Puntos de las Casas
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AVADA KEDAVRA
| Lord Voldemort |
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Saluda a la Muerte
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Joined: 27-February 08

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La oscura túnica se agitaba a causa del fuerte viento veraniego. El mago observaba las esquinas de donde estaba de pie con detención. Con una sonrisa parca marcando su aún joven rostro. Los muggle que pasaban esporadicamente por las calles de aquel tranquilo barrio, no lograban percibir el peligro que sobre ellos se cernia.
Lord Voldemort lo sabia, allí, en la esquina de Rossmore Road y Gloucester Place, adentro de la ordena y concurrida tienda de música, se encontraba la bruja Lullabie Taylor. Era hora de darle inicio de una vez y por todas al regimen de limpieza. No se podían dar el lujo de seguir retozando en pequeñas batallas contra un reducido grupo de defonsores de algo que no habia iniciado en realidad. Dumbledor se habia adelantado, como ya se lo imaginaba, a lo que deseaba hacer. Sin embargo, él siempre iba un paso por delante aunque no se lo dejase saber.
Llegarían, claro que lo harían. Tanto los suyos como los que creian poder "salvar" al mundo. Malditos sangres sucias y traidores de la sangre. Les haria comer a todos sus varitas, y sus vacios ideales.
Esperó hasta que un cadillc negro abandono la calle, dejando como unicas luces las de los altos faroles. Cruzó la calle, con su rostro cubierto por la amplia capucha negra, en su mano derecha, su blanca varita, con su centro de pluma de Fenix palpitando, tan rápido como lo hacia su corazón, cargado de ansias, de deseos de borrar de la faz de la tierra a aquellos que habian osado manchar el mundo mágico con sus actos. Era una total deshonra.
La puerta se abrió, dejando en el aire el particular repicar de las campanillas. Los rojos ojos se desplazaron por el establecimiento, habian cerca de 5 muggles ocupados mirando los materiales en venta. Sintio repugnancia. En la caja registradora estaba ella. La joven bruja que no solo pertenecia a una familia de traidores, si no que además habia osado manchar la sangre de la misma casandose con un muggle. Recordó a su hermana, Isabella McNamara. Un dulce regalo a las filas, a su debido momento le encargaría deshacerse de sus padres.
Los Lovegood, excentricos magos y brujas, sería tan divertido matarlos a todos. En un principio habia pensado si bien no merecian una oportunidad, de entre sus ramas habian salidos buenos materiales, pero luego, recordó que eran demasiado pocos, y estos mismos habian evitado portar tal apellido. Intentó imaginarse el articulo que publicaria el Quisquilloso, pero simplemente era demasiado absurdo para que su metodica mente lo recreara. Sacudió su cabeza. Golpe de suerte, el muggle, esposo de la joven Lullabie estaba justo allí, al parecer no tenia ningún lugar decadente a donde dirigirse a tocar su "música". Un sonrisa asesina se dibujo en su rostro. Solo era pronunciar el hechizo indicado, y en solo segundos el lugar estaría rodeado de mortifagos y aurores, una escena dichosa. Y el ministerio estaria tan ocupado encargandose luego de los pocos muggle que sobrevivirian aquello, que al mismo tiempo no podrían prestar atención a su siguiente movimiento.
Pasó su lengua bipeda por sus labios, humedeciendolos, y luego
AVADA KEDAVRA
Tras el brillo verde cayó Breton Taylor, habia inciado por el tumor, para luego estirpar el cancer. La gente demoró instantes en reaccionar a lo ocurrido. Luego todo fue gritos, una vez comprobaron con terror que el cantante estaba muerto. Sin embargo no habia manera de huir, la única salida estaba cubierta por el Señor Oscuro.
- Que gusto verte de nuevo, Lullabie Lovegood - exclamó con sarcasmo, con aquel tono siseante, mientras apuntaba a un lugar entre los edificios de afuera.
