto también.

Shaina se secó las lágrimas con el dorso de la mano y entonces vio el rostro totalmente inexpresivo de Shun. Con la voz enronquecida por el llanto le llam

Shun... Shun... Ven, debemos de irnos- Shaina se puso de pie y le extendió una mano. – Ven.

Pero el caballero de Andrómeda no reaccionaba. Seguía mirando al vacío que el cuerpo de Seiya había dejado. Entonces Shaina lo tomó con fuerza por los hombros y logró ponerlo de pie. Pasó un brazo de Shun encima de sus propios hombros y casi a rastras le llevó hacia el avión.

Marin corría de un lado al otro coordinando a los caballeros y los guardias a transladarlos a todos al avión con la respiración agitada. Hubiera deseado no ser la persona con mayor autoridad consciente en aquel momento en el santuario. Hubiera querido arrancarse la máscara y echarse a llorar sobre el cuerpo de Aioria, y hacerlo volver en sí a base de besos y caricias, como siempre había soñado y jamás se había atrevido a hacer. Pero ese era un lujo que no se podía dar en ese momento. Todos necesitaban atención médica urgente y Marin sonreía al pensar que por lo menos podía sentir su cosmos irradiar levemente. Trató de poner su mente en blanco y concentrarse en lo más urgente Por alguna razón volteó de reojo y alcanzó a notar que se llevaban a un joven pelirrojo al que le pareció no haber visto nunca. Estaba demasiado perturbada como para que su mente se diera cuenta de su identidad, pues ya había puesto sus ojos en otro joven desconocido. Y entonces Marin se quedó sin palabras. Su boca abierta era incapaz de producir sonido alguno. Y cayó de rodillas ante el milagro que estaba presenciando.

Sólo ella que conocía tan perfectamente bien los rasgos de Aioria fue capaz de captar la increíble semejanza entre este joven y el Caballero de Leo.

¡Es él...! ¡Volvió!

¿De que hablas Marin?- dijo Ban que había vuelto tras depositar el cuerpo del caballero de Aries en el avión

¿No lo ves? Es él. -Extendió las manos sobre el cuerpo inconsciente del chico y cerró los ojos. -Sí. Su cosmos es débil, pero no me cabe duda... Es Sagitario. Aioros de Sagitario

¿Qué? ¿Pero cómo es posible? Él murió hace casi dieciséis años ¿no?

Así es. Pero no hay tiempo que perder en conjeturas – dijo Marin saliendo del estupor. – Ya después sabremos cómo es que ha podido volver.

Por fin todos se hallaron a bordo y partieron con destino a Japón, mientras Nachi no cesaba de pensar en lo increíblemente heridos que se hallaban todos, pero en particular no dejaba de reflexionar sobre los Caballeros Dorados, a los que admiraba tanto por muchas razones. Les he visto tan pocas veces con vida, aunque jamás a todos juntos por supuesto... Y tengo la oportunidad ahora, cuando todos están al borde de la muerte.





Ikki apareció justo frente a la entrada de urgencias del Hospital de la Fundación Graude con Seiya en los brazos. Kiki se hallaba junto a él, y corrieron los pocos pasos que los separaban. En cuanto entraron el caballero del Ave Fénix gritó

Necesito ayuda por favor-

La señorita que ocupaba su lugar frente al mostrador de informes no daba crédito a lo que veían sus ojos. Un adolescente había aparecido en la puerta de la entrada, evidentemente malherido. En sus brazos traía a otro chico que se desangraba rápidamente, y con ellos venía un niño de unos diez u once años.

Rápido, necesito una camilla aquí – dijo usando un intercomunicador.

Enseguida llegaron dos enfermeras y un doctor a la entrada

Por favor, ayúdenme... mi amigo...

Ikki pudo notar como lo miraban como si estuviera loco. Afortunadamente supo que decir en ese momento

Saori Kido nos envió aquí

Al oír mencionar el nombre de Saori, el personal del hospital se tensó. Si ella los había enviado, aquello quería decir que debían de atender a aquellos jovencitos de la mejor manera posible.

Un tercer enfermero arribó con una camilla, dónde Ikki depositó con la mayor suavidad posible el cuerpo destrozado de su amigo, en cuánto lo hubo hecho, comenzaron a correr para llevarlo a una sala y atenderlo.

¿Que le sucedió?

Otra enfermera se aproximó e impidió que Kiki siguiera a sus amigos.

Lo lamento, no puedes pasar

Ikki se dio cuenta y volteó a ver al pequeño aprendiz.

Kiki, espérame aquí. Volveré por ti

El pequeño pelirrojo asintió con la cabeza y observó con lágrimas en los ojos como los dos caballeros de bronce se alejaban y perdían de vista en medio del pasillo. Tuvo entonces la horrible sensación de que podría ser la última vez que los viera...

La enfermera lo condujo a unas incómodas sillas que se hallaban en la entrada y se sentó junto a él.

Van a estar bien, vas a ver – dijo tomándolo de la mano. Kiki no pudo más y se soltó a llorar.

Ikki apenas y podía hablar. Se sentía al borde del colapso, las lágrimas se agolpaban en su pecho y le impedían hablar, causándole dolor física y emocionalmente.. El doctor seguía preguntándole que le había sucedido a Seiya y él era incapaz de contestar. ¿Qué le diría? ¿Qué su amigo era un caballero al igual que él, que habían salvado a la Diosa de la Justicia y que la espada del señor de los Muertos había atravesado su pecho?

El doctor Sato se dio cuenta del estado tan grave en el que Ikki se hallaba también y no volvió a preguntar. Al ingresar a la sala de emergencias, dejaron a Ikki afuera.

Colocaron a Seiya en la mesa de exploraciones y terminaron por desgarrar su playera ya de por sí hecha girones.

¡Hay que detener la hemorragia ya!

En su pecho desnudo podían observar una abertura enorme, como si lo hubieran querido cortar en dos.

Dios, ¿pero que será lo que le habrá sucedido?

Está en coma doctor

Necesitamos reparar la aorta o morirá desangrado.

El corazón está prácticamente dividido en dos partes.

Hay que conectarlo a un respirador, su pulmón izquierdo no está funcionando.

Tal y como había sucedido en Elysion, el piso se teñía con la sangre del Pegaso...

Ikki se sentía irreal mirando como el personal del hospital se esforzaba al máximo para salvar la vida de Seiya, que se desangraba a pesar de todos los esfuerzos realizados.

Dios mío, estás herido – dijo una enfermera al mirarlo de pie junto a la sala de emergencias donde atendían al caballero Pegaso – traigan una camilla por favor- gritó la enfermera

No por favor- dijo Ikki sin mirarla – No es nada, yo estoy bien, lo que importa es que él se ponga bien

Déjanos atenderte. No hay nada que puedas hacer por él – Ikki volteó a mirarla. –Él está en buenas manos.

Yo... - en ese momento Ikki sintió que la tierra se movía bajo sus pies y que las cosas comenzaban a ponerse borrosas

Rápido, está perdiendo el sentido – oyó que gritaba la señorita

Un enfermero y una enfermera llegaron con una camilla en la que Ikki alcanzó a detenerse al sentir que sus piernas perdían todas sus fuerzas.

Ayúdenme a subirlo- dijo la señorita mientras los tres con muchos esfuerzos subían a Ikki a la camilla ya que era alto y muy fuerte. Al sentir que su espalda hacía contacto con la tela, Ikki se estremeció de dolor y comenzó a perder el sentido.

¿Qué es lo que le pasó?

No lo sé, pero parece estar gravemente herido, llévenlo a la sala dos – dijo la enfermera mientras tomaba la mano de Ikki que luchaba para seguir consciente.

Sigue hablándome, no dejes de hablarme. Dime cómo te llamas

Ikki escuchaba la voz de la chica cada vez más lejos

Ikki...- dijo tratando de incorporarse - ¿cómo... está?

Tu amigo va a estar bien. Cálmate – entraron a la sala y de la camilla lo pasaron a la mesa de exploración, por lo cual Ikki volvió a estremecerse del dolor, que fue demasiado para él y perdió el sentido

Ikki, Ikki, háblame... Está inconsciente Doctor Hayakawa.

¿Qué le sucedió?

No lo sabemos. Apareció malherido en la entrada del hospital, cargando a otro chico que está en la sala uno y diciendo que la señorita Kido los envió aquí.

Otra enfermera cortó la playera de Ikki, dejando al descubierto su pecho mientras le colocaban aparatos por doquier para monitorearlo.

Está muy malherido. Vamos a darle vuelta – Entre todo el personal, tomaron el cuerpo de Ikki y lo voltearon sobre su propio costado. Una de las enfermeras lanzó un grito al ver la espalda de Ikki. Era un laberinto indescifrable de cicatrices, sangre, cortaduras y moretones.

Cielos, ¿pero que le habrá sucedido?- se preguntó en voz alta Oyuki, una de las enfermeras.

Vamos a subirlo. Hay que hacerle toda clase de estudios para saber que tan graves son sus heridas.





Estaban a punto de arribar a su destino. Shaina se sentía más ansiosa a cada momento que pasaba. Se sentía debilitada por la batalla, pero no cesaba en sus intentos de alcanzar el cosmos de Seiya sin obtener respuesta alguna. Le preocupaba aún más porque pese a las heridas terribles, podía sentir el cosmos de todos los demás caballeros que se hallaban con ella en un avión privado que parecía más bien una gigantesca sala de hospital. Adonde volteara, no se podía ver más que sangre y cuerpos destrozados. Aquello era una pesadilla sin fin. El olor de la piel terriblemente quemada de Kanon... La expresión de tranquilidad en el rostro del caballero más cercano a Dios, que creaba un contraste terrible con las heridas de su cuerpo... Pero sobre todo no podía sacar de su mente la expresión terriblemente vacía de la mirada del caballero de Andrómeda, que había terminado por desmayarse en uno de los asientos del avión sin que nadie pudiera sacarle una sola palabra sobre lo sucedido en la batalla.

Caminó mirando como unos y otros se ocupaban en tratar de ayudar a los Caballeros Dorados y a los Caballeros de Bronce. Entonces se detuvo a observar a un caballero al que no había visto nunca. Un guardia lo vigilaba.

Shaina lo observó con mucha atención. Su cabellera era de un color rojizo formidable que rivalizaba en belleza con el cabello de la Amazona del Águila. Se concentró en sentir el cosmos de aquel joven y no pudo creer lo que sintió.

Marin, ven aquí un segundo

Marin se acercó a ella, abandonando momentáneamente a Aioria, al que se hallaba cuidando.

¿Alguna vez lo habías visto?

No.

¿Sabes quién es?

No tengo idea. ¿Buscaste su cosmos?

Si, y no vas a creerlo- dijo mirándola todavía incrédula. – Es... bueno, era... no sé... Siento la presencia que sentía ante el viejo maestro de los Cinco Picos de Rhozan.

¿Qué?

Compruébalo por ti misma. Siéntelo. Es el caballero de Libra

Tienes razón. Es él, puede sentirse el aura de Libra en su cuerpo. Pero... ¿qué le pasó? ¿Rejuveneció?

No tengo idea. Ni siquiera sé cual es su nombre.

Todo es tan extraño. Y eso no es todo... El caballero de Sagitario también volvi

¿Qué?

Aioros de Sagitario volvió a la vida. Me di cuenta mientras unos guardias lo tomaban para traerle. Recuerdo muy vagamente haberlo visto cuando era niña. No lo hubiera reconocido si no fuera porque se parece tanto a...

A Aioria

Marin asintió.

¿Qué habrá sucedido Marin?

No lo sé Shaina. Lo único que importa es que están aquí, y mientras así sea, aún podemos hacer algo por ellos.

Shaina miró con los ojos llenos de lágrimas a la joven pelirroja. Hablaban como si hubieran sido las mejores amigas, cuando apenas un par de años atrás, la había considerado una enemiga. Pero ahora algo mucho mayor que las disputas entre sus discípulos las unía. No tenían que cruzar palabras para saber que a ambas las corroía la misma angustia por un joven de cabellos castaños...





Un giro inesperado.

Ariadna se dirigió hacia el área de los calabozos. Sólo un par de veces había estado ahí. Después de todo, ella era una hechicera, no uno de los soldados del Señor de los Muertos. Eso la hizo pensar en Radamanthys. Había muerto. Claro que ahora Perséfone lo iba a traer de vuelta.

No sabía que sentir al respecto. Radamanthys había mostrado un extraño interés en ella, que Ariadna no compartía y que de hecho le incomodaba pero tampoco hubiera deseado que él saliera herido y mucho menos muerto en la batalla. Pensó entonces si el culpable sería el caballero que había depositado en aquella celda. Lo sabría con sólo tocarlo, era parte de sus asombrosas habilidades, aunque a veces le pesaban como si fueran una maldición.

Abrió la pesada puerta y se arrodilló frente a él.

Extrañas palabras en griego antiguo salieron de sus labios mientras colocaba sólo sus dedos índice y pulgar en las sienes del joven. Sintió entonces la oleada de emociones y recuerdos de él inundándola.

No has sido tu- dijo dejando de tocarlo – Lo lamento, pero debo cumplir con las órdenes que me han sido dadas.

Con las yemas de los dedos, rozó los párpados del moreno y entonces clavó sus uñas en ellos en un solo movimientos hacia abajo.

Tus peores pesadillas desfilarán ante ti. Y cada una se hará realidad...

Ariadna no supo por qué, pero se sintió mal inmediatamente después de decir aquello y salió dejando el alma del Pegaso en la obscuridad. Y fue afuera del calabozo donde se dio cuenta. En sus uñas, había sangre... Aquello no había sucedido nunca antes y el no era el primero en ser torturado por ella. Decidió ir en busca de su Diosa para darle aquella extraña noticia.





Pero quiso la suerte que Ariadna fuera hacia Elysion justo unos segundos antes de que Perséfone volviera de haber vuelto a la vida a los Kyotos de su marido. Al llegar al Salón del Trono, sintió un escalofrío por la espina dorsal. No resistió más la tentación y se dirigió a los calabozos.

Él estaba ahora frente a ella. Su cuerpo pendía de las cadenas que lo sujetaban por las muñecas y sus rodillas tocaban el suelo. Seguía inconsciente tal y como ella lo había ordenado. Los sentimientos de Perséfone eran encontrados. Despreciaba a aquel caballero por haberla despojado de su compañero, lo admiraba pues debía de ser un mortal extraordinario para haber logrado tal hazaña, y tenía una gran curiosidad por saber cómo era el hombre que había logrado robar el corazón de la Diosa Athena.

Las respuestas se hallaban justo frente a ella. Con pasos lentos pero firmes, fue cortando la distancia entre ellos. En la penumbra podía distinguir que él llevaba puesto un extraño pantalón azul y una playera roja. Su cabello era obscuro, aunque ella no podía distinguir el color exacto, y estaba despeinado. Su cabeza colgaba hacia abajo.

Finalmente ella se detuvo justo frente a él y tomó con desdén la barbilla del caballero y la levantó para observar su rostro. Su corazón brincó dentro de su pecho al verlo y lo soltó, como si haberlo tocado le hubiera producido una quemadura. Entonces se hincó y volvió a levantar su rostro, colocando su mano derecha sobre su mejilla, y la izquierda en su nuca. Algo había cambiado en la manera en la que ella lo tocaba. Podría decirse que ahora había... gentileza. Lo que estaba sucediendo era insólito por tantas razones...

El mortal que había logrado herir al Dios de los Muertos era un adolescente. Casi un niño, o al menos así lo delataba su rostro de rastros inocentes e infantiles. Había sangre en su rostro; en sus párpados, que tenían la marca de las uñas de Ariadna, dejando lágrimas de sangre por su piel. Había una gran herida en el lado derecho de su frente, que también derramaba gotas del precioso líquido espeso.

Y eso no era posible. Aquello que ella estaba tocando era su alma, y las almas no sangraban. Algo muy extraño debía de estar pasando. Pero lo que le pareció todavía más terrible, era que ella conocía su rostro...

Había pasado una eternidad, pero podía reconocerlo. Era el rostro de aquel mortal con el que había jugado a escondidas de su madre, siendo una niña, entre flores y hierbas. Aquel al que adoraba por su sentido del humor y su valentía. Aquel al que había visto crecer en la lejanía, pero que se las arreglaba siempre para estar cerca de ella. Aquel al que amaba y al que pensaba entregarse antes de que Hades la raptara y la llevara al Tártaro. Aquello era una ironía más de los Dioses que jugaban no sólo con los mortales si no consigo mismos.

No puede ser... eres tú...

Mientras seguía contemplando el rostro de Seiya, una de sus manos fue recorriendo su cuerpo. Y al llegar a su pecho se dió cuenta de que también sangraba en ese lugar, pero aquella era una herida enorme. Seguramente la herida que había acabado con su vida. ¿Pero porqué seguía sangrando? Nada tenía sentido. Quería despertarlo y decirle todo lo que había sucedido desde que había sido raptada. Quería destruirlo por llevarse a Hades. No quería verlo sufrir. Salió corriendo de ahí sin poder decidir nada en aquel momento, mientras Seiya estaba sumergido en la temible obscuridad de sus peores pesadillas.

Perséfone corrió a sus aposentos y se acostó mirando hacia el techo. Aquello no podía ser cierto. Pero sus ojos no la habían engañado, era él. Lo había perdido durante milenios, y lo venía a encontrar en el cuerpo de un caballero de Athena, su enemiga. La responsable de que su marido no estuviera a su lado.

Y ahora él estaba aquí, a unos pasos de ella, a su alcance. Jamás había contado con que el amado de la diosa de la sabiduría también ocuparía un lugar tan especial en su corazón.

Sus planes de venganza se le escapaban de las manos...
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Espada_de_Fuego
Posted: May 24 2008, 12:16 AM


Caballero del Abismo
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Capitulo 3

En la obscuridad...

La última imagen que mis ojos alcanzaron a registrar antes de que me rodeara la obscuridad fue la de su rostro. Sus enormes ojos negros, sus largos cabellos de color violeta. Estaba hablándome. Pero ya no podía oír su voz. Solo iba rodeándome el silencio.

Al mirarla me di cuenta de que ella significaba tanto en mi vida. No es que no lo supiera antes, es sólo que jamás como en ese momento todo adquiría sentido y significado. Era la chica que trató de hacer mi infancia un suplicio. La joven con la que discutí tantas veces al comenzar mi adolescencia. La diosa por la que estaba muriendo... Muriendo, yo estaba muriendo. Lo sabía porque ella nunca me había mirado así. Lo sabía porque jamás había experimentado un dolor como aquél.

Fue terrible por algunos interminables minutos, pero después, comenzó a invadirme una sensación de aletargamiento y entonces ya no podía sentir nada, excepto la humedad de mi propia sangre cubriendo mi cuerpo. Saori se acercó a mí con los ojos llenos de... sí, creo que eran lágrimas... Le di las gracias, mientras me iba sintiendo cada vez más aletargado. Ya no tenía fuerzas para hablar. Pensé en muchas cosas entonces. Todo sucedía tan rápido.

No era que me arrepintiera de morir por ella, yo haría lo que sea por verla a salvo y ayudarla a cumplir la enorme y pesada tarea que pesaba sobre sus hombros. Es sólo que me hubiera gustado tener... tiempo. Tiempo para hacer muchas cosas...

Seika... hubiera querido encontrarla y verla de nuevo. Todo lo que había hecho y que me había llevado hasta ahí era por ella. Por ella había peleado día y noche por ser digno de la Armadura de Pegaso y poder volver a Japón y reencontrarla. Me dolía pensar que jamás sabría que había sucedido con ella, ver su rostro de nuevo y poder abrazarla y decirle lo mucho que la quería...

Mis amigos, me hubiera gustado pasar más tiempo con ellos, haciendo cosas simples, como mirar el atardecer o conversar y conocernos aún mejor, sobre todo con Ikki. No importaba cuanto me esforzaba, jamás había logrado romper esa barrera que nos separaba a pesar de lo mucho que nos apreciábamos y de todo lo que habíamos vivido...

Me hubiera gustado tener más tiempo para descifrar mis propios sentimientos hacia Saori y Shaina...

Pero no era así. Sentí que una paz me llenaba al pensar que de una u otra forma había podido defender a Athena y ayudarla a salir de aquella batalla de manera victoriosa. Al morir, estaba cumpliendo con mi cometido...

Sentía los párpados tan pesados... se me cerraban... Y no tenía fuerzas para abrirlos de nuevo, aunque así lo quería... Me pregunté que me esperaría después. Me sorprendió entonces darme cuenta de que al morir, no nos abandonaba la conciencia. Al contrario, me sentía más alerta que nunca, como si mis sentidos se hubieran agudizado.

Entonces experimenté una sensación increíble. Comencé a sentir que me alejaba de mi propio cuerpo. Mi alma se sentía... ligera, libre, sí, esa es la palabra, libre. Era algo hermoso y relajante. Ya no sentía dolor ni aquella pesadez que me había invadido. Me di cuenta de que en ese momento mi alma estaba abandonando mi cuerpo, y de que si no volvía a él, ese sería mi final.

Si volviera, podría hacer tantas cosas... Pero en ese momento, experimenté una sensación aún más extraña, como si alguien me tomara entre sus brazos y me llevara inmediatamente hacia otro lugar, lejano, muy lejano. Me pareció curioso pues recordé los relatos que había oído sobre el túnel blanco que todos parecen ver cuando viven una experiencia cercana a la muerte, mientras yo no podía ver ninguna luz. Pero mi vida, después de todo, nunca había sido como la de los demás, ¿porqué habría de serlo mi deceso? Asumí que aquella sensación era simplemente mi muerte. Era algo más grande que yo, algo contra lo que no podía pelear, así que permití que la obscuridad me envolviera en su negro manto...





Abro los ojos. Estoy en casa, en mi casa, o bueno, por lo menos el lugar al que a mí me gusta llamar casa. Mi pequeña buhardilla en Japón. El sol está ocultándose en el océano. El olor a sal, la brisa, el viento en mi rostro. Sonrío, todo es hermoso. Puedo observar desde mi ventana el cielo, que tiene unas tonalidades violáceas como no las había observado jamás. En un rincón, mi guitarra. La tomo en mis manos. Hace tanto tiempo que no la he tocado...

Alguien toca a la puerta. Dejo la guitarra en una mesa junto a la ventana. Es ella... Sus hermosos ojos brillan como diamantes a la luz del atardecer. Sonríe mientras se echa a mis brazos y me abraza acariciando mis cabellos. Sin decir palabras me besa... Es un beso maravilloso, que crece al mismo ritmo que el latido de nuestros corazones y la intensidad de nuestra respiración. Sus labios son suaves y húmedos y sus dedos recorren suavemente mi espalda, provocándome escalofríos en la espina dorsal. Sus labios bajan de los míos trazando un camino hacia mi cuello, mientras yo cierro los ojos, extasiado por sus besos. Sus manos recorren ahora mi pecho y bajan hasta mi cintura, mientras yo juego con los suaves mechones de su cabello...

Abro los ojos. El dolor me asalta de nuevo. Es la espada atravesándome y es ella, ella la que empuña mientras no deja de sonreír y me da un ligero beso en los labios mientras termina de clavarla hasta el fondo de mis entrañas. Y yo, por instinto, me defiendo. Una ráfaga de mis golpes la ha tocado. Y no deja de sonreír mientras cae al suelo en medio de un enorme charco de sangre mientras la obscuridad me envuelve...





El comienzo de la larga espera

Seika vio desde su ventana como se preparaban para aterrizar finalmente en Japón. El único que no había viajado con ellos era alguien a quien habían llamado Ichi de Hydra, que junto a unas cuantas decena de guardias, había quedado encargado de vigilar el Santuario. Tatsumi había logrado comunicarse desde el avión con el Hospital, y un verdadero ejército de ambulancias y personal aguardaban en el hangar privado el arribo del avión que transportaba a diecisiete personas malheridas, entre ellas, a la señorita Saori Kido. Por muchas razones todo debía manejarse con la mayor de las discreciones. La sola noticia de que la única heredera de la fortuna del magnate Mitsumasa Kido se hallaba hospitalizada sería suficiente para crear un caos financiero y administrativo de magnas proporciones. Pero Tatsumi había sido verdaderamente hábil, y tras explicarle brevemente la situación al Director administrativo del Hospital, había pedido entrevistarse con él en cuanto arribaran al lugar para aclarar todos los detalles.

Es impresionante lo que puede hacer tanto dinero. En un santiamén, todos los caballeros y Saori estaban siendo atendidos y transportados hacia el Hospital Graude. El corazón de Seika latía cada vez más rápido mientras la limousina en la que todos los demás viajaban dirigiéndose al hospital se acercaba a su destino.. Sólo quería llegar por fin y saber que había sucedido con su hermano.

En cuanto arribaron, pudo ver en la entrada al pequeño pelirrojo que había hecho desaparecer al hombre de cabellos azules que se había llevado en brazos a Seiya. Al verlo corrió hacia él

Kiki, dime por favor, ¿dónde está? ¿Cómo está?

Kiki ni siquiera podía contestar pues Seika lo sacudía por los hombros con fuerza. Afortunadamente para Kiki, Nachi se dio cuenta de la situación y salvó al chiquillo

No lo sé. No me dejaron pasar con ellos. Ikki dijo que volvería por mí pero no lo hizo – fue lo que respondió Kiki al recuperar el aliento.

No te preocupes – dijo Marin oyendo las últimas palabras de Kiki. – Enseguida pediremos informes sobre ambos. Tranquilizate Seika, tu hermano es la persona más terca que conozco. No va a darse por vencido, menos ahora que tú has vuelto- dijo Marin tratando de suavizar su voz filtrada por aquella máscara que llevaba puesta.

¿Y Mu? – dijo el pelirrojo al ver como desfilaban por las puertas del hospital las camillas que transportaban a los caballeros heridos.

Va a estar bien Kiki. Todos van a estar bien. Athena los trajo de vuelta y van a recuperarse, ya lo verás - dijo la amazona tratando de creer en sus propias palabras.

Marin vio como todos se dirigían a la entrada, y en eso se acercó a Ban de León.

Ban. Hay un favor que debo de pedirte.

Claro Marin

Debes de ir a Rhozan, a los Cinco Picos. Alguien tiene que avisarle a Shunrei que Shyriu y... el caballero de Libra han vuelto con vida. ¿Puedes?

Sí Marin. Lo haré.





El hospital se vió convertido en un caos tremendo. El eclipse había acabado hacía menos de dos horas, y habían tenido que atender varios casos de histeria. Había ayudado a atender a un chico malherido que había llevado a otro amigo en peor estado todavía. Y de pronto, arribaban dieciséis jóvenes moribundos. Oyuki no recordaba haber tenido una jornada como aquella. Era cierto, todos los días llegaba gente que sufría terribles accidentes y enfermedades. Pero no había vivido antes algo así.

Le parecía que nunca había visto tantos casos extraños juntos. Y los consideraba extraños porque el estado de salud de todos aquellos (¿porque no decirlo?) hermosos jóvenes era gravísimo, y sin embargo, estaban vivos. Les había pasado de todo. Quemaduras, fracturas múltiples, lesiones internas y hemorragias masivas. Ellos solos habían agotado prácticamente las reservas del banco de sangre programadas para dos días.

Ella y sus compañeros habían trabajado de manera ardua para salvar sus vidas y tratar de estabilizarlos hasta que pudieran arribar al área de cirugía, donde los quirófanos se hallaban completamente abarrotados por aquellos que se decía en los pasillos, eran protegidos por la joven y poderosa Saori Kido.

De hecho, los rumores decían que ella misma se hallaba en el Hospital, aunque nadie sabía que le había sucedido ni cual era la gravedad de su estado.

Todo aquello parecía un enorme enigma. La heredera internada por alguna extraña razón, acompañada de diecisiete hombres de los que se sabía tan poco que se les había registrado sólo por nombre, como si ninguno de ellos tuviera un apellido o una vida real. De hecho recordaba que a uno habían terminado por anotarle en el expediente "Roshi" pues nadie sabía cuál era su nombre real. Tampoco habían recibido explicación alguna sobre qué o quién había provocado heridas tales.

Sentada en el área de personal, le vio pasar. Un hombre alto y calvo, vestido con un traje azul marino. Estaba segura de haberlo visto ya alguna vez ahí mismo, aunque en aquel momento no podía recordarlo con seguridad. Veía tantos rostros todos los días que a veces le parecía imposible reconocer una cara y saber cuándo o en que circunstancia había conocido a esa persona. Así que dejó de esforzarse en recordarle, ya lo recordaría tarde o temprano. Apuró su taza de café y salió del cuarto. Aún faltaba mucho por hacer en aquel largo e interminable día...





Tatsumi había terminado de hablar con el Director del Hospital y se dirigía a la sala de espera privada donde habían instalado a todas las personas que habían viajado junto con él.

De manera cordial pero impositiva, le había hecho saber al Director que él era la mano derecha de la Srita Kido, que había sufrido un desvanecimiento y que debía de ser atendida con la mayor discreción posible. Había exigido que el Director hablara con su personal y les hiciera saber que no podían revelar a ninguna persona que no fuera autorizada por el propio Tatsumi sobre el estado de salud de ella y de los diecisiocho jóvenes que habían sido internados. El se haría cargo de todos los gastos evidentemente. También había aclarado que no podían hacerles preguntas sobre cómo era que ellos habían sufrido semejantes lesiones. El propio Tatsumi ignoraba que diablos podía haber sucedido durante todo el tiempo que Saori y sus caballeros se habían ausentado del Santuario.

A petición de Marin, había hablado con el Director y se le había sido permitida la entrada al hospital a Kiki, alegando que su "hermano mayor" era uno de los ingresados, que no tenía a nadie más en el mundo (lo cual era totalmente cierto) y que no había ningún lugar adonde pudiesen enviar al niño.

Al llegar a la sala de espera, todos lo miraron con los ojos llenos de la esperanza de que por una vez, él fuera portador de buenas noticias.

Tatsumi, ¿has sabido algo sobre ellos?- dijo Kiki

¿Cómo está ella?- dijo Jabu tratando de ocultar su angustia.

¿Qué le paso? ¿Está bien? Quiero verle- dijo una Seika de voz enronquecida por el llanto.

Por favor, una pregunta a la vez- dijo tratando de calmarse y recordando con cuanta facilidad se exasperaba en los días en que aquellos jóvenes eran unos niños y él tenía que vigilarles. - He hablado con el Director y me ha informado que la señorita Saori ya fue trasladada a una habitación privada. Le han hecho varios estudios y parece haber sufrido simplemente de un agotamiento extremo. Nada de lo que no pueda reponerse en un par de días. En cuánto a la salud de los demás, sé muy poco. Seiya e Ikki se encuentran ambos en el quirófano, otros dos más también son intervenidos en este momento, no sé quienes sean, y uno de los gemelos está en la unidad especial de atención a quemaduras. Sólo sé que todos están vivos. Lo lamento pero no sé nada más. Creo que eso es una buena noticia después de todo. Y si me disculpan, pienso subir a ver a la Señorita Saori. No voy a dejarla sola. En cuanto haya alguna noticia, hagan el favor de avisarme. – y sin decir más, se dio la media vuelta y se alejó de ahí, dejándolos a merced de las horas.





La Encomienda

Cuando Ariadna arribó de vuelta al castillo, buscó por todas partes a Perséfone, y terminó por encontrarla en sus aposentos, dando vueltas una y otra vez frente a su cama y al borde del llanto.

Perséfone, fui a buscarte... ¿Te encuentras bien?

Si – dijo ella tratando de que su voz no temblara.

¿Trajiste a los Kyotos de vuelta?

Si. Fue extraño. Mientras buscaba sus cuerpos pensaba en lo terrible que sería verlos sin vida. Pero cuando los vi, no fue así. Me pareció tan... natural. Supongo que los poderes que Zeus envistió en mi están comenzando a surtir efecto. Ahora están descansando en unas habitaciones del ala Norte. Tardarán un par de días en reponerse. Después de todo, uno no muere todos los días...

Hay algo que me preocupó Ariadna. Mientras buscaba los cuerpos de los Kyotos, no pude ver a ninguno de los caballeros de Athena. ¿Tu crees que ella se los llevó?

Probablemente, para darles sepultura.

Maldita. Debió de aprovecharse de los momentos en los que yo aún no tomaba posesión de los poderes de Hades...

Así debe de haber sido, de otra manera jamás se los hubiera podido llevar de aquí. Por cierto, fui al calabozo y cumplí tus órdenes. Pero algo extraño sucedió cuando...

Ariadna se interrumpió a sí misma al ver que la diosa no le prestaba atención.

¿Sucede algo malo Perséfone, o es que sucedió algo más cuando trajiste a los Kyotos?

Perséfone se sentó en el borde de la cama y le hizo una seña a la joven albina.

Ariadna, ven, siéntate conmigo un momento – la joven obedeció a su diosa.- Tu has sido mucho más que mi vidente y mi hechicera. Has sido una leal y sincera amiga durante muchísimo tiempo... Pero hay cosas que no te he dicho. Sobre mi vida antes de llegar aquí... No es que no confiara en ti, es sólo que... pensé que si no volvía a hablar de ello, sería más fácil olvidarlo... Pero ahora quiero, necesito contártelo. No sólo porque eres mi amiga, si no porque sólo tu puedes ayudarme.

Perséfone, no entiendo, ¿qué sucede?

El caballero de Athena, cuando...

Espera un segundo. Ahora entiendo menos, ¿qué tiene que ver él con todo lo que me dijiste?

Ariadna. Fui al calabozo y lo vi. Fue muy confuso. Él... estaba sangrando. ¿Habías visto alguna vez un alma que sangrara?

No, y de hecho pensaba decírtelo.

Y eso quiere decir algo, ¿no es así?

No lo sé, supongo. Quizás tiene que ver con el hecho de que murió a manos del propio Dios de los Muertos.

Tienes razón. Quizás es eso... Ariadna, cuando provocas las alucinaciones, tienes que entrar a su mente, ¿no es así?



Y cuando lo haces, ¿puedes ver sus vidas?

Veo imágenes, particularmente de los últimos momentos que han vivido. Pero yo no conozco a nadie de las personas que ellos amaron u odiaron Todo es tan rápido que no tienen ningún sentido para mí.

Cuando oíste que Athena... ¿qué fue exactamente lo que ella dijo?

Ehh, creo que le dijo que... debía de habérselo dicho antes, que lo amaba. Pero él ya estaba muriendo. El no la escuchó

¿O sea que él murió sin saber que ella lo ama?

Eso me pareció – dijo una Ariadna cada vez más confundida. Perséfone la miró y sonrió levemente.

Perdón. Sé que parece que nada de lo que te digo tiene sentido. Lo tendrá, lo prometo, te lo diré todo. Pero antes necesito saber muchas cosas. No puede haber errores ni confusiones... Necesito saberlo todo sobre él. Cuáles han sido sus vidas anteriores, como fue esta en la que el terminó siendo un caballero de Athena. ¿Cuál era su relación con ella? Y sobre todo, necesito saber si el la ama. ¿Puedes hacerlo?

Me llevará tiempo. Estoy preparada para ver lo que sucede justo ahora en otro lugar, o puedo ver lo que sucederá. Pero el pasado, requiere de mucho más esfuerzo

Yo sé que eres una hechicera poderosa y que podrás hacerlo.

Pues te confieso que nunca he hecho algo así antes, pero si ese es tu deseo lo haré. Pero no creo que entrar a sus recuerdos nos ayude a saber todo eso

¿Estarías dispuesta entonces a ir a la Tierra a averiguarlo?

Pero Perséfone, tu sabes que yo...

Sí, sé que nunca has ido. Pero tú eres la única en quién puedo confiar.

Claro que lo haré Perséfone - Ariadna se puso de pie

¿Qué sucede?

Debo irme a trabajar, tengo mucho que hacer –dijo con una sonrisa en sus labios.

Gracias, mis infinitas gracias para ti- dijo la diosa rubia tomándole de las manos. La hechicera agradeció con una leve inclinación de cabeza y salió, mientras Perséfone jugueteaba nerviosamente con uno de sus largos cabellos.

Cálmate, quizás fue un error. Quizás solo se parece... Pero... ¿y si fuera él? ¿Qué voy a hacer? Zeus dame fuerzas...

Debo de saber si es él...





Todos permanecían en silencio. Incluso trataban de respirar de la manera más callada posible. Eran un grupo triste y silencioso, pues todos estaban sumergidos en distintas y profundas reflexiones, excepto por el pequeño lemuriano. Kiki estaba rendido por el cansancio y dormía acostado en uno de los sillones de la sala de espera, con la cabeza apoyada en el regazo de Marin. Ella acariciaba los suaves mechones rojizos del pequeño aprendiz del caballero de Aries. Así, dormido, agotado e inocente, le recordaba a Seiya cuando él aún era su alumno y dormía exhausto después de haber entrenado todo el día. Kiki merecía aquel descanso también, sobre todo después de haber ayudado en la pelea contra los Kyotos de Hades y de haber teletransportado a Ikki y a Seiya al hospital. Así que Marin en un gesto que le había nacido del corazón, acariciaba su cabello tratando de confortarlo. Las horas pasaban y aún no había ninguna noticia sobre el estado de salud de los caballeros, y en particular de Seiya, al que habían ingresado al quirófano hacía casi 10 horas. Si no fuera porque Kiki descansaba junto a ella, ya habría recorrido el pasillo mil y una veces, tal y como lo hacía Seika.


Marin no podía si no compadecerla. Todos sufrían, todos tenían miedo y todos habían perdido tanto, pero después de todo, para eso habían sido entrenados, para eso los habían preparado su vida entera. Pero Seika, la pobre Seika, había sido una víctima del torcido destino. Su único hermano le había sido arrebatado siendo él aún un niño, y ella al ir en su búsqueda había sufrido un terrible accidente que había puesto en peligro su vida y que le había robado sus recuerdos y su identidad. Y después de tantos años ignorando todo sobre su propia vida y lo que le sucedía a su hermano, lo hallaba sólo para volver a verle convertido en un joven malherido y moribundo. Pero la vida de Seiya y el sufrimiento de Seika no eran su única preocupación. Athena, Shyriu, Shun, Ikki, Hyoga, la salud de todos los caballeros dorados... Aioria sobre todo. Trataba de repetirse así misma que todos le preocupaban de igual manera, pero no podía engañar a su propio corazón; el guardián de la quinta Casa tenía un sitio muy especial en él.


Shaina, sentada en el piso del pasillo y abrazando sus propias piernas, se sentía también a punto de explotar, pues no sabía si la falta de noticias sobre Seiya era buena o mala. Si llevaban diez horas operándolo, eso quería decir que había sobrevivido diez horas tras haber sido atravesado por una espada. Pero también quería decir que estaba tan gravemente herido que los doctores llevaban todo el día tratando de salvarle. Además, aquel lugar no hacía más que atormentarla. Estaba lleno de recuerdos. Recuerdos de aquella vez, hacia tres años, en que Seiya había sido atendido en ese mismo hospital. Estaba agotado y febril después de haber ido en búsqueda del agua de la vida, para sanar los ojos de Shyriu. Se había desvanecido y la propia Saori se había hecho cargo de ingresarlo en el hospital. Y ella había escapado del Santuario para ajustar sus cuentas con el caballero Pegaso. Aquella chica, Miho, había ido a verlo y le había llevado flores al inquieto Seiya que se había fugado de la habitación en cuanto tuvo la oportunidad. Shaina cerró los ojos y pudo verlo, de trece años, corriendo a través del bosque. Ella lo había seguido y había terminado por revelarle que lo amaba.

En ese momento, Shaina lamentó no usar su máscara. Algo de su orgullo de guerrera hacía que se mordiera los labios para dejar de llorar. Pero su propia naturaleza de mujer probaba ser más fuerte que el orgullo y el status de amazona que ostentaba. Así que sus lágrimas no dejaban de fluir, a pesar de que trataba de mantener lo poco de dignidad que sentía que le quedaba en su rostro.


Lo mismo sentían Jabu, Nachi y Geki, que se hallaban sentados en otro de los sillones de la sala de espera. No cruzaban palabra alguna, sólo estaban ahí, esperando. Nadie les había enseñado a mostrar sus sentimientos. El único que siempre había sido fiel a sus propios sentimientos era Shun, y había sido el blanco de todas las burlas por ello. Ahora, Geki no podía evitar envidiar aquello que ahora le parecía una maravillosa cualidad del caballero Andrómeda. Por ello no hablaba. Si hubiera tenido que pronunciar una sola palabra, seguramente hubiera roto a llorar. Y se mordía la lengua para no hacerlo, y aún así, no podían evitar que una o dos lágrimas se le escaparan de cuando en cuando.

Jabu también era asaltado por los recuerdos. No había imaginado que así sería su regreso a Tokio. Los recuerdos de su infancia en la mansión Kido lo atormentaban. Sus constantes pleitos con Seiya, los terribles juegos que Saori les imponía y a los que el se sometía sin protestar por gratitud a Mitsumasa Kido, los juegos de futbol, la vigilancia constante de Tatsumi. Aquella realidad estaba tan lejana ahora. Aquel niño que tan mal le caía, Seiya, el infatigable e indomable Seiya, aquél con el que tantas rencillas había tenido, incluso siendo mayores, era ahora el caballero más fiel a su diosa Athena, y por ello estaba muriendo. Sonaba estúpido. Seiya tenía dieciséis años y estaba muriendo. Y su diosa, Athena, también estaba ahí en el hospital, aunque a él le costaba tanto trabajo verla como sólo su diosa...

Para Jabu, seguía siendo Saori, aquella a la que se esforzaba tanto en complacer porque le era increíblemente atractiva, incluso desde que eran niños. Y ahora, no podía quitar de su mente el recuerdo de ella, con su vestido blanco manchado de la sangre de él, desfallecida, llorando como no la había visto nunca, desconsolada por la batalla. ¿O sería por que lo amaba? Jabu no quería pensar en ello, y sin embargo no podía evitarlo, así que se levantó a su asiento y se dirigió hacia la ventana. Desde ahí se podía contemplar el hermoso espectáculo de la ciudad por la noche. Allá afuera todo estaba lleno de vida, como si nada hubiera sucedido, como si sus compañeros no estuvieran muriendo por haber salvado a la tierra. Ser caballero, no importaba tu rango, era un oficio ingrato.

Recargado junto a la venta, volteó a verlos. Todos se veían cansados, terriblemente cansados, física y emocionalmente. Incluso un par de enfermeras habían curado las heridas que habían sufrido en el combate, pero todos ellos se habían negado a ser ingresados en el hospital, pues de ser así, sólo hubiera quedado Seika de pie en aquella sala de espera.

