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Era un día como otro cualquiera, Abigail Gardiner se había levantado muy pronto, como siempre, se había dado una ducha de agua fría y se enfundó en el uniforme de Hufflepuff. Aún no llevaba la capa puesto que siempre había sido calurosa, pero el hecho es que ahora hacía bastante frío. Como cada mañana, algo ya típico, Gallagher se le apareció justo delante, con su grupito de amigos chulos y prepotentes. Abigail les sonrió muy forzadamente, mientras veía como Gallagher le giñaba un ojo y se perdía entre la multitud, seguramente para acostarse con cualquier cría que encontrase a su paso. Ella simplemente negó con la cabeza, aunque, antes de que pudiera dar siquiera un paso un chiquillo de piel morena, Gryffindor, se le puso justo delante.
- Perdona... Es que... ¿Dónde está el aula de Transformaciones? - con su calidísima sonrisa, marcó con una pequeña y muy roja cruz con su varita la localización en el mapa del muchacho. Él, con un gracias y una sonrisa se desapareció correteando, al parecer llegaba como cinco minutos tarde. Le gustaba mucho ser Hufflepuff, creía que de ahí salían las mejores personas que el mundo pudiese jamás conocer, y era cierto. Muchos pensaban que los Hufflepuff eran los peores magos académicamente hablando: Se equivocaban, el tejón era capaz de encandilar con su encanto. Algo que los tercos Slytherin, los rectos Ravenclaw e incluso los espontáneos Gryffindor no lograban. Gallagher se difuminó definitivamente de la escena.
Entró al comedor y vió como una tarta de chocolate volaba justo hacia el rostro de una muchacha de cuarto curso excesivamente cerca de ella, era de Hufflepuff. Abigail gesticuló mucho con las manos, mientras su cabello perfectamente peinado se alborotaba ante la clara ofensiva de Melusina Lovegood. La conocía desde hacía tiempo pero jamás jamás se había parado a hablar con ella enserio, solo un despido de vez en cuando era lo sustancioso de la relación entre ambas.
- ¿Que haces Melusina? - dijo con una sonrisa arrebatadora, viéndola cubierta del pastel que anteriormente comía (o eso suponia ella). Se hizo a un lado para esquivar el trozo de pollo que un atrevido le tiraba y enseguida le dedicó una socarrona sonrisa a su interlocutora azul - -25 PUNTOS PARA RAVENCLAW POR ESTE ATREVIMIENTO - se carcajeó muy sutilmente de sus palabras.
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