Morsmordre
(Puede postear cualquiera, asumiendo los riesgos reales. Los Aurores puden llegar como autoridad que son, sin dar mayores explicaciones. Y cualquier mago o bruja puede entrar justificando el por qué. Sean lógicos, y diviértanse ^^)
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| Jazzmin Blake |
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Empleada en Annoyn's Category
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Joined: 13-October 08

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La túnica negra se elevaba por instantes tras el soplo de los vientos de otoño, y los clarisimos ojos de la semiveela observaban a través de la oculta mascara. Algunos de sus rubisimos cabellos se colaban por la capucha de la túnica, pero el lugar estaba tan oscuro que nadie notaria su implacable presencia.
Observó a los muggle pasar, con calma, sin moverse ni un milimetro. Estaba esperandola, solo verla batirse en el cielo y ya sabria que era hora de actuar. Aquello magos que habian desgastado su existencia viviendo entre muggles y ocultandose de ellos. Lullabie Lovegood, la pobre, se habia casado con un muggle, arrebatando lo poco que mantenia a su familia en buenos ojos ante el señor oscuro, la pureza de sus sangres.
Eran unos excentricos que no merecian mayor atención, y no lo habian hecho hasta que Lord Voldemort habia decidido que habia que enseñar a los traidores de la sangre el significado de loq ue habian sido solo palabras durante años. Los magos debian permanecer puros y los muggle, debian conocer que ellos eran poderosos y que existian. Cómo podian tenerlos recluidos de aquella manera?. Temor?, era lo único que doblegaba a las personas.
Una sonrisa, imperceptible, se dibujó en su rostro al ver la marca tenebrosa flotar en el aire, aquello sería divertido, hacia ya un tiempo que su señor no le llamaba a la acción, y ya se moria por dejar de ser la pieza hermosa de la libreria.
Desapareció para aparecer justo al frente de la puerta, curiosos se asomaban por las vitrinas, tratando de entender de donde habia salido aquella calavera que flotaba en los cielos y el por qué de los gritos que provenian de adentro. Ella estaba justo detrás de todo y un automovil frenó en seco en la calle. Ella no se movió aunque casi habia sido atropellada, todos se giraron a mirar el suceso.
<<Seres curiosos, merecen morir como el ratón>>
Elevó su varita y apuntó a algún punto en medio de la muchedumbre, un solo pin que cayera todos se alejarían. El temor, recuerdan?.
- Everte Statum -
De su varita salió una especie de hilo blanco que se azotó a uno de lo humanos haciendolo salir disparado hacia atrás llevandose a otros tantos con él. Todos se echarón hacia atrás asustados, incredulos. Ella por su parte, orgullosa como era, caminó en dirección directa a la entrada de la tienda de música en busca de la compañia de su señor. Las personas se retiraban a su paso dejandole el camino limpio. Pasó por encima del atacado que estaba en el suelo tremendamente asustado, y despues abrió la puerta, las campanillas llenaron el ambiente.
Allí estaba la bruja y los muggle, la escena era simplemente hermosa. Observó al señor oscuro y al muggle muerto, no queria olvidar aquella imagen jamás.
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| Lullabie Lovegood |
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PNJ
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Member No.: 78
Joined: 17-October 08

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Habia sido una temporada dificil, extremadamente dificil. Aunque ahora que la vacaciones de verano habian terminado y su hermana Melusina estaba de regreso en Hogwarts, les permitia dedicarse a muchas mas cosas. Lullabie no se quejaba para nada de tenerla consigo, la amaba, y les hacia los dias muy agradables, pero habia que estar encima de ella y eso les recortaba horas a sus atareados dias. Pero támbien, con el final de las vacaciones, llegaba la decadencia de las ventas, los jovenes estaban tan atareados con sus tareas que ya no poseian casi tiempo de ir a comprar algún nuevo titulo, o simplemente pasarse horas paseandose por la tienda. Y por la misma razón Bretón pasaba más horas en casa que fuera de esta, no tenia muchas llamadas a trabajar en los difrentes antros, y aquello lo ponia de un terrible humor.