Así fue que los halló el Doctor Sato, uno de los mejores doctores que poseía el hospital de la Fundación Graude, y que había estado presente en la operación de Seiya. El también lucía exhausto tras haber participado en una intervención de doce horas.

¿Alguno de ustedes es familiar de un joven llamado Seiya?

Todos se sobresaltaron al oír la voz del doctor y ver su rostro tan preocupado.

Seika dió unos pasos y se acercó a él, aún más que los demás.

Yo soy su hermana... ¿está bien?

Escuche, su hermano llegó aquí prácticamente muerto. Hemos logrado salvarle la vida, pero me temo que no puedo darle buenas noticias...- Seika palideció – La herida en su pecho es muy grande, y afectó varios órganos, los más importantes. Casi parte en dos su corazón. También daño seriamente su pulmón izquierdo. Hemos trabajado por horas y logramos que ambos siguieran funcionando. Sufrió una terrible hemorragia que pudimos contrarrestar con varias transfusiones pero ambos órganos están demasiado dañados como para trabajar por si solos así que por el momento su hermano está conectado a un respirador artificial y a una máquina que impulsa a su corazón a seguir funcionando, pero no sabemos aún si lograra recuperarse de semejantes lesiones...Para ser sincero, no puedo creer que haya llegado vivo a urgencias... Hay algo más señorita... Desde que el llegó aquí está sumido en un coma muy profundo... no sabemos cuánto tiempo pasó su cerebro sin oxigeno, o que tantos daños causó la hemorragia en los vasos sanguíneos de su cabeza, así que debo decirle que las posibilidades de que el despierte... son verdaderamente pocas.

Seika sintió un golpe seco y directo al corazón. Los colores escaparon de su rostro.

¿Puedo verlo ahora?

Por el momento no. El sigue en estado crítico asi que queremos esperar por lo menos una hora. Si no se presenta ningún contratiempo en el transcurso de ese tiempo, lo transladaremos a terapia intensiva y entonces, le permitiría entrar a verlo. Lo lamento - dijo el doctor poniendo una mano en el hombro de la joven antes de marcharse.

Un silencio sepulcral se hizo en la sala. Nadie se atrevía a moverse del lugar en el que estaban cuando aquel hombre les había dicho que Seiya estaba en coma, y que probablemente no despertaría nunca. Incluso respirar era doloroso, como si a ellos les hubieran roto el corazón también.

Una hora después, las puertas del área de quirófanos se abrieron. Un grupo de médicos y enfermeras salieron llevando consigo al alma de los caballeros de bronce en una camilla, sin que ninguno de ellos pudiera verle debido a lo rápido que hicieron el traslado. El doctor Sato volvió a aproximarse a ellos

Lo llevamos ya a Terapia Intensiva. Vendré por usted en cuanto sea posible. – El doctor se disponía a retirarse cuando vio a aquel grupo de jóvenes tan abatidos. Su larga experiencia no lo había hecho insensible al dolor de los demás así que trató de darles alguna palabra de apoyo.

Sé que ustedes esperan noticias también sobre el estado de salud de los demás jóvenes que fueron ingresados el día de hoy, pero ellos también se encuentran muy delicados. Me temo que por el momento no les puedo dar más información. Mañana a primera hora reuniré a todos los médicos que han tratado a sus amigos y les informaré sobre el estado de salud de cada uno de ellos. Deberían de descansar un poco o ustedes también tendrán que ser atendidos. Con permiso





El doctor Sato los dejó mirándose entre sí. Había verdad en sus palabras. Todos estaban muy cansados, y heridos también. Además del pequeño pero real hecho de que no tenían adónde ir. Seika fue la única que se alejó hacia uno de los ventanales del hospital, mientras lloraba y rezaba en silencio. Los demás permanecieron ahí hasta que minutos después apareció Tatsumi por el corredor.

El doctor Sato me ha comunicado lo que ha sucedido. Me dijo que les había recomendado marcharse a descansar y tiene razón. Deben hacerlo, ustedes también resultaron heridos en la batalla. Por supuesto yo me quedaré para cuidar de la señorita, pero ustedes deberían de irse...

¿Adónde? – preguntó Geki

Por supuesto que a la mansión Kido – repuso Tatsumi

Yo no me voy a ir de aquí – repuso Jabu – mi deber es proteger a Athena

Yo tampoco me moveré – dijo Nachi - debemos de...

Basta – dijo tranquila pero con voz de mando Marin – Entiendo que nadie se quiere ir de aquí. Todos estamos preocupados por la salud de Athena y de nuestros compañeros y amigos. Pero es cierto. Son muchos y son muy graves sus heridas. No resistiremos tanto tiempo si no descansamos y nos reponemos. Nosotros también debemos descansar. Kiki está exhausto. Y la verdad es que no podemos hacer absolutamente nada por ellos – todos bajaron las miradas. Marin tenía razón después de todo. – Seika no va a querer irse, es evidente- dijo ella bajando la voz. – Shaina y yo somos las de rango más alto por el momento. Dudo que algo suceda, pero montaremos guardia para vigilar que nadie se acerque a Athena. Nos turnaremos para no dejar sola a Seika y para estar al pendiente sobre el estado de salud de todos. Si algo sucediera, yo les informaré. Además esto es un hospital. Tendrán todo el cuidado del que requieren así que no creo que sirva de nada que todos estemos aquí. Tatsumi – dijo mirando al mayordomo – comprendo que no quieras separarte de tu ama, pero alguien debe de llevarlos a la mansión.

Tiene razón señorita Marin. Los llevaré yo mismo y volveré.

Me parece justo.

Pues a mí no me lo parece- reclamó Jabu. La sola idea de irse mientras sabía que Saori yacía en una de las camas de aquel hospital le parecía terrible. Él quería quedarse a su lado y cuidarla de la manera en que no había podido hacer antes.

No discutas conmigo caballero Unicornio.

Algo en la voz de Marin le dijo a Jabu que no le convenía pelear con ella. Asintió finalmente, y así fue que, escoltados por Tatsumi, Jabu, Nachi y Geki partieron a la mansión Kido llevándose a Kiki consigo.

Marin y Shaina los vieron partir por el pasillo. Ahora sólo quedaban ellas tres.

Entonces la amazona de la cobra habló.

­- Marin, iré yo primero a cuidar de Athena. Sí algo...

Claro Shaina. Enseguida te lo haría saber – dijo poniendo una mano sobre el hombro de la Amazona de la Cobra.

Por fin el doctor volvió por ella y la condujo por los pasillos del hospital hasta un piso distinto, donde se hallaba la unidad de cuidados intensivos. Las manos de Seika sudaban. Después de todo, aquella sería la primera vez en que pudiera ver con calma a su hermanito. Pero nada era como ella lo había imaginado. No podría haber imaginado algo tan terrible como tener que entrar al área de un hospital donde atendían a los pacientes más graves y ver que su hermano era el más grave de todos ellos. Por fin el doctor la condujo hasta una de las camas. Seika se mordió un labio para no ponerse a gritar cuando pudo verlo. Casi no podía reconocerle en medio de todos los aparatos.

Seiya había sido conectado a un respirador artificial. Unos tubos entraban por su boca. En su brazo izquierdo se hallaba el sensor que conectaba a Seiya con el monitor cardíaco, que tenía un ritmo dolorosamente débil y ligeramente irregulares. Por vía intravenosa le administraban grandes cantidades de sangre tratando de compensar toda la que había perdido y suero también. Su cuerpo estaba cubierto por una sábana ligeramente manchada de sangre en la altura del pecho. Seika trató de concentrarse en su rostro y no en su cuerpo

Si, si miraba su rostro, podía ver que el no había cambiado tanto. Por supuesto, ahora era un joven, pero sus facciones conservaban ese candor infantil que le caracterizaba cuando aún vivían juntos. Estaba terriblemente pálido debido a las intensas hemorragias que había sufrido. Su rostro estaba lleno de raspones y pequeñas cortaduras, y en el extremo derecho de su sien había un vendaje. Seika dio un par de pasos hasta llegar a su lado.

El doctor Sato había observado en silencio el reencuentro de los hermanos. Se acercó con suavidad a Seika

¿Usted... cree que él... podría oírme si le hablo?

El coma es un estado sobre el que sabemos poco realmente. Sobre todo cuando es tan profundo como el de él. Pero no pierde nada con hacerlo. Llámelo y hágale saber que usted está aquí a su lado

Gracias

El doctor se marchó dejando a Seika y a Seiya solos. Seika acercó su mano dudosa a la de él, pero no se atrevía a tocarlo. Parecía tan frágil que Seika sentía que al tocarlo no haría más que lastimarlo más. Se sentó junto a la cabecera de aquella cama mirando los mechones de su cabello revuelto.

Seiya...- susurró. – Estoy aquí. Soy yo, Seika. ¿Puedes oírme? Marin, tu maestra, me encontró y me llevó al Santuario... Que extraño. Te he buscado toda mi vida, sin saber que te hallabas tan cerca... Nada de eso importa ya. Lo único que importa es que vuelvas de donde estés.

Por fin la joven pelirroja reunió el valor suficiente para tomar su mano entre las suyas, y entonces no pudo evitar que los sollozos la sacudieran, pero respiró varias veces tratando de tranquilizarse.

Perdóname. No voy a llorar, te lo prometo – dijo secándose las lágrimas como una niña pequeña- Sé que eres muy fuerte y poderoso, eso me ha dicho Marin. Y que eres terco, muy terco, y que te vas a recuperar. Lo sé. Sé que no voy a perderte. No ahora que por fin te he encontrado. Yo soy muy terca también, y no voy a dejarte ir.
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Espada_de_Fuego
Posted: May 24 2008, 12:50 AM


Caballero del Abismo
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Capítulo 4

El amor de los dioses...

¿En quién piensas? – dijo ella seductora, mientras sus manos se deslizaban entre las piernas de él- ¿En mí?- Se mordió los labios y pasó su lengua por ellos de manera lasciva. – Tengo tantos deseos de ...

No estoy de humor ¿sí?

Vamos, es lo que te hace falta. – Puso un beso en la cadera de él. – Yo sé hacerte feliz, lo sabes- Su lengua bajó por su piel, recorriendo desde la cintura hacia su bajo vientre

¡ He dicho que no! – dijo él poniéndose de pie de un salto.

Maldita sea, ¿qué pasa?

Hoy no ¿quieres? No estoy de humor

¿Qué no estas de humor? Por favor. Tu no sabes no estar de humor para eso- dijo ella mientras con sus propias manos acariciaba su cuerpo y lo miraba provocativamente

Hoy no. ¿No puedes ser un poco más comprensiva? Mi hermano acaba de ser derrotado por mi propia hija

¿ Es por eso? Ahhh, estoy harta de esa pelea estúpida entre ellos dos. ¿Y todo para qué? ¿Para que él pueda tirarse a Perséfone bajo el sol? Vamos, sabes que es absurdo. ¿Cúantas veces vamos a tener que pasar por lo mismo?

Lo sé. Lo sé – dijo él mirándola.

Era hermosa, bellísima, desnuda en medio de las sábanas de su lecho, sentada abrazando una de sus piernas contra su pecho. No podía negar que una diosa era motivo más que suficiente para desear conquistar la tierra. El habría hecho todo por ella. Se corrigió a si mismo, el lo había hecho todo por tenerla y lo había conseguido. ¿Cómo no habría de amarla? Pensó mientras observaba sus larguísimos cabellos castaños que cubrían su espalda. Y con esa expresión de furia en sus ojos, Zeus la encontraba más deseable que nunca. Porque la furia la haría aún más apasionada.

Ella se dio cuenta del cambio en la mirada de él. Lo conocía perfectamente bien. Después de todo, no sólo era su esposa, sino su hermana...

Pero bueno, ya pasó. Ella volvió a ganar, él no va a poder volver a pelear hasta dentro de doscientos años. Eso quiere decir que vas a descansar de eso por un rato. Vamos – dijo ella poniéndose de pie y abrazando su cuerpo desnudo al de él. – Olvídate de eso ya...- susurró en su oído

- Es que todo ha salido mal desde la última reencarnación de mi hija Athena...

Hera no pudo evitar un suspiro de desagrado. Otra noche sin sexo gracias a la hijita consentida. No sin razón la aborrecía. Pero conocía cómo se comportaba su hombre cuando se trataba de ella. Así que trató de fingir comprensión de la mejor manera posible.

Lo sé. Desde que pasó toda su infancia ignorando que era una diosa ¿no?- dijo poniéndose una bata y sentándose en la cama

Así es. Eso la privó de la educación que debió de haber recibido y que le permitiría obtener la plenitud de sus habilidades y sus conocimientos.

Bueno, sí, pero después de todo, ha ganado cada una de sus batallas. ¿Porqué te preocupas ahora?

Es que no debió de haber sido así. Debí de haber sabido desde el principio que Ares tramaba algo...

¿Es eso un reproche?

Claro que no. No te culpo por las acciones de tu hijo. Además sus planes fallaron miserablemente y ya pasó.

Entonces discúlpame cariño pero no entiendo tu preocupación. ¿Qué más da?- dijo ella tomándolo de las manos y guiándolo a sentarse a su lado – Finalmente la tierra está a salvo y su reinado también. ¿O es que pasa algo más?

Suceden muchas cosas. Hades perdió la batalla, pero esta vez no fue el cuerpo de un mortal el que fue destruido. Fue su propio cuerpo.

¿En serio? No sabía eso

Hera, cariño, tu no pones atención a lo que no te interesa. Ya sé que tu y mi hermano nunca se han llevado bien pero, ¿no podrías esforzarte un poco?

Lo estoy haciendo – dijo acariciando los largos cabellos de su esposo – Y bueno, ¿eso que significa? ¿Tu hermano está... muerto? ¿Acaso un dios puede morir? – dijo ella asustándose ligeramente

No, cariño, por supuesto que no. Pero eso quiere decir que a su alma le llevará un muy buen tiempo el reconstituirse, digamos que se rompió en pedazos y debe de irse juntando por sí sola. Será un proceso largo y en el cual ni siquiera yo me puedo entrometer, ya que la justicia está del lado de mi hija, que sólo se defendía

¿Así que Perséfone está... temporalmente viuda? Digo, por llamarle de alguna forma

Pues sí, así es. Y alguien debe de hacerse cargo del Reino de los Muertos así que la he nombrado a ella Diosa del Inframundo hasta que Hades pueda reconstituirse y volver.

Bueno, eso le enseñara a no codiciar lo que no es suyo.

No digas eso, todas las batallas no han sido porque ella lo desee. Es él, que no deja de pensar que una vez que la Tierra sea parte de su reinado el no tendrá que separarse jamás de ella.

Debe amarla mucho como para arriesgarse así. Debe de amarla como te amo yo a ti- dijo ella dándole un suave pero juguetón beso en los labios- Vaya, las cosas se complicaron bastante esta vez ¿no? Bueno, pero ¿ Qué hay del trato que hiciste con Démeter? Le prometiste que su hija siempre volvería con ella para pasar nueve meses a su lado

Si, tuve que prometerle a Perséfone que respetaría el trato, claro, mientras alguno de los Kyotos se haga cargo de todo.

Bueno, entonces todo está solucionado, ¿no? Te has hecho cargo de todo, como siempre

No termina ahí. Perséfone quería llamar a Némesis

¿Y que le dijiste?

Se lo prohibí. Pero en el fondo sé que Perséfone no se va a quedar tan tranquila

¿Crees que se atreva a tramar algo contra ella?

Si, algo me dice que debo de estar al pendiente de lo que haga Perséfone, que puede tomar ventaja de que Athena está muy débil.

Pero ahora ella está de nuevo en su santuario y podrá descansar y reponerse

Es que ese es el problema, no está ahí. Y yo no puedo ayudarla a sanar si ella no se encuentre ah

¿Porqué no está en su santuario? Es el mejor lugar para que un dios sane, su propio templo

Esa es otra de las cosas que ella ignora por supuesto.

Bueno, entonces ¿dónde está?

Ella está en lo que considera su hogar, el lugar donde creció. Ahí llevó a sus caballeros para que los atiendan

¿En serio? ¡Que considerada! – dijo Hera que nunca desperdiciaba la ocasión de dirigir un comentario irónico hacia su hijastra y sobrina al mismo tiempo- Nunca había sabido de un dios que hiciera algo así por sus caballeros malheridos.

Tienes razón. Nunca antes lo había hecho. Además, ellos no fueron malheridos. Habían muerto

¿Qué? Y ¿cómo pudo hacer eso?

Cuando Hades fue herido, todos los procesos que rigen el Inframundo fueron detenidos. Ella aprovechó la ocasión para tomar los cuerpos y las almas de sus caballeros, reunirlos y llevárselos consigo de regreso. Ahora ella está ayudándoles a sanar con su cosmos.

Vaya, que generosa es tu hija.

Por supuesto que todo eso la tiene demasiado débil y vulnerable, y me preocupa aún más pues ninguno de sus más poderosos caballeros podría ayudarla si en este momento algo le sucediera.

Se está tomando demasiadas molestias por un grupo de soldados. Hubiera podido recompensarlos de alguna otra manera sin tener que revivirlos.

Es parte del mismo problema. Esta reencarnación de mi hija convivió con los que ahora son sus caballeros antes de saber que ella era una diosa, con algunos de ellos incluso desde que era una pequeña y pues, está encariñada con sus protectores. Demasiado, diría yo.

Ahhhhhh, ya entiendo. El papá de la doncella está celoso...

¿Yo? ¡Claro que no! Es sólo que... Puedo sentir en ella una predilección hacia uno de ellos en particular y eso me preocupa, toda esta situación me preocupa

Hera no pudo evitar una carcajada

Claro que tienes celos. Celos de tu hijita favorita, la que siempre mandó al diablo a todos y ahora pone sus ojos en un mortal común y corriente... ¿Es que tienes miedo de que deje por fin de ser virgen?

¡Hera!- Dijo él mirándola con los ojos brillantes de enojo

¿Qué? No tendría nada de malo. Ya era hora ¿no? ¿O pensabas que iba a aguantar toda la eternidad muriendo del aburrimiento?

¡Pero ella siempre ha permanecido virgen!

Porque así lo había querido. Pero si ahora quiere dejar de ser la señorita guerrera y convertirse en mujer no le veo nada de malo.

¿Estás loca? ¡Por supuesto que no voy a permitirlo!

Déjala. La nena tenía que crecer tarde o temprano. Y aunque no lo permitas, no sería la primera diosa en hacer algo prohibido. ¿O debo de recordarte a un dios que desafió todo para casarse con su propia hermana?- dijo ella besándolo con furia.

Hera... es imposible hablar contigo...

Entonces, no hables...





Shaina entró a la habitación con sigilo. Cerró la puerta con mucho cuidado y desde ahí la contempló. Sus largos y hermosos cabellos violeta habían sido recogidos en una trenza que caía a un lado. Parecía dormir tranquilamente en la cama. Se oían sus respiraciones rítmicas y suaves, y el sonido del monitor que vigilaba la actividad de su corazón. Habían reemplazado su vestido por un camisón blanco. Pero en cuanto Shaina entró a la habitación pudo percibir que su cosmos no descansaba. Al contrario, se hallaba en un estado de efervescencia, podría llamarlo. Era algo débil, pero constante. Shaina se acercó a ella con curiosidad. Sus signos vitales no mostraban alteración alguna, pero su cosmos estaba activo y trabajando. Su cuerpo efectivamente estaba descansando, pero el alma de la diosa se hallaba inmersa en algo que Shaina no alcanzaba a descifrar.

Miró en ese momento a Saori con ojos nuevos. Si, perdona por haberte subestimado, pensó. Todos habían sentido una profunda preocupación por el curso que tomaron los eventos desde que la batalla contra Hades comenzó, y una de las principales razones era que Saori nunca había sido una parte activa de la batalla, siempre había sido sobre sus caballeros que había caído la carga. Pero todo había sido distinto esta vez, y aunque nadie dudaba sobre el poderoso cosmos de Athena, no podían sino preguntarse si el frágil cuerpo de Saori que no había recibido jamás entrenamiento alguno, podría resistir una batalla como aquella.

Y ahí estaba frente a ella, joven, pequeña, frágil y exhausta, y sin embargo, no cesaba de luchar. Así que una vez más, la terca Saori Kido demostraba que nadie sabía en realidad de que estaba hecha. Después de todo, no había sido elegida la reencarnación de la Diosa de la Guerra y la Justicia por nada.

En realidad era una mujer sorprendente. Y generosa. Los había traído a todos de vuelta. Aunque debido a su estado ignoraba todo lo que estaba sucediendo. Shaina sintió algo extraño. Sintió el deber de comunicarle lo que el doctor Sato les había dicho. Sonaba estúpido, pero a fin de cuentas, si alguien podía ayudarle, era ella

Se acercó despacio hasta hallarse junto a su cuerpo inconsciente. Se hincó y le habló insegura...

Athena. Los hemos traído a Japón, para que recibieran atención como me lo dijiste. Todavía los están ayudando, no es mucho lo que sabemos... Han operado a Seiya... pero parece que ha sido inútil. El doctor nos dijo que casi no han podido hacer nada por él. Su corazón y uno de sus pulmones apenas y pueden funcionar por sí mismos. Está en coma y dice que quizás no despierte nunca... - Shaina no podía evitar que las lágrimas corrieran por sus mejillas.

Haz algo, ayúdalo... Seika está destrozada. Acaba de reencontrarlo y el está muriendo, ni siquiera ha tenido la oportunidad de verlo o de hablar con él... Sólo tiene dieciséis años y está muriendo... No lo permitas. Tu eres tan fuerte... Los trajiste a todos de vuelta. Sé que puedes ayudarlo ahora... El siempre ha estado tan lleno de vida, pero no puede, no va a poder sobrevivir si no lo ayudas... No lo dejes morir Athena. Te lo suplico. Yo lo amo...

La diosa de la justicia pudo percibir la plegaria desesperada de su amazona. Se angustió al saber que él se hallaba en tan grave estado. Trataba de alcanzar el alma del Pegaso, pero le era imposible. No había nada que pudiera hacer en ese momento, no mientras su cuerpo se hallara aún tan débil. Ayudarlo estaba fuera de su alcance. Tenía mucho que hacer. Debía de recuperarse y de ayudar a los demás. También a ellos les amaba...





No podía dormir. Se sentía exhausto después de haber vivido tantas cosas en lo que había parecido ser un día interminable y sin embargo, al cerrar los ojos no podía evitar que apareciera la imagen de ella. Sonrío al recordar su encuentro hacía ya un par de años, y la atracción inmediata que había sentido por ella al conocerla. El arrebato de haberla pedido en matrimonio en ese mismo momento y la repuesta negativa que había recibido. El capricho que le había inspirado. La necesidad que había sentido de poseerla y de mostrarle a todos que sólo alguien tan rico, atractivo y poderoso como él podía tenerla a ella. Eran la pareja perfecta, y sin embargo, el destino les tenía asignado a ambos un camino muy distinto y habría de ponerlos en contra.

Cuando su batalla terminó, se había sentido humillado, realmente humillado. La doncella lo había derrotado a él, al vigoroso joven hombre que había sido elegido para llevar en sí el alma del amo y señor de los Océanos. Al poderoso Julián Solo.

Era tan difícil describir lo que había sentido. Un profundo odio, y al mismo tiempo, su admiración por ella se había incrementado. No dejaba de sorprenderlo una y otra vez, como Diosa y como mujer. Y lo había vuelto a hacer una vez más, cuando la batalla contra su propio hermano se había iniciado.

Nadie podía decir que ser el cuerpo elegido por el alma de un dios era una tarea fácil. Su alma se sentía preocupada por un hermano al que sus ojos azules no habían visto nunca, mientras su mente lo llevaba una y otra vez a recordar a Saori, la chica que le había conquistado con sólo verla.

Se revolvía entre las sábanas de satín azul marino de su inmensa cama mientras pensaba en lo absurdo que resultaba que hubiera puesto los ojos en su propia sobrina. Su sobrina, que ahora había derrotado a su hermano. ¿Quién podría dormir con semejantes pensamientos? Si al menos su cama no se hallara y sintiera tan vacía... Pero la persona que le robaba el sueño a Julián no estaba ahí.

Se puso de pie y miró desde el enorme ventanal de su habitación el océano. Nada le parecía más relajante y nada le ayudaba más a poner en orden su mente y su corazón que entrar en contacto con el mar, verlo, olerlo, sentir la sal en su piel.

Athena había salido victoriosa y regresado, había podido percibirlo, y el había sido obligado a involucrarse a pesar de que aquella no había sido su voluntad. No sabía si alegrarse por ella, y por la tierra a la que amaba, o si sentirse mal por la derrota de su hermano.

También había sentido que se hallaba demasiado débil. Y también podía sentir el terrible daño que habían sufrido todos los caballeros que le habían acompañado y luchado a su lado, todos, y sobre todo él. Aunque quisiera, no habría podido ignorar la sensación de dolor que desprendía su cosmos. No en balde había sido su mano derecha y su amigo durante tantos años. Kanon... tenía que verlo. Tenía que verla. Y en aquella habitación no podía hacer ninguna de las cosas que su corazón le gritaba.

Si al menos su cama no se hubiera hallado y sentido tan vacía... La deseaba, no podía negarlo. Y era demasiado cobarde para admitir que lo que sentía por ella mucho más, algo tan fuerte que no había experimentado antes. Ser la reencarnación de Poseidón no significaba nada cuando se trataba de asuntos amorosos. Deseó por un momento tener contacto con todos los dioses, así habría podido pedirle un buen consejo a Afrodita, máxima autoridad en la materia. Pero esa no era su situación así que no le quedaba más que tratar de descifrar y lidiar con sus sentimientos por si mismo. Pero antes, tenía que resolver varias otras cosas.

Así que comenzó a pensar en todo lo que tenía que preparar para partir inmediatamente. Aunque claro, antes tenía que hablar con un par de personas. Aquel no era un viaje que ni pudiera ni quisiera hacer solo...





Estoy lista mi señora. Todo está preparado para comenzar en cuanto lo ordenes

Que sea ahora mismo. – La hechicera se dirigió hacia la salida- Ariadna, ¿puedo estar presente?

Por supuesto. Ven conmigo entonces.

Ambas se encaminaron hacia una de las torres.

Ordené que lo llevaran al cuarto oracular. Ahí mis poderes se intensifican. Mis aprendices están con él terminando de prepararlo todo

Llegaron por fin al cuarto adonde se hallaba la fuente de piedra en el centro. En el fondo de la habitación, sobre una superficie cuadrada que recordaba a los lugares donde se realizaban sacrificios humanos, se hallaba el caballero Pegaso. Lo habían despojado de los girones de sus ropas y sólo se hallaba cubierto por un lienzo blanco que lo cubría de la cintura hacia abajo. Una de las jóvenes aprendices ungía el torso desnudo de él con lo que parecía ser un aceite. Ariadna consultó unos antiguos pergaminos que llevaba consigo mientras la joven aprendiz de pitonisa deslizaba sus manos sobre la brillante piel del chico, que lucía su color ligeramente moreno. Al terminar, procedió a verter el aceite en sus cabellos cafés. Perséfone se quedó sin aliento por un segundo al mirar su piel resplandeciente y húmeda

Aquel día en la lluvia, pensó... Sus recuerdos se vieron interrumpidos al ver que él estaba encadenado.

¿Porqué lo han encadenado?

No olvides que esta es el alma de alguien que ha sido guerrero. En cuanto entré al calabozo y comenzaron sus pesadillas, empezó a reaccionar, de manera física podríamos decir. Se resistía y trataba de luchar. No podemos permitir que algo así nos tome desprevenidas

¿Qué está haciendo ella?- dijo mirando a la chica

Pues verás, tu encomienda resultó ser más complicada de lo que pensé. Tuve que investigar mucho al respecto, y creo haber hallado la manera de conocer sus vidas pasadas. He tenido que seguir todo un proceso. Primero lo lavamos, para despojar todos los rastros de sangre. Y lo han ungido con un aceite especial que elaboré entre otras cosas, con menta y agua de la fuente de Mnemosine. Como sabes, el agua de esa fuente permite a las almas recordar cosas, generalmente hermosas de sus vidas anteriores. El aceite ha sido ungido en su cabeza para ver sus recuerdos y en su pecho para conocer sus sentimientos, sólo así se puede comprender la plenitud de sus vivencias. Después voy a verter el agua de mi fuente sobre él y podré ver sus vidas, tal y como hago con los sucesos presentes o futuros

Vaya, no pensé que se necesitara de algo tan elaborado - reconoció Perséfone

Pues espero que funcione – suspiró - Vamos a averiguarlo de una vez.

Ariadna avanzó hacia el caballero mientras le hacia una seña a su otra aprendiz para que se acercara. Ella llevaba en sus brazos una bandeja con agua que había tomado previamente de la fuente de piedra en el centro de la habitación. La hechicera se colocó frente a él, colocó sus manos sobre su propio pecho y comenzó a murmurar algunas palabras en griego, y después, comenzó sus invocaciones

Apolo, señor todopoderoso de las facultades oraculares, escucha las plegarias de esta humilde servidora. Permíteme servir a mi señora la Diosa de los Muertos Perséfone. Permite que mi vista llegue hasta el fondo de esta alma mortal.

De las manos de la hechicera comenzó a salir un brillo azul que ella tomó como respuesta. Las introdujo en la bandeja y tomó el agua entre sus manos, y la derrama sobre su pecho, desde su ombligo hasta llegar a su cuello. En teoría el agua debería de haberse alojado en el hueco del esternón que se formaba en el pecho, pero en cambio, algunas gotas corrieron al interior de la enorme herida. Eso provocó que el joven se estremeciera de dolor

¿ Que le pasa? – dijo un poco preocupada Perséfone

No lo sé. ¿Tengo que recordarte que soy nueva en esto también?

Pero las dos dieron un suspiro de alivio al ver que él parecía relajarse.

Como lo hacía al mirar en la fuente, colocó sus manos sobre los brazos de él, clavó sus ojos en las gotas regadas sobre su pecho y entró en trance

Perséfone miraba intrigada a su pitonisa, temiendo y anhelando las respuestas que ella le podía brindar

Amado por los dioses. Este mortal ha sido amado por los dioses desde el principio de su existencia.

¿Cómo lo sabes?

Su alma brilla de una manera especial, con el brillo dorado que distingue a los mortales cercanos a los dioses.

¿Ha sido amado por quién? ¿Por ella?

No lo sé. Pero ha sido su guerrero durante muchas, muchas vidas. Lo veo una y otra vez enfundado en la armadura de Pegaso. Peleando contra Hades, muriendo en sus manos... A veces sus facciones son distintas, pero sus ojos, son siempre los mismos. Café obscuro, grandes y brillantes... Veo muchas mujeres a su alrededor... Lo quieren de muchas formas. Pero él busca a una en particular... Su espíritu de lucha no lo abandona nunca... Ama la naturaleza. El mar, los bosques. Le gusta ser libre... Pero el no había nacido para ser un caballero... Veo inmensos bosques. Él corre entre ellos, es un pastor... Aparece una joven de cabellos rubios... es...

¿Qué pasa Ariadna?

Retírense y déjenme a solas con Perséfone.

Sus aprendices la obedecen y entonces la joven albina aparta sus ojos de él y los posa en ella

¿Eres tu Perséfone? ¿Lo has conocido?

Perséfone se sobrecogió por la emoción. Sus sueños y pesadillas se hacían realidad al mismo tiempo

Si – respondió ella en un susurro.

Ariadna salió del trance y miró a Perséfone

¿De que se trata todo esto?

Averígualo por ti misma.

Entonces de nuevo Ariadna colocó sus manos sobre él, y entró en trance, buscando la imagen de su señora

Te ama. Te ama tanto... él sabe que tú eres una diosa y no le importa... No tiene miedo al castigo que pueda sufrir por amarte... Pero tiene miedo de que tú no sientas lo mismo. No se atreve a decírtelo... Tu te has ido... Está tan triste, tan triste porque tu te has ido... Por eso se convirtió en un guerrero... Piensa que lo abandonaste porque no era digno de ti...

Perséfone escuchó las palabras de su amiga con lágrimas en los ojos...

Nunca lo supe, nunca supe que me correspondías

Se dedica a pelear... El sacerdote supremo de Athena lo acepta como caballero, porque es poderoso y es amado por... por ti. Pelea con valor hasta llegar a ser uno de sus caballeros más fieles... porque tú no has vuelto... ella lo premia con la marca de su protección... Muere en manos de Hades para que ella gane la batalla...

Perséfone no pudo evitar el torrente de lágrimas que fluye de sus ojos azules.

Ariadna, dime si él la ama...

Ella es distante, fría... la ha visto tan pocas veces en distintas vidas... para él es sólo su diosa... pero esta vez es distinto... se conocen desde que son niños... veo una chica de cabellos rojos... ella...

Ariadna se sacudió violentamente y cayó al suelo. Perséfone corrió a ayudarla

Ariadna, ¿qué te pasa? ¿Qué viste?- Ariadna parecía estar aturdida por un inmenso dolor- Contéstame, ¿qué tienes? Guardias...

Dos guardias entraron corriendo unos segundos después al oír el llamado de Diosa

Llévenla a sus habitaciones por favor.

Los guardias recogieronn a la desfallecida Ariadna y se la llevaron. Al quedarse Perséfone sola, se aproximó a él y notó que el agua vertida en su pecho se había tornado roja...





Al entrar a la habitación pudo ver a la joven en cama, reponiéndose de aquel repentino ataque.

Ariadna, ¿te encuentras bien?

Si, ya lo estoy ahora

¿Qué sucedió?

Fue su sangre. Su sangre se mezcló con el agua y pude sentir como me atravesaba la espada de Hades. Fue algo terrible, sentí como si fuera a mí a la que le destrozaba el corazón.

Lo lamento tanto Ariadna. Es mi culpa

No te preocupes. Solo lamento no haber contestado tu pregunta sobre si él la amaba. No logré ver casi nada sobre su ultima reencarnación. Pero eso no debió de haber pasado. El no debería de sangrar... Tengo que averiguar que es lo que le sucede... - dijo ella tratando de ponerse de pie. Pero sus piernas no le respondían y estuvo a punto de caer

Ariadna ¿qué te sucede?

No es nada. Estoy bien.

La joven rubia ayudó a Ariadna a recostarse de nuevo

Deben de haber sido las visiones. Me sucede algunas veces cuando veo el presente, o el futuro, mi cuerpo se debilita un poco. Pero esto fue mucho más intenso, supongo que por eso me siento tan mareada.

Ariadna, descansa por favor. Debes de reponerte. Además, creo que te mereces una explicación

No tienes porque decirme absolutamente nada. Yo no soy quién para juzgar tus acciones o tus sentimientos

Precisamente por eso quiero hacerlo. Tu siempre has sido mucho más que mi pitonisa, has sido mi amiga. Y sólo con una amiga puedo hablar de lo que está sucediendo ahora. Y de lo que sucedió...

El silencio se hizo entre las dos mujeres

Bueno, ya sabes gran parte. Sí, el y yo nos conocimos cuando yo vivía en la tierra con mi madre la diosa Démeter. El era el hijo de un pastor. Lo vi por primera vez en los bosques. Yo pasaba casi todo el tiempo ahí, jugando con mis ninfas. Ellas eran de mi edad y todo el tiempo jugábamos en los árboles y recogíamos flores y frutos. Él estaba jugando con un pequeño becerrito que aprendía a caminar. Se reía mientras lo correteaba y lo acariciaba. Yo también era una niña, pero me maravilló su inocencia. Me acerqué a él sin ocultar mi cosmos, y el no se perturbó en lo más mínimo. Me invitó a jugar con el becerrito y lo hice. Después de un rato el me miró con mucha atención y me dijo "tu no eres normal". Le respondí que era la hija de una diosa. El me dijo "ah" y siguió jugando conmigo. Nunca me había podido acercar a un humano antes sin provocarles miedo, mucho menos jugar con uno. Sobre todo con un niño- dijo ella enrojeciendo.

Pero el me trataba como si yo fuese su igual. Así que seguí viéndolo, sin que mis ninfas se dieran cuenta. Crecimos y el siempre estaba cerca de mí. Yo no pensaba más que en él, y sabía que los humanos y los dioses podían estar juntos, muchas veces había escuchado a mi mamá contar historias sobre Zeus y sus tratos con humanas. Así que pensaba con toda la naturalidad del mundo que él y yo estaríamos juntos para siempre. El me había besado por primera vez cuando yo tenía dieciséis años. Estabamos despidiéndonos después de haber estado juntos toda la tarde, que era nuestro momento favorito del día. Era la hora en que podíamos vernos, pues mis ninfas tomaban la siesta y el había terminado de ayudar a su padre. Ya nos habíamos dicho adiós y caminaba hacia su casa, cuando de pronto, regresó corriendo hacia mí y me besó. Me quedé sin respiración- dijo Perséfone sonriendo con los ojos llenos de lágrimas

– Fue delicioso y yo le respondí. Después, se atacó de la risa, me sonrió y se fue corriendo. Después de eso, todo fue aún mejor. Todos los días era una aventura nueva. El era muy cariñoso conmigo, y cada vez que nos veíamos nuestras caricias eran más atrevidas. Yo temía que quizás mi madre no lo aprobaría, pero no me importaba nada con tal de estar con él. Un día estaba aguardando a que el llegara, cuando vi una hermosísima flor, como no la había visto nunca en ese lugar. Al poner mis manos en ella, fui absorbida de pronto por la tierra. Fue una sensación horrible. Cuando abrí los ojos Hades estaba frente a mí.Me explicó que me había visto jugando con mis ninfas, que estaba enamorado de mí y que quería hacerme su esposa. Yo me rehusé por supuesto pero no tuve el valor de decirle que amaba a un mortal. El resto de la historia ya la sabes. Yo quería morirme. Este maldito palacio era mi prisión. Aquí no podía saber nada sobre él, y mucho menos podía enviarle un mensaje y hacerle saber lo que había pasado. Hades era tan amable conmigo, y no cesaba en sus intentos por tratar de ganarse mi amor. Nos casamos pero él esperó hasta que yo lo acepté en mi lecho. Eso sólo sucedió hasta que me convencí de que nunca podría volver a verlo. Hades fue todo ternura y paciencia conmigo, pero yo tuve que hacer el mayor de los esfuerzos para no ponerme a gritar. Lo único que pude hacer fue imaginar que era él el que tocaba, él el que tomaba mi virginidad...

Ariadna la miró con sus ojos también embargados por las lágrimas. Perséfone había sido tan sincera al contarle todo, tal y como era auténtico su sufrimiento.

Lo siento tanto Perséfone

No confiaba en nadie, y tenía miedo, mucho miedo. Hades siempre fue dulce conmigo, pero yo me di cuenta de lo cruel y terrible que podía ser, y lo mucho que odiaba a los mortales. No podía permitir que el supiera que yo amaba a uno de ellos. Le habría hecho algo horrible a su alma. Así que callé... Cuando pude volver a la tierra, el ya no estaba ahí y yo no me atreví a buscarle...Paso mucho, muchísimo tiempo y yo aprendí a amar a Hades, pero no lo olvidé nunca. Tampoco me atreví a buscar noticias suyas, me consumía el miedo... Cuando vi su rostro en la celda, pensé que estaba soñando. Pensé que quizás sólo se trataba de alguien muy parecido, o que su cuerpo había sido ocupado por otra alma. Por eso necesitaba saber si en verdad era él.

¿Y ahora que piensas hacer?

No lo sé Ariadna, No lo sé...
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seiKaA
Posted: May 24 2008, 10:53 PM


Aspirante a Guardia
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valla!!! O.o

ace tiempo no me leia un buen fic ;D

aunke ya me habia leido gran parte xD

pero no completo... por falta de paciencia u.u

pero ahora si me actualize....

genial trabajo!! felicidades!!!!


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Espada_de_Fuego
Posted: May 27 2008, 01:31 AM


Caballero del Abismo
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Capítulo 5

El tormento de hallarse vivo

Ariadna y Perséfone llevaban ya casi una hora hablando en la habitación de la pitonisa.

Pues no es por presionarte , pero debes decidir y muy pronto qué es lo que vas a hacer. El va a despertar tarde o temprano y se va a dar cuenta de que no ha seguido el mismo camino que el resto de las almas siguen. Podría darse cuenta y tratar de escapar; ha sido un caballero por muchas vidas, es un peleador, en cuanto se de cuenta de lo que está pasando seguramente va a tratar de salir de aquí a como dé lugar.

Tienes razón. Siempre fue muy obstinado-dijo con una media sonrisa que enseguida se borró de su rostro- ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado? El no sabe nada de lo que está pasando a su alrededor. Quizás ni siquiera me recuerda...

Así es, él no sabe lo que tu has sido, el no puede recordar ahora más que los sucesos de su última vida. Pero... – los ojos de la hechicera se iluminaron – mientras más tiempo pase su alma aquí, mayores se harán sus recuerdos de vidas pasadas, sobre todo si bebe del agua de la fuente de Mnemosine

¡ Claro, tienes toda la razón Ariadna!

Hay que pensar muy bien lo que vas a decirle. El tiene que pasar aquí el tiempo suficiente, hasta que pueda recordar la vida en la que te conoció. Cuando recuerde lo grande que era su amor por ti, no habrá que mentir ni hacer nada, el decidirá quedarse.

Eso espero. Entonces tenemos que ganar tiempo

¿Vas a hablar con él?

Es lo que más deseo. Volver a oír su voz, su risa. Volver a verme en sus ojos. Tengo tantas cosas que decirle y no sé ni por dónde empezar...

Tienes que ser muy cuidadosa Perséfone. El no puede saber quién eres hasta que no recuerde su vida juntos.

¿De qué hablas? ¿Cómo va a recordar que me amó si no sabe quién soy?

El nombre no importa, si no la esencia de la persona. Mientras su alma no alcance las memorias de esa vida, tu para el seguirías siendo Perséfone, la esposa de su asesino y por lo tanto su enemiga. Se pondría en tu contra en ese mismo instante. Él, por ahora, no tiene idea de lo que significaste alguna vez en su vida, y lo mucho que te amó

Mentiras, mentiras. No soporto las mentiras. Y es lo único que me queda ahora para recuperarlo. No oiré mi nombre de sus labios

Debes de tener paciencia

Si al menos supiera lo que él siente por Athena... Quisiera borrarla de su vida para siempre

La fuente de Lete puede hacerle olvidar. Pero no podemos arriesgarnos. Podría olvidar todas sus vidas de un solo golpe y olvidarte a ti también.

¡No! No, no podría resistir que me mirara y no supiera jamás lo que vivimos juntos.

Pero no te preocupes, sabremos lo que siente por ella

¿Cómo? ¿Puedes volver a ungirlo con el aceite que preparaste?

No, eso puede llevarse a cabo sólo una vez. Hay que pensar en algo. Mira, si ganas su confianza, el mismo te lo dirá.

¿Y si no hablara de ella?

Bueno, entonces hallaremos la manera, no importa lo que haga falta. Por el momento sabemos que ella tiene toda su lealtad . Ella es, muy importante en su vida, pero quizás para él no signifique nada más que eso. Quizás sea sólo su diosa.

Tienes razón, voy a ganarme su confianza, averiguaré lo que siente por ella y lo haré recordar... Tengo que pensar en alguna clase de estrategia, algo que decirle, incluso se me están ocurriendo unas ideas increíblemente locas. Pero no me importa Ariadna – dijo tomándola de las manos mientras sus ojos azules brillaban intensamente por la emoción- Estoy dispuesta a todo para reconquistar su amor. No puedo dejar de pensar que todo sucede de acuerdo a un plan divino. Quiero decir... todo es confuso ahora, pero el está aquí, por fin, justo ahora que Hades no está. Quizás si esto sucede ahora es para que estemos juntos de nuevo, como si me recompensarán por todo lo que sufrí

¿Y cuando él vuelva?

Perséfone suspiró profundamente

No quiero pensar en eso todavía. Creo que no volverá por un muy buen tiempo, de otra manera Zeus no me hubiera pedido que me hiciera cargo de este lugar. Si eso sucede me dará la oportunidad para ir dilucidando todo esto que está sucediendo, todo lo que siento por ambos. Espero que para ese entonces él ya haya recuperado la memoria... No sé- dijo desesperada- quizás todo falle y entonces volveré a estar sola, sin Hades y sin él...

¿Y si Hades volviera antes y lo encontrara aquí?

¡Eso sería terrible! Ariadna, nadie, absolutamente nadie puede saber lo que ese hombre significa para mí, por su propio bien...- En ese momento, Perséfone se sobresaltó aún más- Tu dijiste que él y Hades han peleado una y otra vez. ¿ Tu crees que Hades se haya dado enterado de que él y yo nos amamos?

No lo creo. Tu lo dijiste antes, tu marido puede ser terriblemente violento. Si el supiera que ese mortal interfería entre ustedes dos, ya habría destruido su alma desde hace muchísimo tiempo. Probablemente sea simplemente que el destino los obliga a enfrentarse una y otra vez sin que ambos sepan que están peleando con su rival en amores.

Muy irónico, como todo en la vida ¿no? Si, seguramente ambos ignoran todo, y así es como hay que mantener la situación. No voy a arriesgar esta oportunidad que sin saber el propio Hades me está dando.

Así es. Y mañana mismo voy a ponerme a averiguar por qué su alma sigue sangrando. Es tan extraño...

¿Tu crees que eso sea peligroso?

No tengo idea. Quizás sea consecuencia de la herida que le inflingió la espada; sabes que es una arma con muchos y muy distintos poderes. Puede que ese sea uno de ellos, aunque no sé que quiera decir o qué pueda hacerle, pero lo sabremos también... Es curioso, cuando me enviaste a torturarlo... me sentí tan mal, como si supiera que él no se merecía algo así

¡Por Zeus! ¡Ariadna, tenemos que hacer que eso pare! No puedo creer que te pedí que lo hirieras, que lo lastimé

No te culpes, tu no sabías en ese momento quién era por él. Solo querías vengar el daño que le habían hecho a Hades

Y aún quiero hacerlo

Bueno, al menos en lo que concierne a Athena, no tienes que hacer nada más que ser feliz – Perséfone la miró con algo de duda – Si, al recuperar el amor del caballero, le habrás robado a ella al único hombre que ha querido en toda su existencia, y tú, habrás recuperado el alma que fue tuya y que lo habría sido para siempre si Hades no hubiera intervenido.

No lo había pensado así, pero tus palabras son verdaderamente sabias. Mi desdicha la proveyó de un leal y poderoso caballero, pero ahora, va a pagar por mi felicidad con llanto. Me encanta. Ariadna... realmente no sé lo que haría sin ti.

Lo mismo pero con otra persona

Claro que no. Escucha mis palabras, esto que haces por mi, no lo voy a olvidar nunca. Voy a hallar la manera de pagarte y de hacerte inmensamente feliz; te daré un día lo que más desees

No hay nada que yo desee que no esté aquí Perséfone

Esta bien. Pero voy a recompensarte de cualquier manera. Por lo pronto descansa. Yo haré lo mismo, nos hace falta. Ha sido una jornada muy larga. Y de nuevo, gracias.

Perséfone salió de la habitación con una sonrisa radiante en los labios. Miró el corredor vacío. Quería descansar, pero no podría hacerlo sin antes verle de nuevo así que se encaminó hacia la torre donde descansaba lo más preciado para ella, el alma del ardiente caballero Pegaso.





Callaba mientras se dirigían a su destino, Tokio. Su inusual silencio no pasó desapercibido para el joven heredero de los Solo.

¿Te encuentras bien?

Claro, ¿porqué lo preguntas?

Es que no has dicho una palabra desde que nos subimos al avión. Te conozco desde hace mucho y sé que algo te pasa.

Es que... estoy... curioso, digo, por saber que pasó allá

Estaba mintiendo y lo sabía, lo conocía tan bien que podía darse perfecta cuenta. Y precisamente por eso sabía que de nada serviría presionarlo, el hablaría hasta que estuviera listo.

Si, yo también me pregunto que sucedió. Especialmente a Kanon, apenas y puedo sentir su cosmos.

Sorrento asintió débilmente, y Julián buscó acomodo en su asiento, pero no podría hacerlo hasta decir algo más.

Sorrento...

¿Sí?

No sé si te lo he dicho alguna vez, pero... me gustaría decírtelo ahora... Tu has sido un amigo fiel y leal desde hace mucho tiempo, cuando la verdad es que probablemente no me lo merezco. Cometí actos terribles y he hecho mucho daño. Me dejé cegar y manipular por Kanon y lastimé a muchos inocentes. Ha sido muy difícil para mí reconocer mis errores, no me criaron exactamente para ser un modelo de humildad y, tener el espíritu del Dios de los Mares en mi no ha sido de ayuda alguna. Todos los días siento el conflicto entre el dios y el humano. Apenas empiezo a perdonarme a mí mismo y tú, sin embargo, lo has hecho, y has seguido a mi lado, sin juzgarme ni hacer reproches. Y eso no te lo puedo pagar con nada. Si tu has podido perdonar todos mis pecados, créeme que tendrás mi lealtad para siempre. Y aunque sé que tu jamás podrías cometer algo malo, si llegaras a cometer cualquier error, yo entendería cualquier cosa que digas o hagas. No sé, estoy desvariando quizás, sólo quería que supieras todo lo que significas para mí...

Gracias Julián. No sabes el bien que me hace escuchar tus palabras – dijo Sorrento desviando enseguida la vista para evitar que él pudiera ver las lágrimas en sus ojos lavanda.





Tomen asiento por favor

Estaban en una sala de juntas del hospital, en la primera hora de la mañana. Marin, Shaina, Seika, Jabu, Geki, Nachi y Tatsumi. Frente a ellos, los doctores Takeshi Sato, Koji Hayakawa y la doctora Harue Saito, que habían tomado bajo su responsabilidad la salud de varios de los caballeros heridos.

Buenos días otra vez. Como les había prometido, he convocado a algunos de los miembros del personal para entregarles un informe sobre la salud de sus amigos y familiares – dijo dándole una cálida sonrisa a Seika- No queremos abrumarlos con los pormenores de las heridas de cada uno de ellos, eso sería demasiado extenso y difícil de comprender para ustedes. Lo más importante es que sepan que hemos logrado estabilizar a la mayoría de ellos. Prácticamente todos presentan fracturas de una y otra clase, sufrieron hemorragias internas y externas, y hemos operado a varios de ellos para reparar lesiones que sufrieron en órganos importantes. Todos se encuentran ya en terapia intensiva, excepto por la señorita Saori, que como saben se encuentra ya en una habitación. Le practicamos rigurosos exámenes y solamente la hallamos anémica. Es una anemia severa, como si hubiera sufrido de una hemorragia extensa así que le hemos hecho una transfusión, pero fuera de eso, su estado de salud es bueno. Sufre de un caso extremo de agotamiento pero estoy seguro de que se recuperará sin mayores complicaciones.

El doctor Hayakawa tomó la palabra

Shun se está recuperando satisfactoriamente y si sigue así lo enviaremos muy pronto a una habitación. Sufrió de varias heridas al igual que todos, pero su gravedad es mucho menor y se puede decir que es el menos lastimado de todos ellos. Además, está reaccionando muy bien a los cuidados que le hemos proporcionado... Desafortunadamente, no podemos decir lo mismo de los demás, que se encuentran muy delicados. Hay en particular algunos de ellos sobre los que queremos hablarles. Dra. Harue, adelante, por favor.

Gracias. Shaka es uno de estos casos. Le practicamos una cirugía exploratoria y encontramos que prácticamente todos sus órganos vitales resultaron severamente dañados, su situación es muy difícil. Cualquiera de ellos podría colapsar en cualquier momento y ya detuvimos una hemorragia en el hígado, pero aún no sabemos si podrá reponerse. El caso de Roshi es muy particular. Su estado es mucho menos crítico que el de Shaka, pero nos ha perturbado bastante, para ser honestos. Cuando llegó, le di por muerto, pues su nivel de actividades corporales era alarmantemente bajo, y les confieso que me tomó algo de tiempo darme cuenta de que se hallaba con vida. No comprendo que le sucede, todo parece indicar que está a punto de morir, y sin embargo parece hallarse estable. Lesionado y aletargado, por llamarle de alguna manera a su estado, y sin embargo estable y con vida, aunque no pueda explicar cómo es eso posible.



Marin y Shaina se vieron la una a la otra, confundidas. No tenían idea de qué estaba hablando el doctor Hayakawa. Todo parecía ser cada vez más extraño: la explosión en la casa de Virgo, sus heridas, Roshi había rejuvenecido inexplicablemente y ahora les decían que lo habían dado por muerto. Y no había nadie que les pudiera aclarar tantas y tantas dudas que se iban acumulando...

Algo similar sucede con Aioros. Sus órganos responden caóticamente – continuó el Dr. Sato – Su actividad cerebral es intensa pero sus vísceras funcionan de manera desproporcionada entre sí. Sus latidos son muy débiles mientras que sus riñones trabajan demasiado, por eso tampoco hemos podido estabilizarlo. No sé como explicarlo, es como si su cuerpo fuese una maquinaria donde los componentes han perdido el ritmo que deben de llevar en conjunto. Sin embargo parece que ninguna de las lesiones es la causante de esta situación tan particular, así que preferimos reservarnos el diagnóstico.

Tatsumi se preguntó en ese momento si lo que había oído era verdad, si ese muchacho del que hablaban podría ser el mismo que había entregado a Saori a su amo, Mitsumasa Kido. Sonaba totalmente imposible, el había muerto hacía dieciséis años, pero después de todo lo que había visto y vivido cerca de la Señorita Kido y los chicos que eran sus caballeros, nada parecía improbable.

En cuanto a Kanon- dijo la Dra. Harue – pues, lamento decirles que no hay nada que podamos hacer por él. – Nadie se atrevió a mirarse al oír aquello. La situación era cada vez peor. Seiya, Shaka, Aioros y ahora Kanon. – Lo tenemos en la Unidad de Atención Especial a Quemaduras. Sufrió lesiones desde el primer hasta el tercer grado, la extensión de piel que resultó dañada sobrepasa el setenta por ciento, demasiada como para que pueda reponerse. Su sistema respiratorio está quemado también, así que es cuestión de tiempo antes de que sufra un paro. Lo único que podemos hacer ahora por el es mantenerlo profundamente sedado para evitarle mayores sufrimientos, pero deben estar preparados para lo peor.



Un silencio pesado llenó la sala. Los ojos de Marin se llenaron de lágrimas al oír la noticia. En realidad conocía muy poco a Kanon, era prácticamente un extraño, que había aparecido en el Santuario poco después de finalizada la batalla contra Poseidón. A pesar del rechazo que prácticamente todos le habían demostrado, ella jamás lo había oído quejarse o defenderse, y aunque Marin también compartía esa desconfianza después de oír los rumores sobre lo que había hecho el gemelo de Saga, no pudo dejar de sentir lástima. Aquella debía de ser una forma terrible de morir.

Seiya pasó la noche, y aunque no hubo ninguna mejoría, el hecho en sí ya es una buena señal. No quiero alimentar ninguna falsa esperanza, su pulmón izquierdo no está reaccionando muy bien . Es muy joven y si fuera otra su situación, quizás podría pensarse incluso en un transplante, pero sería demasiado arriesgado considerando su estado. Mientras su pulmón siga funcionando, no hay que perder la fe.

Creo que por el momento es todo lo que podemos informarles- dijo el Dr. Sato- Poco a poco les iremos informando sobre su evolución y les notificaremos si se presenta algún cambio en su estado, para bien o para mal. Las visitas al Área de Terapia Intensiva generalmente no las permitimos, pero considerando todas las circunstancias del caso, las permitiremos – dijo mientras provocaba una leve sonrisa entre los jóvenes- aunque de manera muy restringida y controlada, no quiero una multitud ahí adentro, ¿de acuerdo?

Todos asintieron levemente. Shaina sintió que el corazón se le aceleraba al oír aquello. Lo único que deseaba era cuidar a Seiya día y noche hasta verlo abrir los ojos, pero eso sonaba imposible. Pero al menos podría verle...

Bueno, sólo quiero recordarles que si tienen alguna duda pueden consultarme a mí o a mis colegas aquí presentes, y les agradeceríamos si se pudieran acercar a algunas de nuestras enfermeras. Ayer, por la premura con la que debimos tratarlos no les pedimos más detalles sobre su información personal o sus antecedentes médicos, y en este momento cualquier dato que nos puedan dar sería de ayuda. Con permiso – dijo la Dra. Saito marchándose con sus colegas.

Parece que esta pesadilla nunca acabará- dijo Jabu

¿Dónde está Kiki? – preguntó Shaina

Le dejamos durmiendo en la mansión. No creo que despierte en un par de horas por lo menos.

Bien, al menos él no sabe todo lo que está pasando – dijo Jabu

Tienes razón – dijo Geki- No queríamos dejarlo pero todos queríamos estar presentes en la junta.

No te preocupes Geki, pero no hay que dejarlo solo demasiado tiempo, es un niño después de todo. Y es también el único aprendiz de caballero dorado que tenemos así que hay que cuidarlo. Podría ser el único que sobreviva.

No digas eso Marin. Van a salvarse, vas a ver. Por lo pronto han dicho que Shun está casi fuera de peligro, y así va a suceder con cada uno de ellos, ya lo verán.

Shaina puso sus ojos en la joven pelirroja que acababa de hablar. Si, no había duda de que era su hermana, sólo alguien de su propia sangre podría ser tan optimista como él. Miró entonces a Tatsumi, que parecía algo nervioso.

Tatsumi, si quieres puedes marcharte a vigilar el sueño de tu ama. No tienes porque quedarte y seguir fingiendo que te importa alguno de ellos – dijo la amazona que había percibido su inquietud y desinterés por la salud de los caballeros.

No digas eso Shaina, es sólo que...

Por favor Tatsumi, lo que dijo Shaina es verdad. No te importan, ni lo hicieron nunca, ni siquiera cuando éramos niños, ¿por qué habría de ser distinto ahora? – dijo el Unicornio con cierto rencor

Este no es momento de discutir Jabu. Con su permiso – dijo el mayordomo retirándose de la habitación.

Marin se sujetó el brazo izquierdo adolorida, y aunque la máscara cubría su rostro, era evidente que no se sentía bien

Marin, deberías de ir a la mansión y descansar un rato – habló Geki – Tatsumi nos ha dado las llaves. Tu también Shaina, ustedes también fueron heridas y ya pasaron toda la noche aquí.

Ve tu Marin, yo me siento perfectamente bien y tu no dormiste nada

Tampoco tu – dijo la amazona del Águila poniéndose de pie, pero en ese momento las fuerzas le fallaron, afortunadamente la silla seguía en su lugar y eso evitó que su caída fuera mayor.

Anda, además, alguien debe de estar ahí cuando Kiki despierte.

Está bien – dijo Marin, que tuvo que reconocer que necesitaba al menos algo de descanso. Un buen baño y una cama no le harían daño, aunque estaba segura de que no podría dormir.

Yo te llevaré Marin – dijo Geki

Gracias, aunque antes quisiera pasar a ver a Seiya, si no te importa- dijo mirando a Seika

Claro que no Marin. Si no fuera por ti, yo no podría estar aquí a su lado

Volveré pronto- dijo Geki llevándose a Marin consigo

¿Ya desayunaron algo? – preguntó Nachi a Shaina y Seika, que movieron la cabeza de manera negativa. Shaina se disponía a protestar cuando Jabu la detuvo

Vamos, tenemos que cuidarnos los unos a los otros o no vamos a poder salir de esta

Gracias Jabu, es sólo que no tengo hambre – dijo Seika

¿Estás segura de que eres hermana de Seiya? Porque él se comería un elefante si pudiera

Una débil sonrisa se dibujo en la sonrisa de cada uno de los jóvenes, que salieron de la habitación en búsqueda de la cafetería del hospital.





Marin y Geki se encaminaron hacia Terapia Intensiva, pero al llegar ahí, la amazona pareció sentirse perdida, sin saber a quien dirigirse, y justo en ese entonces la Dra. Harue salió

Hola, supongo que quieres ver a algunos de los chicos

Si, a Seiya

Claro, ven, acompañame

Ve, yo espero aquí – dijo Geki mirándola amablemente

Traspasaron las puertas de cristal para internarse en aquel laberinto de camas, equipos y pacientes, pero Marin se detuvo casi enseguida, con los ojos llenos de lágrimas al darse cuenta de que en cada cama había un rostro familiar. Shura, Máscara de Muerte (al que habían registrado como Rafael) y Saga.

¿Sucede algo señorita...

Marin, mi nombre es Marin –dijo ella con voz ahogada

¿Sucede algo Marin?

Es que...

Lo siento. Los conoces a todos, ¿no? - ella asintió

Debe de ser muy difícil. Imagino la angustia que te debe de provocar el estado de cada uno de ellos, pero te aseguro que nos estamos esforzando al máximo por salvarlos. Ven, Seiya está al fondo.

Siguieron caminando y más y más rostros: Aioros, Afrodita, Aldebarán, y de pronto, halló a Mu, que yacía acostado en una cama sin almohadas y usaba un collarín.

¿Cómo está él? – la doctora tomó su expediente y lo revisó

Mu... extraño nombre... Costillas rotas, contusiones múltiples, conmoción cerebral, le extirparon el bazo, lesión en la séptima y octava vértebra.

Mu, tienes que ponerte bien. Kiki te necesita, todos te necesitamos. No sabemos que hacer, no sabemos que pasó, necesitamos respuestas, los necesitamos a todos. Recupérate pronto por favor.

Acomodó los cabellos violeta de Mu y al voltear, pudo verlo. Sus cabellos de aquel color rubio obscuro, su rostro hinchado por los golpes. Yacía semisentado en la cama, con el brazo izquierdo unido a su pecho por un complejo vendaje. Todo su aplomo y seguridad se venían abajo al verle, le encontraba tan atractivo a pesar de los golpes. Le importaba tanto, le importaba tanto que no podía acercarse. Aioria.

¿Sabe qué, doctora? Yo... yo no puedo... yo tengo que irme

¿Marin?

No puedo verlos hoy, disculpe que le haya hecho perder su tiempo

La pelirroja salió prácticamente corriendo de la sala sin decir nada. Subió al coche negro que Geki manejó en silencio hacia la mansión Kido

No pude verlo...

Geki la miró confundido. Nunca había oído a la amazona hablar de aquella manera. Pero tampoco todo había sido tan complicado en sus vidas. Y si él hubiera sido un poco más valiente, el también se habría dejado ir y le habría hablado de todo lo que le preocupaba.

Me acobardé. Me pasaron tantas cosas por la mente. Es sólo que... cada uno de ellos ha sido parte de mi mundo, de una u otra forma. A algunos sólo los conozco de vista, con algunos no he cruzado más que un par de palabras, pero no puedo imaginar que haría si les pasa algo... Ya no sé que es peor. Saga está inconsciente, dormido en esa cama, sin saber que la única persona que tiene en el mundo no va a sobrevivir. Aioria quizás no sabe que su hermano que murió hace dieciséis años está vivo, muy cerca de él. Ellos tienen a alguien por quien preocuparse y no sé si sea bueno porque a lo mejor cuando uno de ellos despierte su hermano estará muerto... Máscara de Muerte – dijo riendo nerviosamente – nadie lo quiere, ¡nadie lo conoce! ¡Ni siquiera sabemos como se llama! Probablemente a nadie en el mundo le importe si vive o muere. Y cuando vi los ojos de Seika ayer, cuando volvió a la sala de espera después de haberlo visto... ella es cómo el, es fuerte. Pero lo que vi en sus ojos...- un sollozo la hizo detenerse - Quizás es mejor lo que le pasa a Máscara de Muerte. Si lo logra, estará bien, pero si muere nadie va a llorarlo. Hicieron bien al reclutar solamente huérfanos... no deberían aceptar hermanos en las filas de la caballería.

¿Por qué no lo viste? –dijo él atreviéndose a romper el silencio.

¿Qué voy a hacer si se muere? Él ha sido lo único que he tenido en el mundo por más de ocho años. Mi alumno, mi dolor de cabeza, mi preocupación. Lo vi crecer, lo obligué a esforzarse, lo regañe, lo vi dormir. Ha sido casi mi hijo, prácticamente lo crié. Mi orgullo... mi hermano – dijo con un hilo de voz mientras las lágrimas corrían, cayendo desde el borde de su máscara hacia su regazo – aunque no lo es... Lo quiero...

Geki aceleró, se metió al carril izquierdo y tomó la vuelta para regresar

¿Qué estás haciendo?

No deberías de decirme estas cosas a mí, debes decírselas a él. Pero gracias por hablar conmigo.

Gracias a ti.





Sus grandes ojos verdes no daban crédito a lo que estaban viendo. Por un segundo creyó que estaba alucinando. Como si fuese una niña se frotó fuertemente los ojos, pensando que quizás era el cansancio que la hacía imaginar cosas. Pero no era así. En realidad, un guapísimo hombre de ojos y cabellos azules se dirigía hacia ella. Pero él no era un hombre cualquiera. Era un dios. El mismísimo Dios de los Océanos, Poseidón, caminaba por el corredor provocando que todas las miradas se dirigieran hacia él.

Hacía muchísimo tiempo que Shaina no lo veía. Parecía haber cambiado... madurado, sí, esa era la palabra. Se tensó de inmediato al identificarlo, pero tenía que reconocer que su cosmos no le indicaba ningún peligro. Se asombró aún más al ver que no estaba solo. Lo acompañaban un chico y una chica. Él tenía cabellos y ojos de un extraño color violeta. Era alto y delgado, quizás demasiado. Shaina pensó en Shun al verle, y eso la preocupó aún más, pues sabía que detrás de una apariencia dulce e inocente podía hallarse un temible adversario.

La chica, por el otro lado, era preciosa. Alta, rubia, ojos azules y muy atlética sin dejar de ser profundamente femenina. La amazona sintió algo de envidia Ojalá yo pudiera ser así

Shaina no se encontraba sola. Con ella estaban Jabu y Nachi. Aunque ellos jamás habían visto a aquellas tres personas, enseguida percibieron la presencia de cosmos en ellos y se alteraron. Sobre todo Jabu que enseguida corrió hacia ellos

¿ Cómo se atrev...?

Shaina, con un gesto rápido de su mano izquierda le hizo callar. Jabu se detuvo a su lado y trató de calmarse, no sería nada listo de su parte provocar la ira de la Amazona de la Cobra.

A Julián en cambio no le costó trabajo alguno reconocer en Shaina a la mujer que se había arrojado frente al caballero Pegaso para recibir en su espalda la flecha que había dirigido hacia él. Aquello le había causado una honda impresión y haciendo honor a la verdad se había preguntado más de una vez sobre lo intenso que debía de ser sentir algo tan fuerte por alguien, al grado de dar la vida por él. Se había preguntado si algún día el sería capaz de sentir algo así, y más aún, si sería capaz de inspirar un sentimiento de esa magnitud. Julián Solo se detuvo frente a la joven peliverde que lo miró sin miedo y directamente a los ojos.

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi, amazona

No puedo decir que lo lamento Poseidón

Julián. Llámame Julián por favor

Julián, no quiero ser descortés pero ¿qué diablos haces aquí?

Thetis la habría golpeado en ese mismo instante si no fuera porque Julián con una sola mirada le indicó que se contuviera. Después, miró penetrantemente a Shaina y al fin, sonrió

Me agradas amazona. No te andas con rodeos. Entiendo que les cause extrañeza el verme aquí, pero les puedo asegurar que son buenas mis intenciones.

Shaina levantó una de sus cejas con incredulidad

He venido en son de paz. Sólo quiero saber como se encuentra Sa... Athena. Me costó algo de trabajo dar con ella y con ustedes, pero sé con toda seguridad que está aquí, aunque por supuesto todos en la recepción han negado que ella se encuentre internada. Sólo un enfermero se atrevió a decirme que si quería saber sobre ella debía venir aquí y hablar con ustedes.

Pues ella se encuentra perfectamente bien, gracias por tomarse la molestia de venir a preguntar. Ahora si...

No he venido a hacer daño. Sé que ganó la batalla y que ha vuelto, y puedo sentir lo débil que se encuentra. Supongo que sabes que le ayudé a que la victoria se hallara de nuevo a su lado

Si, lo sé – reconoció ella entre dientes

Si quisiera atacarla ya lo habría hecho, ¿no crees? Lo menos listo que podría hacer en ese caso sería venir aquí, presentarme ante ti y hacerles saber de mi llegada.

Está bien. Te concederé el beneficio de la duda... Julián. Sólo porque aceptaste ayudarnos... Si, ella está aquí y si eso llega a saberse allá afuera te voy a desollar vivo con mis propias uñas. Ya tenemos bastantes problemas aquí como para que la prensa se enteré y comiencen a hacer preguntas. – El sonrió de nuevo; definitivamente le gustaba el estilo de aquella mujer- Está algo débil, como lo dijiste, y por el momento está inconsciente así que no podrás verla. El doctor nos ha dicho que se recuperará seguramente muy pronto. Si quieres, en cuanto despierte, le diré que has venido y si ella así lo desea podrás verla

Disculpa que insista, pero de verdad quiero verla... ahora. He venido hasta aquí con el único propósito de asegurarme de que ella se encuentre bien y no me iré de aquí hasta verla de pie.

Se miraron el uno al otro, evaluándose. Él no iba a desistir y el asunto se ponía complicado.

Esa es una decisión difícil.. Si no te importa esperar a que mis amigos y yo deliberemos...

Claro que no.

Como gustes. Vámonos... – dijo Shaina a Jabu y Nachi, que miraban con enorme recelo a Poseidón y sus acompañantes.

Espera. Hay algo más... quisiéramos ver a Kanon de... Géminis. Porque me imagino que él está aquí, ¿no es así?



Shaina trató de mantener la calma. No había forma fácil de decirles lo que tenía que decirles, y aunque no eran dueños de su simpatía, tampoco quería lastimarlos con algo así, así que abandonó su tono de ironía

Pues lo lamento de verdad, pero no pueden verle. No me miren así, nosotros tampoco hemos podido hacerlo, no es que les esté negando el derecho... Kanon está muy grave y los doctores nos han dicho que es muy probable que no sobreviva

¿Qué? ¿Cómo es posible...? ¿Qué fue lo que sucedió?- dijo Thetis asombrada

No lo sé, lo ignoramos... Sufrió quemaduras muy graves en casi todo el cuerpo. Lo mantienen sedado para evitar que sufra, pero dicen que no hay nada que hacer por él.

Ninguno de los tres podía creer lo que ella les estaba diciendo.

Deben permitirnos verle, antes de que... – dijo Sorrento con una voz ligeramente quebrada

Pues si de verdad quieren verlo hablen con el doctor Sato. Sólo él puede autorizar que le vean, pero no creo que tengan más éxito que nosotros. Con permiso – dijo Shaina marchándose con los caballeros de Bronce

No puedo creerlo – dijo Thetis abrazando a Sorrento. – Kanon no puede estar muriendo, el es tan... fuerte. Julián, tienen que dejarnos verlo

Voy a buscar al doctor Sato. Espérenme aquí.

Ambos se sentaron en silencio y esperaron unos 25 minutos hasta que Julián volvió.

Convencí al doctor y van a permitir que lo veamos...

Julián – dijo Shaina interrumpiéndolos – está bien, puedes entrar a ver a Saori ahora. Por supuesto que no te dejaremos a solas con ella, pero es la única manera de que entres a esa habitación. ¿Aceptas?

Julián miró a Thetis un poco confuso.

Ve Julián – dijo ella muy seria – Tu entra y ve a Athena, Sorrento mientras puede ir a ver a Kanon

Está bien

Julián se fue entonces hacia la habitación de Saori, mientras que Shaina y Thetis intercambiaban miradas asesinas en la sala de espera.





Sorrento fue conducido por una enfermera hasta un área especial donde lo proporcionaron ropa esterilizada para poder ingresar a la unidad de Atención Especial de Quemaduras. Después esa misma enfermera lo llevó hasta la cama que ocupaba el antiguo General de Dragón de Mar. No podía creer que aquella persona que ocupaba aquella cama fuera la misma que el había conocido. No podía ser. Sus antaño hermosos y largos cabellos azules estaban chamuscados y disparejos. Su cuerpo estaba totalmente cubierto por gasas y vendas. Sus párpados ocultaban aquellos ojos azules de mirar siempre intenso. La enfermera le había indicado a Sorrento que no podía tocarlo pues se corría el riesgo de infectar sus heridas o provocar un desprendimiento de piel.

Apretó los puños tratando de contener la oleada de furia e impotencia que lo invadía

No sabes cuántas noches he pensado en todo el daño que has causado... Cuántas noches pensando en tu traición, en tus mentiras, en tu falsedad, hacia la que debía de ser tu diosa, hacia Poseidón, hacia nosotros... hacia mi. Habría puesto mi vida en tus manos, yo confiaba ciegamente en ti. Yo pensaba que eras un hombre noble que buscaba hacer de este un mundo mejor. Y resultaste ser solo un pobre diablo enfermo de poder... Y me he repetido una y mi l veces que si ahora te está pasando esto es porque te lo mereces. Por traidor. Contaminas todo lo que tocas, Kanon, porque eres un traidor y has hecho un traidor de mí también... Porque amarte no puede ser si no una traición

Las lágrimas habían hecho un nudo en su garganta que le impedía hablar. Se secó con sus delicados dedos las lágrimas que amenazaban con desbordarse de sus ojos y se mordió nerviosamente un labio. Tenía que decirlo, aunque no hubiera ya nada que hacer. Se acercó un poco mas y rozó uno de los cabellos azules del segundo caballero de Géminis

Muchas noches he pensado sobre la naturaleza de lo imperdonable. ¿Qué quiere decir esa palabra? Para mucho, lo que tu has hecho es imperdonable. Yo mismo he pensado que no hay forma de olvidar lo que hiciste, y me he preguntado si todo lo que sé de ti es falso, como eran falsos tus deseos de ayudar a Poseidón. No lo sé, sólo tu podrías contestar a esa pregunta, y los doctores dicen que no lo harás... pero no puedes irte sin saber que te amo. A pesar de todo, incluso de mí mismo. Te amo. O quizás solo amo la imagen que creaste durante aquellos años que pasamos juntos, pero esa imagen tiene tu voz, y tu aroma, y tus ojos, y no puedo sacarla de mi cabeza. Y si no fuera porque hoy estás aquí no me atrevería a decirlo. Y quiero que sepas que da igual lo que suceda, si vives o mueres, de todas formas yo no puedo seguir sin ti...
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Espada_de_Fuego
Posted: May 28 2008, 01:17 AM


Caballero del Abismo
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Capítulo 6

Prisioneros

Perséfone volvió al cuarto oracular. Quería verlo con más cuidado. Todo era distinto ahora que sabía que efectivamente era él, su amor infantil, su compañero, su enamorado. Pero al entrar al cuarto lo encontró vacío. Su corazón subió hasta su garganta al ver las cadenas abiertas y el lienzo blanco abandonado en la plataforma donde antes había reposado él. ¿Se habría despertado? La angustia la invadió por un segundo, pero trató de no perder la serenidad. Quizás lo habían de nuevo al calabozo llevado las aprendices de Ariadna. Así que se lanzó escaleras abajo en su búsqueda. Una mezcla de alivio y dolor la invadió al verle de nuevo pendiendo de aquellas cadenas, ataviado con unas ropas casi iguales a las que había usado cuando había sido entrenado en el Santuario.

Avanzó entre las penumbras hacia él, mirándolo con mucha atención. Ver su rostro hacía que le doliera el corazón. Él soñaba. Cosas terribles y dolorosas.

Ella pasó la yema de sus dedos por los sus párpados, y él pareció relajarse. Ella recorrió sus labios y cerró los ojos. Los conocía de memoria. Podía verlos en su mente, en sus sueños. Pero aquello no era un sueño. El destino había querido que él volviera a ella, ya que ella no había podido volver a él. Abrió los ojos y el seguía ahí, justo enfrente. Indefenso ante sus deseos. Inocente y dulce, como siempre. Sus cabellos aún se hallaban húmedos por el aceite que habían vertido en ellos. Perséfone se hincó ante él e hizo deslizar sus finos dedos por los cabellos resbalosos de él.

Aquel día en la lluvia

Era una tarde de verano. El sol brillaba con enorme intensidad y sus ninfas no querían jugar con un calor tan abrumador, así que ella no había tenido que buscar ningún pretexto para salir sola y encontrarse con él.

El venía de ayudar a su padre en una larga y bochornosa jornada, y aunque se hallaba muy cansado, el sólo pensar en que la vería era un estímulo más que suficiente para hacerle trabajar de manera infatigable hasta acabar con sus labores para ir a saborear al lado de ella sus pocas horas de deliciosa libertad. Llegó corriendo y sin aliento, y ella estaba ahí, esperándolo. El la besó realmente lento, y después se echó a correr. Ella le siguió a través de los árboles y la hierba alta. Corrían y jugaban, riendo y gritando sin que nadie los perturbara. De forma repentina comenzó a llover. Era una de esas tormentas de verano que no menguaban el calor y que comenzaba de forma inesperada. Perséfone no quería mojar sus ropas, pero en pleno cielo abierto no había nada que pudiera hacer para evitarlo

Mi vestido se va a arruinar

No seas vanidosa, es sólo ropa

Anda, vamonos. Si corremos podríamos llegar hasta la cueva

Está muy lejos de aquí. Además, estoy cansado de tanto correr. Y no me desagrada la idea de caminar bajo la lluvia.

Ella se dio por vencida. No podía negarse cuando él la miraba de esa forma. Así que se olvidó de la ropa, le tendió la mano y caminaron en silencio mientras la tormenta se desataba. Era una sensación hermosa; el calor era aún muy intenso, su piel se hallaba caliente por el esfuerzo realizado y las gotas de lluvia se sentían deliciosamente frías corriendo por sus cuerpos. La tierra mojada inundaba sus sentidos; su aroma, la sensación que provocaba bajo sus pies. El se detuvo de pronto y la miró largamente. Ella sonrió, pero se dio cuenta de que el se puso muy serio de pronto, así que ella decidió seguirle la corriente y se puso frente a él. No podían quitarse los ojos de encima el uno del otro. La lluvia había empapado por completo sus vestimentas, que se pegaban a sus cuerpos como una segunda piel. La túnica de ella, originalmente de un color verde claro, era ahora deliciosamente transparente. Sus senos, redondos y firmes lucían en todo su esplendor frente sus ojos cafés. Al verla así, expuesta, húmeda y sonriente, no pudo evitar un suspiro

Eres lo más hermoso que he visto jamás

Yo podría decir lo mismo de ti

Eso no es cierto, yo soy sólo uno más

Claro que no. Si pudieras verte como yo te veo ahora, sabrías que estás en un error.

Dio un paso hacia él para poder deslizar sus dedos entre los húmedos cabellos castaños, y el cerró los ojos ante la placentera sensación que le producía la inesperada caricia. Él colocó su propia mano sobre la de ella, y acarició con dulzura la suave piel de sus manos

Ni siquiera debería de tocarte. Tus manos son tan suaves, y las mías...

Son fuertes. ¿No ves que por eso es perfecto? -dijo ella dándole un beso ligero como la lluvia, que había disminuido su intensidad.

El roce de sus finos labios le producían escalofríos en la espina dorsal. Con algo de miedo, la mano que había estado sobre la de ella, fue bajando y recorriendo lentamente la piel de su delicado y blanco brazo, hasta llegar a su hombro. Ella pagaba aquella caricia haciendo el beso más profundo y lento. El colocó sus manos sobre sus hombros, y en ese momento, se detuvo.

Sabía que ellos no eran iguales, ella era una diosa y él un mortal, pero jamás había sentido como en ese momento el deseo loco de poner sus manos sobre su piel y comprobar si el resto de su cuerpo era tan suave como sus manos y sus labios. La miró muy seriamente

¿Puedo tocarte?

Sólo si tu también me dejas hacerlo

El asintió con una media sonrisa. Ella se sentó en flor de loto, en medio de la hierba húmeda. El hizo lo mismo al verla

¿Puedo ser la primera?

Si

Con un ágil movimiento, ella colocó sus manos sobre sus piernas. Cerró los ojos mientras se aferraba a los muslos fuertes de él y los acariciaba y estrujaba al mismo tiempo.

Me gustan tus piernas – dijo sonriendo – son tan...

El no pudo evitar un gemido de placer. Ella lo miró sorprendida

¿Por qué hiciste eso?

¿Qué? – dijo el demasiado absorto en sus sensaciones como para darse cuenta

Gemiste

No sé, es sólo que sentí algo muy hermoso cuando me tocaste y no pude contenerme

Hazlo – dijo ella mirándolo con picardía – tócame

El colocó sus manos de nuevo justo donde se había detenido, en sus hombros. Ella cerró los ojos con prontitud, con una enorme sonrisa en los labios y con el ansia de experimentar lo que él había experimentado. Pero cuando sus cálidas manos recorrieron sus ropas mojadas y se posaron en sus senos, Perséfone abandonó aquella sonrisa de niña y se dejó guiar por las caricias de él hacia su vida de mujer.

El no podía apartar sus ojos del milagro del cuerpo de ella, de la redondez de sus pechos y lo suaves que se sentían entre sus manos. Y al ver su rostro extasiado y sorprendido al mismo tiempo, la besó de nuevo sin dejar de acariciar los pezones erectos de Perséfone...





Un ruido la sacó de pronto de sus recuerdos. Y entonces se dio cuenta. El momento había llegado; el estaba saliendo de su sueño. La diosa pensó de pronto en huir. Aún no estoy lista

Pero como había sido siempre, el fue más rápido de ella y abrió en un instante sus ojos. Y al verlos, supo que sus piernas no le iban a responder. El momento que más había ansiado y temido a la vez había llegado. Él por fin había vuelto a ella

Seiya abrió los ojos. Se sentía demasiado confundido. Horribles imágenes lo habían asaltado una y otra vez: sus peores pesadillas lo acosaban y lastimaban. Pero al despertar aquello había parado, no podía sentir nada amenazador en aquel momento. Había despertado porque algo lo había atraído hacia sí y lo había salvado del dolor. Era una presencia cálida y confortante que parecía haberlo llamado del lugar terrible en el que se hallaba.

Perséfone entonces se dio cuenta de que un resplandor violáceo iluminaba las tinieblas del calabozo, y lo despedía ella misma, siendo ahora la dueña del Inframundo. No podía permitir que él se diera cuenta, no podía saber su verdadera identidad así que ocultó su cosmos y el resplandor desapareció.

Los ojos de él pudieron percibir una tenue luz que parecía envolver a una persona, podría decirlo, pero nada le parecía seguro en medio de aquellas tinieblas. La presencia que lo había llamado también se había marchado. Pero mientras los segundos pasaban, comenzó a darse cuenta de que, efectivamente, alguien estaba ahí con él, mirándolo y de hecho, tocándole.

En la casi imperceptible luz que se filtraba por una distante ventana, pudo distinguir que se trataba de... si, parecía ser una mujer . Era una mujer la que le hallaba en medio de aquella obscuridad. Un rayo de luz, sin embargo, iluminaba tenuemente su rostro. Su cabello era rubio, tan rubio como el de Hyoga, pero ella lo tenía largo y ondulado. Toda ella parecía un rayo de luz en medio de la penumbra. Destellos dorados provenían de sus cabellos y parecía tener un perfil perfecto. Sus ojos eran de un azul tan claro que le recordaban el mar de Grecia. Grecia. Su segundo hogar. El santuario. Todo vino de golpe a Seiya

¿Dónde están? ¿Están bien? – apenas y podía hablar

¿Quiénes?

Necesito saber si ellos están bien

¿De quién hablas?

De Saori, Shyriu, Shun, Ik...

Aquí no hay nadie, sólo tu y yo...

¿Eres un ángel? – dijo con voz débil y quebradiza

No – dijo ella algo triste – No lo soy, ojalá lo fuera

Debes de serlo. He muerto, ¿no es así?

Sí, así es

Pero, no eres un ángel

No, no lo soy

- Pues pareces uno. Eres hermosa

La sangre se agolpó en la cabeza de Perséfone al oírlo decirle esas palabras de nuevo. Su voz era tal y como ella la podía recordar, al igual que sus ojos, siempre de aquel color café obscuro, grandes y brillantes como dos estrellas.

Gracias – dijo sonrojándose levemente ¿Cómo te llamas?

Seiya

Seiya... es un lindo nombre

¿Y tú? ¿Por qué tienes un nombre no?

Sí, me llamo... Diana, mi nombre es Diana

Diana. ¿dónde estamos? Porque... he visto el Inframundo, mucho más de lo que hubiera deseado jamás y esto no se parece a nada que yo conozca

Estás en Asfodelos

¿Asfodelos? No había oído ese nombre jamás

Es que... son muy pocos los que llegan aquí

Así que... si no eres un ángel Diana¿quién eres? ¿qué haces aquí? Porque -dijo al sentir las cadenas sujetando su cuerpo – esto parece una prisión, ¿eres mi carcelera?

¡No, claro que no! Yo... ¡Piensa algo rápido!... ¡No! No…- dijo ella sonriendo- Yo también… estoy prisionera en este lugar- dijo sin mentir, después de todo, no era la dueña y señora del Inframundo porque así lo hubiera deseado

¿Tú? ¿Qué puede hacer alguien como tú para estar encerrada aquí?