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Lullabie no estaba muy segura el por qué nunca le habia contado a su esposo sobre su verdadera naturaleza mágica, a raiz de lo cual su padre iba cada cierto tiempo a borarle la memoria al pobre hombre. Ella lo amaba y por eso la atormentaba lo que sucederia si uno de sus hijos desarrollaba temprana mágia, o si era llamado cuando fueran grandes a una de las escuelas de mágia.
Llevaba varios dias pensando en eso, en que quizá lo perdería, era algo que no podía ocultar de por vida, nisiquiera con la mpagia desmemorizadora de su padre, hijos magos que no podían controlarlo, causaria tener que hacer un uso enorme de aquellos cambios mentales, y todos sabianq ue eso podía afectar permanentemente el cerebro. No queria perder a su marido.
Aquel día Breton permaneció en casa desde la mañana, y Lullabie decidió que era hora de contarselo todo, era mejor pasar pro aquello desde ya y no esperar a que pudiera ser peor, despues de todo, si las cosas salian mal, pues, llamaria a su padre.
La tarde caia, los chicos estaban en la segunda planta del local, donde ellos tenian su apartamento, la niñera los cuidaria hasta que la tienda cerrara, como solia suceder cuando su esposo no estaba de animos para cuidar de los pequeños, además, Lullabie queria que tuviera la cabeza relajada para lo que llegaria más tarde.
Habian habido unos pocos visitantes a la tienda, y Breton se habia paseado entre ellos ayudandolos a tomar decisiones, aquello lo relajaba. La bruja sonreia, con sus ojillos brillandole de felicidad y temor. Cuanto amaba a aquel hombre. La campanilla sonó de nuevo, y Lullabie giró su rostro hacia la puerta, esbozando su delicada sonrisa la cual se borró automaticamente convirtiendose en una mueca de terror.
Mandó sus manos hacia los bolsillos de su chaqueta, pero estaban vacios, recordó que no portaba su varita deliveradamente. Tan rápido como pudo, se agachó tras el mostrador buscandola con desespero, no habia comenzado nada, y ya sus ojos estaban empañados en lagrimas.
Cuando escuchó la maldición imperdonable ser pronunciada, se quedó petrificada, con el corazón latiendole en la garganta, no queria levantarse y ver que su temor era real. Escuchó aquella melosa voz hablarle, como si se tratara de un viejo amigo, y sintió la ira apoderarse de su razón. Si tan solo le hubiera dicho todo desde el principio, hubiera podido llenar su hogar de protecciones, portar su varita.
Estiró su manecita y alcanzó la varita, el núcleo de lágrima de unicornio temblaba bajo su mano, o quizá era su propio cuerpo. Se puso de pie, observó el terror en los ojos de los muggle y despues, sin desearlo, sus ojos se clavaron en el cuerpo muerto de Breton. Lanzó un grito de angustia que bien podía perturbar a los muertos.
Apuntó al mortifago, con decisión, buscando en su cabeza algo que le ayudara. Estaba atontada, en un shock extraño, un deseo de lanzarse a llorar sobre el cuerpo de su esposo muerto, y la necesidad de sobrevivir, el temor de que encontrara a sus hijos y les matara, debia sobrevivir, por ellos.
En ese momento un rayo blanco llamó su atención, provenia desde afuera. Habia oido el segundo hechizo, él habia llamado a sus mortifagos, habian llegado. La campanilla sonó, tan tranquila y alegre como cada vez que un cliente entraba o salia. Sin embargo, la imagen con túnica negra y mascara, le indicó que estaba más que perdida. Una lágrima se derramó por su mejilla.
Everte Statum
Atacó sobre el asesino de su esposo y luego se giró hacia la recien llegada, sonrió en un rictus de locura y se apuntó a si misma
Protego
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