Me... me interpuse en el camino de los Dioses sin querer. Y no se puede hacer eso y salir indemne. Hay que pagar un precio

Supongo que tienes razón.

¿Y tu, Seiya? ¿Qué hiciste para llegar aquí?

Pues ahora que lo mencionas, yo también me he interpuesto en el camino de un par de dioses. No porque lo haya querido, créeme, es solo que... me vi obligado

¿Por qué, o por quién?

Era mi deber hacia... Athena. Yo soy... digo... fui uno de sus caballeros

Ah! – dijo fingiendo sorpresa mientras trataba de disimular los celos y la furia que le provocaba oír su nombre – vaya, un caballero. Pero bueno, entonces... si hiciste lo que hiciste bajo las órdenes de... ella, supongo que entonces vendrá a salvarte de esto. Es su deber responder por tus actos ante Zeus para que seas liberado.

No sabía nada de eso. Pero¿y tú? ¿No hay nadie que pueda venir y responder por ti?

Los ojos de Perséfone se llenaron de lágrimas. El seguía siendo compasivo y honesto, transparente.

No – dijo con voz quebradiza – nadie puede ayudarme

No llores –dijo tratando de extender su mano para alcanzar su rostro, aunque las cadenas se lo impedían – le hablaré de ti a Athena cuando venga, para que te ayude. Saldremos de aquí, te lo prometo

Perséfone no se pudo contener y depositó un beso en la comisura de sus labios

Gracias Seiya. Debo irme, pero voy a volver, te lo prometo. No voy a dejarte solo, de verdad – y caminó hacia una de las esquinas obscuras de la habitación y desapareció.

Perséfone apoyó su espalda en la fría pared de aquel calabozo. Las lágrimas corrían por sus mejillas. Pero no eran lágrimas de dolor, si no de dicha. Acababa de hablar con él, como si no hubiera pasado una eternidad desde la última vez que lo habían hecho. Había tenido que improvisar una mentira, pero después de todo quizás no lo había hecho tan mal. Le había dicho que Athena iría por el, y eso por supuesto no iba a suceder. El pensaría entonces que a ella no le había importado lo suficiente y dejaría de pensarla. Y si seguían el plan de Ariadna y le hacían beber del agua de Mnemosine, poco a poco el iría recordando sus días bajo el sol y la lluvia.

Recuerda Seiya... recuérdame



Ella se había marchado y le había dejado solo en la penumbra. Puso sus manos en las cadenas y deteniéndose de ellas logró ponerse en pie. Al hacerlo, un leve dolor le recordó la forma en la que había muerto. Le pareció extraño, morir significaba dejar atrás el sufrimiento físico y al parecer el no lo había hecho.

Pensó entonces en sus amigos, y en Saori. Cerró sus ojos e hizo un esfuerzo por sentir sus cosmos, pero no lo logró. Quizás habían salido ya del Inframundo y vuelto a su hogar. Quizás algo malo les había sucedido, pero no sentía angustia alguna al pensar en ellos y eso lo tranquilizó. Debían de estar bien, o al menos eso esperaba con todo su corazón. Así todo habría valido la pena. Y después de todo, según lo que Diana le había dicho, la aventura para él, el caballero de Pegaso, aún no había terminado.





Una enfermera entró a la Unidad de Quemaduras para hacerle unas curaciones a Kanon, así que le pidió amablemente que saliera por un rato, mientras ella lo atendía. Sorrento salió de ahí sintiéndose totalmente perdido, sin saber adonde ir o que hacer. No existía nada para él afuera de esa habitación que valiera la pena. De pronto todo había perdido por completo el sentido; el trabajo caritativo al lado de Julián, el agradecimiento de toda la gente a la que habían ayudado, la vida, el mar, nada, nada tenía sentido. Lo único que quería hacer era quedarse ahí para siempre, a su lado. Que curioso. Había llorado ya tantas veces por él que cualquiera que hubiera presenciado cada lágrima, pensaría que ya no había nada más por llorar. Podría decirse que lloraba todo el tiempo, y lo más curioso es que sucedía en el momento más inesperado. Al oír una canción, al acostarse, al abrir y los ojos y pensar en él. Y sin embargo, aún estaba ahí, lágrima tras lágrima.

Afortunadamente, Thetis estaba ahí afuera. Después de pasar cuarenta minutos viéndose con Shaina, observándose, criticándose y desaprobándose en silencio la una a la otra, decidió que había tenido bastante y se fue a esperar a que Sorrento saliera de ver a Kanon. Sabía que la necesitaría. Y así era, en cuanto él salió y ella pudo ver sus ojos rojizos por el llanto, supo que había hecho lo correcto, y le abrió los brazos, para que pudiera desahogarse.

Thetis, no puedo... no puedo resistir esto. Se está muriendo

No, no. Él no se va a morir. Estás hablando del hombre que supo manipular a un Dios. No me mires así, no lo digo con mala intención, me refiero a que Kanon no se da por vencido nunca. No se murió en Cabo Sunion, y no lo va a hacer ahora.

No puedo ver a Julián. No puedo. Se va a dar cuenta de que lo amo y no me lo va a perdonar nunca y... voy a perderlos a los dos

Tranquilízate, no va a ser así – dijo ella tomándolo por los hombros y mirándolo con un inmenso cariño - Julián está con ella, le permitieron verla así que tienes tiempo para tranquilizarte. Y aunque el se enterara, no lo perderías. El va a entender...

¿Qué' ¿Qué me enamoré del hombre que nos mintió, nos engaño, nos manipuló y nos traicionó? ¿Tu crees que me lo va a perdonar?

Hey, no es tu culpa. El amor no nos pide permiso, a veces simplemente amamos, sin poder controlarlo. Es lo que te sucedió a ti, es... lo que me sucede a mí. – Sorrento sonrío levemente entre las lágrimas. Si algo lo había mantenido en pie durante todo aquel tiempo, había sido su amistad con Thetis. Eran confidentes y amigos, y lo compartían todo, incluso sus amores no correspondidos e imposibles. Juntos enfrentaban todo lo malo y lo bueno, y de esa manera, no se sentían tan solo y desamparados

Escucha, yo creo que debemos de irnos, tomar un baño, comer algo y...

No, no. Yo no me voy a mover de aquí ni un segundo. Si estos son los últimos momentos que puedo pasar a su lado, no los voy a desperdiciar. Pero tu deberías de ir y hacer todo eso

No. Si te quedas yo me quedo contigo

De verdad Thetis, ve, quiero que vayas. Llévate a Julián contigo. Así yo podré estar más tiempo con Kanon y tranquilizarme para cuando ustedes vuelvan.

¿Estás seguro?

Claro que si.

Está bien. Entonces iré por Julián. No te preocupes, no tardaremos mucho, te lo prometo.

Sorrento asintió mientras Thetis le daba un beso en la mejilla y lo abrazaba. El la vio alejarse por el pasillo, y por fin, cinco minutos después, la enfermera le permitió volver a entrar al único lugar en el que ahora deseaba estar, al lado del hombre al que amaba.





El sol brillaba en todo su esplendor cuando Kiki despertó después de dormir mas de dieciséis horas seguidas. Reaccionó con mucha lentitud pues sentía los párpados terriblemente pesados y el sol le molestaba un poco. Se frotó los ojos con mucha fuerza y se incorporó. Se sintió algo inquieto al darse cuenta de que no reconocía el lugar en el que se hallaba. Pero mientras los segundos pasaban, la enorme habitación le parecía más y más familiar. Había dormido en una gran cama y tenía puestas sus ropas habituales. Trató de recordar lo último que había hecho; había esperado con una enfermera después de teletransportar a Ikki y a Seiya, pues no lo habían dejado entrar. No había resistido tanta presión y se había echado a llorar. Horas después habían arribado el resto de los caballeros, y con ellos su maestro, al que sólo había podido ver pasar. Espero una hora más en la entrada, acompañado por Geki hasta que una enfermera le permitió ingresar hasta una sala de espera. Estaba exhausto después de haber participado a su manera en la pelea contra Hades y después haber llevado hasta Japón a dos personas junto a él. Así que en cuanto se sentó en uno de los mullidos sillones de aquella sala de espera, todo el cansancio se le vino encima y no supo más de sí.

Alguien debía de haberlo llevado hasta ese lugar. Se puso de pie somnoliento y se asomó a la ventana, y desde ahí pudo ver que estaba en una casa gigantesca, entonces todo tomó forma en su mente y recordó que aquella era la mansión de Saori en la que ya había estado alguna vez.

En ese momento se abrió la puerta y entró la Amazona del Águila. Había dormido solo cinco horas pero se sentía muchísimo mejor. Había sido un sueño reparador y ahora se sentía mucho más calmada y lista para enfrentar lo que fuera a venir. En cuanto despertó pensó en Kiki y se dio a la tarea de buscarlo; afortunadamente se encontró con Megumi, una doncella que trabajaba en la mansión y que le indicó en qué cuarto habían acostado al niño, de otra manera habría pasado un buen rato yendo de habitación en habitación

Veo que ya despertaste

¡Marin! ¡Que bueno ver a alguien conocido!

Hola Kiki. ¿Hace mucho que estás despierto?

No, acabo de despertar – dijo llevándose uno de sus brazos a la cabeza en un gesto que a Marin la llenó de tristeza pues le recordó a su propio alumno. Kiki se dio cuenta del cambio en ella y se inquietó

Marin, ¿cómo están todos? ¿Qué ha pasado?

La joven se sentó algo apesadumbrada en la cama y Kiki fue hacia ella, colocándose a su lado

Los doctores hablaron con nosotros esta mañana. Saori y Shun están inconscientes pero muy bien, parece que sólo están reponiendo sus energías. Los demás están graves, pero les están dando las mejores atenciones y seguramente ellos también se van a poner muy bien

¿Has visto a Mu?

Si. Lo vi antes de venir aquí. Está malherido, pero le dije que se tiene que poner bien muy pronto porque todos lo necesitamos. –Kiki sonrió aliviado al oír aquello. Mu era más que su maestro, era como su propio padre.

¿Y Seiya también se va a poner bien?

La pregunta del niño se clavó en Marin como una flecha. Deseaba con toda el alma decirle que si, que él también se pondría bien. Pero todo parecía indicar que no lo haría, y tampoco quería mentirle a Kiki, sería peor pues si algo malo llegara a suceder la desilusión sería terrible.

Kiki, Seiya está muy mal. Está en coma y no saben si pueda salir de él. Sus heridas son muy graves

Pero... si alguien puede salir de una situación así es Seiya¿no crees Marin?

Tienes razón Kiki. Si alguien puede salir de esta es él – dijo Marin abrazándolo ligeramente, tratando de que el le transmitiera su positivismo y su fe ¿No has comido nada, o si?

No, y tengo hambre

Yo también. Ven, vamos a buscar algo de comer.





Era un penthouse inmenso, decorado en colores blanco y marfil. La chica se sintió de pronto terriblemente inapropiada. El se dio cuenta de que algo había cambiado en su actitud.

¿Pasa algo?

Es sólo que todavía no me repongo. Han sido demasiadas emociones juntas. Hace cuatro días ni siquiera sabía dónde estabas. Y de pronto el eclipse, tu ayudando a Athena, el viaje a Japón y ahora, Kanon muriendo en una habitación de hospital. Es demasiado, ¿no crees?

Julián asintió en silencio.

¿Tu crees que sobreviva?

No sé. La verdad no esperé que sus heridas fueran tan graves. Pero Athena está ayudándolos.

¿Qué?

Pude sentirlo cuando me permitieron entrar a verla

¿Está herida? – dijo ella tratando de que su voz no denotara los celos que la carcomían cada vez que oía su nombre.

Muy levemente. En realidad sólo parece agotada por la batalla. Pero su cosmos está… no sé cómo explicarlo… es como si los abrazara y los protegiera. Estoy seguro de que los está curando. Solo espero que sea suficiente para salvarlo. No pensé que su estado de salud me afectaría tanto. Pero es que no puedo olvidar lo mucho que lo admiré, las cosas que me enseño, lo mucho que llegué a apreciarlo. Y a pesar de todo lo que hizo, no dejo de pensar en que está muriendo por haber ayudado a Saori a salvar la tierra.

Mientras tu estabas con ella y Sorrento estaba con Kanon, pude ver a su gemelo, a Saga. Me impresionó muchísimo lo idénticos que son. La enfermera dijo que su estado es delicado, pero está mucho mejor que Kanon. ¿Tu crees que sea una coincidencia?

¿A que te refieres?

A si no te parece una enorme coincidencia que mientras que al gemelo protegido por Saori no le fue tan mal, Kanon esté a punto de morir. Piénsalo. En realidad no sabemos a ciencia cierta lo que sucedió allá arriba. ¿O lo sabes tu?

No. Pude sentir ciertas cosas, pero es difícil. No estoy familiarizado con los cosmos de los caballeros de Saori. Sólo pude sentir que ella logró herir a Hades y ganar la batalla. Lo que si sé es que ella es incapaz de hacer algo así.

Sigues enamorado de ella, ¿no? A pesar de todo lo que ha ocurrido.

¿De que hablas?

De nada. Olvídalo.- Thetis se dirigió con rapidez hacia la puerta

¿A dónde vas?

Tengo que buscar un hotel donde quedarme

¿Por qué? Te quedarás aquí

¿Es una orden?

¿Qué te pasa? No me dirigiste la palabra en todo el viaje, después me preguntas si aún amo a Saori¿y ahora me dices que te marchas?

No tienes ni la menor idea de que es lo que pasa¿verdad? Claro, no porque seas un dios dejas de ser un hombre. Sólo olvídalo Julián, olvídalo.

Thetis, perdó… - Julián calló, sorprendido de lo que había estado a punto de decirle. La tomo del codo con suavidad y la giró hacia sí. – Mira, los dos estamos muy cansados. Por supuesto que eres libre de hacer lo que te plazca, pero de verdad me gustaría que te quedaras. Tokio es una ciudad muy grande, es tu primera vez aquí y yo tengo muchas habitaciones libres. Además, debemos de permanecer juntos por cualquier evento que se pueda presentar.

Está bien. Lo lamento. – Un silencio incómodo se hizo entre los dos ¿Podrías indicarme dónde voy a dormir? Sólo quiero tomar un baño, comer algo y volver al hospital. Sigo pensando que no debimos dejar a Sorrento solo.

Sube las escaleras. Tercera puerta a la izquierda. Tus cosas ya deben de estar ahí.

Gracias

Thetis… nunca la amé.

La rubia se detuvo al oírlo decir aquellas palabras

Pensé que la amaba. Yo era muy joven y no sabía nada, ni sobre ella ni sobre mí ni sobre sentimientos. Pero lo he pensado mucho y me doy cuenta que no era mas que una obsesión. Pensaba que podíamos ser la pareja perfecta. ¡Que estúpido! Ni siquiera la conocía, tal y como no la conozco aún ahora. Creo que se está convirtiendo en una mujer increíble, una verdadera diosa, pero el destino nos ha probado una y otra vez que no somos el uno para el otro¿no crees?

Buenas noches Julián- dijo la sirena tratando de ocultar la enorme sonrisa que estaba por emerger en su rostro mientras subía las escaleras.

La alfombra que cubría el pasillo le impidió a ella oír las pisadas cuando el subió corriendo y entró a su cuarto

¿Estás celosa? - dijo el en su oído. Ella volteó a verlo con furia pero el puso un dedo en sus labios y la calló – Mi preciosa sirena, por favor, dime que estás celosa de Saori.

¿Yo? ¿Pero... – y entonces, al mirarlo, supo de pronto que ya no había que fingir, que había llegado el momento de sincerarse. Su corazón redobló sus latidos por el miedo, pero ya no había marcha atrás – Por supuesto que estoy celosa. Cada vez que oigo tu voz mencionando su nombre siento que el mundo se me acaba

No tienes por qué sentirte así. A la que no puedo dejar de pensar es a ti.

¿Pero cómo podría competir con ella, si es una dio...?

Julián tomó su rostro entre sus manos y la besó con intensa lentitud

¿Para qué quiero a una diosa, si te tengo a ti, mi sirena?

Julián… yo… ¿estoy soñando verdad?

No tiene sentido que lo siga negando. Este sentimiento no cede así me aleje medio mundo de ti. Eres tu la que está dentro de mí, a la que no puedo dejar de pensar, a la que no puedo dejar de querer.

Julián la tomó entre sus brazos y depositó en sus labios un húmedo y sublime beso.

La verdad es que si Athena hubiera fracasado habría sido el fin para todos, por eso la ayudé. Y durante aquellas interminables horas en la obscuridad, sólo podía pensar en ti, en tus ojos, en tu rostro. Traté de llenar mis días y mis noches con actividad para que no quedara ni un espacio libre para pensar en ti, pero nada pudo lograrlo. Me acechabas en sueños, cada noche peor que la otra. No podía olvidarte, y cuando llegó el eclipse, sólo podía temer que tu estabas lejos, que no podía protegerte y tampoco tenerte. Sé que he hecho cosas terribles pero...

Fue ella entonces quien lo calló a besos. Se fueron dejando, atreviendo, con pasos lentos pero seguros, de la puerta a la cama, de los labios al pecho, del oído al hombro, de los dientes a la piel. El aroma del Mediterráneo emanaba de la piel de él, mientras la nieve parecía haberse derretido para crear la suave piel de ella. Él la recostó con mucho cuidado en la cama y se tendió a su lado, y la besó de nuevo, mientras ella recorría con sus dedos la piel de su cuello, en la cual podía sentir la sangre corriendo más rápido por sus venas, como lo hacía en su propio cuerpo. ¡Cuánto lo deseaba! Era virgen, y sin embargo lo deseaba; el deseo había llegado a su vida el día que lo conoció, y era aún más hermoso porque había llegado de la mano del amor. Quería saber cómo era tocar su piel, que el la hiciera su mujer, que escribiera en su cuerpo que para ella jamás habría otro hombre. Sus ágiles dedos bajaron de su cuello al borde de su camisa de seda, para liberar cada pequeño obstáculo que se interponía entre ellos, mientras el no dejaba de besar sus labios rojos como el coral. Por fin ella venció hasta al último botón, y entonces, tomó una de las manos de él que habían descansado sobre su cadera, la llevó a tomar el cierre de su blusa y lo hizo bajarlo, exponiendo así un brassiere azul que guardaba celoso sus suaves pechos

Tómame Julián

¿Estás seguro de lo que vas a hacer con esa mortal?

Julián estaba a punto de besarla de nuevo, pero se detuvo en seco al oír esa voz que parecía provenir de su cabeza. ¿Estaría enloqueciendo?

Jule, ¿estás bien?

Yo... ¿cómo me llamaste?

Jule- dijo la chica sonrojándose

Me encanta como suena mi nombre en tu voz

Julián volvió a besar sus labios para bajar de ellos a su cuello, deteniéndose a mordisquear el borde de que separaba a su cuello de su pecho. Los suspiros entrecortados de Thetis eran la más maravillosa de las melodías, y en medio de ellos, Julián volvió a oír

Si la posees la habrás marcado para siempre y ya no podrá amar a nadie más

No era una alucinación, lo podía oír con toda claridad, y entonces pudo ver una figura oculta en la esquina de la habitación
Una vez que la poseas, ya no habrá marcha atrás

¿Julián, qué es lo que sucede?

El la miró de pronto con ojos nuevos. Ignoraba quién o qué era esa figura, pero sabía dos cosas: que no entrañaba ningún peligro para ambos, y sobre todo, que lo que había dicho era cierto, nada sería igual si dormía con Thetis.

- Discúlpame, no puedo hacer esto – se puso de pie y se marchó de la habitación dejando a la joven vagando entre el deseo insatisfecho, la furia y la confusión. Ella se dio media vuelta para quedar boca abajo y mordió furiosa la almohada para contener un grito, mientras arañaba el edredón de su cama y las lágrimas asomaban a sus ojos azules.
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Espada_de_Fuego
Posted: May 29 2008, 01:19 AM


Caballero del Abismo
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Capítulo 7

Tan cerca y tan lejos...

Cada segundo era un tortura; cada segundo transcurrido en aquel silencio era la señal de que él seguía resistiendo, vivo. Pero por otra parte, pensaba que en cualquier momento podrían darles la noticia de que el había muerto y ella no había podido verlo. Tampoco había buscado la oportunidad. Cobarde, cobarde, se llamaba una y otra vez. Y es que una parte de ella se aferraba a la esperanza, otra a la negación. Pero sabía que una vez que lo viera, no podría seguir manteniendo ninguna de las dos.

Tenía que hacerlo de una vez por todas. Quería estar a su lado y pensar que con sus cuidados podría salvarlo. ¡Que estupidez! No podía ser tan ingenua como para creer que el se salvaría sólo porque ella estaba dispuesta a cuidarlo y a brindarle todo su amor. Algo más que ella le debía. El le había enseñado a creer, aún cuando todos se negaran, aún cuando todos se hubieran dado por vencidos ya.

Nada tenía lógica en su vida. Jamás la había tenido. Vivir para pelear, luchar para ganar el derecho de morir, ser mejor para dejar la piel en la línea de fuego. Cuando lo pensaba, se daba cuenta de que él le había dado sentido a su existencia. ¿Cómo no amarlo si él me enseño que en el mundo hay algo más que violencia, que furia?

Aunque amarlo también era irracional. Se había enamorado de él sin esperanza alguna, lo seguía amando a pesar de que todo parecía estar en su contra, y seguramente lo seguiría amando aunque él... Se mordió la lengua, no debía decir eso. El iba a sobrevivir, lo había hecho siempre. Si, lo veré, lo amaré. Como siempre...

Camino despacio, temerosa y deseosa a la vez de cada paso que doy.

No dejo de pensar en él una y otra vez mientras me dirijo a su encuentro.

Lo amo, cuánto lo amo.

Amo las enormes avellanas de sus ojos, la dulzura en su mirar, la increíble cantidad de energía que irradia de él en cada cosa que hace, en su risa, en sus puños. Su alegría, su inagotable alegría. Los destellos de fuego en sus ojos cuando se llena de furia, su pasión por todo. Pero sobre todo, su ternura. O quizás lo amo porque me parece que es el único de nosotros que disfruta de cada instante que la vida nos ofrece, ya sea bueno o malo. Por su intensidad para hacerlo y vivirlo todo. Porque ejerce una y otra vez su derecho a disfrutar lo que tanta sangre y sacrificio ha costado conseguir y mantener...

¿De que puede servir todo eso, si él no va a estar aquí para vivirlo? ¿Para qué quiero que el sol vuelva a brillar si el no está aquí? Si él es el sol, si es el que lo ilumina todo con su risa, con sus miradas, con su voz. Si el no va a estar aquí para enseñarnos a vivir. ¿Cómo podría disfrutar de este mundo si es él el que se ha sacrificado? Porque estoy segura de que ha sido así, lo conozco.

Por fin puedo estar frente a él y verlo. Y en ese momento, me asalta el dolor. Un dolor que me perfora el esternón. Un dolor parecido al de recibir un terrible puñetazo en medio del pecho. Una angustia como no la he sentido jamás por ninguna otra persona. Miedo. Por que al verlo sé que todas mis pesadillas se están haciendo realidad. Porque la imagen de su cuerpo inerte y sangrante en los brazos de ella no es una ficción, si no un recuerdo. Un recuerdo que no puedo sacar de mi cabeza. Mis ojos se llenan de lágrimas mientras lo veo en esa cama.

No puedo sentirlo. No puedo sentir su cosmos y eso me asusta aún más. Pero el respira, apenas pero respira. Supongo que es el coma. Me pregunto si el puede oírme, si tiene alguna conciencia de lo que ha sucedido, de dónde est, de que ha pasado. ¿Donde está su mente mientras yo me aproximo a él?

Daría lo que fuera por volver el tiempo atrás, y que el simplemente durmiera, exhausto. No puedo acercarme demasiado a él. Todos los aparatos que le ayudan me lo impiden. Pero me atrevo y pongo una mano en su pecho. Apenas y puedo sentir su corazón. Recuerdo aquella vez, cuando Aioria quiso hacerle daño y yo me interpuse. El me tomó entre sus brazos y pude sentir su corazón latiendo muy fuerte. Entonces el tenía trece años y yo lo amaba...aún lo amo...

Retiro mi mano de su pecho, no quiero hacerle más daño. Tomo su mano y cierro los ojos mientras le hablo.

Seiya, escúchame. Yo sé que estás cansado. Sé que fue una batalla terrible, tan terrible que no la puedo imaginar. No sé que haya sucedido, ni lo que hayas tenido que hacer, pero dio resultado. Vencieron, el eclipse acabó. La tierra está a salvo y nuestra Diosa también. Ahora, lo único que tienes que hacer es reponerte. ¿Me estás oyendo? Es lo único que importa... Te amo, sabes que te amo... y ya sé, ya sé que tu... ¿o si...? Mira, yo me conformo con muy poco, con verte, con tener un mínimo de esperanza, con verte brillar. Dime por favor que puedo contar al menos con eso. Con verte de lejos, con decirte hola de vez en cuando... Estoy dispuesta a esperar, porque tengo fe, tu me enseñaste a tener fe. Voy a esperar todo el tiempo que sea necesario. Porque para mí, tu eres lo más hermoso, lo mejor que hay en la vida. Porque vale la pena esperar por ti, aunque la oportunidad sea muy pequeña, no me importa. Sólo dime, dime que vas a estar bien... Abre los ojos... despierta, abre los ojos, dime que te deje en paz, grítame, abre los ojos...¡No te atrevas a morirte¿Me oyes? Porque si te mueres...

Y entonces sucedió. La mano de él asió la de ella. Débilmente, pero el apretó su mano. Y sonrió entre las lágrimas de sus ojos verdes. Esperanza. Él, como siempre, era un rayo de esperanza.

- Te espero. Estoy aquí, así que no importa donde estés, desde donde tengas que volver, yo te espero...





Jamás se había sentido tan humillada y herida en toda su vida. Pero era una criatura orgullosa, y lo último que deseaba es que él la viera llorando por su culpa. Así que con rabia se secó las lágrimas y enseguida se metió a bañar. Salió del baño diez minutos después y se puso un pantalón de mezclilla, tenis y una blusa de cómodo algodón lila, que hacía resaltar el azul de sus ojos. Abrió las tres maletas que llevaba consigo, vació la más pequeña y ahí empacó lo que consideró lo más imprescindible. Tomó su bolso y entre varios otros objetos, halló su monedero, el cual abrió. En el había tres tarjetas de crédito y mucho dinero en efectivo, todo de Julián obviamente. Ya que ella y Sorrento habían sido los únicos sobrevivientes de la batalla contra Athena, el se sentía en deuda con ellos dadas las circunstancias así que los había tomado como sus protegidos económica y legalmente, y a pesar de que al principio ambos se habían negado rotundamente, el les había convencido diciéndoles que le pagarían ayudándole en sus obras de caridad. Pero ahora, Thetis preferiría que la golpeara un rayo en el pecho antes que deberle algo, así que tomó las tarjetas y la mayor parte del dinero y los dejó en la mesita de noche. Estaba decidida a no gastar ni uno más de sus centavos. Tomó sus cosas decidida a largarse. No tenía adónde ir, no conocía a nadie en Tokio, pero preferiría dormir en la calle antes que volver al departamento de él, al lugar adonde había pasado por la más desconcertante y dolorosa de sus experiencias.

Pero no podía dejar a su mejor amigo solo en el trance tan amargo por el que pasaba, así que regresó al hospital. Mientras se dirigía hacia all, se dio cuenta de que la observaban, como le sucedía siempre a donde fuera. Porque era hermosa, y los hombres que se cruzaban con ella en las calles la admiraban y la deseaban. En vano, pues ella jamás había tenido ojos más que para él. En verdad era difícil su situación, pues las mujeres en general idealizaban a aquellos a los que amaban, hasta llegar a considerarlos perfectos; el resultado de esa idealización era mucho peor cuando efectivamente, el hombre al que amabas era un dios. ¿Cómo podría alguien competir con eso? Todos salían perdiendo cuando Thetis los comparaba con Julián Solo, el poseedor del alma de Poseidón.



Llegó a la sala de espera y tomó asiento, tratando de sentirse cómoda. Después de todo, las cosas parecían indicar que pasaría ahí mucho más tiempo del que había pensado. Pero él volvía una y otra vez a su cabeza, así que se pellizcó la mano para obligarse a dejar de pensar en él. Lo que más importaba ahora, se repetía una y otra vez, era ser fuerte para apoyar a Sorrento cuando sucediera lo que parecía inevitable.

La miraron extrañados cuando la vieron volver y sentarse de nuevo en la sala de espera. Era evidente que algo la inquietaba, algo totalmente distinto al estado de salud de Kanon, pero ninguno de ellos se animó a preguntar, lo cual no ayudó a mejorar el ambiente de creciente tensión que reinaba en la habitación. Shaina y Seika habían comido a regañadientes en la cafetería, y después de que Shaina hubiera entrado a ver a Seiya, habían vuelto a la sala de espera. Tatsumi había sido relevado momentáneamente por Geki que acababa de volver, para que el primero pudiera comer algo, y Jabu, después de secretearse un poco con Geki, había desaparecido. Así que ahí estaban, Nachi, Seika y Shaina, sentadas, esperando. El pequeño apretón que Seiya le había dado a Shaina había aligerado la carga de sus corazones, pero aún había mucho porque preocuparse.

El ruido de unos pasos los sacó de sus pensamientos. Voltearon hacia el pasillo y entonces lo vieron. Era Sorrento, tan abatido y pálido que les dio la impresión de que se iba a desmayar en cualquier instante. Arrastró sus pies hasta una silla y se dejó caer, y todos pensaron en lo peor.

Kanon ha muerto

Sorrento, ¿qué pasó?

El no contestó, simplemente comenzó a llorar de nuevo.

Shaina y Nachi intercambiaron una mirada confusa

¿Es que Kanon...?

No... – dijo él con un hilo de voz – todavía no – hubo un suspiro de alivio general, era algo momentáneo, pero un alivio a fin de cuentas – la enfermera dijo que no podía continuar ahí.

Thetis caminó, se colocó detrás de él y puso sus manos sobre sus hombros, dándole un ligero masaje, tratando de reconfortarlo. Era algo que ellos solían hacer cuando todo parecía ser más difícil. El se secó las lágrimas tratando de conservar la calma, y apretó una de las manos de Thetis entre las suya.

Seika también se puso de pie y fue hacia el elevador, para volver un par de minutos después con un café que fue a poner directamente en las manos de Sorrento. El la miró con algo de sorpresa, pero entonces vio en sus ojos el dolor escrito. Ese dolor que él sentía. Había algo familiar en su rostro, pero sabía que ella definitivamente no era un caballero de Athena. Ella le sonrió mientras se sentaba junto a él, que aceptó el café con una débil sonrisa

Gracias

Mi hermano también está ahí adentro. – dijo simplemente.

Nachi la miraba maravillado. Seika jamás había visto antes a Sorrento, ni sabía cuál podía ser la naturaleza de sus sentimientos hacia Kanon, y sin embargo, era amable y dulce, generosa e intuitiva. Era libre del prejuicio que sentían los unos por los otros, los caballeros de Athena contra los Generales Marinos de Poseidón. Porque ella, sin saberlo, percibía que ahora todos estaban hermanados por un mismo dolor.

¿Tu hermano? ¿Cómo se llama?

Seiya.

El caballero de Pegaso, recordó él vagamente.

¿Cómo está?

Está en coma. Los doctores no son muy optimistas, pero yo sé que se va poner bien. Hay que creer. Creer en ellos

Sorrento sonrió asombrado por el optimismo de aquella joven pelirroja, que parecía hacer oídos sordos a aquellos que gritaban que no había remedio para aquel al que amaba. Y aunque no compartía su sentir, le admiró el solo hecho de saber que alguien como ella pudiera existir.





En ese momento llegó Julián. En cuanto había salido de la habitación de Thetis, salió a la calle, a caminar y a tratar de organizar sus ideas. No podía creer cómo había cambiado la situación de un momento al otro. Primero, Thetis y él bajo el mismo techo, su techo. Después, por fin había podido hablarle de sus sentimientos hacia ella y ella le había aceptado¡por fin la había besado! Y seguramente la habría poseído ahí mismo si no hubiera sido porque había escuchado aquella voz, que en el fondo, lo que le había hecho era llenarlo de pánico. ¡Había estado tan cerca de lograr su sueño! Porque habían sido incontables las veces en las que había fantaseado con el cuerpo de la sirena junto al suyo. Pero lo que peor lo hacía sentir era el pensar en que había manejado terriblemente mal la situación. No debía de haber salido huyendo de ahí, al menos alguna clase de explicación se le podía haber ocurrido. Pero no, en vez de eso se había marchado prácticamente tartamudeando. Regresó al apartamento decidido a pedirle una disculpa a Thetis, diciéndole que... ¿qué rayos iba a decirle? ¿Qué una voz lo había hecho dudar sobre sus sentimientos hacia ella? No, no podía decir eso. Pero... si podía decirle que no quería apresurar tanto las cosas, que ya habría tiempo para todo. Si, eso sonaba bien.

Pero al volver no la halló. Buscó en todas las habitaciones, y al entrar en el cuarto de ella, pudo ver las maletas abiertas, un suéter tirado en el piso, y un montón de dinero sobre una mesita de noche. Se acercó y pudo ver que ahí estaban también las tarjetas que el había puesto a nombre de Thetis. Afortunadamente para Julián, sólo había un lugar en el que ella se podía hallar, así que tomó el dinero y las tarjetas, las guardó en uno de los bolsillos de su pantalón y pidió a su chofer que lo llevara de regreso al Hospital de la Fundación Graude.

Ambos estaban ahí. Sorrento sentado en una silla, platicando con una pelirroja a la que no había visto nunca, y Thetis detrás de él, masajeando sus hombros. En ese preciso instante, por primera vez, sintió celos. Él, que jamás se había preocupado de pensar que ninguna chica pudiera elegir a otro por encima de él, sintió envidia, ni más ni menos que de su mejor amigo, para colmo de males. Pero enseguida sacó eso de su mente, no, Thetis lo quería a él, si no, no lo habría besado ni le habría dicho aquellas cosas. Trató de fingir normalidad al acercarse a ellos.

¿Sorrento¿ya lo viste? – al joven de ojos lavanda lo invadió el pánico al darse cuenta de que Julián había vuelto, pero no podía permitir que el se diera cuenta. Tenía que aparentar naturalidad

Si.

¿Cómo está?

Muy mal – dijo tratando de que no se le quebrara la voz

Thetis, ¿podemos hablar?

No

Así de simple y directa. Nunca una palabra tan pequeña le había parecido tan dolorosa y definitiva. Además del hecho de que no estaba acostumbrado a escucharla. La gente a su alrededor lo complacía siempre. Porque era joven, porque era guapo, porque era rico, porque era un Dios. La última que se había atrevido a decirle que no había sido Saori, y las cosas no habían terminado muy bien entre ambos. Eso entre otras cosas, había provocado que su obsesión por la diosa hubiera ido en aumento, porque no podía aceptar un “no” por respuesta. Pero esta vez todo era muy distinto. Comprendía que había hecho mal, pero nadie le había enseñado a disculparse. Ella tenía derecho a negarse, y el deseaba como nada convencerla, pero... era simplemente como si le hubieran robado las palabras y no poseyera ni un argumento válido para rebatir su simple y rotunda negativa.

El caminó hacia ella y la tomó de un codo, llevándola hasta el fin del pasillo.

En un segundo volvemos Sorrento – dijo él

Si los ojos azules de ella fueran dagas, el habría caído muerto en ese momento. Pero lo último que quería era tener una discusión justo ahí, frente a los caballeros de Athena que no les quitaban los ojos de encima.

Thetis, yo...

No tienes que darme ninguna explicación, no te molestes.

Ella evadía su mirada y le dolía, sí, le dolía. ¿Pero qué rayos había hecho¿Cómo podría convencerla de darle una oportunidad de hablar y explicarle lo que había sucedido?

Yo... se te olvidaron en casa – dijo el sacando las tarjetas de su bolsillo

No se me olvidaron Julián. Son tuyas y no pienso volver a usarlas

Pero...

¿Podrías hacer el favor de dejar de humillarme? No tienes que decirme nada, no tienes que darme nada, no tienes que hacerme el favor de mantenerme o de molestarte con tratar de explicar. No es tu obligación. Si no me quieres está bien. Si no me... deseas, está bien. Solo cállate. No porque sea una de tus sirenas me debes algo

No se trata de eso... Mira, comprendo que estés muy alterada, me comporté muy mal, pero... quizás, cuando vayamos a casa...

Yo no voy a ningún lado, voy a quedarme aquí hasta que Kanon...

¿Se muera? ¿Desde cuando te importa tanto?
Celos. Volvía a sentir celos

Kanon se va a poner bien. Y no voy a salir de aquí hasta que eso suceda. Y si me disculpas, tengo que ir con Sorrento, no ha comido nada.

Y se alejó sin darle oportunidad de agregar nada más. De nuevo su inexperiencia le jugaba una treta. Pero no iba a rendirse a la primera, así que la siguió y se sentó frente a ella, que hablaba con Sorrento y le convencía de comer algo.

Vamos, hay una cafetería aquí mismo. No va a pasar nada – le dijo en voz baja y acercándose mucho a él

¿El te dijo algo? ¿Ya se dio cuenta?

Julián es un estúpido, no se daría cuenta así le declararas tu amor a Kanon justo frente a sus ojos.

Nunca imaginó que se sentiría así. Ya no sabía si aquello era una alucinación o si efectivamente, al ver a Thetis hablar con Sorrento tan de cerca, había entendido en sus labios la palabra amor y Kanon. De pronto lo sacudió un pensamiento ¿y si ella lo quería¿ o si quería a Sorrento? Él había dejado perfectamente claros sus sentimientos por ella, pero no había sucedido lo mismo con Thetis. Te estás poniendo paranoico, cálmate. Lo que tienes que hacer es quedarte cerca de ambos para poder averiguarlo, y conseguir una nueva oportunidad

¿Pasó algo entre ustedes Thetis?

No ¿por qué?

Por que nunca habías hablado así de él. No me mientas

No es nada importante. De verdad. Ahora lo único que importa es pensar en Kanon y en su recuperación.

¿Por qué no le haces caso a Thetis? – intervino Julián. –Yo también me muero de hambre

Está bien. – aceptó por fin el chico

Los tres caminaron por el pasillo, mientras Thetis tomaba a Sorrento de un brazo y lo mantenía en medio de ella y de Julián.





Cuando empezaban a inquietarse verdaderamente por él, el caballero del Unicornio estacionó uno de los automóviles de la fundación frente al hospital. En cuanto lo hubo hecho, su acompañante entró en pánico.

¿Jabu, por qué estamos aquí? ¿Seiya está de nuevo aquí?

Si, es sólo que...

¿Qué?

Probablemente no soy yo quien tendría que decírtelo, pero él... se está muriendo

Lo tomó por sorpresa. Jamás esperó que ella saldría del auto tan rápido, gritando y llorando como una loca. Por supuesto que no era su culpa, no había un protocolo para dar noticias tan malas como aquella, pero si Jabu hubiera sabido un poco más de chicas, quizás habría podido reaccionar antes.

¡Miho, espera!

Corrió hasta la sala de espera que conocía tan bien. ¿Cuántas veces había estado ahí? Ya había perdido la cuenta. ¿Qué diablos le estaban haciendo? ¿Por qué tenía que resultar malherido una y otra vez? Al salir del elevador se topó de frente con Geki, que enseguida la reconoció

Miho, ¿qué haces...?

¿Dónde está? ¿Dónde lo tienen?

No entiendo ¿cómo te enteraste de lo que pasó?

¡No sé que pasó! ¡El dijo que se está muriendo!

Jabu subió corriendo para encontrarse con un Geki tan perdido como él mismo, no sabían como controlar a una adolescente en medio de una crisis como esa

¡Quiero verlo ahora mismo!

Tranquilízate Miho, en este momento no...

¡No me digas que no puedo verlo ¿Dónde está? ¿Qué diablos le pasó? ¿Por qué sigue pasando esto una y otra vez? – dijo ella empezando a golpear a Geki en el pecho, mientras el soportaba estoicamente tratando de pensar en que decirle para calmarla – ¡Si no me dicen dónde está, iré a buscarlo yo misma cuarto a cuarto hasta que...!



Avanzó rápidamente por el pasillo, se detuvo frente a ella, y la abofeteó.

Todo sucedió tan rápido que ninguno de los tres pudo evitarlo.

¡Cállate estúpida!

Miho no supo como reaccionar, jamás la habían golpeado en toda su vida. Se llevó las manos al rostro para tratar de calmar el dolor, mientras miraba con los ojos llenos de lágrimas a la persona que lo había hecho. Jamás había contemplado su rostro antes, no sabía que hacer o que decir.

- ¿Quién eres? ¿Qué te pasa?

- Esto es un hospital, no puedes estar gritando como si fueras una loca

¿Por qué hiciste eso? ¡Ni siquiera te conozco!

Por supuesto que no, niñita. Pero yo sí te conozco

Miho la miró aún más asombrada. Jamás la había visto en toda su vida. No olvidaría a una mujer de cabellos verdes. Entonces recordó que Seiya le había hablado una vez sobre una mujer con la que había peleado, una amazona que había tratado de matarlo al salir del Santuario, muy fuerte, de largas uñas y cabellos verdes. ¿Cuántas mujeres podía haber así?

Afortunadamente él había sido lo suficientemente discreto para no revelarle lo que había sabido después; que ella lo amaba. De otra manera, Miho habría reaccionado peor.

¿Eres tú, verdad? ¿Tu eres la que trató de matarlo? – Miho brincó hacia ella tratando de herirla, pero Jabu fue más rápido esta vez y la detuvo, mientras Shaina cruzaba los brazos y la miraba despectivamente sin retroceder ni un milímetro - ¡Vete, no tienes derecho a estar aquí!

¡Tu no eres quién para decirme si tengo derecho o no, niñita!

Mi nombre es...

No me importa. Sólo quiero que te calles y te tranquilices o no vas a verlo. Seiya está en Terapia Intensiva, nadie en sus cincos sentidos te va a permitir entrar a verlo si sigues gritando como una histérica

Jabu y Geki se miraron pasmados ante lo que acababa de suceder. Pero después de todo, tenían que reconocer que la bofetada surtía efecto, porque Miho comenzaba a tranquilizarse, y aunque no dejaba de llorar, sollozaba quedamente. Jabu la llevó a una silla para que se sentara, y volvió con Shaina

¿Qué te pasa? No tenías por qué tratarla así

¿Qué? ¿Tu tenías una mejor idea para callarla?

... no... pero no tenías porque golpearla

Al menos ya no grita –dijo Geki recibiendo una mirada desaprobatoria de Jabu

¿Cómo llegó aquí?

De pronto la recordé y pensé que tenía derecho de estar aquí y de saber lo que sucedió

Ah, que bien. Excelente idea –dijo ella irónica- es justo lo que necesitábamos . Una escuincla gritando como loca en los pasillos.

No pensé que...

No. Por supuesto que no pensaste que eso iba a suceder Jabu

Bueno no. Pero si algo le pasa a Seiya no quiero sentirme responsable por haberle ocultado la verdad – en cuanto lo dijo se sintió mal. Pero cada palabra era cierta

¿Puedo verlo?
Los tres voltearon a ver a Miho

Tenemos que pedir permiso, pero... claro que puedes verla –dijo Geki – no puede entrar sola a verlo, alguien debería acompañarla

¿Por qué no la llevas tu, Jabu? Después de todo, fue TU idea –dijo Shaina marchándose – tu arréglatelas.

Odio admitirlo pero tiene razón –dijo Geki recibiendo otra mirada asesina de Jabu.

Así que fue el quien llevó a Miho hasta Terapia Intensiva, esperó con ella hasta que los autorizaron a pasar, y quién la sacó en brazos cuando ella se desmayó al ver a Seiya en el estado en que se hallaba.





Lo sabía. Sabía en su alma que le había sucedido algo terrible. Cuando acabó el eclipse, supo que habían triunfado. Y supo que él se hallaba destrozado. Tenía que verlo. Así que se marchó decidida a encontrarlo.

Fue al Santuario, en el que había estado sólo un par de veces, y ahí Ichi de Hydra le informó lo poco que sabían sobre la batalla y que todos los caballeros habían sido enviados a un hospital en Japón, incluido él obviamente

Pensaba una y otra vez en qué habría sucedido si ella hubiera logrado su objetivo aquella ocasión, cuando en los muelles trató de impedir que él fuera a luchar. Si hubiera impedido que él se viera involucrado en algo tan terrible…

Pero el pasado no importaba, sólo el ahora. Se sentía llena de ansiedad al recorrer las calles, preguntando a unos y otros sobre como llegar al hospital.

Se maldecía una y otra vez por no haber luchado por lo que sentía. Quizás si hubiera sido más valiente habría renunciado a sus tareas de ayuda en la isla para estar con él durante todo. Sentía que con ello, había cometido el peor error de su vida. Sentía que lo había perdido irremediablemente, pues a lo largo de aquellas batallas él había crecido, había cambiado y había evolucionado tanto que ahora, no importaba cuánto corriera, no podría alcanzarlo.

Por fin llegó a las puertas del hospital. Se sintió entonces extraviada, y se paralizó por unos segundos. Sintió pánico al pensar que a él le podría haber pasado lo peor. En ese estado la halló Geki, que salía a tomar un respiro.



Había pasado una noche difícil. Luchando contra sí mismo. Sintiéndose culpable, inferior e impotente. Porque había sido de tan poca ayuda en la batalla, y por elloél estaba vivo y sus compañeros al borde del abismo.

No había cesado de sentirse mal mientras ocupaba la habitación que Tatsumi le indicó podía utilizar. Pensaba en Marin y Shaina, que habían sido heridas y sin embargo se quedaron a cuidar a Saori y a los caballeros. Pero después pensó de nuevo en lo que la Amazona del Águila había dicho. La recuperación (si es que la había) sería larga y ellos debían de estar en óptimo estado para cuidarles y ayudarles a reponerse. Así que trató

de relajarse y afortunadamente, pudo dormir varias horas sin soñar, pues si lo hubiera hecho seguramente no hubieran sido más que pesadillas.

Pero había que volver a la realidad tarde o temprano y la junta de esa mañana, su conversación con Marin y luego el estallido de Miho había sido demasiada realidad de un solo golpe.

Jamás la había visto. Pero uno no se encontraba en la calle todos los días con una rubia portando una máscara. La tomó por el brazo y ella enseguida asumió una posición de defensa.

Perdón, no quise asustarte. Eres una amazona¿no es así?

Si- respondió ella insegura. ¿Cómo lo sabes?

La máscara

Claro, que estúpida soy.

Disculpa, no me he presentado. Soy Geki, caballero de bronce de Oso

Mucho gusto Geki. Soy June, Amazona de Bronce de Camaleón… Fui al santuario y me informaron que habían transladado aquí a los caballeros heridos en la batalla.

Si así es

Entre ellos, ¿se encuentra… Shun de Andrómeda?

Geki asintió con la cabeza y ella contuvo la respiración

¿ Está… vivo?

Si, por supuesto. Ven, vamos a entrar

June siguió al caballero entrando al enorme conjunto de edificios.

¿Cómo está?

No muy bien. Está en Terapia Intensiva con los demás, pero los doctores nos han dicho hoy en la mañana que se está recuperando muy rápido. Si quieres puedo llevarte a verlo –dijo Geki

Si, por favor

La doctora Harue se mostró reacia a dejarla pasar después de lo sucedido a Miho, que descansaba en una camilla. Pero June afirmó que se hallaría bien y le permitieron entrar por un momento.



Avanzaba buscando al dulce Andrómeda, y entonces, se detuvo al verlo. Nunca podría olvidar su rostro. Era una herida sin sanar en su alma. El había destruido su hogar ¿Cómo se puede olvidar o perdonar algo así? Y ahora estaba ahí, frente a ella. Milo de Escorpión. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Tenía que reconocer que se veía muy mal en medio de aquella sala de hospital. Bien, si se estaba muriendo ahora, quizás era porque se lo merecía. Pero no quería pensar en él en ese preciso instante. Verlo sufrir era un bono extra.

Por fin llegó hasta él. Parecía dormir más que otra cosa. Un par de golpes y cortadas en su hermoso rostro. A ella le sorprendió sentir la fuerza de su cosmos, a pesar de lo frágil que se veía. Si, todo el tiempo había tenido razónél ya no era el niño que había llegado con los ojos llenos de lágrimas a la Isla, por haber sido separado de su hermano y de sus amigos. Y los cambios no sólo eran físicos, pues había crecido, su cuerpo era ahora más musculoso, era más alto y más fuerte. No, algo dentro de él había cambiado. No podía expresarlo en palabras pero podía sentirlo.

Antes, su cosmos estaba lleno de felicidad, de optimismo y de alegría. De amor y de dulzura, por eso le había robado el corazón desde el primer instante, porque Shun irradiaba belleza interna y externa. Pero ahora, al verle en aquella cama de hospital, lleno de vendajes y vías intravenosas, lo único que podía sentir era tristeza, una enorme y desesperante tristeza que se desprendía de su cuerpo inconsciente. Se acercó a él, volteó para asegurarse de que no hubiera nadie observándola, levanto su máscara y le dio un ligero beso en los labios.

¿Qué había sucedido? ¿Por qué se hallaba así?

Ella ignoraba. Ignoraba que la pelea que acababa de tener lugar había sido la más terrible, porque había tenido que pelear contra él mismo, y había perdido, tratando de controlar un mal gigantesco que provenía de su propio interior.

Podía haber significado el fin para todo el mundo. Y aunque aquello no había sucedido, podía estar a punto de costarle la vida a diecisiete personas.

June acarició sus sedosos cabellos y de sus labios salió una palabra que ella no pudo identificar

- Hyoga...
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rayde999
Posted: May 29 2008, 10:47 AM


SS Noticias
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Espada_de_Fuego
Posted: May 30 2008, 12:42 AM


Caballero del Abismo
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Capítulo 8

El lazo que nos une

La obscuridad comenzaba a caer sobre Tokio. Era su segundo atardecer desde que el eclipse hubiera terminado, pero el primero que tenía oportunidad de contemplar. La noche jamás sería la misma después de haber vivido aquel eclipse...

La ciudad comenzaba a brillar desde la ventana de la mansión. Había comido con Kiki y lo había convencido de que durmiera un poco más, y ahora lo veía descansar en medio de una gran cama. Marin había tomado un baño y Megumi le había ofrecido una muda de ropa nueva, asegurándole que Tatsumi le había ordenado que se ocupara de proveerles todo lo que les hiciera falta. Estaba lista para volver al hospital y así lo hizo.





La joven de largos cabellos negros, recogidos en una trenza, bajo lentamente de la limosina que la llevó a ella y a Ban desde el aeropuerto al hospital de la fundación Graude. Varias veces había entrado ya a aquel edificio, donde siempre curaban a Shyriu de sus heridas. Pero jamás se había sentido tan asustada. Durante el eclipse había temido lo peor y rezado con toda su alma para que sus plegarias fueran escuchadas y sus seres más queridos salieran con vida de aquella confrontación que esperaba fuera la ultima. A pesar de que el amable Ban le había dicho que tanto Shyriu como el querido Roshi se hallaban con vida, no dejaba de tener ese sentimiento de pesadumbre; quizás simplemente sabía, de una u otra manera, que aquella había sido la peor de todas las batallas, y que cosas terribles habían sucedido. Podía verlo en los ojos de aquel caballero. Lo había sentido durante el eclipse, y aunque finalmente el sol había salido de nuevo, su alma no se había sentido aliviada como otras veces. Sabía que el precio había sido demasiado alto esta vez.

Ban la llevó a la sala de espera que parecía ahora ser el hogar de aquellos huérfanos que se habían hermanado por destino y sufrimiento. Shunrei reconoció, entre varios hombres y mujeres, a una pelirroja que usaba máscara blanca. La había visto un par de veces, y creía recordar que era la maestra de Seiya, el mejor amigo de Shyriu. Marin se puso de pie al verla.

Shunrei, que bueno que has llegado.

Si- dijo timidamente Shurei, que de pronto se dio cuenta que no recordaba el nombre de aquella mujer. Como si lo hubiera adivinado, la guardiana de la constelación del águila habló.

Mi nombre es Marin. La maestra de Seiya, ¿me recuerdas?

Vagamente… Lo siento

No te preocupes, no importa. Lo único importante es que estás aquí. Ven, siéntate.

Mm, yo, en realidad…

Todos guardaban silencio tratando de no hacer demasiado evidente que por un lado, observaban con atención todo lo que ambas hacían y decían, y por el otro, que ninguno de ellos deseaba estar en los zapatos de Marin.

¿Supongo que quieres verlos no? –Shunrei asintió timidamente con la cabeza - Es solo que hay algo que quisiera decirte….

¿Están bien, verdad? ¿ Están vivos? –dijo Shunrei inquietándose enseguida

Si, si, no te preocupes. Es sólo que… las cosas han cambiado un poco.

Ambas jóvenes se sentaron en uno de los sillones de aquella sala de espera. Marin tomó las manos de Shunrei con torpeza, no estaba acostumbrada a ser gentil, nadie la había entrenado para eso como la habían entrenado para encender su cosmos. Pero sabía que tenía que ser amable con aquella jovencita que tenía tanto la suerte como la desgracia de querer a dos de los más poderosos caballeros de Athena.

Shunrei… - Marin estaba nerviosa. En realidad no sabía por donde empezar a explicarle que el anciano que la cuidó como un padre era ahora un atractivo y joven hombre. – Escucha, no hay manera fácil o lógica de decir esto así que simplemente lo diré. Trato de decirte que en algún momento de la batalla que acaba de pasar, Roshi, el maestro de Shyriu, volvió a su juventud, es decir que se ve como... como un muchacho

¿Qué?

No es mucho que lo sabemos. Todos los caballeros volvieron con vida de la batalla, pero están heridos e inconscientes en este momento. Así que no hay nadie que nos pueda explicar por qué le sucedió eso, solo... pasó

¿Es una broma?

Por supuesto que no. Saori los trajo a todos de vuelta. De pronto nos dimos cuenta de que había un joven al que no habíamos visto nunca, usando la armadura de Libra.

¿Y cómo saben que en realidad es él? ¿Y si...?

Shunrei, tu lo conoces mejor que nadie. En cuanto lo veas te darás cuenta, sabrás que es él. Obviamente no se parece en nada al hombre que te ha cuidado todos estos años, al hombre que todos conocemos, pero su aura, su cosmos, su esencia es la misma. Por eso tenía que hablar contigo antes. No lo reconocerás.

Entiendo- dijo Shunrei pensativa. - ¿Puedo verlo ahora?

Por supuesto

Marin la llevó por los pasillos de el hospital y se detuvo al llegar a la puerta de cristal.

¿Estás lista?

No lo sabré hasta que lo vea.-

Marin asintió y abrió la puerta lentamente. Shunrei cerró los ojos y respiró con fuerza mientras Marin la introducía en la enorme habitación y la llevaba frente a él. Su sorpresa fue mayúscula. Frente a sus ojos, en una cama de hospital, se hallaba un joven que bien podría ser el hermano mayor de Shyriu o de ella misma. Su pierna izquierda estaba rota, supuso Shunrei al ver el yeso que la cubría. Su rostro estaba lleno de cortaduras y moretones, pero aún así era evidente que era un hombre muy atractivo. Su cabello era largo, ligeramente ondulado y de un sorprendente color rojo. Era alto, quizás un poco más que Shyriu. Respiraba con regularidad y tenía una expresión de enorme paz.

Yo… el… el no es….

Shunrei, ten calma. Supongo que no es fácil para ti. Pero es él. Acércate. Siente su presencia. No es tan fuerte como siempre, porque está herido y débil, muy débil, pero es él.



Shunrei caminó lentamente hasta quedar de pie al lado izquierdo del joven. De cerca era aún más hermoso. Con mucha cautela acercó la punta de sus dedos hacia la mano de él. Eso la perturbo aún más, pues su piel era suave y tersa. No había nada en él que la hiciera recordar al hombre que la había cuidado con tanto cariño y devoción durante toda su infancia. Cerró los ojos y fue entonces cuando se dio cuenta. Podía percibir su aroma, el aroma que le recordaba su hogar. Podía sentir su presencia cálida y reconfortante, aquella paz que siempre le daba al estar cerca de él. Una lágrima resbaló por la mejilla de la joven.

Tienes razón, es él… -Tocó de nuevo su mano y la tomó entre las suyas. Roshi… -sollozó- ni siquiera sé como llamarte. Pero no importa- dijo sonriendo- lo único que tienes que hacer ahora es recuperarte. Ya tendremos tiempo - con muchísimo respeto besó la mano del que ella seguía considerando un padre, aunque no lo pareciera ahora, y se alejó de él para ir hacia ella.- Muchísimas gracias Marin. ¿Puedes llevarme ahora a ver a Shyriu, o hay algo más que deba saber?

No -dijo la amazona sonriendo - Nada más.



Tres camas adelante, estaba el Dragón, el dueño de cada suspiro de la joven china. Una venda cubría sus ojos, al igual que su pecho y una de sus manos. Lucía pálido y exhausto. En cuanto lo vio, para ella no hubo nada más. Nada más que sus cabellos negros, que su rostro delgado y hermoso, que su cuerpo herido una vez más.

Volteó a ver a Marin, para pedirle un minuto a solas con él, pero cuando se dio cuenta, Marin que era modelo de discreción, se había alejado convenientemente para darle unos segundos de ligera privacidad.

Pasado y presente brincaban en su mente. Le parecía que sus vidas eran un inmenso dejà vu. Una cama de hospital, el suero, la sangre, una venda sobre sus ojos. Como si no hubiese transcurrido un solo día desde que él había perdido la vista.

¿Cuántas veces no se había jurado que ya no seguiría esperándolo, que dejaría de amarlo así tuviera que arrancarse el corazón? Y una y otra vez acababa rindiéndose silenciosa al verlo, al oírlo al estar cerca de él. Y esta vez no era la excepción. Si a él le concedían una nueva oportunidad, lo cuidaría, lo ayudaría, lo apoyaría en lo poco que le fuera posible. Por él haría lo que fuera. Se acercó para oír su respiración acompasada y acomodó sus cabellos en la almohada con mucha delicadeza.

Aquí estoy Shyriu. Vine hasta aquí para cuidarlos, a ti y al maestro. No me permiten quedarme aquí contigo pero permaneceré a tu lado todo el tiempo que sea posible – dijo mientras sus ojos se arrasaban –Shyriu, tengo tanto miedo. Pensé que no volverían, cada vez es peor. Cada vez tus heridas son más graves, cada vez duele más. No puedo seguir soportando esto por más tiempo. No soy tan fuerte, no lo soy –sollozó cayendo de rodillas –Recupérate. Dime que esto se acabó. Que no habrá más batallas, ni más heridas. O dime que eres incapaz de amarme y entonces me iré, pero por favor, no puedo continuar así.

Señorita, no puede – la enfermera guardó silencio al ver que Shunrei estaba hecha un mar de lágrimas – Yo... lo siento, pero debe de salir.

Shunrei se puso de pie, respiro tratando de controlarse y se dirigió hacia la enfermera y tomó sus manos.

Tu que puedes estar con él, cuídalo. Ayúdalo. Él... es el amor de mi vida

Se fue dejando a la enfermera muy confundida. Se había marchado sin saber que él había vuelto de entre los muertos sólo por ella.





Shaina caminaba por los boscosos senderos que rodeaban el hospital, tratando de despejar un segundo su mente, y luchando por no recordar lo que había vivido con Seiya en ese mismo lugar.

Después de los ruegos y súplicas de todos, Seika había aceptado irse. Se había mostrado muy reacia, y cuando Miho comentó sobre el pequeño departamento de Seiya, ella había insistido en ir hacia allá para no causar problema alguno, o al menos eso dijo, pero como nadie supo donde podían hallarse las llaves, finalmente la convencieron y aceptó ir con ellos, aunque aseguró que sólo se daría un baño y volvería. A Shaina le pareció un poco extraña esa resistencia a ir a la mansión Kido, pero todo en su cabeza daba vueltas y lo que menos le importaba era descifrar ese misterio (si es que lo había)

Así que Shunrei, June y Seika se habían ido con Ban y Geki. Jabu, Tatsumi y Nachi se habían quedado para montar guardia.

Entonces oyó un ruido y se escondió detrás de un árbol.

¿Qué haces aquí? – obviamente no era la única buscando un poco de sosiego.

¿No es obvio? Vine por ti

Ya te dije que no tienes que molestarte

¿Podrías dejarme hablar?

¡No me toques!

Está bien. ¿Por qué no vamos a casa y hablamos?

Esa no es mi casa Julián. Es tuya. Y no voy a ir

Por favor, Sorrento se va a quedar aquí. No tienes porque dormir en uno de esos horribles sillones – ella no le respondió

Prefiero eso. No voy a volver a poner un pie ahí

¿Y te vas a quedar adónde? No conoces a nadie en Tokio

Prefiero dormir en el bosque si es necesario.

¿Sabes? Comprendo que actué un poco extraño, pero no tienes porque reaccionar de esta manera – dijo el sobresaltándose

¿Y cómo quieres que reaccione después de lo que pasó Julián? ¡Después de que me ofrecí a ti y tu te marchaste como si tocarme te hubiera hecho daño!

...Si me dejas explicar...

¡Vete! ¿Qué no entiendes que me haces daño?

A pesar de todos sus esfuerzos, una lágrima corrió por la mejilla de Thetis. Y Julián se sintió más miserable que nunca al verla llorar por su culpa, y se marchó en silencio.

Shaina trató de marcharse sigilosa, pero un par de ramas crujieron bajo sus pies y Thetis enseguida volteó a verla.

Yo... yo sólo... caminaba por aquí – dijo Shaina sintiéndose terriblemente avergonzada pues la conversación que había oído era muy...íntima

Tu... oíste todo ¿no?

Algo... si. Perdón, no fue mi intención. Yo... solo... voy a irme... ¿Thetis?

¿Qué? –dijo ella con voz ronca

La verdad es que no nos agradamos. Y lo que te pase obviamente no es de mi incumbencia... pero creo que Julián tiene razón en algo. No tienes porque pasar todas las noches aquí. Nosotros nos estamos quedando en la mansión de Saori y... no puedo creer que estoy diciendo esto... hay muchas, de verdad, muchas habitaciones libres

¿Bromeas? ¿Me estás ofreciendo una habitación en la mansión de Athena?

Ya sé que suena... terriblemente estúpido. Y créeme que si vas... no despegaré mis ojos de ti en caso de que se te ocurra revivir peleas del pasado. Y si tratas de hacerle daño a alguien te asesinaré. Pero... creo que no estás aquí para eso.

Thetis no pudo contener una risita, mezcla de nervios e incredulidad

No puedo creer que... no tienes idea de lo irónico que resulta todo esto, mi situación con Julián, tu... ofrecimiento. Pero... gracias, supongo. Estaré bien aquí.

De acuerdo. Pero si... si necesitas darte un baño o... comer algo... o una cama, o... alguien con quién pelear... estaré aquí – Shaina se marchó en silencio dejando a Thetis totalmente desconcertada.





Seiya...Seiya... despierta

Un par de ojos cafés se abrieron lentamente.

Estabas teniendo una pesadilla.

¿Diana? ¿Eres tu?

Si.

Me siento tan extraño...

Supongo que es normal. Después de todo, acabas de morir.

Me siento como ... desnudo

¿Qué?

Me refiero a mi armadura. Me pregunto donde estará...

Hablas de ella como si... la extrañaras

Estaba tan acostumbrado a ella... y no recuerdo habérmela quitado...

Mira –dijo ella tomando una de sus manos -he estado aquí mucho tiempo y creo que... por el momento no es muy bueno que trates de recordar tu propia muerte. Es demasiado pronto

¿Tu crees? Es sólo que no dejo de preocuparme, me pregunto como acabó todo, si están bien...

Confia en mí. He pasado demasiado tiempo aquí y sé como funciona...Te traje algo – dijo ella tomando una pequeña vasija que había colocado a su lado

¿Qué es?

Es agua

¿Agua?

Si – el rió. Para ella, aquel era el más hermoso de los sonidos y no pudo evitar una sonrisa

¿Por qué sonríes?

No sé, es contagiosa tu risa

Es solo que... pensé que estar muerto era algo distinto, que no había necesidades, que no había dolor

¿Te duele algo?

No, no en realidad. Es... no sé como explicarlo. Es una sensación vaga que me recuerda al dolor... Pero no es nada. Este lugar es... extraño – dijo poniéndose de pie- Es como si hubiera... vida

Así es Asfodelos. Mira, yo conozco muy bien el lugar. Y conozco muchos de sus secretos. Puedo sacarte de aquí...

¿Para volver a la tierra- preguntó él esperanzado

No – dijo ella un poco triste – Si pudiera, me habría marchado desde el primer día. Me refiero a esta celda. Estamos en los calabozos de un palacio enorme, y hay varios lugares adonde te puedo llevar, tu sabes, mientras... te enjuician. Aprovechando ahora que todo parece ser un completo caos aquí

¿Sabes? No suena tan mal después de todo, aunque... – sus ojos se nublaron intensamente – los extraño

¿A quién?

A mis amigos, a los caballeros dorados, a Saori...

¿Quién es Saori?

Quiero decir, a Athena.

¿Por qué la llamaste así?

Ese es su nombre. Quiero decir, el nombre de su reencarnación

Ahh, suena como si la conocieras muy bien

La conozco desde que éramos niños. No te imaginas que odiosa e insoportable era – ella rió sintiéndose ligeramente aliviada –mi hermana... – susurró él –

¿Saori es tu hermana?

No, no – dijo él riendo de nuevo – Seika es... mi hermana. Perdón es que... todo me da vueltas y no coordino mis ideas muy bien todavía. Nos separamos cuando yo era muy pequeño y... siento como si... como si jamás hubiera estado tan cerca de ella y... bueno, no importa, ya estoy muerto- dijo él con un poco de ironía

¿Cuántos años tienes? Quiero decir, cuántos... tenías

Dieciséis

Dieciséis, ¡que hermosa edad...! Tómala – dijo ofreciéndole la vasija – un alma jamás deja de tener sed.

Seiya tomo la vasija entre sus manos y bebió. Una gota escapó de sus labios y Perséfone la limpio con sus dedos

- Gracias – dijo él mirándola un poco extrañado. No estaba acostumbrado a tanta cercanía, y menos con una mujer.

Fue una deliciosa sensación la que experimentó cuando el agua pasó por su garganta y fluyó dentro de su cuerpo. Un alivio y un calor comenzaron a invadirlo.

¿Te sientes bien?

Si. Guau, esto es...refrescante. Agua... el océano... Grecia...yo vivo ahí

¿Qué dices?

Es sólo que... de pronto unas imágenes a mi cabeza, como fotos, como si fueran... recuerdos. Pero yo, yo no he vivido eso. Me vi en... una casa pequeña...junto al mar. Mi madre está ahí, abrazándome... – sus ojos se llenaron de lágrimas – yo... yo no recuerdo a mi madre. Diana ¿qué me pasa?

Yo... – Perséfone se sentía realmente confundida. Nunca había visto a un alma recuperar sus recuerdos –... es normal, Seiya... es normal

¿Qué es normal? ¿Estas... visiones?

Son recuerdos. Recuerdos de vidas pasadas... eso es lo que le pasa a todas las... almas que llegan aquí. Recuerdan sus vidas, para que...sepan que cosas han hecho bien y cuales mal.

¿Quieres decir que... las cosas que vi...son mis recuerdos? ¿Quieres decir que... esa mujer que vi... es mi mamá?

No lo sé. Las almas viajan mucho Seiya, hay personas a las que encontramos una y otra vez a través de las vidas. El lugar donde nacemos cambia, las cosas que hacemos , como nos vemos, pero nuestra esencia es la misma. Y a través de ese viaje, una y otra vez nos encontramos con nuestros amigos, con nuestros enemigos, con nuestros... amores. Pero otras veces no es así, a veces nos alejan de aquellos a los que queremos, por una o varias vidas incluso. Los dioses pueden ser muy crueles a veces.

Yo no recuerdo a mi mamá... ni a mi papá... soy huérfano. Mi hermana... ella es todo lo que tengo – dos lágrimas resbalaron por sus mejillas – y ella también es sólo un recuerdo

No llores Seiya. No se supone que tenga que ser así – ella se atrevió a secar una de sus lágrimas y el retrocedió extrañado. Ella lo miró... no podría jurarlo. El no sabía nada de mujeres y la vida, pero, le pareció dolor...

Lo siento. No estoy... nunca había...tenido una amiga...bueno si... alguien como tu.

Perséfone sonrió tímidamente. Todo iba a ser mucho más difícil de lo que ella se había imaginado. A penas y podía resistir el impulso de lanzarse sobre él y besarlo y hacerle el amor, como había soñado siempre. Y se suponía que el agua de Mnemosine debía de darle recuerdos felices, no tristes

Ey, Diana, estoy bien, de veras. No estoy triste – lo miró asustada. Era como si el hubiera leído en su mente – fue extraño al principio pero, no estoy realmente triste. De hecho, me alegra haber recordado a mamá. O al menos, a una de mis mamás – dijo el con una sonrisa- así que... ¿dices que voy a recordar más cosas?

Si

Me alegra. Así al menos voy a saber como eran, si nos querían...

Te querían tanto...

¿Qué?

Digo que te deben de haber querido mucho –Perséfone sintió que Ariadna la llamaba – Tengo que irme Seiya, pero volveré pronto. Para que me sigas platicando... de ti

Me parece bien... Diana... gracias por el agua




Shun abrió los ojos, dieciséis días después de haber ingresado en el hospital, sintiéndose perfectamente alerta. Recordaba como Saori los había traído de vuelta, como Kiki se había marchado llevándose a su hermano y a Seiya consigo, y como Shaina lo había ayudado a subir al avión. Recordaba el despegue y que ella había tratado de preguntarle sobre lo sucedido. Había escuchado perfectamente cada una de sus preguntas pero no había sido capaz de contestar ninguna. Lo había invadido algo parecido al sueño y no había puesto resistencia alguna, había cerrado los párpados y permitido que un dulce letargo se apoderara de él.

Aún si no hubiera escuchado la decisión de Tatsumi de llevarlos a Tokio, habría reconocido el hospital. Había estado ahí demasiadas veces como para no reconocerlo. Cerró los ojos en su búsqueda, y pudo sentir el cosmos de Saori envolviéndolos y arropándolos a todos. Estaba curando sus heridas. La generosa Athena que jamás abandonaba a sus queridos seres humanos. Así que ella estaba bien. Entonces ahora tenía que saber como estaban ellos, sus hermanos. Comenzó, obviamente, por Ikki. Su cosmos de fuego era inconfundible, aún a pesar de lo tenue que era en ese momento. Su pobre hermano, había tenido que pasar por tantas y tan terribles cosas... Se puso de pie en la penumbra de la habitación, y a pesar de que se sintió un poco mareado en un primer momento, salió dispuesto a verlos con sus propios ojos.

Lo que más le inquietó fue que no podía hallar el cosmos de Seiya. Pero si hallaba a Ikki, seguramente sabría que había sido de él.

Ikki también se hallaba ya fuera de terapia intensiva, en una habitación. Lo halló en el piso superior. Parecía dormir pacíficamente, ayudado por varias almohadas para descansar sobre su costado izquierdo. Shun se acercó a él y depositó un beso en la frente de su hermano. Una sonrisa apareció en los labios del joven de cabellos azules.

¡Cuán inmenso es tu corazón, Ikki, que puede sonreír al recibir el beso de un miserable como yo! No merezco todo lo que has hecho por mi. – acarició un mechón de sus cabellos, y salió cabizbajo y en silencio.



En el cuarto siguiente, halló al Dragón. Shunrei estaba en la habitación, dormida en un sillón en la esquina más obscura. Shun caminó con sigilo hacia Shyriu. Su larguísimo cabello había sido recogido en una trenza. Descansaba semisentado en la cama, una mascarilla de oxígeno y su mano derecha había sido enyesada. Pero su cosmos se hallaba en buen estado, era como siempre reconfortante y tranquilo. Shun tomó su mano izquierda

Shyriu, despierta pronto amigo – dijo en un susurro- El amor está aquí, esperándote. Tienes tanto por qué vivir... sólo necesitas abrir los ojos y la vida será buena contigo, porque te lo mereces...

Shunrei se movió ligeramente en su sillón, y Shun salió con rapidez de la habitación para no perturbar su sueño.

Se dirigió al elevador y bajó dos pisos, para hallar a Hyoga, que estaba todavía en Terapia Intensiva. Podía sentir como se irradiaba el suave cosmos del joven ruso. Sabía que muchos juzgaban a Hyoga por su aspecto de fortaleza y lo tachaban de insensible, y Shun no podía evitar pensar en cuán estúpido que resultaba eso. Y es que nadie lo conocía como Shun. Se habían caído bien desde el principio, Shun era amable, cordial y discreto, se ofrecía sin pedir nada a cambio, y eso le parecía maravilloso a Hyoga, que se hallaba muy perturbado aún por la muerte de su madre, lo sucedido con Isaac y por el hecho de reencontrarse con sus compañeritos de orfandad para enfrentarlos en un combate sangriento. Y después, había sucedido, aquella hora en la casa de Libra. Hasta ese día no había notado cuánto le importaba el caballero del Cisne, y desde ahí, ese sentimiento había crecido y lo había golpeado con una ola. ¿Cómo no amar a aquel ruso? Con su piel blanquísima y sus ojos de un azul tan claro que parece el cielo, un azul que podría derretir el corazón de cualquiera. Con su nariz respingada y... sencillamente perfecta, y sus mejillas rojas que le daban el aspecto de un príncipe en medio de sus cabellos rubios como el sol.

¿Cómo no amar su cuerpo perfecto? Su espalda amplia y musculosa, sus brazos fuertes pero capaces de una total delicadeza, sus piernas firmes y sólidas. Todo Hyoga era gracia y fuerza unidas en el conjunto más seductor.

Shun sabía muy bien lo atractivo que era Hyoga, lo consciente que este último era de ello y cómo lo sabía aprovechar. Por eso sabía que no tenía oportunidad de ser notado por el rubio como algo más que un amigo. Y mucho menos ahora, después de todo lo que habían sufrido por su culpa, por su debilidad, por su estupidez.

Y cuando lo miró tendido en aquella cama, se sintió aún peor. Hyoga se veía aún más blanco que de costumbre, pálido por la pérdida de sangre. Uno de sus preciosos ojos estaba cubierto por un vendaje. Tosía y respiraba con algo de dificultad. Al caballero de Andrómeda le dolió el corazón a verlo, no podía evitar la angustia y la culpa que lo invadía mientras se acercaba a él.

Hyoga... perdóname. Si me hubieras dejado morir en la casa de Libra...yo habría dado feliz mi vida a cambio de la tuya aquel día, y todo esto no habría sucedido...yo sé que no tengo derecho a sentirme así por ti, y que es parte de mi castigo. Perdóname. – con un leve temblor recorriéndole el cuerpo, beso con mucha suavidad una mejilla del ruso. – Soy tan cobarde que jamás te lo podría decir, mucho menos ahora, que no merezco ni que me dirijas la palabra. Mucho menos este beso que te he robado. Callaré entonces, hasta que esto que siento por ti reviente dentro de mi y me destruya.

El peliverde sintió una angustia aún peor al darse cuenta de que el dolor se acumulaba en su pecho y sin embargo, las lágrimas no venían en su auxilio.



Entonces pudo percibirlo, un dolor que era tan grande como el suyo, un dolor que amenazaba con destruir el cuerpo que lo alojaba. Y aún más, era el dolor de alguien conocido, pues podía sentir la presencia de un cosmos decidido y ardiente. Caminó siguiendo aquel sendero de sentimientos y entonces, halló a la persona que se sentía casi tan desgraciada como él mismo. No solo compartían aquella angustia y desolación, podrían haber sido hermanos. Ambos tenían cabellos y ojos verdes, su tez era blanca y sus cuerpos espigados. Sólo que los ojos de ella estaban enrojecidos por un abundante llanto que inundaba su rostro. Ella lloraba tan amargamente que no pudo percibir en un primer momento la presencia de Shun.

El se había limitado a observarla a ella, que lo había atraído con esa tristeza tan grande. Pero hasta que un sollozo salió de ella, él siguió su mirada.

Se quedó sin aliento y tuvo que buscar desesperado por una bocanada de aire.

Ella lloraba por él, él que estaba ahí , frente a sus ojos, y al que no podía reconocer. Estaba destrozado. Mortalmente pálido y perdido, en medio de aquella maraña de cables, vendas, gasas y tubos. Pero lo peor no era verlo y no reconocerlo, si no que no podía sentirlo. No percibía su cosmos, sólo su ausencia. Él no estaba ahí. Se había ido para siempre. Una terrible punzada martilleó sus sienes.

Shaina pudo percibir a través de sus lágrimas que alguien estaba ahí, pero tuvo que secarse con el dorso de la mano para poder identificar al caballero de Andrómeda.

¡Shun! ¡Despertaste!- dijo ella con una sonrisa que se desvaneció de sus labios justo en el momento en el que notó la expresión de terror de él –Shun, no deberías de estar aquí

La amazona se puso de pie de un salto y trató de empujar suavemente a Shun fuera de Terapia Intensiva, pero no lograba moverlo, era como si lo hubiesen plantado ahí.

Shun, aún debes de estar muy débil. Debes descansar

Está muerto

El susurro de Shun le heló la sangre. Shaina cesó sus intentos y lo tomó por los hombros, mirándolo a los ojos.

¿Qué dijiste?

Yo fui...

Shun, ¿qué tienes? ¿qué estás diciendo?

Yo... yo lo maté...

Shaina retrocedió horrorizada, como si Shun le hubiera quemado las manos

Yo lo maté

¿Qué está pasando? – dijo Oyuki entrando en ese momento al Área. Enseguida pudo darse cuenta de que algo grave le sucedía al joven- Shun, contéstame. ¿Puedes hablarme? Shaina, pide ayuda rápido. ¡Muévete!- gritó para que la amazona por fin saliera de su estupor. Para mayor asombro de ambas, el se derrumbó ante ellas. Oyuki revisó sus signos vitales. – ¿ No me oíste? ¡ pide ayuda!

Shaina logró por fin que sus piernas le respondieran y apretó el botón de emergencias que se hallaba junto a la cabecera de Seiya. La doctora Harue apareció poco después con un enfermero.

¿Qué sucede? - dijo pensando que era Seiya la razón de que la hubieran llamado.

Doctora, es Shun, está en shock.

¿Cómo llegó aquí?

No lo sé, cuando llegué ya estaba con ella – respondió Oyuki mirando a Shaina, que se hallaba sin palabras.

Akira, trae una camilla, y tu Shaina, sal de aquí por favor.

Shaina obedeció ciegamente las órdenes de la doctora y caminó tambaleante hasta salir de ahí. Las rodillas se le doblaban y apenas a tiempo halló una silla.





Así la encontró Marin, temblando y con el semblante lívido. Es Seiya, ha muerto.

Shaina, ¿pasó algo? – la peliverde se aferró a una de las manos de la pelirroja, que se sentó de inmediato a su lado – Contéstame¿es que Seiya...?

No, no – Marin suspiró aliviada – es Shun

¿Qué le pasa a Shun?

Marin, el despertó, no sé en que momento... de pronto lo vi de pie frente a la cama de Seiya... tenía el rostro lleno de angustia. Dijo que Seiya está muerto, y peor aún, dijo que fue él... dijo que fue él quién lo mató. Marin¿tu crees que eso fue lo que sucedió? ¿Tu crees que fue Shun el que le hizo eso a Seiya?

¿Qué?

No sé, no sé. Siento que estoy enloqueciendo.

No. No creo que eso haya sucedido. Tu lo conoces, él no le haría daño a nadie.

Las dos sabemos que algo muy malo le paso a Shun allá. ¿y si fuera cierto? ¿y si...? Tienes razón, tienes razón – dijo ella sacudiendo su cabeza – el no es capaz de hacer algo así. ¿Pero entonces porque lo dijo? Marin, si hubieras visto su rostro mientras lo miraba, cuando me dijo que había sido él el que le hizo daño. Marin, dijo que está muerto – dijo ella sin poder contener las lágrimas. La amazona del Águila abrazó a Shaina

Mira, Shun está muy alterado justo ahora. Quizás esta traumatizado aún por lo que sucedió en la batalla, tu sabes bien cuán sensible es. Vamos a esperar a que se tranquilice y entonces trataremos de hablar con él para que nos diga que fue lo que en realidad sucedió.

Por el momento eso no va a ser posible – repuso la doctora Harue Saito mientras detrás de ella, Oyuki y Akira se llevaban a Shun en una camilla

¿Adónde lo llevan?

De vuelta a su cuarto. Está en shock. Debe de haber sido muy fuerte para él entrar y ver a sus compañeros.

¿Shock?

Si, un shock nervioso. Miren, yo... yo ignoro lo que le sucedió, la razón por la que llegó a este hospital, y está bien, no necesito saberlo para curar sus heridas. Pero me da la impresión de que es un chico muy sensible, y podría necesitar ayuda. Las heridas internas siempre son las más difíciles de sanar. Puedo llamar a uno de nuestros especialistas del área del pabellón de Psiquiatría, si ustedes quieren por supuesto, para que lo evalúe al menos.

Si, se lo agradeceríamos



Marin y Shaina vieron como la doctora se alejaba por el pasillo. Marin se dejó caer abatida en una de las sillas.

Shaina, no debemos decirle a nadie lo que Shun insinuó. No ahora

Tienes razón – dijo en un suspiro – Siento que el mundo se nos viene encima. Athena sigue inconsciente, los caballeros dorados no han mejorado prácticamente nada, Kanon sigue muriéndose, Shun necesita un psiquiatra y Seiya...

Si, parece que no mejora, ya lo sé. Pero hay que ser positivas. Kanon ha resistido y ha tenido ligeras mejorías, Shaka ya está estable, Dokho también, y Camus, Aioria y Mu están a punto de salir de Terapia Intensiva. Sólo tenemos que resistir y ser fuertes. No podemos caernos ahora...
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Espada_de_Fuego
Posted: May 30 2008, 12:57 AM


Caballero del Abismo
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Capítulo 9

Placer y dolor

¿Y bien? ¿Hay alguna novedad sobre ellos dos?

No mi señora. Athena lleva dos semanas durmiendo sin lograr reponerse. Su cuerpo mortal es tan frágil que resulta patético.

¿Y has averiguado algo sobre sus caballeros? ¿Sí es cierto que ella tiene un favorito?

No he podido hacerlo dada su situación. Aunque si yo fuera usted, no me preocuparía. La mitad de ellos no sobrevivir a pesar de que ella se está esforzando al máximo por curar sus cuerpos y eso la tenga demasiado agotada.

Ay, la pobre, siempre tan sacrificada. ¿Y él?

Nada nuevo tampoco. La mortal sigue furiosa y no le dirige la palabra.

No sabes lo feliz que me hace oírte decir eso. Molestar a Poseidón de esa manera es lo mejor que se te ha ocurrido en siglos. Se lo tiene merecido. Yo no entiendo que maldita obsesión tienen mis hermanos con las mortales. Siempre acostándose con ellas sin importarles absolutamente nada más. Bueno, y a todo esto, ¿él no se ha dado cuenta de quién eres?

No mi señora. Aparentemente, esta última reencarnación de Poseidón resulto ligeramente fallida, como la de Athena. El alma del dios convive con la de el mortal de manera desproporcionada y cambiante, y eso lo confunde muchísimo. Pudo percibirme pero no tiene la menor idea de quién soy.

¿Sabes que sería maravilloso? Que Athena y Poseidón se unieran, así acabaríamos de una vez por todas con tanto pleito. Juntos gobernarían la tierra, Poseidón se haría cargo de la malcriada de mi hijastra y entre él y Zeus convencerían a Hades de acabar de una vez por todas con sus batallas. Y yo, disfrutaría con mi marido de todo el tiempo que esos tontos nos arrebatan con sus infantiles discusiones. Ya veremos si es posible. Perfecto Iris, todo es perfecto. Es todo lo que quería saber. Puedes retirarte. Creo que por el momento no es necesario que vuelvas a la Tierra, y si así fuera, yo te lo haré saber

Gracias señora. Con permiso

La mensajera se marchó de la habitación dejando a Hera con una amplia sonrisa en los labios.





Shaina entró a la que Tatsumi le había asignado como habitación, y se sintió abrumada al verla. Le parecía un palacio. Un palacio con cama matrimonial, un armario grande y espacioso, un cuarto de baño, enormes ventanas y sobre todo, un tocador con taburete y un enorme espejo. Se sentó en el taburete y se miró. En realidad podría decirse que era la primera vez que en realidad le ponía atención a su rostro, pues la habían entrenado toda su vida para ignorar esa parte de su cuerpo. Y en las barracas de entrenamiento no había espejos. Sólo había visto su rostro un par de veces en el reflejo del agua, y obviamente no era lo mismo.

Lo primero que notó fueron los evidentes signos de cansancio; las bolsas alrededor de sus ojos, que lucían rojizos por tan pocas horas de sueño y tantas lágrimas vertidas y una palidez poco usual. Sin embargo, su blanca piel creaba un hermoso contraste con sus largos cabellos verdes y sus ojos del color del jade. Sus rasgos eran finos y delicados, como lo eran sus labios rosados, delgados y bien delineados. Sonrío al mirarse. Sí, era hermosa, cualquiera podría decirlo. Y entonces la invadió una súbita tristeza. A Shaina no le importaba lo que los demás pensaran al mirarla, sólo la opinión de una persona le interesaba, y esa persona quizás no volvería a abrir los ojos nunca más.

Se levantó del tocador y se dirigió hacia el cuarto de baño. Necesitaba tomar un baño y descansar. En dos semanas se había negado a dormir una sola noche fuera del hospital, había ido a la mansión sólo a cambiarse de ropa y tomar una rápida ducha, pero ese día, Geki la sacó prácticamente a rastras, la metió en el coche y se la llevó jurando que no la dejaría volver hasta que no hubiera dormido una sola noche de corrido en la mansión. Después de tantas noches en vela, comiendo muy poco, con heridas que no habían sanado apropiadamente y después del incidente con Shun, no pudo poner demasiada resistencia y se rindió.

Al prender la luz, se asombró de ver que en el baño de esa habitación había una tina, cuyo borde estaba repleto por productos que nunca había visto y mucho menos usado. Shampoos, acondicionadores, cremas corporales y sobre todo, espuma de baño. Shaina no pudo resistir la tentación de tomar un baño de burbujas. Abrió ambas llaves del agua, hasta que logró la temperatura perfecta y dejó que la tina se llenara hasta el borde. Se desnudó sin prisa y entonces se introdujo en ella, primero un pie, luego el otro, poco a poco hasta que su cuerpo se halló por completo inmerso en el agua. Un mar de sensaciones inundaban sus terminales nerviosas. El contacto con el agua la relajó inmediatamente, por lo que pudo notar cómo su espalda dolía, sobre todo el cuello y los hombros, seguramente por el estress de los últimos días. Escogió la botella de shampoo que desprendía el aroma más hermoso a su juicio y con ella lavó sus cabellos, que quedaron suaves y sedosos. Usó una esponja para enjabonar su cuerpo delgado, mientras cerraba los ojos. Shaina podía recordar pocos eventos tan placenteros como el que estaba viviendo.

Y entonces vino a su mente aquel día en que había conocido a Seiya, sobre todo, lo que había sentido cuando las manos de él habían tocado su piel y la habían curado de esa herida. Esa fue la primera vez en que Shaina experimentaba la ternura y el placer al mismo tiempo, tal y como en ese momento le parecía tan único e íntimo el contacto entre ella y el agua, así había sentido aquel día al sentir la piel de Seiya contra la suya. Seiya… no podía olvidar sus hermosos ojos café obscuro, que parecían dos enormes chocolates. Su cabello siempre revuelto y rebelde. Sus manos fuertes y suaves al mismo tiempo…

En ese momento Shaina se dió cuenta de que mientras lo recordaba con los ojos cerrados, sus manos recorrían con suavidad su cuerpo, imaginando que eran las de él que la acariciaban. Sus dedos trazaban caminos sobre su piel, desde el borde del cuello hacia sus senos turgentes y redondos. Al llegar a sus pezones, tuvo un pequeño sobresalto. No era la primera vez que tocaba su propio cuerpo pensando en él, pero esta vez era distinto. Nadie podía molestarla, esta vez gozaba de algo a lo que por fin podía llamar… intimidad… Así que continuó por su propia piel, bajando de su fuerte y muscular abdomen hasta llegar a su ombligo. Se entretuvo en él, gozando de la sensación suave del agua y el jabón mientras sus dedos trazaban círculos sobre la piel tersa y firme. Extendió entonces su brazo hasta que su mano llegó a la ingle. Acarició con la mano extendida sus muslos poderosos y entonces puso sus dedos en medio de sus piernas. Comenzó a deslizarlos cuando se detuvo sintiéndose culpable. Aquella no era la primera vez pero esta ocasión no era como las otras. Seiya estaba en un hospital muriendo. Las lágrimas inundaron sus ojos de nuevo. ¿En que momento había perdido el control de sus emociones? Pasaba del placer al dolor en un segundo sin que pudiera evitarlo. Se comportaba como una… sí.. sonrió socarronamente para sí misma… como una mujer enamorada….

Terminó de ducharse y se puso una bata después de secarse el cabello y el cuerpo con unas toallas rosas que encontró ahí mismo. Enfundada en la bata, se recostó entre las deliciosamente suaves sábanas de la cama más plácida en la que hubiera dormido jamás, y enseguida cayó profundamente dormida, rendida por el cansancio y la preocupación.





Estoy aburrido, llevo todo el día en esta cama y ya me encuentro harto. Si, la verdad es que me fallaron las fuerzas, pero no era tan grave como para que me hubieran internado. En cuanto tengo la oportunidad, trato de escapar. Mi amiga Miho se da cuenta y terminan por atarme. Sin otra cosa mejor que hacer, caigo dormido.

Una presencia extraña me hace despertar, es algo amenazante. Abro los ojos y alcanzo a ver sus largas y afiladas uñas dirigiéndose hacia mi . Me muevo con rapidez, salto de la cama y me lanzo por la ventana para correr hacia los bosques.

Ya te dije que no quiero pelear contigo

Y yo te dije que tienes que hacerlo

Pero si yo no tengo nada en tu contra

¡Tienes que pelear conmigo, Seiya!

No entiendo que quieres de mi, Shaina, tu eres una mujer y yo no levantaré mis puños contra una mujer nunca.

¡He venido a matarte! No me queda otro camino. Debo matarte o... amarte

Se quita la máscara. Miro sorprendido su rostro. Es verdaderamente hermosa. Sus ojos son verdes, enmarcados por unas largas y rizadas pestañas. Su boca es pequeña con labios muy bien delineados, de un color rosa nacarado. Su nariz es fina y bien delineada.

Se acerca con pasos felinos hacia mí. Pero ya no hay amenaza en su andar, sólo... seducción...

Aunque si me dejas, yo podría amarte como nadie Seiya

Sin darme tiempo para reaccionar, me besa apasionadamente, robándome el aliento. Su lengua roza mis labios, mientras desabrocha con velocidad mi camisa y se aferra a mi pecho desnudo, arañándolo lentamente. Comienzo a jadear, y ella muerde mis labios mientras pongo mis manos en su breve cintura.

¿Shaina, que haces?

Demostrarte lo bien que puedo amarte.

De pronto, ella se detiene y se aleja unos pasos de mi. Sin dejar de mirarme a los ojos, se despoja de su armadura, y después, de sus ropas. No puedo creerlo.

Su cuerpo es la mezcla perfecta de femineidad y fuerza. Es delgada y blanca como la leche. Sus piernas son largas y poderosas. Sus senos se yerguen ligeros y desafiantes ante mis ojos. Su cintura es estrecha y una curva se pronuncia para abrirse ante sus hermosas caderas.

Se acerca a mí de nuevo y sin timidez alguna, introduce sus manos en mi chaqueta, y la hace deslizar por mi piel hasta que cae al suelo. Pasa sus manos por debajo de mis brazos y me abraza con fuerza, uniendo su cuerpo desnudo al mío.

Esto es demasiado. Nadie podría resistirse a una mujer como Shaina, con ese rostro precioso, ese cuerpo audaz y esa mezcla de descaro y soltura. Ella sabe como hacerme perder el juicio, pues mientras clava sus uñas con suavidad en mi espalda, comienza a mordisquear el lóbulo de uno de mis oídos.

Vamos Seiya. Yo sé que tu también me deseas...Hazlo, estoy aquí... sabes que soy tuya...

Sin dejar de besarme, baja una de sus manos y la introduce en mi pantalón, para poder acariciar mi trasero. Estoy perdiendo el control y mi erección va en aumento. Ella se da cuenta pues me abraza con más fuerza, para poder sentir mi miembro endurecido a través de la delgada tela del pantalón

Oír sus palabras me hace abandonarme a los deseos. Después de todo, soy un hombre, y ella una mujer, dispuesta a todo. Entonces la abrazo con fuerza y comienzo a besarla con tantas fuerzas que es ella la que tiene que desprenderse en busca de aliento. Nuestras lenguas juegan veloces, deslizándose, tocándose, buscándose para luego ocultarse. Pongo mis manos en sus caderas y mientras acaricio sus glúteos, me aferro más a ella, que jadea cada vez más fuerte.

La tomo entre mis brazos y camino con ella internándome en el bosque, mientras ella me dice que se siente maravillada de sentirse por fin en ellos. Me detengo al pie de un árbol, me hinco y la deposito en la hierba. La miro determinado a tenerla mientras me despojo de mis ropas y ella no deja de devorar mi cuerpo desnudo con sus verdes ojos. Me recuesto a su lado para observarla, y comienzo a besarla, a saborearla toda, llego a sus senos, recorriéndolos con mi lengua hasta la punta que mordisqueo suavemente haciendo que ella gima de nuevo. Mientras lo hago, ella no deja de acariciar y revolver mis cabellos, arquea su espalda de placer cuando yo succiono sus pechos y froto mi miembro contra su vientre húmedo.

Siempre soñé con que esto pasaría entre nosotros

No puedo contenerme más y me introduzco a sus piernas. Con una de mis manos comienzo a recorrer su húmeda intimidad mientras pongo besos en su ombligo que hacen que ella se retuerza. Entonces la penetro. Shaina clava sus uñas en mi trasero, invitándome a llegar hasta lo más profundo de su ser.

Si, Seiya, si

La miro mientras me introduzco a ella, y la beso con lentitud, a penas rozando sus labios con los míos. Sus ojos se llenan de lágrimas mientras me oye decir

Te amo Shaina. Siempre te he amado

Comienzo a impulsar mi miembro dentro de ella, una y otra vez en un vaivén lento pero intenso. No dejo de besarla mientras me posesiono de su cuerpo y ella muerde mis labios.

La lenta presión y el ritmo cadencioso de nuestras caderas, hacen que ella alcance un orgasmo, que reconozco por sus gritos. Pero no me detengo y al contrario, aumento la velocidad.

La deliciosa sensación de su vientre, del roce de nuestras pieles, de los besos y el aroma de nuestros sexos mezclándose en medio de la hierba, me llevan cada vez más cerca del límite, y entonces, lo siento. La espada atravesando mi pecho desnudo. Abro los ojos y Shaina aún está ahí, bajo mi cuerpo húmedo. Rodea mis caderas con sus piernas y en sus manos, está la espada que empuña mientras me sonríe

Mientes. Nunca me has amado y nunca lo harás. Prometí que te amaría o te mataría... Es perfecto, porque ahora he cumplido con las dos...



Seiya despertó en un grito. Se llevó las manos al pecho. El dolor era vago pero estaba presente. Podía introducir sus dedos en su propio cuerpo.

Había sido un sueño, pero tan real que el aún podía sentir el sabor de los besos de Shaina. Pero lo único que era palpable en el calabozo, era aquella herida que le había robado la vida.

Seiya, ¿Estás bien?

Diana. Yo... yo tuve un sueño terrible

¿Sigues soñando?

Si... y cada vez es peor. Sé que no es real pero cuando estoy ahí, es... como si lo estuviera viviendo.

Cálmate –dijo ella abrazándolo con fuerza – fue sólo una pesadilla...

Shaina despertó sintiéndose extraña. Había soñado con él, estaba segura. No era la primera vez que tenía un sueño erótico, pero algo había sido diferente esta vez. No podía asegurarlo, pero algo... malo había sucedido en el sueño. Una pesadilla...Pero no le dio demasiada importancia, en los pocos ratos de sueño que había tenido en el hospital había sucedido lo mismo, las pesadillas la asaltaban una y otra vez. Tenía que tratar de volver a dormir o Geki no la dejaría volver a su lado. Pero mientras viajaba de nuevo hacia un mundo imaginario, recordó que en su sueño, había un objeto en sus manos. Una espada...





¿Vas a decirme de una vez por todas que pasó entre Thetis y tú?

La pregunta tomó por sorpresa a Julián, que cenaba con Sorrento en su enorme penthouse.

No sé de que hablas

Mira, querido Julián. Estas dos semanas no hemos estado solos casi ningún momento y todo ha sido muy extraño, pero no puedes negarme que algo está sucediendo. Thetis no está con nosotros desde que llegamos a Japón. Ella no me dice nada, tu finges demencia y sería lindo que alguien me dijera que es lo que está pasando

¿Ella no te ha dicho nada?

No.

Es... está bien. Voy a contártelo, pero antes necesito que tu me contestes una pregunta

De acuerdo

¿Estás enamorado de Thetis?

Claro que no- contestó él riendo – ella es mi mejor amiga y la adoro, pero nada más. Es como mi hermana

No sabes el peso que me quitas de encima. ¿Y Kanon?- Sorrento se inquietó al escuchar su nombre. ¿ Se habría dado cuenta ya?

¿Qué sobre Kanon?

¿Tu sabes si a Thetis le gusta Kanon?

Julián, ¿de qué hablas? Estás desvariando. Thetis no tiene ninguna clase de sentimiento romántico hacia él.

Sorrento, tienes razón. Estoy volviéndome loco.

¿Qué rayos pasó entre ustedes?

La noche en que llegamos a Tokio, tú te quedaste en el hospital a vigilar a Kanon y Thetis y yo vinimos al departamento a descansar un poco y cambiarnos de ropa, comer algo, lo que fuera. Ella estaba demasiado seria, comenzamos a hablar sobre todo lo que había sucedido y cuando yo mencioné a Saori, ella se enojó. Trató de disimular, pero eso me llenó de esperanza, y me atreví a decirle

¿Le dijiste que la quieres?

¡Sí! Y nos besamos y todo fue fantástico. Estabamos en su recámara y nos acostamos y ella... ella me dijo que le hiciera el amor... le habría hecho el amor justo en ese momento si no fuera porque...

¿Te detuviste?

Si. Oí una voz. Una voz que me decía que una vez que la tuviera, ella no amaría jamás a otra persona.

Tranquilízate Julián. De acuerdo, aparte de lo bizarro que suena eso de que oíste una voz, no veo que es lo malo de pensar en que una vez que estén juntos no habrá nadie más para ustedes

No, no dijo que para nosotros, dijo que para ella. Porque ella es una mortal y yo...

Uy, creo que comienzo a comprender. Pero la voz¿de dónde venía¿quién era?

No lo sé muy bien. Era una persona, una mujer, o algo así. No puedo reconocerla pero creo que venía del Olimpo. Lo peor fue que lo que dijo me llenó de dudas. Dijo que si la poseo, la habré marcado y entonces ya jamás podrá amar a nadie más.

Eso suena muy serio

Es que me puso a pensar Sorrento. Tu sabes lo confundido que estuve con respecto a mis sentimientos por Saori, ¿qué tal si está sucediendo lo mismo con Thetis? ¿Qué tal si es sólo una obsesión? Yo la deseo, por supuesto que si, pero no quiero hacerle daño. No quiero que ella me ame toda la vida sólo porque no pude resistir la tentación de acostarme con ella. A lo mejor en dos años ya la olvidé, como hice con Saori

Julián, por favor. Es un caso totalmente distinto. Tu amas a Thetis. Soy tu mejor amigo, puedo decírtelo. En toda mi vida jamás te había visto tan mal como en estas dos semanas. No duermes bien por las noches, estás super irritable, te ves inseguro, escuchas canciones de enamorado... no pongas esa cara, a veces duermo aquí. Me doy cuenta de lo que pasa, pero esperaba a que fueras tú el que me dijera que había sucedido

¿Tu crees?

Claro que sí. Bueno, pero no me dijiste que sucedió después de que oíste la voz de esa mujer

¿Qué pasó? Nada, simplemente salí huyendo de su habitación. Le dije que no podía continuar y me fui

Hombre, con razón estaba tan enojada. ¿No le dijiste nada?

¿Qué le iba a decir? ¿Qué oigo voces que me dicen que piense muy bien si es conveniente acostarme con una mortal?

Te concedo eso, pero salir huyendo no fue una buena salida.

Lo sé, es que no supe que hacer. Entré en pánico

¿Y ya trataste de hablar con ella?

¡Claro que si, desde ese mismo día! Pero ella se negó rotundamente. Sorrento estoy muy preocupado. ¿Dónde ha dormido todas estas noches¿En el hospital?

Mira Julián, no sé si yo sea la persona indicada en decirte esto... mejor pregúntale a Thetis

¿Cómo voy a hacer eso si no me habla? Si tu sabes dímelo por favor

Está bien, está bien, pero prométeme que no vas a enloquecer.

Lo prometo

Pues si, estuvo una semana completa durmiendo en el hospital. Pero Shaina...

¿Qué tiene que ver la amazona en todo esto?

Pues ella... le ofreció a Thetis que se quedara en... la mansión Kido

‚¿Quéé?

Lo mismo dijo Thetis. Pero, después de una semana en los sillones de esa sala de espera, pues, aceptó. Obviamente está ahí sólo lo indispensable, y aunque me parece que al principio fue un poco... extraña la situación, pues la han aceptado

¡No puedo creerlo! ¡Ella me dijo que con sólo oír el nombre de Saori se ponía celosísima!

Entonces eso nos da una muy buena idea de lo molesta que está contigo, que prefirió dormir en casa de la exenemiga que volver aquí.

Tienes toda la razón...

Bueno, ¿y qué piensas hacer?

¿Respecto a qué?

¿Cómo que a qué? ¿Cómo vas a reconquistar a Thetis?

¿Reconquistar?

¿Sabes cuál es tu problema Julián? Que todo te ha sido muy fácil. Lo he visto, estás acostumbrado a que todo se te dé en bandeja de plata. Las mujeres, las oportunidades, el dinero. Pero si quieres a Thetis a tu lado, vas a tener que luchar por ella, vas a tener que recuperarla. Ella no es como las demás que se lanzan a tus abrazos apenas te ven o conocen la existencia de tus cuentas bancarias. Ella vale oro. Pero es muy orgullosa, así que hay que planear toda una estrategia para ablandar su corazón

¿Tu crees que de veras le importo? Por eso te pregunté si Kanon...

Julián, ¿eres ciego? Claro que le importas. Le importas tanto que por eso reaccionó así. Anda, hay que empezar la conquista de Thetis ahora mismo...





Sonó el timbre en la mansión Kido. Megumi abrió la puerta y abrió mucho los ojos al ver el gigantesco arreglo de tulipanes que un mensajero cargaba con muchos esfuerzos.

Buenos días. ¿Aquí vive la señorita Thetis?

Si
Al menos en estos días

La verdad es que en las últimas semanas, la mansión, regularmente tan tranquila, había sido convertida en algo parecido a una casa de huéspedes. Personas a las que Megumi no había visto jamás en su vida llegaban, dormían, comían, y se marchaban de ahí con total irregularidad. Todo el día entraban y salían chicos, chicas y hasta un niño muy simpático llamado Kiki. La última en llegar había sido precisamente la rubia a la que iban dirigidas las flores. Recordaba todavía la discusión que precedió a su llegada y que sin querer había escuchado entre dos señoritas, una pelirroja, una peliverde y Tatsumi.

¿Acaso enloqueciste Shaina? ¿Cómo pudiste ofrecerle eso?

Marin, sólo será por unos días

Pero podría ser una trampa

La vigilaremos si es necesario. Pero no son esas sus intenciones, lo sé

¿Cómo puedes estar tan segura?

Tu me conoces bien Marin. No se lo habría ofrecido si no fuera porque está en una situación desesperada

¿Qué situación?

No puedo decírtelo... no aquí...

Para su información yo debo estar al tanto de absolutamente todo lo que sucede en esta casa. La seguridad de la señorita Kido...

No se trata de eso Tatsumi. Es un asunto de... mujeres

¿Qué?

Marin, confía en mí. No tiene otro lugar a dónde ir.

...está bien... Pero no hay que perderla de vista ¿eh?

¡Me niego! ¡Yo no conozco en lo absoluto a esa señorita!

Tatsumi, cállate. Tampoco nos conoces a nosotras y aquí estamos, porque esa es la voluntad de Athena. Y estoy segura de que si ella estuviera despierta y conociera la situación de Thetis, haría lo mismo.

Pues no se discuta más entonces. Iré a avisarle.



Así había quedado decidido. La orgullosa Thetis había sido recibida en la mansión Kido. Y aunque los primeros días fueron bastante incómodos, poco a poco todos se fueron relajando al darse cuenta de que ella no hacía más que apoyar a Sorrento y preocuparse por el estado delicadísimo de Kanon. Además, no había mucho tiempo para socializar, todos estaban al pendiente de la salud de los caballeros.

Muy bien. ¿Podría firmarme de recibido?

Megumi firmó y el mensajero se marchó, mientras que en ese momento iba bajando Geki.

¿Quién era Megumi?

Era un mensajero con eso- dijo señalando el enorme arreglo. – Dijo que es para la señorita Thetis

¿Qué? ¿Para mí? – respondió ella avanzando desde el fondo de la sala- ¿qué me...?

La sirena se quedó sin palabras al notar las preciosas flores. Eran sus favoritas, tulipanes de todos los colores

Debe de ser un error, deben de ser para la señorita Kido. No conozco a nadie en Tokio que pudiera habermelas enviado

Traen una tarjeta señorita –le aclaró Megumi

La rubia se acercó y vió efectivamente, una tarjeta. Su corazón brincó al ver el sello de la familia Solo en el sobre. Lo abrió nerviosamente

Mi amada sirena:

Te envío estas flores que sé son tus favoritas. Si pudiera, te enviaría también un ramo de copos de nieve, pero todavía no averiguo cómo hacerlo. Espero que perdones mi estupidez, y si es posible, que aceptes verme. Necesito desesperadamente hablar contigo.

Accede, te lo ruego

Tuyo, Jule.





Seika acompañaba a Oyuki en su diaria ronda por los cuartos que ocupaban los caballeros de Athena.

Después de dos semanas, se hallaba desesperada. Las visitas que le podía hacer a su hermanito eran muy cortas y muy limitadas, y moría de ansiedad sentada en aquellos sillones. Estaba acostumbrada a ser una persona útil, y no se sentía en absoluto así en esos momentos, así que se voluntariaba para cualquier clase de actividad, desde las donaciones de sangre hasta la preparación de los desayunos en la mansión Kido (a pesar de las protestas del personal que trabajaba ahí) cuando llegaba a pasar al menos una parte de la noche ahí.

Debido a la solicitud de Tatsumi de absoluta discreción en cuanto a la permanencia y estado de la Señorita Kido y sus dieciocho protegidos, la dirección administrativa del hospital había decidido que el personal que originalmente les había atendido fuera únicamente el que los tratara durante toda su convalecencia, y ya que hubo una fuerte compensación de por medio, nadie objetó. Y de verdad que todos habían aceptado por razones ajenas al dinero. Por curiosidad médica, personal, y sobre todo, por compasión. Aquellos jóvenes no eran comunes y corrientes, podían percibirlo. No eran sólo sus heridas, o sus extraños altibajos y mejorías, era una cuestión de carácter, por así decirlo. Era como si irradiaran (si, esa era la palabra) una increíble fuerza de carácter. Algunos parecían muy frágiles, otros inspiraban una profunda paz, y la mayoría eran... milagrosos. No se podía llamar de otra manera a la recuperación de Shaka, que era lenta pero constante a pesar de las severas hemorragias internas que había sufrido en los más importantes órganos vitales y lasvarias operaciones a las que se le había sometido. Y su caso no era el único, cada uno era digno de distintas y variadas simpatías, como las sentían por aquellos que se preocupaban día y noche por su bienestar.

Así las cosas, después de dos semanas ya todos estaban familiarizados con los chicos que se sentaban todos los días en aquellos sillones, llorando, durmiendo, hablando poco algunas veces, pero sobre todo, esperando.

Oyuki y Seika se fueron simpáticas desde el primer momento. A Oyuki la conmovía terriblemente siempre que encontraba a la chica al lado del que, supo después, era su hermano menor. Ella iba todos los días, durante todo el tiempo que le era permitido, tomaba su mano y le leía.

Un día, Seika tiró uno de los libros en medio del pasillo y Oyuki lo recogió, y pudo notar que era un libro de cuentos infantiles, y la pelirroja le contó con lágrimas en los ojos que cuando eran niños, solía leerle historias así. Desde ese momento comenzó a florecer la comunicación entre ellas. Y un día Seika le expresó a Oyuki sus deseos de ayudarla en lo poco o mucho que le fuera posible, y le dijo que había tomado algunos cursos de enfermería en el pueblo de Grecia donde había vivido. No era la gran cosa, pero parecía tan ansiosa de ayudar que Oyuki aceptó permitirle ayudarla de vez en cuando, únicamente con aquellos a los que ya hubieran transladado de la Unidad de Terapia Intensiva a una habitación. Así que hasta aquel día, sólo había tenido contacto con Shun, Dokho, Shyriu, Afrodita y por supuesto, Saori.

Pero ese día habían transladado a un joven de cabellos azules que era objeto de toda la curiosidad de Seika.

Por supuesto que tenía curiosidad, y mucha. Su único pariente había pasado nueve años inmerso en un ambiente de la más absoluta de las fantasías. Seika sabía muy pocas cosas de él y de lo sucedido, así que recogía como pajarito hambriento las migajas de recuerdos o detalles que de pronto dejaban caer los compañeros de Seiya. Pero Seika, a diferencia de él, era muy paciente, y muy oportuna, y sabía que el momento no había llegado para comenzar a hacer preguntas. Pero se moría por saber cómo era él, adónde había vivido, las cosas por las que pasó en su niñez y cómo era ahora que era un joven, cómo y quiénes eran sus mejores amigos, cómo lo percibían aquellos que la acompañaban durante la interminable espera. Y entre ellos, le intrigaba en sobremanera el joven de cabellos cortos azules que le había llevado en brazos al hospital, Ikki, así le habían dicho que se llamaba.

Lo consideraba como un ángel de la guarda que había ayudado a Seiya en el momento más crucial de toda su vida. Pero cada vez que ella sacaba a la plática su nombre, todos enmudecían, como si no quisieran hablar sobre de él, o no pudieran. Y ella estaba decidida a saberlo todo sobre él. Y por fin se presentaba la oportunidad.

Ojalá él abriera los ojos y hablara conmigo...

¿Estás segura de que quiere entrar conmigo Seika? Esto puede ser muy difícil. Sus heridas son muy impactantes.

Lo sé. Pero no me importa. Quiero ser de alguna utilidad.

Está bien. – Entraron y mientras Seika le observaba en silencio, Oyuki comenzó a abrir los paquetes esterilizados del instrumental. – Por favor, quita las gasas de su espalda, hay que reemplazarlas. Ten cuidado que tiene un par de costillas rotas.

Claro

Seika se acercó hacia la cama. El joven que había ayudado a su hermano, tenía un cabello extraño de un increíble color azul. Su piel estaba bastante bronceada, como si hubiera vivido mucho tiempo en algún lugar tropical. Yacía acostado entre varias almohadas para mantener su cuerpo inclinado hacia su costado derecho y tenía una cicatriz en el rostro. Sin embargo, parecía estar mejorando. Seika retiró la sabana e inclinó su cuerpo para colocarlo más bien boca abajo. Con cuidado comenzó a retirar las gasas hasta que pudo ver por completo la espalda desnuda del Fénix. No pudo contener una expresión de asombro y horror.

Su espalda…

Lo sé.

Es como si… como si lo hubieran torturado. Esas son cicatrices muy antiguas, ¿no? – dijo mientras seguía con su dedo una línea imaginaria sobre sus heridas, sin atreverse a tocarlo.

Tienes razón. Son muy antiguas. Quizás sus padres lo golpeaban

No creo que pueda ser eso. Es huérfano.

No lo sé entonces. Pero esas cicatrices se las hicieron cuando seguramente todavía era un niño.

Que terrible.

Hay que limpiar las heridas para que no haya ninguna clase de infección – dijo Oyuki amablemente a Seika, mientras que Seika le pasaba los intrumentos.

Empapó una gasa en yodo y con ella procedió a limpiarle la herida más grande a Ikki, pero en cuanto la gasa rozó su piel, su cuerpo se estremeció.

Es terrible. Le debe de doler tanto que incluso inconsciente se queja.

Seika miró al rostro de aquel al que le estaba tan agradecida. Así, inconsciente y herido, parecía un niño pequeño sufriendo de una pesadilla. Su cuerpo hablaba de dolor, un dolor que no podía ver en ningún otro de los caballeros a los que había visto. No era sólo por las cicatrices, había algo en él que le hacía pensar que había vivido cosas terribles. El no dejó de quejarse todo el tiempo mientras Oyuki limpiaba sus heridas y cambiaba las gasas. Lo acomodaron de nuevo sobre su costado derecho, lo cual provocó que él se quejara aún más. Seika sentía que una angustia le oprimía el pecho al verlo así.

¿No hay nada que podamos hacer para calmar su dolor?

No lo sé. Quizás le pueda administrar un analgésico o un tranquilizante. Iré a preguntarle al doctor Sato. No es muy común que sufran estando inconscientes.

Está bien. Yo me quedaré con él

Oyuki salió y Seika se sentó junto al atormentado joven. Con mucho cuidado acarició su rostro, siguiendo la línea de su mejilla; entonces él sonrió mientras murmuraba

Esmeralda…

La sorpresa de la joven pelirroja fue aún mayor cuando se dio cuenta de que por las mejillas del muchacho corría una lágrima. Seika la enjugó con sus dedos mientras acariciaba sus cabellos azules.

Me pregunto quién será ella…
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Espada_de_Fuego
Posted: May 31 2008, 12:31 AM


Caballero del Abismo
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Capítulo 10

Jornadas

Seika tomó la mano de Ikki y la estrechó entre las suyas

Dime, dime quién es ella. Dime quién te hizo daño.

Algo muy malo le había sucedido, estaba segura. ¿Por qué a él, que parecía ser tan bueno? Porque ella no tenía prejuicios, ella podía ver en su interior. Sabía que era noble y bondadoso. Porque ella no le temía y no sabía que él alguna vez había sido capaz de provocar un inmenso daño. Lo que ella percibía, era el daño que le habían hecho a él y en el que los demás pocas veces se paraban a pensar.

No podía dejar de pensar en sus cicatrices. Eran demasiadas, eran demasiado antiguas, hablaban de una violencia que a ella le parecía intolerable. Él seguía quejándose por el dolor, y los ojos cafés de Seika se llenaron de furia mientras salía de la habitación.

Avanzó rápida y decidida hasta llegar con ellos y dejó caer la bomba

¿Qué le pasó a Ikki? ¿Quién lo lastimó?

¿Qué?- dijo Marin perpleja

Y no estoy hablando de la batalla, ya sé que ignoran lo que ocurrió

No entiendo de que...

Hablo de su espalda, de las huellas de tortura que tiene. Hablo de todas las cicatrices en su cuerpo ¿Es eso lo que le hacen a los huérfanos de la Fundación Graude? ¿Eso le hicieron a Seiya también? ¿Ese es el cuidado que les dio Mitsumasa Kido?

Un silencio pesado e incómodo se hizo en la sala de espera. Marin estaba realmente extrañada porque no tenía una idea muy clara sobre lo que Seika estaba hablando.

Pero Jabu sí lo sabía. Lo sabía porque jamás podría olvidar aquella noche en la que por accidente había sido testigo de la brutal paliza que Tatsumi le había propinado al entonces pequeño Ikki.

Él se había ocultado en el gimnasio antes de que lo cerraran, para entrenar aún más, con la esperanza de que Saori se fijara en él, como deseaba desde siempre. Cuando oyó la voz de Tatsumi, corrió a esconderse, y desde una obscura esquina presenció la golpiza. El mayordomo de los Kido lo había azotado con una furia y una violencia tal que Jabu no había podido contener las lágrimas. Seguía sin perdonarse por haber sido tan cobarde y no haber hecho nada para ayudarle, y aunque una y otra vez se había repetido a sí mismo que sólo era un niño y que seguramente no habría conseguido nada mas que salir herido el mismo, la verdad es que había pasado toda su estancia en Argelia pensando que Ikki había muerto a consecuencia de tan horrible e inmerecido castigo. Recordó como experimentó un momentáneo alivio cuando Ikki reapareció, una vez empezado el Torneo Galáctico, pero los remordimientos siguieron asaltándole cuando llegó a escuchar algunos de los detalles sobre su estadía en la Isla de la Reina Muerte.

¿Es que has perdido la razón niña? Mi señor y la fundación Graude jamás...

Cállate Tatsumi – dijo Jabu que se hallaba incrédulo ante su cinismo.

¡Contéstenme! ¿Eso le hicieron a todos? ¿Eso te hicieron a ti Jabu?- el bajó la mirada. No podía decirle la verdad. No podía confesar lo que Tatsumi había hecho aquella noche...

Marin miraba a Seika con profundo asombro. Sólo llevaba dos semanas tratándola, pero no le había parecido que ella fuera esa clase de persona. Pero al verla así, con la furia claramente dibujada en sus facciones mientras sus ojos cafés echaban chispas, no pudo dejar de pensar en lo mucho que ella y él se parecían. Al parecer, toda esa intensidad era de familia. Era como ver al propio Seiya discutiendo. Marin trató de calmarla

Seika, este no es el momento de...

¿Entonces cuándo? ¿Por qué no ahora? ¿O es que tienen algo mejor que hacer? Contéstenme. ¿Eso le hicieron a Seiya también? ¿Quién fue?

Marin se sintió algo acorralada, pues la miraban esperando que fuera ella quien diera las explicaciones. Pero Seika demandaba respuestas inmediatamente y nadie parecía tener el valor de hacerlo.

No, por supuesto que no Seika. Siéntate y escúchame... Lo que le sucedió a Ikki fue algo terrible que no tuvo nada que ver con la fundación. Ellos fueron enviados de acuerdo a un sorteo, a distintos lugares del mundo a entrenar para convertirse en caballeros. A tu hermano le tocó Grecia y a Shun, el hermano de Ikki, le tocó un lugar llamado Isla de la Reina Muerte, un lugar terrible del que decían nadie volvía vivo. Ikki decidió cambiar de lugar con su hermanito para protegerlo. Fue, sobrevivió y ganó la armadura del Ave Fénix, pero sufrió como nadie para hacerlo. Por lo que he escuchado, su maestro era un hombre terrible y brutal que lo torturaba y maltrataba cada día, durante los seis años que duró el entrenamiento. No había nadie ahí para ayudarlo, era sólo un niño después de todo. Hasta donde sé, Ikki tuvo que matarle para poder salir vivo de ahí.

¡Eso es terrible!

Todos esos años de abuso lo convirtieron en una persona totalmente diferente. Cuando volvió quería vengarse de todos, incluso de su hermano. Tuvieron que pelear en su contra y estuvo a punto de morir, pero finalmente abandonó esa idea y se puso de nuestro lado. Es todo lo que sé, creo que nadie sabe todo lo que le sucedió ahí, él... es un solitario, un solitario que aparece solo cuando se presenta una nueva guerra y habla tan poco...



Seika había escuchado el relato con mucha atención y después de oír a Marin, no había podido evitar las lágrimas

Marin, lo lamento. No debí gritarte así. Es sólo que... él sufre... Y cuando me di cuenta de esas cicatrices, me llené de pánico al pensar que algo así le podría haber pasado a Seiya también.

Comprendo Seika. El entrenamiento de Seiya, como el de los demás, no fue miel sobre hojuelas, pero tampoco tenía que ser así. Teníamos que hacerlos fuertes, no lastimarlos. Creo que son muy pocos los que han pasado por algo peor que lo que pasó Ikki.

Es que todo me parece tan... incomprensible... su mundo me parece tan imcomprensible...

Lo sé. Pero lo importante es que ellos han vuelto, y aunque les está costando mucho trabajo, lo van a superar, como lo han hecho cada vez. Y quizás, esta sea la última. Ven, vamos por un café. Porque no has desayunado nada¿verdad?

Las pelirrojas se marcharon mientras Jabu no despegaba sus ojos de Tatsumi, que había escuchado todo con la cabeza agachada. El Unicornio se acercó a él y lo miro de una manera tan distinta... como si hubiera sido la primera vez que lo hiciese

¿Cómo puedes dormir sabiendo lo que le hiciste? No, conmigo no tienes que fingir. Yo sé lo que pasó la última noche que Ikki estuvo en Tokio antes de partir, yo estaba ahí y lo vi todo. En serio Tatsumi, ¿por qué tenías que hacerle todo eso? Sabías que iba directo al Infierno sobre la Tierra, y encima te ensañaste con él. No¿sabes qué? No me digas absolutamente nada. Mejor no me digas nada.



Tatsumi se quedó paralizado pensando en las palabras de Jabu. No había nadie en la sala de espera, solo él y sus pensamientos.

Caminó en silencio hasta la habitación que ocupaba el ahora Caballero del Ave Fénix. Le habían aplicado un analgésico y descansaba por fin, ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor.

Sólo porque estaba seguro de que Ikki no despertaría, fue que se atrevió a entrar. El chiquillo de ojos y cabellos azules se había convertido en un hombre increíblemente fuerte al que temía desde el fondo de su alma.

Al verle dormir, recordó aquella noche... El ruido de su piel quebrándose bajo el látigo, las marcas de sus enormes puños en su infantil rostro, la hinchazón alrededor de sus ojos azules, su sangre salpicándolo todo a cada nuevo golpe, y como finalmente, lo había subido a aquel barco, después de que se hubiera desmayado por el dolor, sin estar del todo seguro de si sobreviviría.

La verdad es que lo había lamentado después, su orgullo lo había llevado demasiado lejos y lo sabía. No debió de haberlo abofeteado, mucho menos golpearlo. Sí, lo había sacado de sus casillas porque era un insolente, era un sello distintivo de su personalidad, pero después de todo, era un niño. Un niño al que la vida había maltratado una y otra vez a cada paso del camino, y él, en vez de aligerarle la carga, la había incrementado aún más.

No sabes... cuánto lo lamento... Creo que hasta hoy, no había comprendido la magnitud del daño que te inflingí. Pero creo que eso no sirve de nada, ¿o sí?

Tatsumi salió de la habitación, pues no toleraba ver ni un segundo más el cuerpo malherido del Fénix. Y antes de que nadie pudiera verlo, se enjugó una lágrima de culpa que corría por su mejilla...





Seika no era la única confundida entre tantas emociones. Thetis llegó al hospital aún sin dar crédito a lo que acababa de pasar. ¡Julián le había enviado un arreglo inmenso de tulipanes de colores, con una tarjeta donde le suplicaba le permitiera verle, y la había firmado como Jule! Su cabeza daba vueltas. ¿Cómo se había enterado de que ella estaba ahí? ¿Cómo se había atrevido? ¿Qué era eso tan importante que quería decirle ¿Querría pedirle perdón? Y todas esas respuestas las podía obtener de Sorrento, que además le debía una enorme explicación, pues sólo él podía haberle dicho que ella se encontraba en la mansión Kido.

Trataba de disimular ante Shaina y Shunrei que la acompañaban en la limusina al hospital. De hecho había tratado de disimular ante todos, pues aseguró que Julián había enviado las flores para Saori e insistió en llevarlas a su habitación. Llegaron a la espera, y todo era perfecto, porque Julián no se hallaba ahí. Pero en cuanto vio a Sorrento increíblemente pálido en una esquina de la sala de espera, supo que no era el momento

Sorrento, ¿estás bien?

No me han dejado verlo desde ayer en la tarde, después de que te fuiste. Fui a cenar con Julián y volví, pero no he podido entrar, y los doctores entran y salen y nadie nos dice nada. Thetis, está sucediendo. Se va a morir

No digas eso, quizás sólo le están haciendo alguna clase de estudio, o algo así. Ha resistido hasta ahora, él va a salir de esta.

Quiero creerte, de verdad que quiero creerte. Pero... han pasado más de dos semanas y el pronóstico no ha cambiado y...

Cálmate, cálmate. No vamos a solucionar nada imaginándonos lo peor. Hay que esperar a que algún doctor nos informe sobre su salud. No hay que angustiarnos por adelantado.





Buenos días. Vine en cuanto me dijeron que habías reaccionado. Permíteme presentarme. Soy la doctora Sayaka Miyamoto. Trabajo en el departamento de Psiquiatría... Me dijeron que llevas dos semanas internado, y que despertaste hace dos días... me dijeron también que sufriste un shock nervioso al ver a un paciente en Terapia Intensiva... ¿Shun?... Sé que puedes oírme, de hecho estoy aquí para oírte. Me gustaría que me dijeras cómo te sientes en este momento, quizás como te sentiste cuando despertaste hace dos días... Estar en un hospital puede ser muy difícil, nos pone a pensar mucho en nuestras vidas, en el porqué de las cosas. Otras veces vemos u oímos cosas que nos conmueven, o nos impactan mucho. Lo que quiero decir es que es normal que hayas tenido esa reacción. Sé que no te conozco y que tu no me conoces, pero podemos hablar y quizás cuando lo hagas, te sientas mejor... Sólo quiero ayudarte Shun, y no puedo hacerlo si no hablas conmigo... ¿O es que hay alguien con quien quieras hablar¿Algún familiar, o un amigo que quieras ver?

Shun había guardado absoluto silencio mientras la joven doctora de rizados y cortos cabellos castaños entraba a su habitación, se sentaba a su lado y comenzaba a hablar con él. No había prestado demasiada atención a aquella mujer, pues su vista se hallaba totalmente fija en unas margaritas a medio marchitar que se hallaban en un jarrón, acomodado en una pequeña mesa de la esquina izquierda del cuarto. Y cuando ella mencionó si él deseaba hablar con alguien, él por toda respuesta cerró los ojos con mucha fuerza mientras el dolor se dibujaba en sus hermosas facciones.

¿Te sucede algo? ¿Shun? – ella tomó su mano y el enseguida retiró su mano para evitar todo contacto. - ¿Te duele algo? ¿Quieres que llame a un doctor? Necesito saber si estás bien.

El sin abrir los ojos simplemente sacudió su cabeza afirmando que lo estaba.

Mira, vamos a hacer algo. Descansa, duerme un rato y yo volveré después, y espero que cuando vuelva podamos hablar. Eso te dará tiempo para que te relajes y reflexiones lo que tu quieras. Sólo quiero que sepas que estoy aquí para ti, para cuando necesites y para lo que necesites.



La doctora salió de la habitación y se dirigió hasta la sala de espera. Encontró ahí a una multitud. Thetis, Sorrento, Shunrei, June, Jabu, Ban, Nachi, Shaina y Marin.

Buenos días. Soy la doctora Miyamoto de Psiquiatría. Me dijeron en la recepción que ustedes son familiares y amigos de Shun¿es así? Necesito hablar con ustedes sobre él, en privado. ¿Podríamos ir a mi oficina?

June brincó de su asiento en cuanto escuchó que hablaban de Shun, mientras Shaina miraba a Marin tratando de disimular su preocupación. Tal y como lo habían hablado aquel día, habían guardado silencio, sólo habían dicho que él había despertado y recaído, pero no habían mencionado nada sobre lo ocurrido en Terapia Intensiva. Ambas se preguntaban si él ya estaría bien, o si habría dicho algo más...

Nosotras, nosotras podemos hablar con usted. Esperen aquí – dijo Marin poniéndose de pie junto con Shaina con una actitud que no admitía réplica.

Excepto por June

Yo también...

Cálmate June – dijo Nachi poniendo una mano sobre su hombro - Deja que la doctora hable con ellas y después podrán explicarnos lo que sucede.

Shaina miró a Nachi con agradecimiento y se marchó hacia el fondo del pasillo donde Marin y la doctora Miyamoto la esperaban. Subieron en el elevador hasta el octavo piso y entraron a una linda oficina.

¿Ustedes son sus familiares?

No, no, somos sus... amigas – dijo Shaina sintiéndose algo torpe.

¿No hay alguien más cercano con quién pueda hablar? Disculpen, es que el asunto es un poco delicado y lo más conveniente sería si pudiera hablarlo con alguien de su familia.

Comprendemos, pero por el momento... eso es imposible. ¿Shun ya... despertó?

Sí, hace un par de horas. Sé muy poco de su caso, y necesito información.

¿Él... no le dijo... nada? - preguntó Marin.

Ese es precisamente el problema. Shun no ha dicho ni una palabra desde que reaccionó. También se ha negado a tomar alimento alguno. La doctora Sato me comentó que deseaba que yo viera a un paciente suyo que sufrió un colapso nervioso al ver a otro paciente, y eso hice. Yo me presenté ante Shun y le expliqué que quería saber como se sentía y lo que le sucedió antier. Pero él sólo cerró sus ojos con mucha fuerza y se negó a hablar. Y en su historia clínica faltan muchísimos datos y no puedo ayudarlo si no comprendo la situación, si no sé qué es lo que le pasa.

Muy buena pregunta, pensó Marin. La situación se complicaba...

Lo primero que necesito saber es por qué fue internado

Es que él... sufrió...un....- tartamudeó Shaina

Accidente. Tuvo un accidente

Comprendo. Así que fue un accidente –dijo ella tomando nota. ¿Qué clase de accidente?

Un accidente... de coche

Shaina miró a Marin, sorprendida por su respuesta. Pero mientras la doctora seguía apuntando, la pelirroja se encogió de hombros, parecía decir “¿Y que le podía decir? ¿Qué resultó herido en una batalla para salvar al mundo?”

Bien. Ahora necesito saber que fue lo que pasó exactamente hace dos días, cuando el despertó

Yo... yo estaba en Terapia Intensiva... – habló Shaina - yo estaba... muy deprimida y no... no me di cuenta de en qué momento entro. Cuando lo noté, el estaba mirando fijamente a... a Seiya

¿Quién es Seiya?

Uno de sus amigos. Shun se quedó mirándolo fijamente y... se desmayó.

Ya veo. ¿Así que Shun y Seiya son amigos? ¿Estaban juntos el día del accidente? ¿Es por eso que Seiya está internado?

Si, son buenos amigos y estaban juntos ese día. Se... accidentaron juntos.

¿Y Seiya, cómo está?

En coma... irreversible, eso dicen...- dijo Marin tratando de no quebrarse al decir esas palabras

Ya veo. Miren, es evidente que Shun es un chico muy sensible y que lo afectó muchísimo el accidente. Eso por sí solo es suficiente para angustiar a cualquiera. Y que viera a su amigo en el terrible estado en el que se encuentra seguramente lo ha llenado de culpa

¿Culpa?

A veces, cuando hay una situación así, la persona que sale menos dañada, o que sobrevive, se siente culpable por estar bien, o en este caso, por estar mejor que su amigo. Es una crisis de fe. Se preguntan el porqué han sido ellos los afortunados, y no el otro, dudan de todo, y creen que ellos provocaron esa situación de alguna manera. O piensan que si ellos hubieran muerto, el otro estaría bien y por lo tanto asumen que es su culpa.

¿Y usted puede ayudarlo? - preguntó Marin angustiada

Claro. Pero aquí lo más importante es el apoyo de la gente que quiere a Shun, de su familia y sus amigos. Hay que procurar que Shun sepa que ninguno de ustedes lo juzga por lo que sucedió, que ninguno piensa que él es culpable del estado de Seiya y que se dé cuenta de que a pesar de todo, están alegres de que él se encuentre bien. Por eso sus familiares y sus amigos más cercanos deben de estar aquí en todo momento para hablarle y apoyarlo.

Creo que eso va a ser... imposible, por lo menos ahora –dijo Shaina

¿Y por qué es eso?

Es que... Shun es huérfano. Su único pariente es su hermano, Ikki y... él y... los mejores amigos de ambos... también están internados...aquí... estaban juntos cuando el... accidente – trató de explicar Shaina

¿Y como están ellos?

Malheridos – agregó Marin

Comprendo. Les diré que haremos, debemos de ser pacientes con Shun. Es muy natural que se encuentre deprimido ante una situación como esta. Lo importante es no dejar que se sumerja en una depresión que sea peligrosa para su salud, considerando lo que acaba de pasar. Y eso sólo lo vamos a lograr apoyándolo en todo momento, hay que procurar que se sienta en un ambiente seguro y agradable, que se sienta querido. Voy a ordenar que lo cambien de cuarto, a uno más tranquilo y alejado de sus amigos, al menos hasta que se recuperen.

¿Y si no lo hacen?

¡Shaina!

¡Es una posibilidad muy fuerte! ¿Qué tal si ellos no sobreviven? ¿Qué va a pasar con Shun?

No, es una buena pregunta. Bueno, si ese llegará a ser el caso, lo más probable es que el sentimiento de culpa se haga más fuerte, por eso hay que estar cerca de él y tratar de fortalecerlo lo más posible. Y si fuera necesario, podemos darle antidepresivos. Aunque no me gustaría llegar a eso todavía, vamos a ver como responde en estos días.

De acuerdo

Muchas gracias por la información. Estaré al pendiente de el y les prometo que, si todos juntamos esfuerzos, lo sacaremos adelante

Gracias doctora, con permiso.





Marin y Shaina caminaron en silencio, sintiéndose abrumadas, de regreso a aquella sala de espera. Cuando llegaron, una oleada de pánico las invadió, pues Sorrento lloraba sentado en un sillón mientras que Thetis lo consolaba.

¿Qué había sucedido¿Es que Kanon había muerto? Marin sintió que la cabeza le daba vueltas.

¿Qué pasó Ban?

Es Kanon, el doctor nos dijo que ayer, mientras lo curaban se dieron cuenta de que su piel se está regenerando. Le han hecho varios exámenes, y... está sucediendo

¿Qué!

No sé, no recuerdo la mitad de los términos que uso, pero por lo que entendí, la piel dañada no permite que los tóxicos se eliminen y es como un envenenamiento. Pero Kanon está bien, su piel está creciendo de nuevo y su sistema respiratorio ha soportado y... parece que puede recuperarse

¿En serio?

La histeria pareció apoderarse por un momento de Shaina y Marin, que se abrazaron con fuerza mientras gritaban de alegría. ¡Por fin una buena noticia!

Las lágrimas de Sorrento, por supuesto, eran de alivio, de sorpresa, de impresión. Hubiera querido contenerse pero era tanta su emoción que aquello era imposible. Afortunadamente para él, Julián no estaba en ese momento en el hospital, pues sus planes para reconquistar a Thetis seguían en marcha y había tenido que salir a resolver un par de asuntos pendientes para la gran sorpresa que le tenía preparada a la sirena.

No puedo creerlo, es... la mejor noticia que nos han dado desde... ¡es la mejor noticia que nos han dado- gritó Marin dejando caer en uno de los sillones.

Sí, es como si, tuviéramos dieciocho hijos y...uno ya estuviera poniéndose bien. Bueno, más de uno pero, no pensé que Kanon fuera a sanar... –admitió Shaina –por Zeus, eso es lo más extraño que he dicho en muchísimo tiempo – dijo sonriendo – y esta también es la mejor noticia... me siento tan contenta

Y eso no es todo, están transladando a Seiya a la Unidad de Cuidados Intensivos. Eso debe de decir que está mejorando también. ¿Lo ven! ¡les dije que todo iba a salir bien! – dijo Seika que compartía la felicidad general que rodeaba a todos

¿Y Shun? ¿Cómo está? ¿Qué les dijo la doctora- preguntó June acercándose al grupo de jóvenes.

Tuvimos que mentirle, le dijimos que todos ellos salieron heridos en un accidente automovilístico. Le explicamos la situación lo mejor que pudimos y pues dice que es normal que esté deprimido, pero que con nuestro apoyo se pondrá bien. Necesita a sus seres más queridos a su lado, y esa eres tu June, nadie lo conoce aquí mejor que tu. Está durmiendo pero me imagino que en cuanto despierte te permitirán verlo.

Todos sonreían satisfechos. Sí, finalmente todo estaba resultando bien...





Háblame de ti

¿De mí?

Si, ¿qué tiene de raro?

Nada, es solo que... no estoy acostumbrado a hacer eso. A hablar de mí

Anda, compláceme. Hace tanto tiempo que estoy sola aquí, me muero por saber como es todo allá... Cuéntame, ¿Dónde naciste?

En Japón

Nunca he visto ese lugar. Yo viví toda mi vida en Grecia

¡Yo también viví ahí! – dijo él emocionado - mientras me entrenaba para ser un caballero. Vivía en las afueras del Santuario de Athena con Marin

¿Marin?

Si, mi maestra. Ella es... increíble. La mujer más fuerte que conozco. Ella me enseño todo lo que sé, y... ella cree que no me daba cuenta, pero yo sé que me cuidaba siempre que podía. Ella y Aioria...

¿Qué pasa?

Nada, recordé a Aioria. Me preguntó que habrá pasado con ellos...

Parece que tienes mucha gente por la cual preocuparte.

Así es. ¿Sabes? Me siento extraño aquí, esperando este... juicio del que me hablas y de pronto me lleno de ansiedad. La verdad, la paciencia nunca ha sido mi fuerte... pero también he tenido la oportunidad de pensar en cosas en las que no reparé nunca. Nunca tuve tiempo de pensar, o decidir... los acontecimientos nos tomaban siempre por sorpresa y sólo podía reaccionar ante ellos lo más rápido que me fuera posible. Y ahora que lo veo todo en perspectiva, parece como si... como si hubiera vivido corriendo. Pero una de las cosas que he pensado, es que nunca me he sentido solo. Tampoco me he sentido completo, mi hermana... me hace falta, lo ha hecho siempre. Quizás si ella hubiera estado ahí, podría decir que fui feliz.

¿Feliz? Seiya, acabas de morir y tienes dieciséis años. Has sido un soldado a las órdenes de la Diosa de la Guerra. No has podido disfrutar de una vida normal, como si hubieras sido... un chico común y corriente. Imagínate que hubieras sido... un pastor por ejemplo. La tierra en su esplendor rodeándote, la hierba, el agua, los animales...

Eso suena muy bien- dijo el riendo – me gustan los animales. Pero me gusta mi vida... digo, me gustaba. No tenía quejas. Si, extrañaba mucho a Seika, me hubiera gustado conocer a mis padres, ir a una escuela normal, bueno, aunque la parte de las tareas no me suena muy maravillosa pero... pero estoy agradecido. Si no hubiera sido un caballero, no habría conocido a Marin, ni a Aioria, ni a mis amigos y eso si me hubiera parecido muy triste.

Eres tan especial...tan optimista

No no lo soy – dijo él sonrojándose – yo sólo...

¿Seiya, estás bien?

Si - dijo él llevándose la mano al pecho – si, fue sólo, como un tirón. Estar muerto es más extraño de lo que jamás pensé. ¿Pero sabes una cosa? Hasta esto tiene su lado positivo. Quiero creer que con mi muerte, protegí y ayudé en algo a Saori... y si no hubiera muerto, no te habría conocido...

¿Te pasa algo Seiya?

Es sólo que... me siento cansado. Eso también es extraño. No quiero dormir, porque cada vez que lo hago, tengo estos sueños... terribles, y cuando quiero despertar, siento que no puedo, como si algo me quisiera mantener en ese mundo de pesadillas, y a veces no tengo nada de sueño y de pronto, es como si todo el cansancio se me viniera de golpe. Pero una vez que sucede, no puedo evitarlo, tengo que dormir. Es como si me jalaran del pecho hacia los sueños, y si trato de resistirme, me duele – dijo él con la respiración entrecortada

Duerme entonces. No te resistas. Recuerda que es sólo un sueño. Que estás aquí y que estás a salvo. Me quedaré un rato. Que tengas hermosos sueños.

Ella se atrevió a darle un ligero beso en la mejilla, y él tratando de aparentar normalidad, se acomodó en un rincón del calabozo y se cubrió con un pedazo de tela que la propia Perséfone le había llevado. Enseguida se sumió en un profundo sueño. Para ella, era una oportunidad perfecta para estar a su lado, para observarlo a sus anchas. Los días que él llevaba en ese calabozo, eran los mejores momentos que ella hubiera tenido en mucho tiempo, y transcurrían con felicidad. Ella le proporcionaba agua de la fuente de Mnemosine todos los días, y el poco a poco iban recordando más detalles. El era muy amable y simpático con ella, pero las cosas no progresaban lo rápido que ella hubiera querido. El deseo la estaba consumiendo, así que sin poder resistir, se acercó a él. Con mucho cuidado, se atrevió a poner uno de sus dedos sobre una de sus mejillas. Como él no despertó, ella se sintió libre de continuar su exploración. Por un segundo, deseó fervientemente que él estuviese vivo, así hubiera podido tocar su cuerpo. Pero tocar su alma era también muy satisfactorio. Trazó una línea sobre su mejilla hasta llegar a sus labios, a penas rozándolos con la punta de sus uñas. ¡Deseaba tanto besarlo! Puso su mano sobre su rostro, recorriéndolo con adoración, y con suaves dedos acarició su oído, y bajo de ahí hacia su cuello. Tocarlo era una sensación placentera y excitante. Podía observar las líneas que se formaban en la piel de su cuello, la forma caprichosa que tomaba cada mechón de sus cabellos, pero lo mejor de todo, fue darse cuenta de que él sonreía mientras ella lo exploraba. Así que se atrevió a ir más lejos y bajó su mano hacia su pecho, entreabriendo la prenda que cubría su torso. Cerró los ojos sintiendo los músculos de su abdomen, la suavidad de su piel y continuó su camino hacia abajo, recorriéndolo con ojos y manos llenos de deseo, como aquella vez...





Shaina entró con sigilo a uno de los cuartos especiales que se hallaban en el piso reservado a la unidad de cuidados intensivos. Se dirigió a la cama que ocupaba el adolescente de cabello obscuro al que alguna vez odió tanto que deseó destruir. Se sentó en un incómodo banco que estaba colocado justo junto a la cabecera.

Ahora todo era tan diferente. Aquel chico que fuera una fuerza de la naturaleza, que estuviera siempre tan lleno de vida, que era tan poderoso que podía enfrentarse a los propios Dioses, se hallaba indefenso en medio de aquella maraña de aparatos y substancias. Su glorioso cuerpo se marchitaba día a día, pues él ya no estaba ahí. Su cosmos lo había abandonado. Sólo verlo en ese estado hacía que el pecho le doliera. Y sin embargo no dejaba de ir ni un solo día para estar a su lado, hablarle un rato y llamarle para que volviera. Tomó su mano derecha con muchísimo cuidado, tratando de no cambiar la posición de su brazo, pues tenía colocado en uno de sus dedos un sensor que indicaba su pulso, y en su brazo dos líneas intravenosas. Varios moretones resaltaban con la palidez de su antes apiñonada piel. Sus manos que antes podían hacer temblar la tierra eran ahora débiles y finas. Su cuerpo lucía mucho más delgado, aunque no por ello perdía del todo su tono muscular.

Hola Seiya. El día de hoy…

Shaina interrumpió sus palabras porque algo la sobresaltó. Sintió que la mano de Seiya se movía. Volteó esperanzada a ver su rostro pero sus hermosos ojos café permanecían cerrados. Y entonces se dio cuenta de que todo el cuerpo de su amado se estremecía por completo. Colocó la mano izquierda en su frente y notó que Seiya ardía en fiebre, aunque no se quejaba. Aunque aquello no era de extrañarse, nadie sumido en un coma tan profundo lo haría.

Shaina pensó que su corazón explotaría mientras corría a llamar a la enfermera que se hallaba en el pasillo exterior.

Venga por favor, está ardiendo en fiebre

La enfermera corrió a presionar el botón del altavoz para solicitar la presencia del doctor Sato, que casualmente se dirigía hacia allá. Corrió entonces hacia la cama de Seiya para tomarle la temperatura.

Es cierto, está febril.

El doctor Sato entró unos segundos después a la unidad.

¿Qué es lo que sucede?

Es el chico del coma. Tiene fiebre. 39.5

Maldición, quizás la herida se ha infectado- dijo mientras jalaba la sábana que cubría su torso cubierto de vendas y gasas.

Rápidamente las cortó y dejó al descubierto la herida. Shaina respiró profundamente tratando de controlar sus emociones. No había visto jamás una herida semejante, nunca tan de cerca, y sobre todo, en el pecho del hombre al que amaba. El doctor aplicó rápidamente una sustancia café con la que cubrió la herida y el pecho de Seiya.

Traiga hielo y el cobertor eléctrico ahora mismo, tenemos que bajar su temperatura.

Retiró por completo la sábana que cubría su cuerpo mientras el doctor cortaba con un bisturí las piernas del pantalón blanco que lo cubría, y aplicó un antibiótico en el suero. La enfermera regresó acompañada de otra enfermera, con una manta eléctrica y con varias bolsas de hielo que colocaron en su cuerpo antes de cubrir sus piernas con el cobertor. Fue hasta entonces que el doctor volteó a ver a Shaina.

Salga por favor

Si- respondió ella débilmente.

Salió con pasos tambaleantes, y en cuanto hubo pasado las puertas de cristal de la gran habitación, volteó a verlo. Aún de lejos podía ver que su cuerpo se estremecía por la fiebre. Sus ojos no se abrían, nunca se abrían.

Shaina buscó una pared en la cual poder apoyar sus manos, y comenzó a sollozar mientras sus rodillas se doblaban, hasta acabar hincada con la cabeza entre las manos. Nadie estaba con ella. Todos se hallaban pisos abajo, felices por la mejoría de Kanon. Así que dio rienda suelta a su llanto; nadie podía consolarla, pero al menos no tenía que fingir fortaleza ante los demás.





Seguía sola cuando el doctor Sato salió.

Señorita,¿se siente bien?

Sí- dijo ella mintiendo. - ¿Cómo está?

La fiebre ha cedido, pero estamos practicándole varios exámenes para descartar una septicemia. En el estado tan delicado en el que está, sería fatal. Pero me extraña mucho lo sucedido, estaba completamente estable justo antes de que lo transladaramos. Por eso tenemos que ser extra cuidadosos y revisarlo minuciosamente.

Está bien.

El doctor se marchó de nuevo, y en ese momento, escuchó que decían su nombre. Volteó a ver hacia el pasillo, pero ahí no había nadie. Pero podría jurar que había escuchado su voz, llamándola...





El timbre de la mansión sonó de nuevo a la hora de la cena. Sin poder evitarlo, todos los sentados en la mesa voltearon a verla, porque en tres días, cada vez que había sonado el timbre, había sido un mensajero queriendo entregar algo para ella. Después del arreglo, había llegado una enorme foca bebé de peluche, un collar de perlas negras, un montón de rompecabezas con motivos marítimos y finalmente, un largo y elaborado anillo con forma de una sirena esa misma mañana.

Se sintió terriblemente avergonzada. La situación cada vez le parecía más incómoda y ya no sabía qué diablos decir cada vez que llegaba un mensajero con un nuevo regalo de Julián, junto con esas tarjetas breves pero llenas de palabras que no la dejaban conciliar el sueño por las noches.

¡No van a creer esto! – gritó Jabu. – Es Poseidón y su amigo de cabello lavanda

¿Qué?- dijo Thetis casi sin voz

Están allá afuera, y... cielos, están acompañados

¿Por quién?

Por un... cuarteto de cámara, creo.

No tuvo tiempo de pensar nada más porque en ese momento comenzó a escuchar la melodía más embriagadora y seductora del mundo.

¿Qué está sucediendo? – dijo Tatsumi bajando por la escalera

Ven Tatsumi, tienes que verlo con tus propios ojos- dijo el Unicornio que estaba asomado a la ventana

¡Por todos los dioses! ¿que hace él aquí? ¡Ay, si la prensa se entera...!

Cálmate Tatsumi. Nadie se va a enterar de nada – repuso Jabu divertido.



Todos voltearon a verla a ella, que se moría de vergüenza. Por supuesto que no quería salir, pero se hacía cada vez más evidente que él no se iba a marchar sin verla, sobre todo cuando comenzó a gritar

¡ Thetis! ¡Si no sales, voy a comenzar a cantar!

Yo.... –balbuceó ella- lo siento. Lo haré callar así tenga que estrangularlo

Thetis salió de la mansión y fue hasta donde se hallaban Sorrento y Julián junto con un grupo de músicos que ejecutaban una preciosa melodía. Sorrento tocaba la flauta junto a ellos, pero al verla caminar hacia ellos bajó la mirada para no ver el reproche en sus ojos azules, pero para su sorpresa, la rubia no caminó hacia Julián si no hacia él. Lo tomó del brazo y prácticamente lo arrastró lejos de los músicos

¿Qué estás haciendo?

¿No es obvio? Te estamos dando una serenata

¡Ya sé que es una serenata! ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás de su lado? ¿Con qué derecho le dijiste que me estaba quedando aquí?

Mira Thi, yo no estoy del lado de nadie. Los quiero muchísimo a los dos, y sólo porque sé que eres una orgullosa de primera acepté ayudarle. Habla con él. Algo pasó esa noche, y si no le das la oportunidad de explicártelo, podrías arrepentirte el resto de tu vida.

¿Hablas en serio?

¿Te he mentido alguna vez Thi?

Está bien. Pero sólo porque confío en ti.

Caminó furiosa hasta él que no les había quitado los ojos de encima mientras hablaban.

Ven acá y haz que se callen – el se acercó a ella pero no dio la orden, así que los músicos seguían tocando mientras ellos discutían a lo lejos - ¿Qué rayos te pasa Julián? ¡Esta no es mi casa como bien sabes! ¿Quieres que me corran?

No... ¡Si! ¡Quiero que vuelvas conmigo!

Ya te dije que...

Julián la besó intempestiva y apasionadamente

Perdóname por favor. Algo paso esa noche y necesito decírtelo

Julián, no entiendo nada... Me besaste, me dijiste que habías luchado por olvidarme todo el tiempo que estuvimos alejados, estábamos en mi cama, juntos y de pronto te marchaste. No veo que tengas que explicarme nada. Tus buenas razones habrás tenido

Thetis, escúchame –dijo él tomándola del codo

¡No me toques!

¡No te voy a dejar ir hasta que me oigas!



¿Qué estará pasando?

No puedo ver nada, esos arbustos me tapan

¿Qué están haciendo? – dijo Shunrei sorprendiendo a Jabu y a Geki que trataban de seguir por una ventana los movimientos de Thetis y Poseidón.

Nada, nada –dijo Jabu casi ahogándose por la sorpresa- sólo... estábamos

Viendo la noche- concluyó Geki.

Sí, aparentemente es una noche muy agitada, ¿No?



Julián abrazó a Thetis mientras ella forcejeaba con él. Cayeron a la hierba y con su peso sobre el de ella, logró controlarla más o menos

Suéltame Julián. Voy a asesin... – Julián volvió a besarla, ella lo mordió pero el resistió sin dejar de besarla.

Por favor, que deje de besarme o no voy a poder detenerme

Alguien estaba en tu habitación esa noche

¿Qué? – dijo ella casi sin aliento

Fui un estúpido, no supe como reaccionar. Pero es que escuché una voz desde una esquina en tu habitación.

¿Quieres decir que había alguien ahí... observándonos?

No era una persona... creo que era alguien que vino del Olimpo

¿El Olimpo? Julián, ¿Es algo malo?

Thetis... esa noche tu te veías tan hermosa... y yo... yo te deseaba, te deseo tanto... te habría hecho el amor justo ahí... pero esta... persona... me dijo que te marcaría para siempre si pasábamos juntos esa noche. Yo no quiero lastimarte mi sirena. Eres una de las personas más importantes que existen para mí. Me entró el pánico y salí corriendo. No porque no te quiera, no porque no te desee. Pero dijo que si te acostabas conmigo, serías incapaz de volver a amar a nadie jamás. Es una de esas cosas dioses-mortales, creo. Y yo no quiero...

Y dime Julián, ¿no crees que esa es una decisión que sólo me corresponde a mí? – dijo ella mirándolo cariñosamente para después besarlo con suavidad, mientras él sentía que el alma le volvía al cuerpo

Thetis – dijo el abrazándola con mucha fuerza – no sabes el infierno que han sido estas noches, sintiéndote lejos, pensando que me odiabas.

No Julián, ni siquiera intentándolo con todas mis fuerzas pude, y eso sólo me ponía de peor humor.

Se besaron despacio, saboreando cada roce, cada instante.

Odio admitirlo pero... me encantaron tus regalos

¿De verdad?

Claro que sí, tonto –dijo ella dándole un ligero golpe en el pecho para enseguida besarlo

Perdóname mi sirena. No debí de comportarme tan estúpidamente, es sólo que... tu eres la primera relación real que tengo, eres tan importante para mí... y la verdad es que nunca antes me detuve a pensar en que las cosas podían ser difíciles para nosotros porque yo soy... lo que soy.

No tengo miedo Jule. Pero a mí también me puso a pensar y... no quiero arruinar las cosas por ir demasiado rápido. Tenemos todo el tiempo del mundo. Y si... tu de verdad...estás...interesado – dijo ella sonrojándose­- podemos solucionar las cosas, por complicadas que sean. Quiero disfrutar de esto, sea lo que sea, cada segundo. Dejarlo crecer y ser, hasta donde deba de llegar,¿entiendes?

Tienes toda la razón – y Julián cerró ese pacto implícito con un tierno y suave beso.




Era de noche cuando la heredera de la fortuna Kido comenzó a recobrar el sentido. Habían transcurrido veintiún días desde que hubiera vuelto de Elysion trayendo consigo a sus amados caballeros. Pero aquellas no habían sido tres semanas de descanso. Si, su cuerpo estaba exhausto y necesitaba recobrar las energías, pero su alma no había descansado ni un instante, sanando las severas heridas de sus caballeros. A pesar de lo claro que había sido para ella todo ese proceso, al despertar se sintió totalmente confundida.

Señorita Saori, por fin ha despertado.

Su rostro, lo conocía, lo sabía, pero no podía identificarlo. Aquellos ojos ya la habían observado, sus cabellos rubios, su voz. ¿Quién era?

¿Jabu?

Si, soy yo.

Jabu,¿dónde estamos?

En Tokio. Usted dio la orden de traerlos aquí

¿traerlos?

Si, a sus caballeros. ¿Recuerda? Usted los trajo de vuelta

Si... es cierto

Voy a llamar al doctor para que la revise – Jabu tocó el botón de asistencia, tratando de dejar de mirarla. Parecía tan hermosa y frágil en ese momento, y el ligero camisón que traía puesto resaltaba las femeninas curvas de su cuerpo.

Es tu diosa, no lo olvides,pensó

¿Cuántos días llevo aquí?

Tres semanas. Señorita, ¿se siente bien?

Es sólo que... hay... tengo la sensación de que hay algo está mal

Nada está mal, señorita Saori. Lo único que tiene que hacer es descansar. Todos hemos estado preocupados por usted, incluso el propio Poseidón.

¡Qué! ¿Julián está aquí?

Si, y en cuanto sepa que usted ha reaccionado querrá verla

¿Cómo están?

Bien, todos se están recuperando...

Estaba mintiendo, claro que sí. Pero después de todo, ella acababa de despertar y no quería inquietarla

¡Seiya! ¿Está vivo?

El unicornio palideció. No sabía que hacer. ¿Dónde estaba Tatsumi cuando se le necesitaba? El habría sabido tranquilizarla. Revelarle el verdadero estado del Pegaso podría causarle una recaída, y mentirle deliberadamente era muy arriesgado, ella se daría cuenta tarde o temprano. Pero más allá de todo, no podía acallar en su cabeza el fantasma de los celos.

Si, él... está bien.

Quiero verlo – dijo ella incorporándose

¿Qué? Señorita, está muy débil aún, no puede...

¿Piensas decirme lo que puedo o no puedo hacer?

No... yo...es sólo que... él no está aquí, él... ya salió del hospital

Estás mintiéndome Jabu. ¿Qué clase de estúpida crees que soy?

Yo no...

¿O es que... él... está muerto?

No. Está aquí, lo siento... es solo que...

Llévame con él. Voy a verlo ahora mismo, con o sin tu ayuda.

Saori se levantó de la cama, y aunque se mareó levemente disimuló muy bien ante él, que resignado, fue al armario y tomó una bata que ella se puso sin aceptar su ayuda.

¿Y bien?

Está en el tercer piso. Área de cuidados intensivos



La diosa salió del cuarto, volteó en ambas direcciones y pudo ver que al fondo, se veían las puertas de un elevador. Caminó con prisa, pero unos pasos antes, se topó con el doctor Hayakawa

Srita Kido, no debería de estar en pie. Me da gusto que ya haya despertado, pero tengo que pedirle que vuelva a su habitación

Claro, lo haré doctor –dijo ella con una de sus más amables sonrisas – en cuanto vea a una persona

Srita...

Antes de que el pudiera reaccionar, ella ya había subido al elevador. Jabu se echó a correr hacia las escaleras, no podía permitir que ella viera a Seiya. Afortunadamente para él, Saori no era muy rápida, estaba débil y no conocía la ubicación exacta del Pegaso.

Mientras tanto, los empleados del hospital que se topaban con ella en el pasillo se quedaban atónitos al ver a la mismísima Saori Kido recorriendo el hospital, descalza y enfundada en un camisón y una bata rosa, con un semblante decidido y desencajado al mismo tiempo. Después de preguntar un par de veces, se detuvo frente a una habitación con grandes ventanas de cristal y que tenía las persianas cerradas. Puso la mano en la manija dispuesta a entrar cuando Jabu llegó corriendo y se plantó contra la puerta

No puede verlo. Por favor, regrese conmigo

¿De qué tienes tanto miedo Jabu? – Saori abrió la puerta y sintió que el mundo se le venía encima.

Él está en coma. Dicen que no se puede hacer nada por él.

Destrozado, roto. No había otra manera de describirlo. Seika estaba sentada en un banco junto a él, sosteniendo su mano derecha. En el instante en que Saori la vio, supo quién era. Los mismos grandes ojos cafés, los mismos rasgos. Seika. Verlos juntos en aquel cuarto de hospital era terrible, porque sus semejanzas hacían el contraste aún peor. Ella se veía muy triste y cansada, pero llena de vida. Él en cambio era una sombra de sí mismo. Había bajado alarmantemente de peso, su piel estaba demasiado pálida, y su cuerpo le parecía ahora irreconocible. Vendas y gasas lo cubrían de arriba a abajo, en la cabeza, los brazos, y en el tórax. Sangre y suero en sus venas, un tubo en su garganta y el ruido horrible de aquellas máquinas que lo mantenían con vida.

Los ojos de la diosa se llenaron de lágrimas que no podían ser detenidas. Jabu no dejaba de mirarla mientras cerraba los puños con toda su fuerza. Habría hecho lo que fuera por no verla llorar, sobre todo por él



Saori se acercó vacilante hacia ella

Seika, yo...

No hay nada que decir, Athena. Con permiso – dijo ella saliendo de la habitación tras dirigirle una mirada de reproche que a Saori le traspasó el alma. Pero era verdad. Por ella, Seika había sido separada de su único pariente, su hermano menor . Ahora que finalmente se habían reunido, él era prácticamente un cadáver. No podía culparla si la odiara para siempre

Jabu, déjame a solas con él – El unicornio no se movió. Seguía pensando en que no era conveniente dejarla sola, algo podría sucederle - ¿No me oíste?

Muerto de celos y preocupación, Jabu por fin salió. Saori fue hasta el pie de la cama y lo miró. Un sollozo incontenible brotó de lo más profundo de su garganta

¿Por qué Seiya? ¿Por qué?... Mírate. Todo es mi culpa. Porque he sido débil. Porque si yo hubiera sido lo que se supone, tu no habrías tenido que salvarme la vida.

Se llevó las manos a la boca para acallar los gritos que apenas podía contener y lo miró largamente con los ojos arrasados por el llanto. Sus cabellos color chocolate, eternamente despeinados, sus manos anchas y fuertes, con dedos chatos y los nudillos demasiado maltratados. Las venas marcando caminos a través de la piel de sus brazos. Aquel rostro infantil incrustado en su cuerpo de hombre. Por Zeus, ¡cuánto lo amaba! No dejó de observar ni un minuto su rostro, que lucía extrañamente anguloso debido al peso que había perdido

Ni siquiera puedo besarte. Debí de hacerlo aquel día... Seiya, te necesito. Ven, te necesito. Te necesito aquí a mi lado – acarició su mejilla pálida con mucha suavidad, y se detuvo en su pómulo que aún lucía la extraña coloración de un severo hematoma que estaba sanando. - ¿Qué hice?... Voy a ayudarte, te lo prometo, pero tienes que resistir, tienes que ser fuerte. No puedo imaginarme lo mucho que te debe de haber dolido, pero tú eres tan fuerte, lo has sido siempre. No me puedes dejar así, no ahora que sé que prefiero morirme antes que vivir sin ti, no ahora que estoy dispuesta a todo ¿me oyes? A todo. Lo único que tienes que hacer es abrir los ojos. Yo confío, tu lo sabes, yo confío en ti. Debes volver, por mí, por Seika, que está aquí. Tienes que volver... Y yo voy a estar aquí, amor mío, esperándote – besó su nariz y después, uno de sus párpados cerrados.

¡Athena!

Shaina no daba crédito a lo que sus ojos veían. Saori había despertado y estaba besando el rostro siempre inconsciente de Seiya. La historia se repetía. Ya no había ninguna duda. Athena, Diosa de la Sabiduría, la Guerra y la Justicia, su diosa, se había enamorado de uno de sus caballeros. Y había escogido precisamente al mismo hombre al que la amazona le había entregado el corazón.


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Espada_de_Fuego
Posted: May 31 2008, 01:29 AM


Caballero del Abismo
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Capítulo 11

El día numero veintidos

El corazón de Saori brincó dentro de su pecho cuando escuchó la voz de Shaina y la vio de pie frente a la puerta, justo cuando sus labios estaban sobre el rostro de él. Justo como aquel día en el barranco, hacía más de dos años. Pero todo había cambiado. Aquel día habían estado a punto de pelear por él, pero ya no eran las mismas. Porque aquel día habían sido libres de mostrar su rechazo la una hacia la otra, su ira, sus celos. Pero ahora jugaban un papel distinto, en la vida de él y en sus propias vidas.

Aquel día eran dos chicas nada más, pero ahora, eran una diosa y su amazona. Y el amor que ambas sentían por el caballero de Pegaso era secreto a voces, era prohibido, era... incompleto. Por que él no estaba ahí para ninguna de las dos...

Shaina no pudo pensar en nada mejor que hacer que salir corriendo en ese mismo instante.



Caos, todo se transformó en un perfecto y absoluto caos. Porque Saori salió corriendo de la habitación tras ella y en ese momento Tatsumi, Jabu, Nachi, Geki, Ban, June, Marin, Kiki e incluso Shunrei, todos se volcaron hacia ella, abrumándola con preguntas, con gritos, incluso con llanto pues nadie podía calmar a Tatsumi que lloraba como un niño al ver a la única persona a la que quería en el mundo sana y salva. Pero los ojos negros de la diosa solo buscaban a una persona. No tenía idea de que le podría decir cuando la tuviera de frente pero necesitaba verla. Pero su rostro era el único que no veía entre todos. Aunque tampoco podía ver a Seika...

Athena,¿se encuentra bien?

¡Señorita, es un milagro que esté con nosotros!

Señorita debería de volver a su cuarto...

Con tanto alboroto, al doctor Hayakawa no le costó nada de trabajo saber la ubicación de la heredera de Mistumasa Kido

Señorita Kido, le suplico que nos permita llevarla de regreso a su habitación

Saori estaba a punto de estallar en llanto. Eran demasiadas emociones para ella de golpe y estuvo a punto de desvanecerse entre los brazos de Jabu, que después de dejarla a solas con Seiya había corrido a la sala de espera a avisarles a todos que su diosa por fin había despertado y que tenían que sacarla de esa habitación a como diera lugar a riesgo de que sufriera un colapso nervioso o una recaída o ambas al ver el estado en el que él se hallaba. La alarma fue general al ver que ella palidecía y sus fuerzas la abandonaban momentáneamente

Señorita, ¿está bien?

Permítame- dijo Jabu tratando de tomarla en brazos

¡Basta! ¡Estoy bien y no soy una niña, puedo caminar de regreso a mi habitación perfectamente! Aunque les aseguro que no es necesario, me siento bien

Complázcame señorita Kido, estuvo inconsciente por tres semanas sin razón aparente...- dijo el doctor Hayakawa.

Está bien. Escuchen –dijo dirigiéndose a los demás – estoy segura de que tienen muchas preguntas y les aseguro que voy a responderles, pero antes yo misma necesito saber varias cosas, ¿si? Marin, ¿podrías venir conmigo?

Claro Ath... Saori – dijo corrigiéndose al recordar que el doctor Hayakawa y un enfermero estaban ahí.

Con pasos lentos pero seguros, Saori regresó a su habitación y se sentó en la cama mientras el resto del grupo volvía feliz pero ansioso a la sala de espera. Saori permitió que el doctor le tomara los signos vitales una vez se hubo recostado.

Doctor, le aseguro que voy a someterme a todos los examenes que desee, si tan solo fuera tan amable de permitirme unos minutos a solas con Marin...

Claro señorita Kido, estaré esperando afuera.

Por fin las dos jóvenes quedaron a solas

Antes que nada, quiero decirte lo inmensamente feliz que me hace verte bien Athena-sama.

Gracias Marin. Necesito saber tantas cosas, que no sé ni por donde comenzar... ¿están vivos? Mis caballeros, ¿están vivos?

Si

¿Están como... Seiya?

No, no están bien del todo, pero al menos parece que ellos sí se van recuperando poco a poco.

¿Están todos aquí? ¿Los traje a todos?

¿Qué?

Cuando emprendimos el camino de regreso, no estábamos todos juntos. Los caballeros dorados... estaban muertos y Seiya... estaba muriendo...traté de alcanzar sus almas para traerlos de regreso, pero no sé si lo logré...

Si lo hiciste- dijo Marin sin poder contener las lágrimas – están todos aquí, incluso Aioros...

¿En serio?

Si – dijo ella emocionada – no tienes idea de la sorpresa que nos diste. Si no se pareciera tanto a su hermano no hubiera sabido quién es.

Saori suspiró aliviada, casi al borde de las lágrimas.

No tienes idea de cuántas veces traté de alcanzar su alma y no lo logré... hasta ahora. ¿Está bien? ¿Cómo están?

Es... un poco complicado de explicar. Estos días han sido un total desastre...pero la mayoría de ellos están estables y mejorando muchísimo, a pesar de la gravedad de sus heridas.

¿La mayoría?

Shaka, Kanon y Aioros están muy mal todavía. Y Seiya...

¿Los demás ya despertaron?

Sólo Shun, pero...

¿Qué pasa Marin?

Mira, ya habrá tiempo para darte detalles sobre la salud de todos. Creo que el doctor sigue esperando allá afuera

Tienes razón. Gracias de nuevo Marin

De nada Athena-sama. Con permiso

¿Marin?

¿Sí?

Llámame Saori, por favor...





Casi todos estaban felices en la sala de espera. Todos menos June. Se sentía increíblemente herida, pues ya había intentado más de una vez hablar con Shun y todo había sido en vano. Y eso la hacía sufrir muchísimo, porque convertía sus más profundos temores en realidades. Estaba en lo correcto, ella estaba ahora tan lejos de él... tan lejos de él que sentía que no lo podría alcanzar nunca.

June había entrado a verlo el mismo día en que la doctora Miyamoto habló con él. Recordaba con angustia cada detalle...

Shun, hola. ¿Cómo estás?

Sus ojos no eran los de siempre. Brillaron momentáneamente al verla, pero después, la miro con muchísima tristeza y cerro los ojos.

Shun, no cierres los ojos. Mírame. Estoy aquí. Vine desde la Isla para verte. Hace tanto tiempo que no nos veíamos, ¿no? No sabes lo contenta que estoy. He estado tan preocupada por ti... Shun, háblame, por favor...¿Por qué no me miras Shun¿Es que no quieres verme? – dijo ella sin poder evitar que su voz temblara- ¿Es que ya no somos... amigos? Porque los amigos se dicen todo...¿Por qué no me dices que pasó? Shun...

Su intuición no había fallado. Algo muy malo había sucedido y le hacía daño aún. Pedirle explicaciones no le ayudaría en lo más mínimo.

¿Sabes qué? No importa, no tienes que decirme que pasó, eso ya está atrás. La batalla acabó y ahora solo tienes que ponerte en pie y... y te llevaré a la Isla si quieres, o adónde sea, podríamos ir a la playa, o a donde sea, a donde tu quieras... Mírame Shun. ¿Es que ya no te importo? ¡Shun! –suplicó ella tomándolo de los hombros y sacudiéndolo

Pero no obtuvo respuesta alguna, él solo cerró los ojos con más fuerza aún y se soltó de ella con muchísima facilidad. Ella estaba asombrada. Ya no era el Shun que ella había conocido. Shun se acomodó en posición fetal dándole la espalda a June, que salió llorando de la habitación. Afuera, la esperaban Marin y Shaina

¿Qué pasó June?

No quiere verme – dijo ella desmoronándose- Me detesta

No digas eso June- respondió Marin

¿Y que quieres que piense? Cuando entré al cuarto, me miró con tanta tristeza, pero después... sólo cerró los ojos. Ya no soy absolutamente nada para él. Ya no soy parte de su vida.

June...

No lo tomes así, esto no es personal- respondió Shaina secamente

¿Qué no lo tome personal? Shun y yo eramos los mejores amigos cuando entrenamos en la Isla. Y ahora me ve entrar a su habitación y cierra los ojos, y cuando lo toqué se desprendió de mí, como si yo le diera asco. ¿Qué rayos quieres que piense? ¿Qué le pasó? Esa persona ahí adentro no es el Shun que yo conocí. ¿Qué le han hecho? – dijo la rubia en sollozos

Marin guardó silencio. No podía decirle a June lo que Shaina y ella sospechaban, que Shun estaba así por haberle hecho daño a Seiya. Si ella era su mejor amiga, sabría lo absurdo que resultaba suponer algo así. Todo eran suposiciones. Lo único cierto es que algo muy grave había pasado

¡Esto no se trata de ti June? ¿Me oíste? Grábatelo muy bien en la cabeza, esto no se trata de ti. No es personal. Si Shun se comporta así no es porque no te quiera, o porque no le importes. Es porque algo paso, algo tan grande y tan grave que aún no sabe como manejarlo. Si yo pensara que cada vez que entró a la habitación, Seiya no despierta porque no quiere verme, me volvería loca. Pero no se trata de mi, ni de Marin ni de Seika ni de nadie. No es que no quiera salir del coma. Es que le hicieron daño. Mucho daño y está luchando por sobrevivir. Eso eso todo. No podemos ser tan egoístas al pensar así. Se trata de ellos, no de nosotras, de ellos. Tenemos que ser pacientes, no podemos hacer nada más. Lo han logrado todo. Desde obtener su armadura hasta derrotar al Dios de los Muertos. Van a lograr salir de esto también.

Marin observó a Shaina con gran atención. ¿En que momento una chica tan ruda y violenta, se había convertido en alguien tan sabio? No tenía respuesta para esa pregunta. Sólo sabía que se alegraba de tenerla a su lado.

June se tranquilizó ligeramente con las palabras de la Amazona de la Cobra. No era dulce ni muy paciente, pero había verdad en sus palabras.

Perdón. Es que...

No tienes que pedir perdón. Esta situación no es fácil para nadie. Pero no podemos asumir responsabilidades, daños o culpas que no son nuestros o vamos a acabar suicidándonos todos.

Supongo que tienes razon. Pero no puedo dejar de preocuparme. No sé ni siquiera que pasó,¿cómo vamos a apoyarlo?

Bueno, supongo que sólo hay alguien que puede ayudarlo- dijo Marin-la única persona que ha salvado a Shun de todo peligroDespierta pronto Ikki, te necesitamos...

Habían pasado dos días desde aquello, pero Ikki no había reaccionado y Shun seguía negándose a comer y a hablar con alguien, así que lo estaban alimentando vía intravenosa y pasaba muchísimo tiempo durmiendo, o mirando al vacío, como si se hallara en trance.Por ello no podía compartir la alegría en la sala. Pero después un pensamiento iluminó su ánimo. Saori era su diosa, seguramente ella podría ayudarlo. Sí, tenía que ser así.





La sala de espera parecía el loby de un hotel, porque se sumaban las visitas

¿Pasó algo? ¿Por qué están todos tan agitados?- preguntó Thetis con curiosidad, que llegaba con Sorrento y Julián de haber cenado en la cafetería del hospital

Es Saori, ya despertó- respondió June

¿En serio? ¿Puedo verla?

Thetis no pudo disimular el dolor que se clavaba en su pecho cuando oyó a Julián preguntar por ella.

No lo creo Julián, parece que tendrás que hacer fila – dijo ella sin poder evitar un poco de sarcasmo

¿Se puede saber para qué se necesita una fila?- preguntó una aterciopelada voz

¡Señorita Hilda! ¡Señorita Fhler! – gritó Kiki que con inmensa naturalidad se lanzó hacia ellas para abrazarlas - ¿por qué tardaron tanto en venir?

Lo lamentamos Kiki, es sólo que las cosas se complicaron mucho debido al eclipse, y teníamos que dejar todo arreglado para viajar. Enviamos a un mensajero al Santuario para que nos diera noticias suyas y cuando volvió nos informó que estaban aquí.

Kiki se dio cuenta de que todos miraban a las dos hermosas recién llegadas con mucha curiosidad.

Lo siento- dijo riendo – creo que debería presentarlos. Ellas son las princesas de Asgard, Hilda y Flher. Ellos son... todos. Shunrei, amiga de Shyriu, June, amazona de Camaleón, Ban de León, Geki de Oso, Nachi de Lobo, Jabu de Unicornio, Miho, una amiga de Seiya, Thetis, Sorrento y...

Poseidón- dijo Hilda con voz baja

Buenas noches- dijo él besándole la mano– señorita de Polaris. Pero preferiría que me llamara Julián.

Ella trató de permancer impasible mientras él la saludaba. Todos percibieron la tensión en el ambiente en cuanto ellos se miraron, pero afortunadamente Kiki estaba ahí

Llegaron en el mejor momento – dijo él tomando de la mano a Hilda y a Flher llevándolas a un sillón- la señorita Saori acaba de despertar

¿De despertar?

Estuvo inconsciente desde que regreso del Inframundo pero despertó hace unos minutos

¿Y ellos? ¿cómo están?

¿Hyoga está bien? – preguntó una preocupada Flher

Si, todos están bien. Todos regresaron, incluso los caballeros caídos hace largo tiempo, en otras batallas.

Eso es maravilloso

Todavía están todos aquí, recuperándose de sus heridas, parece que lo que pasó allá fue horrible... pero están poniéndose bien. ¿Van a quedarse en la casa?

¿En la casa?

En la mansión de Saori.

Kiki, no creo que eso sea...

Por supuesto que deberían de quedarse – dijo Marin reconociéndolas

Marin, que gusto verte- dijo Flher afectuosamente

Lo mismo digo

¿Cómo está ella?- preguntó Tatsumi angustiado

Le están practicando algunos examenes pero creo que está perfectamente bien. Algo confundida pero supongo que es normal, considerando lo que sucedió.

¿Te dijo algo?

No, pero me hizo varias preguntas. Quería saber sobre la salud de todos. Y me preguntó por Shaina y por Seika,¿no las han visto?





Seika se había refugiado en el cuarto donde Ikki se recuperaba. Era la primera vez que la veía frente a frente, a ella, a la única responsable (a sus ojos) de la situación de Seiya y la verdad no se sentía preparada para hacerlo. Deseó con todas sus fuerzas tener las llaves del pequeño departamento que él poseía, para no volver a poner un pie en esa casa, para no deberle absolutamente nada, para ser libre de detestarla. Se preguntaba si por esa misma razón Seiya no vivía en la mansión con ella.

Por otro lado, no había esperado verla tan angustiada por su hermano. Respiró profundamente tratando de serenarse. Quizás la estaba juzgando. No sabía nada sobre ella, sobre cómo era (mucho menos sospechaba lo que la diosa sentía por su hermano) Pero es que en el fondo de sí misma, no podía dejar de ser esa niña de diez años a la que le arrebataron a su hermanito. Y no podía dejar de considerarla responsable, ya que Mitsumasa Kido, su abuelo, había fallecido. Saori Kido. ¿Qué papel habría jugado ella en la vida de Seiya? Ella era otra pregunta que se sumaba a su lista, que cada día se hacía más larga, y que cada vez demandaba con más impaciencia sus respuestas...





Thetis salió en búsqueda de aire. Trataba de controlar sus celos. Diablos, nadie dijo que amar a un dios fuera fácil. Trataba de conservar la lógica. Él quería hablar con Saori, pero pues era lo normal, ¿o no? Ella y él pertenecían a un mundo distinto, y por eso se comprendían y se necesitaban, como había sucedido en el eclipse. Si no hubieran trabajado juntos, las cosas no habrían terminado de manera exitosa para la humanidad entera. Y ahora Hilda de Polaris estaba ahí para completar el cuadro. Vaya, esa sala de espera cada día parecía más pequeña y las relaciones que se tejían entre ellos eran cada vez más complejas...

Entonces la vió a lo lejos y caminó para encontrarse con ella

Shaina, que bueno que te veo. Allá dentro han preguntado por ti. Quería darte las gracias por todo. No te he visto en la mansión pero supongo que ya sabes que he vuelto al departamento de Julián y... Shaina, ¿estás bien?

Si – dijo ella con la voz enronquecida por el llanto

¿Shaina? Mírame – dijo Thetis tomando el rostro de la amazona por la barbilla para verla de frente. Al ver sus ojos enrojecidos supo que algo andaba mal pero ella retrocedió enseguida- ¿qué pasa Shaina?

Nada, no me pasa nada – dijo ella orgullosa y desafiante

Ya sé que no somos amigas ni nada parecido. Sería extraño, ¿no?Después de habernos enfrentado en el Santuario de Poseidón y... En realidad es más que eso...no sé si para ti es así pero yo no tengo a nadie más que a Julián y a Sorrento. No trato con nadie ni conozco a nadie más. No tengo ninguna amiga, mujer... Es un mundo de hombres en el que hemos crecido y eso no facilita nada las cosas. Y la amistad no va a aparecer de la nada como un hongo bajo la lluvia, lo sé. Pero tu me tendiste la mano cuando más lo necesitaba, a pesar de todo; de quién soy, y de cómo nos conocimos. Y me encantaría que me permitieras regresarte el favor algun día.

Gracias, pero no puedes ayudarme. Y estoy bien, ni siquiera sé porqué estoy llorando... Maldita sea, me comporto como una verdadera estúpida. Voy a renunciar a ser una amazona, he perdido todo mi dominio y... y no sé que rayos haré entonces porque no sé hacer otra cosa...

No digas eso Shaina. No eres una estúpida. Sólo estás preocupada y... enamorada

Shaina la miró con incredulidad

No era un secreto, ¿o si? Julián me contó una vez lo que hiciste. Y aunque no me lo hubiera dicho me habría dado cuenta. Se nota lo mucho que lo amas, se nota en tus ojos, que brillan cada vez que oyes que alguien menciona su nombre. Se nota en la tristeza que te corroe cada vez que vuelves de verlo...

¿Se nota también lo absurdo que es?

Amar nunca es absurdo Shaina. Mira, no sé mucho al respecto como seguramente te has dado cuenta, pero... siempre pensé que Julián era un imposible absoluto. Él es un dios después de todo. Y llegué a pensar que así estaba bien, que hubiera podido conformarme con amarlo en la distancia durante el resto de mis días. Y sin embargo, aquí estoy, dándome y dándole una oportunidad a lo que me parecía inimaginable. No pierdas tú las esperanzas.

¿Aunque él esté muriéndose? ¿Aunque él no me ame? ¿ Aunque a él lo ame...? Perdóname Thetis, de verdad no puedo hablar

Shaina se alejó de ahí, dejando a Thetis atrás. Quizás si hubieran hablado aquel día, habrían comenzado una amistad. Porque entre muchas otras cosas, la amistad es propiciada por las cosas que se comparten, por las cosas que se tienen en común. Y aunque en aquel momento ambas lo ignoraban, sus miedos y sus celos llevaban el mismo nombre, Saori...



Shaina se fue para perderse en las inmensas calles de Tokio. Era de noche, pero ella no era una mujer cualquiera, era una amazona, no le tenía miedo a nada que pudiera sucederle. No esa noche...

Agradecía de corazón el intento de Thetis, pero¿de que serviría hablar con ella? Además Thetis no debía saber lo que Saori sentía por Seiya. Aún cabía la posibilidad de que Poseidón quisiera actuar en su contra, y saber que Athena estaba enamorada de él podría ponerlo en un peligro aún mayor.

Y aún cuando no fuera así, la rubia sirena no podía cambiar el hecho de que su rival en amores era la persona a la que le debía la vida y todo su lealtad. No podía luchar, no contra ella. Se lo debía todo y al mismo tiempo era su mayor obstáculo. Aquel amor de veras era imposible... ¿Cómo iba a ganar el corazón de él si una diosa le ofrecía su amor¿Cómo podía competir con su belleza etérea, con su bondad, con su fuerza, pero sobre todo, con su voluntad? Porque cuando un dios se decide a obtener algo, no hay nada ni nadie que pueda detenerlo. Excepto (pensó Shaina sin imaginarse lo acertado de sus pensamientos) ... otro dios...





Pese a que protestaron y estuvieron a punto de amotinarse, todos fueron enviados a dormir por el doctor Hayakawa, que después de examinar a Saori, dijo que parecía hallarse perfecta y absolutamente bien pero que quería mantenerla en observación unos días más, que no permitiría visitas para ella hasta el día siguiente y que le había aplicado un ligero sedante para ayudarla a descansar. Así que sin otra cosa que pudieran hacer, se marcharon con la promesa de volver a la primera hora de la mañana para poder verla. Marin convenció a Hilda y a Flher de que se hospedaran en la mansión Kido, así que fue una gran multitud la que se marchó del hospital aquella noche. Pero Marin no pudo dejar de notar que entre ellos no estaba Shaina. Suponía que algo había sucedido, pues primero Saori le preguntaba por ella, y después Shaina estaba inlocalizable. Pero no quería ocuparse en conjeturas. Algo maravilloso había sucedido aquel día y no quería estropearlo imaginándose cosas. Aun así, pasó una noche inquieta, durmiendo en el sofá de la mansión, esperando a que Shaina llegara de un momento a otro. Pero eso no sucedió...





¿Confías en mí?

Asiento con la cabeza y me aferro a él. Puedo sentir el calor de su piel, puedo oír los fuertes latidos de su corazón, puedo ver como resplandece en medio de la noche, mientras las estrellas y la luna nos iluminan y ponen un brillo especial en sus ojos, y en los míos cuando los miro.

Me abraza con fuerza y puedo sentir como si volara. No sé si en realidad estamos volando, o esa sensación me la brinda simplemente estar junto a él. Son unos momentos, pero para mí son la eternidad. Su respiración, ligeramente rápida pero acompasada, me arrulla. Y caigo en la inconciencia sin luchar. Porque sus brazos son el lugar más seguro del universo. Sé que nada malo pasará mientras esté en sus brazos...

Abro los ojos. El sol calienta poco a poco mi cuerpo. Oigo la naturaleza que despierta a mi alrededor. El canto de los pájaros, los insectos que emprenden sus actividades diarias, incluso, el ruido de agua. Un río, me parece oír. Voy recobrando la lucidez. Y todo es tan hermoso a mi alrededor... El pasto verde, las flores de todos colores, la suavidad de todo lo que me acobija, mis pies descalzos que rozan la hierba.

Pero, ¿cómo he llegado hasta aquí? ¿Por qué he despertado en medio de tanta belleza?

De pronto, recuerdo sus ojos. Sus ojos brillantes como dos estrellas. Volteó y no está a mi lado. ¿Dónde está?

Miro hacia la otra dirección y él está allá, a lo lejos, tirado en medio de un lugar desolado y áspero. No hay hierba mullida ni flores que cobijen y cuiden su cuerpo. Está solo y herido. Entonces lo recuerdo. Sus brazos, sus ojos, la amenaza que se cernía sobre nosotros. Y su pregunta “¿Confías en mí?”

Nos lanzamos al vacío. El sol ha salido, la amenaza se ha ido. Yo estoy sana y salva, pero él...

Tengo que llegar hacia él. Pero al ponerme de pie puedo ver que el río se interpone entre nosotros. Corro hacia él y al llegar a la orilla, avanzó decidida a cruzarlo. Pero la corriente parece incrementarse a cada paso que doy, y el agua ya no parece ser la misma. La fuerza del agua es tanta, que pierdo el equilibrio, y al abrir los ojos, puedo ver que no estoy nadando en agua... es sangre. Su sangre que ha formado un río que nos separa.

Grito su nombre una y otra vez, con todas las fuerzas de mis pulmones. Mi alma se rasga cada vez que lo llamo y el no responde. Y el río parece ensancharse cada vez más, me parece que nunca voy a llegar a la orilla. Su sangre comienza a coagularse, atrapando mis pies e impidiéndome alcanzarlo.

Y entonces la veo. Llega veloz como un rayo y se detiene a su lado. Toma su rostro entre sus manos y lo observa, para después mirarme a mí. Lo besa con furia frente a mis ojos que se llenan de lágrimas. Y después, en un movimiento increíblemente lento, introduce de un golpe su mano en su pecho, enterrando sus uñas en él que grita... pero su grito no es de dolor... parece... placer...

Sus ojos verdes brillan peligrosos como los de un reptil cuando me mira. En su mano está su trofeo, al que le clava las uñas

Su corazón... es mío, dice ella triunfante



Saori despertó cubierta de sudor y de lágrimas, gritando su nombre. Recordó a su abuelo, consolándola después de haber tenido una pesadilla. Aquella vez había soñado que no recibía un pony el día de su cumpleaños, como tanto lo deseaba. Pero su abuelito la había consolado, y efectivamente, le había regalado un pony de verdad, con la esperanza de que ella dejar de atormentar a los pobres chicos que vivían aquellos días en la mansión.

Ojalá sus pesadillas volvieran a ser las mismas, y pudieran arreglarse tan fácil. Ojalá volviera a ser una niña con preocupaciones tan triviales. Ojalá sus sueños no estuvieran teñidos de rojo, de sangre, de su sangre.

Tomó su bata y salió de la habitación para ir en su búsqueda. Esperando que la visión de él tendido en aquella cama, que su corazón roto fuera también una pesadilla. Pero no lo era.

Se sentó a su lado, observándolo bajo la triste luz de aquella habitación. Tomó su mano y cerró sus ojos, y las lágrimas volvieron a fluir por su piel. No podía sentir su cosmos brillante, ni siquiera un poco de él, ni un rastro, como si ella no estuvierse tocándolo en ese mismo instante.

Se preguntó, si había fallado, si había sido una necia, si él de verdad había muerto antes de que ella le ayudara y lo trajera de regreso, si era culpa de Hades o sólo era culpa suya.

Algo había cambiado en aquel último día. Había muerto, y al hacerlo, recordaba haber experimentado lo que muchos ya habían contado antes. Un túnel, una luz, los recuerdos de toda una vida en un segundo. Y si algo brillo ante sus ojos aquel día, fue que lo amaba. Claro que lo sabía desde antes, pero en aquel momento pudo ver con toda claridad que lo amaba con locura, pero sobre todo, que jamás había hecho nada por obtener su amor.

Sí, era una diosa, y él, su caballero. Ella no era una diosa cualquiera si no una diosa virgen, y podía sumar a la lista de impedimentos mil cosas más, pero sus sentimientos por Seiya eran más fuertes que cualquier razonamiento. Sí, quizás era prohibido, quizás no estaba permitido, quizás era peligroso, quizás él no sentía lo mismo. Pero ahora más que nunca, estaba dispuesta a luchar por él, para ganarse la posibilidad de pagarle con amor todos sus sacrificios, su bondad, su esperanza y su lealtad.

Sí había una posibilidad, así fuera ínfima, ella lucharía por conseguirla. Por él, lo haría...

¿Dónde estás mi amor? ¿ Por qué no puedo sentirte?

Estaba decidido a salvarlo, a ayudarlo. El no moriría a los dieciséis, no así. Se sentó en la cama, tomó su cuerpo entre sus brazos con todo el cuidado del mundo, uniendo su pecho al suyo. Se sentía tan frágil y delgado entre sus brazos, y estaba ligeramente frío, pero aún podía percibir el aroma de sus cabellos castaños. Acarició su mejilla contra la suya, su piel aún se sentía suave. Sí, lo daría todo por él...

Iba a encender su cosmos para ayudarlo tal y como lo había hecho en Elysion, sin saber que esa acción era la que le había tenido tanto tiempo en cama.

Fue entonces que se llenó de asombro, porque no pudo hacer que su cosmos se encendiera. Sin dejar de abrazarlo, volvió a intentarlo en vano. La angustia corrió rápida por sus venas. No podía sentir el cosmos de él, y ahora tampoco podía encender el suyo para ayudarle.

Sintiéndose derrotada, lo recostó de nuevo, muy despacio, para no lastimarlo, y no desconectar ninguno de los cables que lo rodeaban.

Aguanta cariño, voy a hallar la manera y voy a ayudarte, sólo aguanta



Salió de ahí apunto de explotar de rabia, de furia, de impotencia y de dolor. Y entonces, se topó de frente con ella.

¿Qué haces aquí? – dijo Seika sin poner atención a los ojos llorosos de ella

No podía dormir y vine a verlo

¿De veras te importa?

Saori no pudo responder, asombrada de lo que acababa de oír

Perdóname, no debí decirte eso. Es solo que sé que eres una persona muy ocupada y muy importante, no pensé que te molestaras en volver a venir para verlo

Seika, comprendo que sientas...

No Saori. ¿O... debo llamarla Athena?

Saori está bien – dijo ella en voz baja

No Saori, agradezo tu gentileza, pero no puedes comprender lo que siento. No es tu hermano al que te arrebataron hace nueve años el que está muriendo ahí adentro. No tienes idea de lo que siento. Sé tambien que eres tú la que está pagando por todo esto, y que estoy viviendo en tu casa, pero créeme que me iré a su departamento y te pagaré hasta el último centavo, no te preocupes por eso.

Los ojos de Saori se arrasaron de lágrimas mientras Seika la dejaba a mitad del pasillo

No Seika, no. Yo no te pido nada. Puedes quedarte en la mansión todo el tiempo que desees, y esto, esto es lo menos que puedo hacer por él. A él le debo todo, y haré todo lo que esté en mis manos hasta verlo sano y salvo.

Gracias – dijo ella sintiéndose terrible por haberse comportado así -Perdona mi rudeza Saori, estoy muy alterada y... tú no has hecho nada más que ayudarnos. Es solo que... no estoy lista para ser tu amiga. ¿sabes de que hablo?

Sí –admitió ella en un susurro - ¿Seika?

La pelirroja se detuvo para oír las últimas palabras de la diosa antes de alejarse por el pasillo

Quizás no me creas hoy cuando te digo esto, pero... lo digo de corazón, tu hermano me importa. No tienes idea de cuánto me importa...





El sol brillaba en todo su esplendor. La tierra parecía celebrar que su protectora se hallara de regreso. A Saori le esperaba un laargo día, o al menos, eso sintió al ver quién era la primera persona en entrar a su cuarto.

Entró con mucha cautela a la habitación. Pudo verla de pie junto a la ventana, contemplando la hermosa mañana. Lucía algo pálida y más delgada de lo usual, pero nadie podría negar que era... una diosa...

Buenos días Saori

Hola Julián

¿Cómo te sientes?

Tan bien como se podría esperar.

¿No deberías estar acostada?

He estado en esa cama las últimas tres semanas. Me siento agotada de estar ahí

Me imagino

Gracias... sé que aceptaste más obligado que otra cosa, pero sin tu ayuda, no hubiéramos podido lograrlo

No me des las gracias Saori. El mérito es todo tuyo... y de tus caballeros por supuesto. Lamento mucho que no todos estén respondiendo bien a los cuidados que les dan. Me consta que han recibido la mejor atención posible.

Pero parece que no es suficiente, ¿no?

No hables así. Tu has hecho por ellos lo que ningún otro dios ha hecho jamás.

Se lo merecen. Gracias a ellos hay sol y aire que respirar... No pensé que fueras a venir...

Quería asegurarme de que hubieras salido bien librada de esto, y tus caballeros también. Llegamos a pensar que varios de ellos morirían, pero están sanando, los doctores no pueden creerlo todavía. ¿Has sido tú, verdad?

¿Por qué dices eso?

Pude sentir tu cosmos envolviéndolos desde el primer día en que llegué a Tokio

Así es, o al menos eso intenté... Bueno, así que... sí lo sabes, también debes de saber que no puedo activar mi cosmos a voluntad en estos momentos ¿no?

Por eso estoy aquí. No desconfíes de mi por favor. Sé que tendrías razones de sobra, pero si vine es porque tu padre me lo pidió

¿Qué?

El te ama Athena, te ama como a nadie en todo el universo. Y sabía que, ya que en esta reencarnación nunca fuiste entrenada para ejercer a plenitud tu cargo de diosa de la Guerra, cuando despertaras sucedería algo así.

¿Cómo sabes todo eso?

No se lo he dicho a nadie, por supuesto, pero en cuanto acabó el eclipse, me sentí muy inquieto por ti. Y el primer sueño que tuve, fue con él. Me habló y me dijo que para recuperar todos tus poderes, deberías de volver al Santuario

No puedo hacer eso. Ellos me necesitan

No cabe duda de que te conoce – dijo el sonriendo ligeramente – me dijo que dirías exactamente eso. Pero es lo que hace falta si quieres recuperar lo más pronto posible el uso de tu cosmos. También mencionó que eso mismo le pasaría a tus caballeros cuando reaccionaran. No podrán encender su cosmos en algún tiempo. Morir mientras se sostiene una pelea con alguien como mi hermano no es cualquier cosa...

Ella lo miró extrañada y él se dio cuenta enseguida

Es extraño, ¿no? Pensar que todos somos una familia feliz... El punto es que Zeus estaba muy preocupado por ti y me pidió que viniera aquí a cuidarte. Perséfone puede estar tramando algo.

¿Qué?

La esposa de Hades. En cuanto lo heriste ella se presentó ante mi hermano y exigió su derecho de llamar a Némesis para lanzarse en tu contra. Por supuesto que tu padre se negó pero ella podría aprovechar estos momentos en los que tu y tus caballeros están tan débiles. Ni siquiera podrías percibir si algo malo se acerca. Por eso estoy aquí – dijo el tomándola de las manos – para ofrecerte mi ayuda, y mi protección si fuera necesaria.

Julián...

No te niegues por favor. Quiero resarcirme contigo y con todos a los que les hice daño.

¿Has visto a Kanon?

Julián se sintió incómodo al escuchar la pregunta de Saori.

Sólo una vez, el día que llegamos. Pero... no sé – dijo sincerándose con ella – verlo me perturbo muchísimo. No he tenido el valor de volver. Su estado es muy delicado. Ha tenido unas semanas terribles...¿Tu sabes que le pasó?

Murió. Y cuando estabamos en el Inframundo, peleó con uno de los Kyotos de Hades. Y continuó haciéndolo aún después de abandonar la armadura de Géminis para que su hermano la pudiera usar.

Los doctores nos dijeron que no iba a sobrevivir debido a la gravedad de sus quemaduras... pero está haciéndolo.

Entonces. ¿por qué no estás a su lado?

Nadie puede negar que a pesar del dios dentro de nosotros, somos humanos¿no crees? Estoy aquí, pidiéndote que confíes en mí después de haber tratado de destruirte. Te pido que me perdones por lo que he hecho, mientras yo mismo estoy aquí, preocupado a cada instante por él, rogando que sobreviva y al mismo tiempo... la verdad es que soy incapaz de perdonarlo del todo. Me gustaría que mis sentimientos no fueran tan complicados...

Creo que a el le pasa algo muy parecido

¿Qué?

Kanon. Te extraña, los extraña. Y al mismo tiempo, si los viera, quizás no sabría que decir

No quiero hablar de eso ahora Saori

Pero yo sí. Todos lo miraban con enorme recelo cuando volvió al Santuario conmigo. Reconozco que un primer momento, yo misma llegué a dudar de sus intenciones. Un caballero tan hábil como él podría ser capaz de cualquier cosa. Insistió en quedarse a mi lado y se lo permití para poder observarle. Y lo único que me quedaba por ver era una enorme tristeza. Una culpa. Un arrepentimiento que le rompería el alma a cualquiera... A veces por las noches, se alejaba del Santuario. Hice que le siguieran, y, ¿sábes adonde iba? A la playa. A mirar la playa en cada noche de insomnio. Yo misma me atreví a seguirlo una vez. Si hubieras visto la melancolía que emanaba de él al mirar al mar...

No sé que hacer con esa información en este momento – reconoció él riendo nerviosamente- creo que... no sirve de nada pensar en lo que siento. Cuando él abra los ojos y nos miremos, sabré que decirle. Sabré si puedo perdonarlo... Creo que voy a dejarte, hay mucha gente allá afuera impaciente, seguramente querrán asesinarme por tardar tanto tiempo aquí, hablando contigo

Julián, sé que quieren hablar conmigo, pero a la primera persona que me gustaría ver es a Shaina, una de mis... amazonas. Cuando salgas, ¿podrías decirle que quiero verla?

Claro Saori. Y... piénsalo, por favor... me maravilla que te preocupes tanto por ellos pero... quizás sea necesario partir. Por tu bien y por el suyo...no, no me respondas ahora. Piénsalo

¡Shaina! ¿Dónde has estado?

Por ahí

¿Por ahí? No llegaste a la mansión en toda la noche

Así es

¿Y no piensas decirme dónde estuviste anoche?

No

Pensé que confiabas en mí...

No quiero hablar en este momento

¿Adónde vas? –exclamó Marin al ver que ella pretendía marcharse de nuevo- Athena quiere verte. Ha estado preguntando por ti desde ayer.

Así es – terció Julián encontrándose con ellas en el pasillo que llevaba a la sala de espera– acabó de hablar con ella amazona. Y tú eres la persona con la que desea hablar en este momento.

La peliverde sintió como si una mano helada le oprimiera el corazón. No podía huir, aunque eso es lo único que deseaba. Tenían que enfrentarse tarde o temprano, y no podía negarse a ver a su diosa...





Entró en la habitación deseando que ella no estuviera ahí, o que se hallara dormida. Pero no era así, Saori estaba perfectamente despierta, sentada en la cama.

Athena-sama...

Shaina... te ves cansada

Tu también Athena-sama. Supongo que es natural, después de todo acabas de salvar al mundo.

Un silencio incómodo se hizo entre ambas, hasta que Shaina se atrevió a romperlo...

Me alegra mucho ver que ya estas bien.

Bueno, el doctor todavía quiere tenerme aquí unos días más pero espero salir pronto... Marin me ha dicho lo mucho que la has apoyado en estos días. Debe de haber sido muy difícil tener que ver por todos nosotros

Marin me da un crédito que no merezco. Es ella la que se ha hecho cargo. es una líder natural, nos ha dado ánimos y ha organizado todo, junto con Tatsumi por supuesto... Si no tienes nada más que decirme, allá afuera están las princesas de Asgard, supongo que querrás...

No Shaina, sí hay algo que quiero decirte... ayer no tuve tiempo de...

Lamento haber salido tan intempestivamente de la habitación. Me sorprendió muchísimo verte... despierta.

Si. Seiya estaba muy malherido cuando lo traje y... quería saber como se hallaba. No esperaba que entrara nadie mientras...

No tienes que decirme nada Athena-sama. Yo no soy nadie para pedirte explicaciones sobre tus actos... lamento haberte interrumpido.Yo lo único que vi fue que estabas cuidando de uno de tus caballeros. Eso es todo. Sé que tú le tienes... un cariño muy especial, como a Shun y a Jabu y a todos los caballeros de bronce, porque los conoces desde que eran niños, y te han protegido y cuidado desde el principio.

Sí... así es, le... les tengo un cariño muy especial. Pero estoy preocupada por todos.

¿Así que... eso es todo lo que querías decirme?

Sí, eso... eso es todo.

Bueno, entonces te dejo. Con permiso



Y así quedó decidido el juego que ambas jugarían. Pretender. Pretenderían que ignoraban lo que ambas sentían por él. Por que Saori sabía lo que Shaina había hecho por Seiya pero nunca había estado ahí para presenciarlo con sus propios ojos. Por que lo único que Shaina tenía como evidencia de sus sentimientos era su rostro cerca de el de él, un beso en sus párpados. Por que ella no estuvo ahí para escuchar como Saori le declaraba su amor mientras el se desangraba entre sus brazos. Porque la suya era una guerra que no podía ser declarada. Por que Saori le debía gratitud a su amazona, por que Shaina estaba en su derecho de quererlo, por que ella era libre, por que ella no era una diosa. Por que a ambas les faltaba el valor para reconocer lo que sentían por él la una frente a la otra. Por que no tenían derecho a reclamar nada, porque ninguna de ellas tenía una verdadera relación sentimental con él. Pero sobre todo, por que no tenía sentido ser hostiles y pelear por el amor de alguien que quizás no habría de sobrevivir...





Estaba ya muy entrada la tarde cuando Marin pudo ver de nuevo a Saori. Había aguardado pacientemente a que entraran a verla los demás, no todos obviamente porque los doctores vigilaban celosamente que no entrara más de una persona a la vez, y Julián por ejemplo, había sostenido con ella una muy larga conversación. Cuando Shaina salió, el mismo pensamiento que la había rondado toda la noche la asaltó de nuevo. Algo le había sucedido a Shaina, podía percibirlo. Había salido sospechosamente silenciosa después de ver a Athena, y a pesar de toda la actividad en la sala y de la animada conversación que entablaban todos con las princesas de Asgard, se mantuvo callada. Lucía muy cansada y pensativa. Pero después de todo, tenía motivos para estar preocupada. Desde hacía un par de días los doctores sospechaban que Seiya podía presentar una infección, pues había tenido fiebres que empezaban tan pronto como terminaban, así que estaban monitoreándolo constantemente. Pero no era su salud, había algo más, y aguardaría el momento para preguntarle dónde había pasado la noche y porque se había comportado tan extraña.



Después de que saliera Shaina, Saori se entrevistó con Hilda y Flher de Asgard, a las que convenció de permanecer en Tokio, pues ellas pensaban volver casi enseguida a su país. Pero la diosa les aseguró que su visita le haría muchísimo bien a los caballeros y a ella misma, y que después de todo, tenían más que merecidas unas pequeñas vacaciones, después de haber pasado por tantas batallas y perdidas.

La siguiente persona en entrar fue la doctora Harue Saito, que le dio un informe sobre la salud de cada uno de sus protegidos, lo cual también fue bastante extenso, y después fue el turno de Tatsumi, que había esperado ansioso por la oportunidad de verla. No pudo evitarlo y al verla despierta, lloró desconsolado, lo cual puso lágrimas también en los ojos de la chica de cabellos color violeta. Por que aquel hombre era la única persona a la que podía llamarle familia, él que había estado con él toda su vida, ya que su abuelo había fallecido. Y pese a que a veces el tenía la terrible tendencia de tratarla como si aún tuviera siete años, el la veía como ella hubiera deseado que la vieran todos, como una humana. Tatsumi no pudo refrenarse y la abrazó mientras no paraba de llorar. Cuando él por fin se tranquilizó, Saori le agradeció infinitamente por haber manejado tan sabiamente toda la situación en el hospital y por haber delegado responsabilidades en la fundación Kido para que no hubiera mayores problemas y todo siguiera funcionando con relativa normalidad. También, de manera muy confidencial, le pidió hiciera varias diligencias que concernían a todos los caballeros y de las que ya se enterarían después.

Vió a Kiki, que como un torbellino entró en la habitación, abrazándola y besándola, dándole un poco de su infantil alegría. El fue el que le informó sobre los pequeños detalles de la estadía de todos en la mansión, lo amable que había sido Megumi con todos, como June y Marin siempre tomaba sus alimentos antes o después que los demás debido a la máscara, como todos se turnaban para que al menos tres personas pasaran la noche en el hospital, dos para así poder tomar una pequeña siesta y una tercera que siempre cuidaba de ella. Incluso le contó de la estadía de Thetis durante más de una semana, y como ella se marchó después de que Julián le hubiera llevado serenata y de que le hubiera hecho varios regalos, para gran sorpresa de Saori, que no había se había detenido a pensar jamás en la vida sentimental de su tío/pretendiente/enemigo y al parecer ahora aliado. Desafortunadamente Kiki no pudo pasar mucho tiempo con Saori, pues había mucha gente aguardando una oportunidad para verla, pero a ella le hubiera encantado. Era tan jovial, tan alegre y tan optimista, y eso es lo que ella más necesitaba en esos momentos, sobre todo después de haber sabido sobre el estado de salud de todos y cada uno de ellos.

Moría de ganas de verlos a todos y a cada uno, pero tuvo que aguardar y complacer a todos aquellos que tanto se habían preocupado por ella y que deseaban verla. Fue entonces que mandó a llamar de nuevo a Marin

Aquí estoy Athena-sama... perdón, Saori. ¿Querías verme?

Si Marin

¿Ha sido un largo día, eh?

Larguísimo, Julián opina que debo de irme inmediatamente al Santuario y abandonarlos a todos aquí para recuperar el completo uso de mi cosmos, la doctora Harue me ha dado los detalles sobre el desastroso estado de salud de todos, ah, y cómo olvidarlo, Seika me odia

Seika no te odia

Pero tampoco me quiere cerca de su hermano. Y tiene toda la razón... y me odiará cuando sepa que si Seiya está así es sólo por mi culpa. Probablemente este es el peor de mi vida. Y aún no acaba...

No deberías de decir eso...

Tienes razón, no puede ser peor que el último día del que tengo recuerdos. Porque el último día que recuerdo es el día en que me suicidé...

¿Eso fue lo que...? Lo siento... no quise ser...

Está bien Marin, no te avergüences de sentir curiosidad. Incluso yo desearía saber como fue que sucedió todo. Incluso las cosas que me sucedieron me parecen ahora borrosas, imágenes de un viejo filme, no algo que viví en realidad. Todos estamos llenos de preguntas, y comprendo que tengas dudas, y de verdad, les diré lo que quieran saber, es sólo que... no quisiera hacerlo hoy...

Claro.

Primero, quisiera que tú me contestaras, ya sé, es injusto, pero después de todo, de algo debe de servir todo esto de ser una diosa. Quiero verlos, y me gustaría que tu me llevaras.

Claro... claro que sí...

Marin, ¿hay algo que quieras decirme? Es que siento que algo te perturba

No... es que yo... no quiero preocuparte más. Acabas de despertar y...

No seas condescendiente conmigo Marin, puedo manejarlo, te lo aseguro

Perdóname Athena, no es que crea que... no sé cómo preguntártelo... se trata de Shun... despertó hace unos días y fue a Terapia Intensiva, a ver a Seiya... Shaina estaba con él y... cuando Shun vió a Seiya, dijo que...dijo que Seiya estaba muerto y que había sido él quien lo había matado. Yo sé que Shun es muy dulce y tierno, y que sería incapaz, pero la verdad es que...ignoramos lo que sucedió en la batalla y... y Seiya está tan herido...

¿Eso fue lo que les dijo?

Sólo Shaina estaba ahí en ese momento. No se lo hemos dicho a nadie más. Todo era demasiado confuso como para exaltar los ánimos con algo así

Quieres saber si es cierto, ¿no?

Marin asintió avergonzada

No, por supuesto que no. Shun no lastimó a Seiya- dijo Saori mientras la amazona suspiraba aliviada

Entonces, ¿por qué dijo eso?

El espíritu de Hades se apoderó del cuerpo de Shun en algún punto de la batalla. El mismo Ikki peleó con él... estuvieron a punto de matarse... Shun trató de evitarlo pero no pudo. Pero lo logramos, expulsamos al espíritu de Hades y fue él que hirió a Seiya, sin querer...

¿Sin querer?

Era a mí a quién quería destruir. Pero Seiya se interpuso entre nosotros... Shun no tuvo nada que ver

Ahora comprendo todo. Pobre Shun.

La doctora me explicó que está en un estado depresivo severo. No me extraña después de todo lo que hemos vivido...

Deberías de hablar con él

Claro que lo haré. Pero, antes, hay alguien a quien deseo tanto ver...





Era tan extraño poder verle por fin, después de tanto tiempo. A él se lo debía todo. A él le debía la vida.

La verdad es que desde hacía más de dos años él ocupaba sus pensamientos y no se lo había confesado a nadie. Podía sentirlo cerca de ella, siempre. En los momentos más difíciles, él jamás la abandonó. Los ayudó a todos una y otra vez y por eso, su corazón se oprimía al pensar que a él nadie había podido ayudarlo

Y cuando por fin pudo pudo poner sus ojos en él, le pareció un sueño. No tan maravilloso como lo hubiera deseado, porque ella imaginaba verlo sano y salvo en vez de en la cama de un hospital. Pero al menos estaba vivo y eso era lo más importante del universo.

Podía reconocer su presencia, mas no su rostro. Aunque más de una vez había tratado de imaginárselo al ver a Aioria, después de todo, era su hermano mayor.

Pero, como siempre en sus vidas, las cosas no parecían lo que eran.

Por que él no era mayor que su hermano menor.

Se veía de... trece, quince a lo mucho.

El pasado se hallaba justo frente a sus ojos.

El legendario caballero de Sagitario era un niño, a penas un adolescente, tal y como lo eran Seiya y Shun cuando comenzó todo. A ese adolescente le debía todo lo que era. A él le debía la vida. Si él no hubiese intervenido ella habría muerto siendo un bebé. Él fue quién la puso en los brazos del hombre que la amó, la crió y la consintió como si hubiese sido su propio abuelo.

No sólo su vida, el destino de la Tierra sería otro si no fuera por él. ¿Cómo no considerar entonces un milagro que él estuviera ahora ahí, frente a ella por fin, dieciséis años después de haber muerto al salvarlos a todos con la desición que tomó ese día?
Tenerlo frente a ella por sí mismo contestaba varias de sus preguntas.

Vaya, ojalá despertara ya. Tengo tantos deseos de hablar con él

Mi teoría es que su cuerpo está... reajustándose a esto de... estar vivo pero... es él... jamás se da por vencido

Aioros de Sagitario. Por fin está entre nosotros...





Sorrento estaba a punto de quedarse profundamente dormido en uno de los sillones de la sala de espera, que había quedado vacía pues todos habían decidido cenar en la cafetería. Había estado tan emocionado durante los últimos días pensando en la mejoría de Kanon que no había pasado una noche completa en el penthouse de Julián.

El sueño lo estaba venciendo y eso era bueno. Porque ahora no importaba ni el cansancio ni los sueños ni sus miedos ni sus sentimientos. Lo importante era que él sanaba, que él sanaría.

Oyó un ruido. Abrió los ojos y entonces, todo pareció un sueño. Uno más de sus sueños. Era él, de pie justo en medio de aquel pasillo, vistiendo un piyama blanco. Los cabellos despeinados e irregulares. Sus ojos azules. Parecía un ángel vestido todo de blanco en medio de la mortecina luz de la madrugada.

Pero mientras más tiempo pasaba, Sorrento empezó a tener la sensación de que no estaba soñando. Era él, él de verdad estaba de pie frente a él.

¿Dónde estamos?

¿Kanon?
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